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viernes, 23 de octubre de 2026

In a Savage Land (En una tierra salvaje) -2-

 

 

No se puede poner en duda que en “In a Savage Land” termine triunfando el amor, y que consiga que una fugaz  infidelidad de Evelyn, la protagonista femenina, se erija en contradicción frente al antropólogo esposo que, pese a todo, busca en la isla a la que han viajado lo que al parecer debiera ser para él, pero no para su mujer, una “moral nueva”. Así, por momentos, la pudibundez masculina, a través de la que casi se subraya la indignación del protagonista Philip Spence trasciende desde un inesperado antirromanticismo hasta el didactismo –lastre en unas ocasiones y virtud en otras- Por ende, la áspera geografía de la isla Trobriand entre el atraso humano (naturalmente poco occidentalizado) de la Papúa, Nueva Guinea de la década de los 40 debería ser el mejor aporte para que la relación matrimonial de los recién llegados se alejen de todo didactismo ejemplarista, se impongan ante el primitivismo una gran libertad formal y ello haga que aumente su atención hacia los problemas individuales de los nativos. Naturalmente, con la aparición del liberal comerciante de perlas, Carpenter, la ocasional e inesperada aventura amorosa es ya obligada, dejará atrás la desaparición del antropólogo Spence, y se verá maltratada por el estallido de la Segunda Guerra Mundial que también tiene lugar en el Pacífico. Todo ello no se convierte en obstáculo para conformar en esta tierra salvaje un gran retrato crítico de la imposible occidentalización ante el primitivismo, al tiempo que dar paso a una necesaria meditación sobre cómo el mundo indígena llega a calar en la principal protagonista femenina cuando se funden realismo y magia.

 
 
Aquella noche, en el bungalow Spence aparece con un periódico en el que se publica la nueva ofensiva alemana en Europa que ha iniciado la contienda mundial en el continente, mientras Evelyn trabaja en su tesis sobre la vida de los nativos de Trobriand. Los puntos de vista con respecto a su trabajo empiezan a diferir y Philip descarta la importancia que para su mujer pueda tener la tesis en la que trabaja, e insiste en que ella lo que debe hacer es pasar sus escritos a máquina, ya que él no sabe utilizarla.  "Pues aprende, como hice yo", le dice Evelyn. Y cuando Philip se muestra disconforme porque ella ha hecho caso omiso de su prohibición a tomar la cámara, Evelyn añade: "¿Y sabes qué? No la rompí".
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Sin embargo, las fotografías desaparecen a manos de un joven indígena, que las muestra al jefe de la tribu, lo que desencadenará una crisis, dado que la joven fotografiada en la gruta es su hija Isepuna, y estaba prometida a otro joven nativo, quien ahora la rechaza.  Philip ordena a Evelyn que deje de hablar con las mujeres, argumentando que eso se aparta de la metodología de investigación aceptada. Y ella ironiza que entonces "¡Pues iré con los hombres!" 
 
 
 
 
 
Evelyn no acepta que su marido sea un obstáculo en su tesis, y que también la considere a ella un inconveniente en el suyo y se dirige a la playa en el momento en que el comerciante de perlas, Carpenter, se dispone a salir de pesca al arrecife de las perlas. "¿Puedo ir? Hay sitio de sobra", pregunta Evelyn, sentada ya en una de las barcas interesada en la pesca de las ostras perlíferas y en disfrutar de una pequeña aventura junto al comerciante, que se sumergerá en busca del preciado tesoro que ofrece el arrecife. Más tarde Philip saldrá a buscar a Evelyn por el poblado.
 
 




 

Carpenter abre una de las ostras y la huele. "¿Qué hace?", pregunta ella extrañada, y se la ofrece para  que la huela también. "Huela. ¿Ve esta concha? Spondylus".





 
 
"Lapi. La usan en el kula para hacer soulava. Collares. Es muy valiosa. Dicen que si cuando la abres hay un borde negro, tu amor no durará. Pero si es dorado, tu amor durará para siempre" Evelyn la abre y exclama: "Dorado" Carpenter sonríe y ofrece: "¿Una cerveza?" "Sí, ¿Por qué no?"
 
 
Carpenter la lleva a su bungalow y le muestra las perlas que guarda: "Enséñeme lo que le ganaré. Su mejor perla", propone Evelyn. "Ah, la apuesta" "¿No lo tiene guardado?" "No. Nadie me va a robar¿Ve éstas?. No tienen brillo. Vamos , siéntese. Son barruecos. No valen mucho. Pero ésta... Se conoce al traficante por su papel" "¿Y cómo es usted?" "Uso papel muy caro" 
 
 
 
 
 
 
 
 
"Esto es lo que llamamos una oriental. ¿La ve?" "¿Es la mejor que tiene?" "Sí. Vamos. Cójala" "Es preciosa" "Sí"

 
 
 "La llamo "Lágrima de Luna" Es casi perfecta. Sin defectos" "Lágrima de luna" "Si" "Me gusta. La espero  impaciente" "Si. Ya", ríe Carpenter.
 
 
Philip revela las fotografías ante la mirada asombrada de una nativa a la que ha fotografiado, y que le dice que "tiene magia en las manos"
 
 
 
 
El reverendo aparece en el funeral para prohibir los ritos de los nativos, exigiendo que se cumplan cristianamente. Ante la negativa del  hijo del fallecido llamado Lakwabulo, interviene Evelyn  enfrentándose al reverendo para que respete las costumbres ancestrales de la tribu.
 
