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lunes, 27 de julio de 2026

UMBERTO D.

Un aura sombría, pesimista, nos permite comprender que al infortunio le gusta asomar la oreja por todas partes. Pero el nivel moral y psicológico del personaje, puesto a prueba por esa sociedad ominosa que lo rodea, demuestra que no es más desgraciado el pobre infeliz vapuleado por la malicia del mundo, sino el que tantas veces demuestra tener más razón. (Chaplin que lamentó no haber sido capaz de rodar la ejemplar transparencia humana que nos ofrenda el doliente "Umberto D") sollozó, como todos nosotros, viendo esta historia sencilla a primera vista, pero que el gran Vttorio De Sica convirtió en una obra maestra absoluta. Jamás existirá a nuestra disposición un retrato más perfecto de ese ser humano, envejecido, solitario, y maltratado por una posguerra que, ansiosa por conformar aquel nuevo mundo a los deseos de su flamante sociedad, "no llegaría a conocer más piedad que la de su maldad".
 
 
 

{Nacimiento: 10 de octubre de 1882 en Trento, entonces territorio austrohúngaro que pasó a formar parte de Italia durante los años de la guerra; Fallecimiento: 6 de marzo de 1977, en Empoli, Italia, a los 94 años}



"Uno dei film più significativi del neorealismo, omaggio sincero e commosso al problema della vecchiaia"





Hay simples imágenes (¡imposible resaltar con mayor excelencia la conjunción perfecta de este drama demoledor!) tan desgarradoras que todavía hoy ejercen efectos devastadores en nuestros corazones: Umberto limosneando, y volviendo su mano del envés al primer intento.

     

          "Umberto D": límite extremo del neorrealismo


Don Umberto, jubilado toma parte de una manifestación que exigen un aumento de sus miserables pensiones. Cuando el grupo es dispersado por la policía, Don Umberto vuelve a la casa de huéspedes donde reside, pero la despectiva propietaria Donna. Belloni (Lina Gennari) ha alquilado por una hora su habitación a una pareja, y además amenaza al pobre jubilado con echarlo al final del mes si no es capaz de pagar las quince mil liras de alquiler atrasado que le debe. Pese a que Umberto vende algunas de sus pertenencias un reloj y varios libros, la casera exige el total del alquiler.
En su desesperación decide pedir, primero un préstamo a un amigo que se lo niega, y luego limosna con su perrito, pero se siente humillado y retira la mano cuando algún transeúnte le da una moneda. Y para disimular su vergüenza, indica que su perrito está jugando.



Su único apoyo es su perrito Flike y la comprensiva y joven criada de la pensión, Maria (Maria-Pia Casallo)  que también acarrea sus problemas: está embarazada y confía al desgraciado huésped que duda sobre cuál de dos soldados que conoció (uno de Nápoles y otro de Florencia) es el padre.
 




Una noche, sintiéndose enfermo, Don Umberto llama desde la pensión a un hospital y es ingresado diagnosticado de anginas. Al volver a su apartamento, una vez dado de alta,  descubre que este está en obras. La casera, que va a casarse, requiere la habitación que le tenía alquilada. Y para mayor dolor del pobre jubilado, descubre que su adorado Flike, el cual había dejado al cuidado de la sirvienta, huyó por una puerta que alguien dejó abierta.
 




Desesperado Don Umberto sale en su busca, y finalmente, aliviado, consigue encontrarlo en la perrera municipal antes de que el pobre animal sea sacrificado.


 
Con la intención de quitarse la vida, Don Umberto busca un lugar donde dejar a su Flike, Pero nadie acepta adoptar al animalito. Ni una pareja guarda perros ni una niña del parque porque sus padres se niegan a ello. Y al intentar abandonarlo, el animal consigue volver a encontrarlo.


De nuevo en estado de desesperación, el anciano coge al perro en brazos y se sitúa en la vía del tren cuando esté está a punto de llegar, pero Flike, asustado, salta y huye. Don Umberto, abandonando la idea del suicidio, sigue al animal, consigue que este deje de temerle y comienza a jugar con él mientras ambos se alejan por el parque.  
 
 


 


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                         El perrito Flike sombrero en boca

Y Flike perdido luego en la perrera y a punto de ser gaseado. Su huida, casi humana, en el intento suicida de su amo. Revestido de humildad, yo conceptúo este film como sobrenatural. Y ahora pongan una lámina del Cristo, sobre el rostro de "Umberto D". No existirá jamás criatura cinematográfica más digna de ser purificada. Como no hay ley divina o humana que nos impida llorar a moco y baba con esta maravilla, que es lo que pasa cuando los deberes del amor que nos debemos los hombres entre sí no hallan hueco en este mundo de imperfección. Visto desde ese prisma, ¡no lo duden!, ¡"Umberto D." es su película! 


Y que no les remuerda la conciencia al igual que a Charles Chaplin, pensando en cómo no se le había podido ocurrir a él drama tan hermoso, tan irreprochable visión de la impiedad y del victimismo a que nos somete la sociedad, tan sublime disección de una conciencia desesperada, pero capaz de perdonar toda la inmundicia terrenal que nos rodea. ¿Se liberará nuestro hombre imaginando que a la hermosura del alma, la de entonces, siempre la supera la del amor?

Vean a Carlo Battisti, genial protagonista de la película (la única que interpretó), en la secuencia final, tratando de recuperar el cariño y la confianza de Flike. Quizás así obtenga la respuesta. Una vez saboreado este "Umberto D." no obtendréis consuelo. ¡Jamás podréis olvidarla!


Evaluación: ¿Cómo evaluar la genialidad?




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