Las historias románticas
consiguieron a través de la pantalla su diaria ración de “amor óptico” y
acabaron, como no podía ser de otra manera, conquistando la fidelidad de las masas al introducir en sus fotogramas
en movimiento, algunas veces involuntaria pero casi siempre voluntariamente,
poesía de los sentimientos amorosos, que crearon su insoslayable universo lírico entre paisajes suburbanos, escenarios inéditos, inquietantes y
humanas sombras expresivas que en infinidad de ocasiones se movieran también
entre acciones disparatadas, tan disparatadas como las que
ofreciera el tan cacareado “amor fou”. Fue Luis Delluc [Le Buisson-de-Cadouin, Francia, 14 de octubre de 1890- París, 22 de marzo de 1924] el primer crítico francés, quien no
dudó, sin embargo, en catalogarlo de "abominación folletinesca”. Sería
difícil rebatir el juicio de Delluc, pero sería también injusto negar que el
tema amoroso siempre imperante en la pantalla supuso en millones de ocasiones
un género internacional prácticamente único por su frescura y artística narrativa muy alejada de
aquella artificialidad presuntuosa, teatralizante y retrógrada del "film d’art". El
mito del “peligro amoroso”, en efecto, tomó cuerpo en la literatura, se propagó
como demencial protagonista de una popular
novela como fue “Carmen” de Prosper Mérimée [París, 28 de septiembre de 1803- Cannes, 23 de septiembre de 1870], además de "La Dame aux Camélias" de Alexandre Dumas -hijo- [París, 27 de julio de1824- Marty le-Roi, 27 de noviembre de1895], y "Madame Bovary" de Gustave Flaubert [Ruán, 12 de diciembre de 1821-Croisset, 8 de mayo de 1880], que luego se convirtieron en
una contribución mundial al
capítulo del erotismo cinematográfico.
El beso realista fue también un invento –cinematográfico, se entiende- pero esta vez del cine
danés. El castísimo ósculo de May Irwin y John
C. Rice en la histórica cinta muda de William Heise "The Kiss"("El beso")-, en 1896, producida por Thomas Alva Edison había armado mucho revuelo; pero
hoy aparece reducida a sus reales y modestas dimensiones ante las atrevidas
muestras osculatorias y sexuales que invaden las pantallas y las modernas plataformas digitales de TV. Un cronista
alemán de la época señaló así esta evolución: “Los personajes
no se contentan ya con besarse
rápidamente como antes. Los labios se unen largamente, voluptuosamente, y la
mujer, en pleno éxtasis, echa la cabeza hacía atrás como siempre haría la gran
Garbo” El beso no era, a decir verdad, más que el elemento instrumental de
un mundo que creó una inmensa profusión de melodramas, en los que se barajaban
millonarios, bailarinas, hijos naturales, aristócratas, payasos tristes,
adulteras, reyes y sus oficiales, y hasta gitanas como la citada “Carmen”, casi siempre
envueltos en complicados problemas sentimentales y familiares, entre ese mundo
postizo y fabuloso creado en sus años de apogeo por el universo sofisticado de las cintas manufacturadas en Hollywood-Meca del Cine- También de la literatura decadente romántica
procede, no hay que olvidarlo, una figura mítica que tomará cuerpo por primera
vez en el cine: la mujer fatal o vamp, vulgo vampiresa. 






