Vistas de página en total

domingo, 1 de noviembre de 2026

MUERTOS DE RISA (DYING OF LAUGHTER) -1-


Acumular desventuras y contratiempos del personaje burlesco, a costa de las cuales el hombre de la calle se ría de buena gana puede, aunque parezca trivial y casi cruel, hacer germinar muchas semillas en el campo del cine cómico No vamos a negar, pues, que los payasos cinematográficos monopolizaron prácticamente el humor en la pantalla. Pero su importancia histórica no habría rebasado un nivel discreto de no haber sido por las extraordinarias personalidades que dieron lustre al cine mudo. No es necesario, de todas formas, para arrancar la risa del espectador, recurrir al furor destructivo que caracterizó a casi todo el cine cómico-mudo primitivo. Su hilaridad nacía, simplemente, de la creación de situaciones comprometidas en las que, al parecer, jamás se llegaba a perder la compostura. Cierto que hubo un tiempo en que le bastaba al actor un maquillaje particularmente grotesco para hacer reír al público en cada una de sus apariciones. Pero esta época está ya enterrada. Ciñámonos entonces a las lecciones del slapstick (con bofetadas  que van y vienen sin cesar),  para que, finalmente, también se consiga una eficacia cómica saludablemente destructiva  y  provocadora. "Muertos de risa" de Alex de la Iglesia se ajusta a la perfección al humor dislocado y metódico que tampoco se separa  del arte de la pantomima. Pero a la que esta vez se le añade una especie de llamada apremiante nada menos que al odio y al rencor con un catálogo de males, miserias y ansias asesinas para hacer resaltar, valiéndose al mismo tiempo de una guasa corrosiva y un feroz sentido satírico, como no podía ser de otra manera porque la caja tonta ya estaba inventada, a ese mundo masificado que engulle día tras día, noche tras noche, cualquiera de los muchos  espectáculos que ofrece la pequeña pantalla del televisor. Y es que el simple hecho de que un pobre gordinflón que recuerda Oliver Hardy reciba un sopapo como personaje que se encuentra en una situación ridícula o difícil, no es risible. Pero sí lo es ver al pobre abofeteado, tras el guantazo, obstinarse en conservar su dignidad y querer convencernos también muy dignamente de que está sereno después del cachete aplicado con todas las ganas de poner la mejilla de color cereza, y que este simple acto no ha hecho mella alguna en él. 





                                El legado del Slapstick


 
 










 
 


