Vistas de página en total

sábado, 30 de mayo de 2026

Kentauro goes on summer vacation - See you soon...



 

EXTRA VACATION

                                                                    
                                                                  
                                                                      A Toast for the Holidays






                                                                                  Bye-bye-baby!


                                             Kisses!


    


viernes, 29 de mayo de 2026

Los Gozos y las Sombras [Serie RTVE] -2ª Parte-

 

 

 

 

LA MAJESTUOSIDAD INTERPRETATIVA DE CHARO LÓPEZ



 
Tras la merienda en la finca de Carlos Deza, una vez puesta en orden gran parte de la ropa de su familia y Clara ha compartido con Carlos ese feliz momento de intimidad, mientras Inés, apartada de ellos, interrumpe solicitando de Carlos una vela (con toda seguridad para sus rezos) Clara se ha mostrado incomodada con la interrupción provocada por el aborrecido misticismo de su hermana Inés. Cuando Deza cumple con la petición de Inés, y le ofrece que ahora puede merendar con él y su hermana, ella le dice que lo hará más tarde, y se marcha al dormitorio donde arreglaba el armario de la madre de Carlos. Cuando éste vuelve al lado de Clara, se suscitará entre ellos uno de los momentos más críticos de enfrentamiento y confesiones íntimas en lo que a la vida de Clara Aldán se refiere: "(Clara ironiza refiriéndose a su hermana Inés) No vendrá. Cuando termine se pondrá a rezar. Nosostros le importamos un comino. No sabes que es santa. Bueno, ¿qué? Ya me has mirado bastante, ¿no? ¿Qué te parezco?... (Carlos se muestra sorprendido) ¿Por qué lo dices?... Pareces tonto, primo. Todos los hombres sois un poco tontos. No sabes que Juan me mandó aquí para saber si te gustaba. A Inés ya la conocías, y no podía haberte hecho efecto. Además, va a meterse a monja. A mí hay que casarme antes de que me ocurra una catástrofe. ¡Dí algo, hombre! No te quedes ahí pasmado, o quieres verme mejor.
Trae una vela. No puedo hablar contigo sin verte la cara. ¡Vamos! (Carlos va en busca de un candelabro y enciende las velas, con gesto de disgusto) (Clara insiste) ¡Vamos! Di si te gusto... ¡No!, no me gustas... ¿No? Pues estoy muy buena. Por lo menos eso es lo que me dicen cuando voy a la lonja. Me lo dicen con la mirada. A veces me dan un azote o me tiran un pellizco, que quiere decir lo mismo... Ya. Eres una desvergonzada... ¿Y qué? Es mejor que lo sepas. He fingido desde ayer ser una chica como las otras. No sé por qué... Bueno, sí lo sé, pero no te lo digo. Así nos entenderemos mejor. Tú tonto, yo sinvergüenza... (Carlos la rechaza) No me quiero entender contigo. Y si no fueras la hermana de mi amigo... Me echarías a patadas... No, te pediría que te fueras. Te lo pido. No creo haber dado pie a una escena violenta como esta... ¿Violenta? Para ti. Yo he pensado mucho en ella. Pensaba si seguir engañándote como hasta ahora o poner las cosas en claro. No tengo suficiente educación para ser hipócrita con éxito... ¿Qué te propones?... Nada más que te enteres de cómo soy, para que no caigas en la trampa... ¿Pretendes sugerirme que tu hermano pretende hacerme caer a mí en una trampa?... No, mi hermano es incapaz. Él sólo piensa: Carlos está soltero y si va a quedarse aquí necesita una mujer. A lo mejor le gusta Clara y me quito un peso de encima. Pero yo soy una trampa. Gusto a los hombres. ¡Bah!, Si hubiera permanecido silenciosa te habría seguido el aire, después de haber trabajado para arreglar tu casa y hacerte la cama. A lo mejor te habría gustado. ¿Quién sabe?...
Te ruego que me dejes solo, por favor... ¡No, no me mandes marchar! No quiero ir con Inés. Quiero quedarme aquí hasta que ella se vaya, y hablar contigo... Me da igual... ¡Ah, lo más desagradable ya lo he dicho. Y si hace falta te pido perdón ¿Me dejas que me quede junto a la chimenea? Tengo frío... Lo que quieras...