Y que ”Middle in the
Night”, dirigida en 1959 por Delbert Mann, [cineasta implicado siempre en todo tipo de compromiso social], se halle, por tanto, trazada sobre la senda
de dos personajes casi trágicos con una intensidad sobrecogedora como es la
visión de un maduro viudo, que vivirá un desesperado romance desde el sueño del hombre ya condenado a la
soledad de la vejez, y que en una joven infeliz pero bellísima halle recobradas
esperanzas románticas tan tiernas y umbrías como las que ofrenda la
sensual y esplendorosa actriz Kim
Novak, en cuyos ojos vuelve el maduro enamorado a encontrar expresiones tan tiernas y
umbrías que son inexplicables, nos parece un aceptable tira y afloja
amoroso que sobrevive a los estragos del tiempo. Y aunque la Novak se
nos muestre carente de la malicia encantadora de la "vamp", lo que sí
cuesta trabajo aceptar es en realidad ese "happy end" imposible entre el hombre maduro y la hermosa joven con que la película alcanza su colofón. En
consecuencia, y pese a ello, los dos protagonistas hablan y actúan como
personas que reconocemos: imperfectos, vulnerables y profundamente humanos. Su relación no es idealizada ni
edulcorada; se siente forjada por la experiencia. Invita al espectador a replantearse qué significa realmente el
amor entre un hombre de 56 años y una juvenil separada de 24 que
trata de olvidar su matrimonio fracasado. Y no se trata así únicamente de romance, sino de supervivencia. En
un mundo que se siente inestable, el vínculo que nace entre ambos se
convierte en una especie de salvavidas emocional, algo que los
mantiene en pie cuando todo lo demás empieza a desmoronarse.
Kim Novak y
Fredric March están magníficos. March aporta autoridad y vulnerabilidad emocional al papel del viudo,
mientras que Novak es algo completamente distinto: una radiante revelación, una
majestuosa creadora, máxima, impresionante y convincente, con cuya intensidad
contenida, pero llena de sentimiento, compone sin duda una de las
mejores interpretaciones de su carrera.
[Sidney Aaron "Paddy" Chayefsky, nacido en New York EE.UU. el 29 de enero de 1923-New York, el 1 de agosto de 1981 a los 58 años. Dramaturgo -con el añadido de humanista-, novelista y guionista]
Nacido en el barrio del Bronx, en la ciudad de New York, sus padres eran los ucranianos de origen judío Harry y Gussie Stuchevsky Chayefsky. Cursó estudios en la The Witt Clinton High School y después en el City College of New York. Acabó graduándose con una licenciatura en contabilidad. También estudió idiomas como alumno aventajado en la Fordhan University. Durante la Segunda Guerra Mundial se alistó en el Ejército Estadounidense consiguiendo un "Purple Heart"-"Corazón Purpura" y el apodo por el que sería conocido a partir de entonces: Paddy. Su biografía escrita por Shaun Considine [ recibió el título de "Mad as Hell" ("Loco como el infierno")



Gozó de un de un status apuntalado, sin duda, por los tres Oscar obtenidos por los libretos de "Marty", 1955, "The Hospital" ("Anatomía de un Hospital), 1971, y "Network" (" Network, un mundo implacable"), 1976- que le permitían hacerse valer en cada una de las producciones en las que intervenía en calidad de guionista. 





Chayefsky ya había dado cumplida cuenta de ese celo profesional en sus tiempos cuando vivía a sueldo de las incipientes cadenas televisivas durante la primera mitad de la década de los 50. Por ejemplo, al suscribir un contrato de cesión de los derechos de autor para que su relato "Marty" tuviera cabida en el plano televisivo, dejaría consignada una cláusula en que, de llevarse a cabo una adaptación cinematográfica, él sería el único facultado para escribir el guion de la película. Siguiendo su iniciada actividad para la gran pantalla en paralelo a su disposición a trabajar para los espacios teatrales y proseguir su dedicación televisiva, de cuya cosecha para la pequeña pantalla: "The Philco Television Playhouse"- surgirían tres espacios dramáticos dirigidos también por el ya encumbrado Delbert Mann, que acabarían transformándose en sendos films: "Marty", "The Bachelor Party" ("La noche de los maridos"), 1957, y "Middle of the Night" ("En la mitad de la noche"), 1959. Películas que definirían a Chayefsky (y Mann como director) con aquella definición de humanistas que reividicarían incluso a título póstumo al gran dramaturgo, concediéndoles el verdadero significado en atención a historias que nos hablaban, en primera instancia, de esas vidas fácilmente reconocibles por el común de los mortales. Por ello, Chayefsky entre sus correligionarios, es quien más se aproxima al papel desempeñado por el ínclito guionista italiano Cesare Zavattini, en relación al neorrealismo que hizo furor internacionalmente desde la cinematografía de posguerra en Italia. Historias ancladas en la realidad de las calles para las que Chayefsky aplicaría su bisturí, nada alambicado en su discurso crítico; más bien, se abastecía de un lenguaje directo que llegara al máximo de espectadores posible. Salvado su compromiso para con esa "trilogía neorrealista" aplicada a un entorno neoyorkino que tan bien conocía -creció y se educó en el famoso barrio del Bronx-, y rodadas en blanco y negro, con el devenir de los años su discurso empezaba a tomar un sesgo más subversivo. 






Así, el estamento militar, el clínico y el televisivo sufrieron las embestidas críticas de Chayefsky en su guion de la bélico comedia "The Americanization of Emily" ("La americanización de Emily"), 1964, dirigida esta vez por Arthur Hiller, y basada en una novela de William Bradford Hule, "Hospital" ("Anatomía de un hospital"), 1971, también bajo la batuta de Hiller, y "Network" ("Network, un mundo implacable"), 1976, dirigida por Sidney Lumet. 



