Una de las características más importantes del “film noir” (“cine negro”) es la transferibilidad, es decir, la posibilidad de transferir y referir el arquetipo ideal del comportamiento humano, cuyo principio psicológico pueda mover los resortes más ocultos del hombre o de la mujer, y que nos lleva a considerar que, a fin de cuentas, entre el bosquimano primitivo y en el habitante, hoy, de las grandes ciudades no media tanta diferencia. La novedad del personaje en el “cine negro” es que se ve acompañada por una especie de ley de necesidad; una necesidad de recurrir a una especie de furor destructivo y perverso, capaz de componer también acontecimientos delictivos que puedan interpretarse como más o menos reales. Y súbitamente, a causa de otro hecho también casi lógico derive, no obstante, en una dirección inesperada que penetra lamentablemente en el siempre arriesgado terreno del crimen. Édouard Molinaro con este “Dos au mur" -su primer film como director- [basado en "Délivrez-nous du mal" ("Líbranos del mal") novela de Frédéric Dard -29 de junio de 1921-6 de junio de 2000, y autor del celebrado "Le Monte-charge ("El montacargas"), 1961, adaptada a la pantalla por Marcel Bluwal-]-y co-autor del guion junto a François Chavane, Jean-Louis Roncoroni y Jean Redon] da vida al triangulo negro sobre el que se asientan tres eslabones evolutivos del comportamiento, o más bien en el que puedan desenvolverse las tres situaciones más concretas de las convenciones y reglas sociales que puedan llegar a regir la sociedad: el amor, los celos y la venganza. Por eso mismo, el film noir resulta siempre polémico, y, por supuesto, acusador. Es como un arma corrosiva que promueve nuestras peores acciones, al tiempo que la complejidad psicológica de los personajes que retrata y expone, puedan conferir un tono siniestro al mismo tiempo que el ansia de amor, justicia y comprensión, para mezclarlos en la contradictoria selva de instintos e ideales que anidan en todo ser humano, y cuyos actos delictivos deban pagarse dolorosamente, una vez frente a frente con el riguroso encadenado de la propia destrucción. Y que en el film de Molinaro su comienzo se estructure valiéndose de un inexplicable flash-back como transición momentánea al relato negro que está por llegar, y con ello recurrir al desarrollo acronológico de los hechos cuya ubicuidad va a enlazar imágenes del presente y del pasado, recurso técnico que otorga un especial significado al suspense propuesto por la película.
"Le Dos au Mur" ("Back to the Wall") -1958- Édouard Molinaro

Algunos de los mejores thrillers
comienzan con lo que parece ser una escena culminante y decisiva, y el
resto de la película desentraña cómo se llegó a ese punto. "Le dos au mur" ("Back to the Wall"), de Édouard Molinaro (director de "Un témoin dans la ville"-"Witness in the City"),
arranca con un hombre misterioso —ataviado con gabardina y sombrero—
que entra sigilosamente en un apartamento, prepara una maleta y se lleva
un cadáver envuelto en una alfombra. Acto seguido, lo traslada en coche a una fábrica y lo entierra bajo una capa de cemento fresco. ¿Quién es el difunto? ¿Qué hizo para merecer tan trágico destino? El resto del filme se narra mediante flash-backs, y como ocurre en todo buen film noir, en "Le dos au mur" nada es lo que parece.




JOHN GARFIELD: DANGEROUS IN TIME

John Garfield vivió en 1946 su momento más
fatídico junto a una escalofriantemente bella Lana Turner en la modélica adaptación de la novela de James M. Cain “The Postman Always Rings
Twice” (“El cartero siempre llama dos veces) dirigida por Tay Garnett, y
coprotagonizada por Cecil Kellaway, Hume Cronyn, Leon Ames y Audrey Totter. 




Garfield
fue un nuevo espaldarazo al tema de la lucha contra la hostilidad del medio, lo mismo que lo fueron otros personajes
anteriores tan complejos como James Cagney, Humphrey Bogart, y
después hasta Marlon Brandoy Clint Eastwood.
Arquetipos de hombres introvertidos, complejos,
impulsivos y patológicos como productos de un medio social de nueva
inadaptación, .a la manera de
Erich von Stroheim [22 de septiembre de 1885, Viena, Austria-12 de mayo de 1957, edad 71 años, en Maurepas, Francia, que encarnó a malvados oficiales prusianos, lo que lo convirtió en un renombrado actor y el protagonista de una campaña publicitaria con su imagen y con la frase "éste es el hombre al que le gustaría odiar"]. Las mejores virtudes del cine negro americano, desde aquel mundo
desquiciado e injusto, fue plenamente explicitado en la década de finales de los 30 con la Gran
Depresión, y en los 40 con el fenómeno del
gangsterismo. El flamante proceso del clima moral y económico desde los años
de la gran crisis aparecen en 1956, reunidas en grado máximo por Stanley Kubrick,
que sorprendió al mundo cinematográfico con su genial obra de juventud “The Killing” (“Atraco perfecto”) recuperando al mejor Sterling Hayden, con Coleen Gray, Elisha Cook Jr., Vince Edwards, Jay C. Flippen, y Marie Windsor. "The Killing”
narraba con un estilo incisivo y ritmo
trepidante la preparación, ejecución y consecuencias de un atraco a un
hipódromo, alternando sucesivamente los diferentes puntos de vista de las personas que toman parte en el golpe-



