jueves, 30 de agosto de 2007

The night of the iguana (La noche de la iguana)

Que el genial "mammoth" norteamericano que fue John Huston no incluyera en su "Retablo de maravillas" un Tennessee Williams, ya nos parecía raro. Huston comió siempre bien y de lo mejor (escritores como Dashiel Hammett, Bruno Traven, Carson Mc Cullers, Henry Miller, y un gran etc. fueron una parte vital en la alimentación de sus majestuosos banquetes cinematográficos como el gran Epulón pagano que también fue durante más de cuatro décadas). Y siendo tan áspero (no lo guardaba en secreto) de repente le entraban resquemores plenarios y exageraba y embellecía cuanto le rodeaba.

 "PUERTO VALLARTA"


















El ardid estratégico de Huston, que nunca fue vanidoso ni gustaba de lisonjas, se fundó en que jamás publicaba su talento con repiques, y que (como buena esponja whisquera que era) no parecía intervenir para nada en lo que hacía. Pero el hombre, encubiertamente, sabía elegir, era un "geniazo" como pocos, capaz de convertir en "blanquísimo" (no era nuestro Mr. Huston muy amigo de los colorines) lo más negro que se le pusiese por delante. Muchos reportajes hablan de su anarquía en la voluntad. Pero como un genio también posee las dotes de un maestro, de consejero y protector, por más perrerías que se dijeran de él, se pirraba por su trabajo. Y desplegaba su espléndida inteligencia en todo lo que tocaba. Al elegir "The night of the iguana" (una de las mejores obras de Williams) se sacudió la morriña caribeña que andaba arrastrando. Se instaló en el Puerto Vallarta mejicano y allí se quedó. Y al tiempo que dictaba su "público mesianismo" con tan majestuoso film, se proveyó del placer del privado. En cuanto al mundo físico de "esa noche eloquecida entre los ardores de Puerto Vallarta", haremos hincapié en que es una religión a punta de lanza, una reflexión más que un sentimiento, un culto solemne, reglamentado y matemático al universo moral en movimiento de cierta clase muy especial de seres humanos. Es muy difícil domar a la fiera que todos llevamos dentro, porque, afortunadamente, existen los desequilibrios de la sangre.





De la mala vida de sus personajes habría mucho que hablar. ¿Cómo interrogar sobre su condición moral a los genios, si ello es lo que les confiere sin duda el carácter de la divinidad? Y así uno se pasma ante ese maduro "angry man" que es Richard Burton (y que ya fue el "young angry" por excelencia), y todas sus imperfecciones contagiosas. Es mucho mejor el orden de su universo hecho de carne y hueso, que las absurdas crisis religiosas de esa alma inexistente. Que las facultades interpretativas de Burton alcanzan en esta película su más alta cota, ¡ahí queda para regocijo de todos! Es gigantesco, parece un sietemesino enloquecido que estremece y enamora a todas las señoras y señoritas (menos a la lésbica "teacher") que inflaman esa desaforada noche de Mr. Tennessee. Más tarde, la fierereza indomable que lleva dentro se desbasta y pule, y hasta en los huecos de los más ignorantes suena el justo eco que proclama a Richard Burton como uno los más excepcionales intérpretes (¡si no el mejor!) de los que se afincaron en aquel hospital de la neuropatía cinematográfica.


Y cuando Ava Gardner aparece con su poncho mejicano, por primera vez, entre el follaje exótico y ardiente del caribeño México, aprendemos de repente lo que pueden significar los símbolos. Es aquel "osito de miel" de "Mogambo", más madura, pero una divinidad en toda la extensión de la palabra. Y que, tras haber enterrado al orejazas del Gable, haya alcanzado un nuevo orden de majestuosidad hollywoodense (yo creo que nos grita a todos en la cara que era ella mucha mujer para tanto medio hombre como la rondara en sus tiempos juveniles) Y en su nueva supremacía domiciliaria de Puerto Vallarta el único que tiene cabida ahora es Mr. Burton, y los dos "morenitos zumbones" que le bailan (y alegran) sus noches playeras. Deborah Kerr, nunca desairada, y siempre exquisita, semeja también haber enviudado del Grant de "Tu y yo", y presentándose por allí con su abuelo poeta (que parece de otro planeta), y con su optimismo, su hermosura y su grandeza, se sobrepone a todo suceso por muy aciago que éste sea. Fue tanto su talento, que parece que nunca tuvimos bastante (¡cuánto merecido premio pasó de largo ante esta selecta actriz!).
Y para guinda final, como un homenaje al gran Stanley Kubrick, la juvenil y meteórica Sue Lyon (que ya malogró los deseos de James Mason) repite su "Lolita", y pone de nuevo en peligro el imperioso estupro que llenara de recelos punzantes a la hipócrita comunidad de feligreses que el morrocotudo reverendo Lawrence Shannon-Burton puso a parir al principio del film.