 
Asistimos a una noche caótica de Fin de Año del 93 en la que dos automóviles recorren Madrid con el afán destructivo de unos conductores que se odian a muerte y que han decidido a la desesperada matarse el uno al otro.  Se trata de dos famosos adefesios cómicos de televisión llamados Nino (Santiago Segura) y Bruno (El Gran Wyoming) que han llegado al final límite de su existencia, entre el odio más furibundo y la envidia más feroz, y lo único que les mueve en esa señalada Nochevieja es acabar definitivamente no solo con su fama (que los ha llevado a aborrecerse de la manera más increíble y terrorifica), sino también a quitarse de en medio ya de una vez por todas de ese mundo de comicidad absurda que los ha ido destruyendo lentamente a lo largo de casi 30 años, una fama ya insoportable que han decidido no seguir digiriendo. El manager de ambos cómicos, Julián (Alex Angulo), trata de limar la situación sabiendo el odio que los ha llevado hasta el plató, y tras asistir a la sesión de maquillaje, trata de apartar a los periodistas, fotógrafos y componentes de la plantilla televisiva, para que no les molesten y puedan llegar sanos y salvos hasta el escenario televisivo ya que el dúo cómico ha llegado a los estudios de televisión hechos unos zarrpastrosos y chorreando sangre. Interiormente, con el gesto adusto, siguen decididos a presentarse por vez postrera ante las cámaras de televisión donde durante tantos años han sido elevados a la fama, y acabar el uno con el otro de un pistoletazo delante del público que los ha estado aclamando a lo largo de tres ominosas y disparatadas décadas,  y llevar a cabo el mejor desenlace posible de su vida artística, matándose mutuamente, como ya se ha indicado, ante las cámaras de televisión para que toda España presencie su definitivo final de jolgorio cómico que ha de llevarlos a ese otro mundo tan traído y llevado del más allá. Temiéndose lo peor también ha hecho acto de presencia la policía. El fin de esa odiosa y terrible relación sería definitivo y porqu se ha convertido en un verdadero drama humano a modo de parodia, ya que el único mérito de sus actuaciones es que el pobre gordinflón de Nino no reciba más que bofetadas. En realidad la noche de fin de año de 1993 nadie sabe que es lo que va a suceder en el plató, y el manager, Julian no deja entrar a nadie en el teatrucho televisivo donde la masa vociferante se halla encantada a la espera de que Nino y Bruno lleven a cabo el acostumbrado show que el público asistente, como ya se ha indicado, espera con ansiedad. Se oyen entonces disparos de revólver. Al principio los espectadores presentes en el plató de televisión los han vitoreado muertos de risa a la espera de la sesión de bofetadas, pero cuando se descubre el pastel porque uno de los tramoyistas aparece ante el manager y la policía explicando que los dos cómicos se han liado a tiros hasta quitarse de en medio definitivamente, Julian comprueba que en realidad el tiroteo no ha tenido nada de falso y que se han tiroteado hasta morir, la masa asistente a la caja tonta huye despavorida. Y Julian rememora el tiempo en que se conocieron.
 

 

 
 
 
 
 

 EL ASESINATO DE LA CABRA, MASCOTA DE LA LEGIÓN

 
La trama del nacimiento del dúo Nino y Bruno, rememorada por Julian, el manager y descubridor de ambos se remonta luego en un flasback hasta sus orígenes, fechas de los años 70, noche en la que Nino arranca las risas de un grupo de legionarios terroríficos que asiste a un night club de Madrid donde Nino canta  en una mala imitación del famoso cantautor Nino Bravo. Los legionarios, para reirse del cantante gordinflón le mandan la cabra legionaria, o sea la mascota de la legión.
 
El pobre cantante al verse  la cabra entre las piernas que no cesa  de embestirle, le asesta un golpe con el micrófono y se la carga. El barman Bruno (que todavía no se llama así) acude en ayuda del pobre y aterrorizado Nino, que insiste en que prácticamente casi ni la tocó, solo le dio un golpecito: "¡Nos la matao!", exclama uno de los legionarios, cuya furia no tarda en ofrecer su venganza y el legionario jefe (Sancho Gracia) hasta los amenaza con una pistola, les asestan una buena tunda antes de incendiar el night club y que su dueño don Antonio (Alfonso del Real), Nino y el futuro Bruno se las compongan. 

 
Ambos trabajadores, además de haber recibido una buena tunda por parte de los legionarios, se hallan ahora sin trabajo porque don Antonio se va de rositas, y Nino invita al barman a su casa para pasar la noche. Nino vive con su madre, que es una vieja resentida y malcarada (María Asquerino) con él y no le habla. Esa noche se inicia la amistad entre ambos. Una vez en la habitación de Nino aparece una muñeca de trapo con la que el cantante retoza por las noches. El barman no se asombra. Al revés, añade que cada cual se lo monta a su manera. Aparece la adusta madre y los encuentra a ambos agachados con la muñeca, creyendo que están de picos pardos con ella. El barman, además, nota un pestazo tremendo en la habitación, Nino le explica que nunca se cambia los calcetines porque le dan suerte.
 
Entonces el barman propone que lo mejor que pueden hacer ahora es viajar a Madrid y presentarse en un casting (Nino no tiene ni idea de lo que es un casting, y le llama "castring")  de televisión en el que Nino puede resultar gracioso contando un chiste sobre Cristo y un 600 en un desierto que el pobre Nino no acierta a comprender y duda mucho de que puedan tener un mínimo de éxito ante las camaras que, en realidad, le aterrorizarán. 