"The Killing" también seguía los pasos de la grandiosa “Rififí” (en francés “Du
rififi chez les hommes”) obra negra magna de 1955, que el director
norteamericano exiliado a Europa Jules Dassin a causa de la persecución McCarthyana rodaría en Francia). Elucubraciones expresionistas
del mundo gansteril
europeo, mil
veces imitada, con un fantástico Jean Servais, junto a Carl Möhner, Robert Manuel, el mismo Jules Dassin, y Magali Noël. 

Y sería junto al majestuoso thriller “Touch of Evil” (“Sed de mal”),
1957, de otro genial director como Orson Welles, la mejor muestra
del cine policíaco de aquellos últimos quince años de producción americana. Las dos películas evidenciaban
como había madurado este género, desplazándose desde las ingeniosas
puerilidades a lo Conan Doyle y los enredos de los Detective Story, siempre en dirección al
Dostoiewsky de “Crime and Punishmen” (“Crimen
y castigo”), o a los densos universos problemáticos de Kafka o de Sartre. Y que la
violencia instintiva era un buen material dramático del cine noir
cuando asistía siempre a la exaltación malévola del personaje del gángster, no por ello dejaba aparte los instintivos y brutales desmanes contra el mundo que nos
rodea. 















En 1965, Arthur Penn rueda la que sin duda será considerada como su primera andadura por el mundo turbio que destilan las sombras del film noir con "Mickey One" ("Acosado") en el que se revela el actor Warren Beatty, hermano de Shirley MacLaine, y coprotagonizada por Alexandra Stewart, Hurd Hatfield, y Franchot Tone, film en el que su personaje rebelde principal que como el malogrado John Garfield, se enfrenta a la hostilidad del medio en que vive. Inmediatamente, en 1966, Penn ofrece con "The Chase" ("La jauria humana") -y un excepcional guión de Lillian Hellman y Horton Foote- uno de los retratos más duros de la brutalidad y corrupción de la Norteamérica sureña, abriéndonos las puertas a una pequeña comunidad del sur, -que contiene una referencia implícita al asesinato de Lee Harvey Oswald en Dallas-, y al tiempo que critica ferozmente a una parte de su sociedad más opulenta, no duda en envolvernos en ese mundo desolador de los caracteres vacuos de cuantas vidas habitan esas pequeñas ciudades dominadas por el hastío, la degradación moral, la sordidez de sus diversiones, el acendrado racismo, y la más ruin y desbocada irresponsabilidad del asesinato sin la menor concesión al arrepentimiento. Con un reparto excepcional, encabezado por Marlon Brando en el papel de sheriff que trata inútilmente de impedir la desatada violencia en que se ve inmerso, asistimos a un profundo estudio psicológico de cuantas personalidades complejas recorren ese torbellino dantesco que se debate entre el amor y el odio intensificando especialmente "la más ignominiosa de las cazas del hombre" Con: Robert Redford, Jane Fonda, James Fox, Angie Dickinson, Miriam Hopkins, E.G. Marshall, Martha Hyer, Janice Rule, Richard Bradford, Diana Hiland, Robert Duvall, Clifton James, Henry Hull y Jocelyn Brando. 








Y también, a pesar de las apariencias, muchas veces románticas del
thriller como demostró la balada impregnada de lirismo de Arthur Penn
sobre“Bonnie and Clyde”, 1967, interpretada extraordinariamente por una majestuosa Faye Dunaway como Bonnie Parker y el mejor Warren Beatty como Clyde Barrow, que vivieron realmente sus aventuras como atracadores de bancos en los años posteriores a la gran Depresión durante el Crack de 1929, nos recordaba que muy a pesar del tema de la lucha contra la hostilidad del medio, del hombre que muchas veces parece perseguido por algún misterioso tipo del inframundo de los cabaretuchos y miserias que se dan cita en las grandes ciudades de todo el planeta, y con algunos toques de fantasía de inspiración felliniana, el thriller o el nuevo film noir no se había alejado de la América Primitiva de los pioneros y de los viejos mitos gangsteriles. 