 
Interviene Evelyn: "¿No los va a dejar en paz?" "Es un acto pagano", insiste el reverendo. "Es un rito religioso", insiste también Evelyn defendiendo al nativo "No se meta" Y Lakwabulo exclama según sus creencias religiosas: "¡Mi padre va a Tuma!" "Puede, pero no enterrado aquí" "¡A Tuma!". Evelyn sigue defendiendo al nativo: "No tienes que obedecer a este hombre. El espíritu de tu padre irá a Tuma. Haced lo que siempre habéis hecho" "Lakwabulo..." "¡Márchaté de aquí!", exclama el nativo despidiendo al reverendo. "Buen trabajo, duendecillo", ofende malhumurado el clérigo a Evelyn. "No puede detener la mano de Dios"
 
 
Tras el altercado con el reverendo, cuando Evelyn vuelve al bungalow, Philip se muestra inquisitivo: "¿Dónde has estado? Has estado bebiendo, ¿no?" "Muy listo. ¿Lo paso a máquina?", ironiza ella enfadada. "No juegues conmigo, Evelyn Has estado con Carpenter, ¿no?" "Sí. Y me trató como una adulta" "No podemos permitirnos otro incidente. Tienes que dejar eso" "Tienes miedo, ¿eh? Te asusta que pueda hacer algo importante y que tu trabajo parezca inferior" "No seas ridícula Evelyn" No te habrías licenciado sin mi ayuda" Serás burro y presumido", le insulta Evelyn fuera de sí.
 
 
Al día siguiente, los Spence asisten invitados a un almuerzo en la lujosa casa del Marshall Douglas Napier (Geoffrey Hallerton). Éste comenta a Philip: "¿Sabe el secreto del matrimonio? Elige a tu mujer como si fuera un perro de caza. No te equivocarás" Al mismo tiempo, la esposa de Napier inquiere a Evelyn: "¿Su marido no ha sucumbido aún?" "¿Sucumbido?" "A los encantos de las nativas" "No, y no creo que lo haga" "Sí, siga creyendo eso. Es lo mejor" "Llevamos casados unos meses" "¿Y cree que eso lo hace inmune? Es un hombre guapo. Muy atractivo. Y estas chicas pueden ser muy persuasivas. Yo no le quitaría el ojo. Douglas tiene aventurillas. Cree que yo no lo sé. Es patético, de verdad" "¿A usted no le importa?" "Por qué ha de importarme? Solo son chicas nativas"
 
 
 
 
"¿Hay noticias del frente?, pregunta Philip. "Hitler ocupó París. Ha plantado la esvástica en el Arco del triunfo. Churchill dice que habrá batalla en Londres. Por cierto. El otro día recibí una visita del jefe Le dije que hablaría con usted. Me habló de esa sórdida historia sobre su hija en la cueva." "¿Qué pasa con eso?" "La chica está deshonrada y el jefe está rabioso. Ha cancelado la boda"


 

 
 
 
"Fue un error. No volverá a ocurrir. Y no habrá más problemas", comenta Philip preocupado. "Espléndido. Me alegra oírlo. Hay otra queja de mi amigo el reverendo McGregor. Algo sobre un entierro" "Douglas, déjale cenar en paz", interfiere la esposa del Marshall  "Tú cállate, Helen. No te metas en cosas de hombres, Iglesia y Estado. En fin... El caso es que si las cosas no cambian no tendré más remedio que revisar sus permisos. Hemos hablado del problema. Vamos, comeos eso. No nos perdamos el espectáculo"
 
 
 
 
 
 





 
 
"Los misioneros les enseñaron. ¿No lo reconoce? Criket. Pensaron que así dejarían de pelear y matarse. Pero los salvajes son como son" "Disculpe" Evelyn abandona a los Napier, abochornada por aquella muestra de occidentalización absurda por parte de los ingleses contra los nativos. "Muy estirada, su señora", comenta con displicencia el insoportable señor Douglas.
 
Cuando Evelyn y Philip vuelven al poblado, está teniendo lugar un gran incidente inesperado. La hija del jefe indígena que fue sorprendida por la fotografía de Evelyn en la cueva en un acto tabú, va a llevar a cabo un terrible rito tribal. "¿Qué ocurre?", pregunta Evelyn intrigada. "Tu foto ha deshonrado a Isepuna (que se encaramado a un enorme cocotero) y a la aldea. Ahora va a saltar", comenta el joven traductor de la tribu. Evelyn aterrorizada por el suicidio que la joven Isepuna va a cometer por su culpa, grita fuera de sí tratando de impedirlo: "¡Isepuna! ¡No!" Philip trata de retenerla: "¡Quédate aquí!" "¡Isepuna! ¡Isepuna, baja, por favor!... ¡Lo siento!" "Evelyn, quédate aquí" "¡Isepuna!"

 

Cuando la joven Isepuna salta cometiendo el suicidio por haber avergonzado a su tribu, Evelyn hue despavorida por su culpabilidad y no puedo reprimir vomitar de angustía por haber sido la culpable del terrible episodio vivido.

 


 

 

 









 

Evelyn , desesperada y sollozante, tira todo lo que encuentra a mano en su bungalow. Llega Philip y exclama: "¡Para y háblame, maldita sea! ¡Escúchame! No puedo sobrevivir aquí sin ti. De verdad, no puedo" "Sí puedes. Y tendrás que hacerlo. Yo me voy de aquí, tres o cuatro meses a trabajar. No sé dónde iré. No quiero poner en peligro tu trabajo. Es muy importante"





 

 

 

 

 

 

Philip le entrega la cámara de fotos, sin tratar de detener su marcha ni mediar  más palabras.








 






 
 

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