Los tres films alcanzaron un balance de una nominación y dos Oscar, y como autor de sus guiones en sendas películas, Chayefsky volvió a demostrar su capacidad para saber despegarse del cliché de guionista adscrito a las denominadas "Kitchen Sink" (en su acepción más corriente" fregadero de la cocina"), término circunscrito a las producciones con un componente de realismo social que se iban manufacturando a ambos lados del Atlántico en los años 50 y 60, y su cabeza asomaría repetidamente a nuevas ventanas para escuchar pequeñas historias cotidianas luego moldeadas a conciencia para que tuvieran traducción en la gran pantalla. Su novela "Altered States" ("Estados alterados"), llevada a la pantalla por el polémico Ken Russell en 1980, abría, al respecto, un canal paras la reinvención de Chayefsky, y sin apartarse de bucear en las entrañas del ser humano, la materia con la que edificaría una obra indispensable para calibrar el grado de influencia que soportaría el cine estadounidense de los años 50. Aquél capaz de no perder de vista el neorrealismo italiano que había germinado en Europa tras la Segunda Guerra Mundial. Contienda bélica en la que se aplicaría en el combate Sidney Aaron para regresar a los Estados Unidos con un nuevo nombre e identidad, la de escritor a tiempo completo que libraría de sus obligaciones profesionales sólo para atender a su familia, sus amistades y su militancia sionista. Falleció víctima de un cáncer el 1 de agosto de 1981.























Los tres films alcanzaron un balance de una nominación y dos Oscar, y como autor de sus guiones en sendas películas, Chayefsky volvió a demostrar su capacidad para saber despegarse del cliché de guionista adscrito a las denominadas "Kitchen Sink" (en su acepción más corriente" fregadero de la cocina"), término circunscrito a las producciones con un componente de realismo social que se iban manufacturando a ambos lados del Atlántico en los años 50 y 60, y su cabeza asomaría repetidamente a nuevas ventanas para escuchar pequeñas historias cotidianas luego moldeadas a conciencia para que tuvieran traducción en la gran pantalla. Su novela "Altered States" ("Estados alterados"), llevada a la pantalla por el polémico Ken Russell en 1980, abría, al respecto, un canal paras la reinvención de Chayefsky, y sin apartarse de bucear en las entrañas del ser humano, la materia con la que edificaría una obra indispensable para calibrar el grado de influencia que soportaría el cine estadounidense de los años 50. Aquél capaz de no perder de vista el neorrealismo italiano que había germinado en Europa tras la Segunda Guerra Mundial. Contienda bélica en la que se aplicaría en el combate Sidney Aaron para regresar a los Estados Unidos con un nuevo nombre e identidad, la de escritor a tiempo completo que libraría de sus obligaciones profesionales sólo para atender a su familia, sus amistades y su militancia sionista. Falleció víctima de un cáncer el 1 de agosto de 1981.



















Betty Preisser (Kim Novak) una recepcionista de 24 años de una fábrica de ropa en Nueva York, se siente indispuesta emocionalmente. Vuelve entonces temprano a su apartamento que comparte con su madre, Mrs. Mueller (Glenda Farrell) y su hermana menor, Alice (Jan Norris) tras solicitar a una compañera que la sustituya. Se lleva a casa parte del trabajo que desempeña como recepcionista, un documento que debe mecanografiar. 











Su jefe, Jerry Kingsley (Fredric March), un viudo que pronto frisará los 60 años, que vive con su hermana mayor soltera, Evelyn (Edith Meiser),
y que nunca ha prestado atención a la joven que trabaja para él, aunque
trata con educación a todos sus trabajadores, necesita el documento que
Betty debía mecanografiar en la fábrica, así que pasa por su apartamento.















La joven, que atraviesa momentos de depresión emocionales nunca ha intimado amistosamente con Mr. Kingsley, manteniendo en el trabajo la distancia requerida entre jefe y empleada. Pese a todo, más por motivos profesionales que personales, aquella noche se crea entre ambos un inesperado conato amistoso, y la joven Betty, que hasta entonces ha mantenido con su jefe el ya mantenido y consecuente distanciamiento laboral, se determina a contarle todo sobre su fracasado matrimonio con su ex-marido músico, George (Lee Philips), que tras una larga ausencia después de su separación, la ha vuelto a llamar la noche anterior para decirle que desea volver con ella.







La otra mitad






















































































