                               EL CASTING TELEVISIVO



Cuando se presentan en el casting televisivo, en cuyo plató hay un terremoto de aspirantes a ser elegidos para la tele entre los encargados de semejante show que no paran de gritar y desbarrar como energúmenos de la caja tonta, despidiendo a casi todos los candidatosdel casting. Nino acobardado y tembloroso, por más que su compañero le insiste que en televisión podrá disfrutar de compañías femeninas extraordinarias que encandilan al gordinflón con sus curvas y ademáds están las chicas del 1-2-3 famoso programa de la época dirigido por un famoso Chicho Ibáñez Serrador que ríen divertidas cuando contemplan a los dos recién llegados, a los que el listorro de Julian, (manager que se dedica a engañar y cobrar por adelantado  a pobres aspirantes a firmar show en televisión) también observa maquinando algo. El caso es que el dúo es rechazado y de nuevo se hallan de patitas en la calle. A la salida del casting televisivo llueve a cántaros. Nino insiste en que él no tiene ninguna gracia y que no entienede nada del dichoso chiste del 600 en el desierto. No obstante, algo va a cambiar muy pronto.

EL AVISPADO MANAGER LLAMADO JULIÁN

Julián, el manager de tres al cuarto, (como se dijo) ya les ha echado el ojo, y cree que pueden ser un dúo cómico que le reporte algún beneficio crematístico, en especial por la cara de bobo de Nino. Los lleva al museo de personajes famosos, Herrnán Cortés y Moctezuma, y también mostrándoles a los payasos famosos de la tele del "¿cómo están ustedes?, añadiendo que basta esa frase para que todo el país grite y ría entre aplausos. También les muestra a los dos humoristas súper famosos de la época Tip y Coll mintiendo más que habla,ya que asegura que fue él quien tuvo la idea de llamarlos así, y los elevó al éxito, y el dúo de panolis parece acabar tragándose tanta trola.

Y finalmente les invita a aparecer en el escenario de un tugurio llamado Teatro Argentino (algo así como el de Manolita Chen, pero 100 veces peor) donde todos los artistas sufren abucheos y lluvias de todo tipo de verduras y hortalizas. Nino sigue insistiendo en que él no tiene gracia alguna, y que sigue sin comprender el chiste del 600. Pero Julián no cede ante la timidez del pobre gordito, y los presenta  en el escenario del teatrucho, ve en un anunció que se halla en el escenario con el nombre de Torre Bruno, y se le ocurre entonces llamarlos Nino y Bruno. Nino se siente aterrorizado ante el vociferante público asistente. Y está a punto de desmayarse.
 
Bruno explica al público que aunque no lo parezca, su compañero es realmente gracioso. Los espectadores esperan a ver en qué reside la gracia de Nino, que está como petrificado.Y Bruno insiste en que explique el chiste de una vez. Alguien del público grita que le dé un buen sopapo a ver si espabila.
 
A Bruno le parece una buena idea, y entonces le arrea un guantazo que arranca de inmediato las risas de los espectadores. Cuando Nino observa las carcajadas de los espectadores pide a Bruno que le endilgue otro tortazo más descomunal.
La tragedia empezará a mascarse tras este primer tortazo del  recién estrenado Bruno al gordinflas Nino. Así la fama de ambos se va cimentando a base de soplamocos cada vez más dolorosos. "En aquel momento lo comprendí todo", conjeturó Julian, "Lo bueno estaba en las bofetadas, así de absurdo, una bofetada tras otra y a la gente se le salían las tripas de la risa. Aquella bofetada era un acto de anarquía total, una vibración absoluta de cualquier compromiso ético como dijo no sé quién en un periódico"



                                     ¡CÓMO CABRAS!



    




                        
 
 


 



No hay comentarios:

Publicar un comentario