La lésbica profesora (magnífica Grayson Hall) tampoco se lo perdonaría nunca. ¡Pues, al infierno con tanto carca!








 ¡¡Aviso!!: ¡Tan sólo se puede saborear en inglés con subtítulos, claro! En otro idioma, por muy bien doblada que esté, no deja de ser una aberración.





martes, 21 de agosto de 2007

Rocco e i suoi fratelli (Rocco y sus hermanos)

Luchino Visconti no podía faltar a su cita con el neorrealismo. Dostoievsky está presente en su tratamiento dramático. Todo empieza con ese microcosmos tribal que conlleva la emigración, en este caso el de una familia siciliana, que lentamente se enfrenta a la nueva cultura urbana de un Milán hostil, frío y neblinoso. Empiezan los desarraigos. Una madre grandilocuente sujeta a su primitivismo, que trata de conservar los valores tradicionales de la familia. La intrusión de Nadia la prostituta que da lugar a una historia de amor tortuosa, y que desembocará en el crimen. Rocco es el resultado de una bondad irresponsable, dañina para todos. En especial para Nadia y Simone.


Katina Paxinou, la gran trágica griega, abandona las Américas y su inglés macarrónico.Visconti la convierte en Anna Magnani. Su inspirado recital como la gran matriarca Rosaria Parondi será tan inmarcesible como inolvidable.  Nace una extraordinaria Annie Girardot. Su desesperada y desdichada Nadia pasará a la historia como una de sus interpretaciones más antológicas. Alain Delon parece el Myshkin de "El Idiota" de Dostoievsky (su papel es lúcido y conmovedor), y Renato Salvatori, estremecedor y portentoso, es Rogosin.



















Salvatori realiza el mejor ejercicio creativo del film. Degradado por su dependencia pasional hacia Nadia, hay en él una riqueza de detalles que van de la limpieza de su mirada a la más afilada dureza. Puede ser brutal, pero, tras la tragedia final, su regreso nos pone la piel de gallina. Visconti nos extasia con el temblor de Renato Salvatori. Ese Simone desvalido, infortunado y autodestructivo jamás podrá ser olvidado. Es mi actor favorito. Hubiésemos deseado más Viscontis con él. Sabemos que fue la película preferida del gran Luchino. ¡¡3 Hurras por ambos!!




jueves, 2 de agosto de 2007

La escapada (Il sorpasso)

Dino Risi pone en práctica una libertad creadora que desempeñará un importante y decisivo papel en la general aceptación de un nuevo cine italiano, que entronca con aquella "nouvelle vague" de espectadores que obtuvo un ruidoso éxito comercial en la vecina Francia. "La escapada" es una realización más artesanal que artística. Resulta casi barata. Pero cuenta con una estrella importante: Vittorio Gassman, y un importado francés Jean-Louis Trintignant. La película sufre una inconfensada influencia del cine americano, pero gravita también sobre las lecciones que nos dejó el neorrealismo. Un sinvergüenza simpático, que más bien parece un delincuente perseguido, pero que se salta a la torera todas las reglas habidas y por haber, que mete las narices en los viejos melodramas familiares, y arrastra al acompañante inesperado hacia ese vértigo demencial de su madura inestabilidad. Como si la cámara fuera llevada a mano, Risi retrata esa huida dominical, bajo un sol de justicia, entre una Roma solitaria, y aquellas carreteras costeras y playas atestadas de twist cuyo denominador común eran los jóvenes integrantes de esa versátil nueva ola, insolente, exhibicionista y tan inestable como el protagonista.


Entre todo ello, los divertidos desmanes de Gassman buscan refugio a su ya un tanto ridícula y madura inadaptación, dando sentido al mismo tiempo al título original. Fue una comedia amarga, pero extraordinariamente viva, y que confirmó las extraordinarias dotes interpretativas de Vittorio Gassman. Hoy, 50 años más tarde, "La escapada" (pese a que contempla al joven co-protagonista con gran ternura) congela su triste final como una dramática foto fija de lo que fue y sigue siendo el aburrimiento y el desengaño, la hostilidad y la indiferencia de los entornos humanos. ¡Advertencia, Vittorio Gassman sólo es Gassman si se oye en italiano! Doblado (como Mastroianni, y tantos otros) es un fraude.





 
 ¡¡Guarda come dondolo, guarda come dondolo, connnnn el twist!! ¡¡Sará per che so tontolo, sará per che...!! ¡¡Cómo para no recomendarla!! ¡Inolvidable!