(Carlos se lleva las velas y se sienta al piano de su madre entonando una melodía) (Clara se muestra arrepentida y ambos se observan) (Y cuando Carlos vuelve junto a ella, aduce) No había necesidad de esto... ¡No te pongas así, hombre!. Tómatelo en broma... Eres la hermana de mi amigo y así me obligas a insultarte... En el fondo me he portado bien, sabes. Podría haberte gustado. ¿Qué habría pasado entonces? Ayer me diste un duro, y hoy, cuando me llevabas en tu coche, te has preocupado de taparme. Fue un gesto que me conmovió, porque lo hiciste limpiamente. Sin tocarme,. Era cosa de seguir disimulando. A lo mejor conseguía gustarte y te casabas conmigo. ¡Yo, por huir de mi casa, me casaría hasta con el diablo! Y si el diablo no me quiere para casarme, ¡allá él! Acabaré huyendo. Tú lo evitabas... (Carlos comprende) El diablo es Cayetano... ¿Por qué lo sabes?... Por lo que me han dicho, no hay nadie que se le parezca más... ¿Ya no estás tan enfadado conmigo?... No, ya no estoy tan enfadado... Entonces, siéntate. Parece que estás esperando que me vaya. ¿Quieres que siga hablando?... Sí... ¿Sin mentiras?... Para mentirme, no valía la pena lo de hace un momento... Empiezas a comprender que ha sido mejor así... ¿Dime una cosa? ¿Por qué hablas de escaparte con Cayetano como algo inevitable?... ¿Y qué quieres que haga?... ¿Estás enamorada de él acaso?... No, pero Cayetano es rico, cuando me lleve a La Coruña le pediré que me compre mil pesetas de ropa interior y que me aloje en un hotel donde pueda bañarme entera con agua caliente. Después, que haga de mí lo que quiera. No pienso volver a Pueblanueva... ¿Esa es toda la razón? Mil pesetas de ropa interior y un baño caliente?... ¡Sí! Y no volver... Puedes marcharte sin hacer nada de eso... Sí, puedo marcharme ahora, claro, sola o con cualquier viajante de comercio. Me han hecho proposiciones, sabes. Pero ninguno ofrece nada. Sólo mentiras: ¡te querré siempre! ¡Te tendré como a una reina! ¡Imbéciles! Por lo menos, el otro no engaña, paga lo que toma, y lo paga bien. Los hombres son una mierda. El peluquero de la plaza me espera todos los días cuando vuelvo del mercado. Es un buen chico. Tiene novia. Pero le gusto. Me espera en la carretera, y tengo que defenderme a golpes. Yo le provoco, y cuando veo que va atreverse, escapo. ¿Sabes por qué? ¡Porque a mí los hombres me gustan, y si me quedo un poco con ellos, caigo! ¡Y yo no puedo caer si quiero que Cayetano me dé las mil pesetas. ¿Lo entiendes? (Carlos asiente) ¿Es la tarifa?... No, pero como no tengo hermanos que emplear en el astillero. Juan es muy orgulloso, y no baja la cabeza. ¡Muy cómodo! Un hombre de verdad se come el orgullo y trae un sueldo a casa. Entonces puede exigir. Pero Juan come de nuestro sudor, y si me deslizo me rompe una costilla. ¡Bah, que se vaya al diablo! Por eso, en cuanto pueda me largaré. Y si quiere matar a Cayetano, ¡allá él! Ya ves el trabajo que me ha costado no engañarte. Si te casaras conmigo o me trajeras a tu casa de querida todo se arreglaría. Ya sé que al principio no tendríamos mucho dinero, y que tendría que trabajar como una bestia, pero estoy acostumbrada. Además, yo no necesito mucho.Con lo viejo de tu madre puedo hacerme ropa interior para diez años... ¿Te obsesiona la ropa interior?... ¡Si es que no tengo! ¡Si me quitan lo que llevo puesto, me quedaría en cueros! Unas bragas y una camisa es todo mi ajuar, y me da asco. Por eso sueño con ropa nueva y limpia. Ya ves a lo que estoy dispuesta...
Me gustaría arreglarte algo, puedo darte dinero... ¿Y para que mi hermano me pegue pensando que se lo saqué a otro?... No, se lo diré... No, antes se dejaría matar que aceptar dinero de nadie...  Ya ¿Y a Inés? Juan no pensará de ella que se lo ha sacado a Cayetano. Inés es buena... ¿También tú te has dejado embaucar por esa beatona?... No, pero reconoce que a ella no la esperan los mozos en el camino como a ti... ¡Claro, Inés tiene el problema resuelto! Está enamorada  de un fraile... ¡Ah, por favor!... ¡Sí, sí, no te asustes! Ella no se da cuenta, pero sólo piensa en él, vive para él... Sabes que nunca se han hablado porque ni siquiera lo conoce... ¿Y qué importa eso? Ella está enamorada de él. Un enamoramiento de esos románticos por ahora...