La impotencia sexual de Clyde juega en la película como explicación de un caso que lindaría en lo patológico de no ser por la romántica admiración de esta pareja anarquista, en su rebelión instintiva y brutal contra el la sociedad de EE.UU. El Oscar que "Bonnie and Clyde" se merecía justamente como la mejor película americana del año, le fue escamoteado debido al impacto que produjo el asesinato del pastor Martin Luther King, crimen que precedió en pocos días a la concesión de premios por la Academia de Hollywood. Fue extraordinariamente coprotagonizada por un recién descubierto Gene Hackman como Buck Barrow, Michael J. Pollard, y Estelle Parsons que consiguió el Oscar a la Mejor Actriz de Reparto. Pese a ello, Arthur Penn recibió el Bodil Award al Mejor Film no Europeo. que precedió en pocos días a la concesión de premios por la Academia de Hollywood. 




A través de los flash-backsa descubrimos a un misterioso personaje: es Jacques
(Gérard Oury), un acaudalado industrial cuya esposa, Gloria
(interpretada por la inimitable y maravillosa Jeanne Moreau), mantiene una aventura
con un joven actor llamado Yves (Philippe Nicaud); este último resulta
ser el cadáver de la escena inicial. Consumido
por unos celos furiosos, Jacques comienza a chantajear a Gloria de
forma anónima, atormentándola hasta llevarla a la desesperación. Pero ¿qué relación guarda todo esto con la muerte de Yves? Como ocurre en todo buen film noir, en "Le dos au mur" nada es lo que parece. Jacques, bajo el
alias de Louis Berthier, haciendo pasar a su amante, al joven actor Yves Normand como el chantajista. En lugar de enfrentarse a Gloria, Jacques finge ignorancia. Contrata a un detective privado de mala muerte, Mauvin (Jean Lefebvre), para que siga a Gloria y tome fotografías comprometedoras de los dos amantes.

Adoptando la identidad de un empleado recién fallecido, Louis Berthier (como ya se indicó), Jacques abre un apartado postal y envía a Gloria
una carta de chantaje, con la esperanza de que esto le haga perder la
ilusión por el romance y de aliviar su propia culpa recordándose que, a
fin de cuentas, será él mismo quien cobre el dinero de la extorsión. Yves siempre busca consejo de su relación en su antigua amante, Ghislaine (Claire Maurier).
Jacques tampoco se da cuenta de que la visión que Gloria tiene de Yves no es tan romántica como cabría pensar:
Yves:: "Te quiero. Si tuviera dinero, te mantendría".
Gloria:: "Si tuvieras dinero, jugarías, beberías, pero no me mantendrías a mí".
Dado que la primera carta de chantaje logró el pago exigido pero no interrumpió la aventura, Jacques envía otra reclamando otros 500.000 francos: "Olvidé incluir en la última factura el coste de las fotografías"...


Ghislaine es quien tiene la idea de enviar a dos de sus amigos rudos, Mario (Gérard Buhr) y Paul (Jean-Marie Rivière), a vigilar la oficina de correos donde Jacques recoge los envíos del dinero de la extorsión. Efectivamente, logran interceptarlo, pero Jacques pronto les explica la situación real y los soborna. Luego, recluta a Ghislaine para un nuevo plan: convencer a Gloria de que es Yves quien ha organizado el chantaje para sacarle dinero al marido rico. Como Ghislaine aún alberga esperanzas de recuperar a Yves, no hace falta insistirle mucho..Es un juego de manos muy ingenioso, ya que todas las pistas necesarias para deducir la interpretación correcta de los hechos están ahí.
El detective privado Mauvin y su esposa Josiane (Colette Renard) no tienen una relación demasiado cordial. Cuando Jacques contrata a Mauvin, Josiane hace un gran desplante insinuando que Jacques no es el único cornudo de la zona.
Gloria encuentra unos billetes en los bolsillos de Yves —billetes cuyos números de serie había anotado con recelo antes de enviárselos a Berthier—, creyendo que el hombre que ama la ha traicionado, Gloria intenta suicidarse, pero cuando Yves intenta desarmarla, lo mata accidentalmente. Para evitar problemas, Jacques entierra el cuerpo en un muro de construcción de su fábrica. Pero en Nochebuena, cuando Gloria descubre en el coche de Jacques documentos falsificados a nombre de Berthier, lo comprende todo. Al darse cuenta de todo el engaño, se suicida tras escribir una carta a la policía, en la que denuncia a Jacques como el autor del crimen.. El muro con forma de ataúd revela su secreto.
















































