Clara, tienes algo malo dentro... ¡Ya lo sé!... Perdona... ¿Por qué? Has dicho la verdad. Soy mala de corazón. Pero lo malo mío no nació aquí, vino de fuera y se metió en mi. Era cuando vivíamos en Madrid. Ya no teníamos dinero. Nadie se preocupaba de saber de dónde salía el kilo de patatas o el real de huesos para hacer un poco de caldo. Como yo era muy simpática, me daban los huesos y las patatas, y de propina un azote. O me achuchaban contra un montón de sacos Como ahora cuando hay trailer y voy a la playa los pescadores me dan el pescado más barato porque les gusta mis caderas, y yo, como lo sé (Clara llora desconsolada) ¡las meneo! Esos no me tocan porque respetan a Juan, pero me desean. Pero cuando uno de los otros me espera en el camino y tengo que defenderme a golpes, por la noche, al acostarme, lo recuerdo, y con tal recuerdo, y el deseo, no hay palabras ni puñetazos. ¿Qué quieres que haga?... ¿Nunca has tenido novio?... No, me da vergüenza salir de día. Las chicas me desprecian por la ropa que llevo y la fama que tengo. Si pudieran me pegarían y me dejarían en cueros delante de todo el mundo. Bueno, y eso es todo... ¿Es todo? ¿Y por qué me lo has contado?... Pensé que estaba bien... ¿Cuándo lo decidiste?... No lo decidí. Salió solo... Ahora quiero que me respondas a una cosa, pero sin mentiras... Yo no miento, Carlos... ¿Cuándo decidiste que casándote conmigo resolverías tu vida?... ¿Y es por esa pregunta por lo que temías que mintiera? Comprendí que es lo que quería Juan, y pensé que no estaba mal... ¡Ah!...
(Mientras tanto, en el antiguo cuarto de la madre de Carlos, Inés sigue entregada fervientemente a sus rezos) (Clara, más comedida) Somos parientes. Yo te trato de "primo" ¿No te molesta?...  (Carlos asiente) Sí, lo somos... Entonces también te alcanza mi desvergüenza... No, no exageres el alcance de las cosas, Clara. Después de todo, ¿en qué consiste tu desvergüenza? El aceptar como una fatalidad que algún día tengas que escaparte con Cayetano. En primer lugar, si no estoy mal informado, eso lo esperan bastantes chicas del pueblo...  Sí... En segundo lugar, que no lo sabe nadie, nada más que tú. De lo demás, tú no tienes la culpa. Bastante haces con defenderte de tus admiradores...
Mira, Carlos, te he contado algunas cosas con facilidad, porque vinieron rodadas. Y no he pasado vergüenza al contarlas. Tampoco la pasaría si tuviera que contarte que no me he acostado con este, o con aquel. Más difícil que contarlo después de hecho, es dar por sentado que un día lo haré. Sin embargo, algo he callado. Es lo que me da vergüenza, y me cuesta más caro callar... Escucha, Clara... ¡Cállate! Acabas de disculparme y te lo agradezco. Pero no vuelvas a hacerlo. Yo tengo mis vicios, sabes... ¿Ah, sí?....¿Juegas a la brisca? ¿Fumas o bebes anís a escondidas?...
¡No es para reírse! ¡Mis vicios no son para que nadie se ría!... ¿Es que los conoce alguien?... ¡Sí! Pero Inés nunca se rió. antes dormíamos juntas porque en casa sólo hay tres camas y pocas mantas. Un día me pidió con la mayor dulzura que no volviera a dormir con ella. Comprendí que me había descubierto, y que le da asco.
(Clara llora de nuevo) ¡Y la odio! ¡La odio!... Cálmate... ¡Suéltame! ¡Tenía que haberme pegado, tenía que haberme reñido! ¡Tenía que haberme dicho: eres una cochina, no vuelvas a hacerlo! Claro, es muy fácil llegar a casa y decir no lo hagas. Cuando se llega con la cabeza llena de ideas místicas y románticamente enamorada de un hombre cuyo sudor no ha olido nunca, pero a mí los hombres me tocan, y además me gustan, ¡me gustan!, ¡y yo no quiero caer! ¡no quiero caer! ¡no quiero!
Tenemos un jergón de paja y me fui a dormir allí. Me acostaba vestida y con abrigo, pero tenía frío. Y entonces era peor. Una noche me metí en la cama de mi madre, ¡pobrecilla!, ni se enteró. Nadie sabe que duermo con ella. En invierno puede pasar, pero en verano, como no se lava, huele mal. Y es terrible. Yo no puedo estar a su lado por mucho que la quiera y le tenga mucho cariño. Por eso, en cuanto llegue el verano, me escaparé...
Anda, vámonos cuando quieras... ¿Qué hago si quiero verte?... ¿A mí?... Sí, somos amigos, ¿no?... Yo no puedo ser amiga de nadie... Sin embargo, algún día querré verte y charlar contigo... ¡Allá tú. A las ocho salgo a comprar el pescado. Adiós... Adiós Clara...(Una vez en el exterior de la finca, Carlos da las gracias a ambas) Gracias Inés... De nada, adiós Carlos...
(Y Clara se ofrece) Volveré cuando te haga falta... (Carlos se queda sonriendo) Clara... (Y cuando ella lo mira) Nada, nada... Adiós...