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martes, 17 de febrero de 2026

BAJO EL VOLCÁN (UNDER THE VOLCANO) -FINAL-

  



                                HACIA LA FERIA 

 

(Aparece Yvonne, radiante y preparada para la excursión festiva por Cuernavaca) "Estoy lista..." (Firmin y Hugh la observan admirados. Firmin no sabe cómo expresar lo que siente, mientras trata, sin conseguirlo, de ponerse los calcetines) "Estás muy... muy..." "¡Gracias!" (Yvonne acude en su ayuda bajo la mirada atenta y desconcertada de Hugh. Finalmente, abandonan la casa. 

 



Pasan dos hombres, uno de ellos carga con el otro, más anciano, sobre sus espaldas. Los tres se quedan observándoles, y Firmin proclama) "No se puede vivir sin amor" (Yvonne le observa emocionada) "¡Vamos!, es un magnífico día para ir de excursión. Luego podríamos ir a Tomalin, después de la Fiesta" (Hugh) "No tenemos coche..." (Yvonne) "¿Dónde está tu espíritu aventurero? Iremos en autobús". (Geoffrey) "Hay que llegar a tiempo para la "charreada" ¡Olé!, y todo lo demás." (Hugh) "¿Ya estás preparado para eso?..." "¿Preparado para eso?" (presume Firmin) "¡Qué pregunta!..." (Yvonne se detiene un momento y contempla embelasada el volcán Popocatepeli, con sus nubes y nieves perennes) "¡Qué tranquilas parecen!" (Hugh y Firmin se unen a las miradas de ella. Firmin asegura) "Son nuestros siempre presentes ángeles de la guarda. Popocatepeli y su mujer dormida. Deberíamos hacerle una visita... ¡Buena idea!... Sí, después de la corrida iremos a hacer una visita al viejo Popo... Popo, para ver desde dentro el ardiente corazón del volcán". (Hugh) "Cada cosa a su debido tiempo, viejo". (Se encuentran con el doctor Vigil Laruelle) "¡Doctor Vigil!..." "¡Buenos días! Me agrada saber que, después de lo de anoche, se encuentra usted entre los vivos". (De repente, el doctor se queda estupefacto cuando comprueba la presencia de la animada y siempre bellísima esposa del ex-cónsul. Yvonne se dirige a él) "¿Qué tal, doctor? Es un placer verle de nuevo" (Vigil se quita el sombrero, emocionado, y sin salir de su asombro, pregunta) "¿Desde cuando está aquí?..." "He llegado esta mañana..." "¡Milagroso!" (exclama el doctor) "Realmente es un milagro. Anoche rezábamos a la Virgen por quienes no tenían a nadie con ellos. El cónsul y yo rezamos por su regreso. Y ahora está usted aquí. ¿No es maravilloso?" (Yvonne no acierta a dar crédito a las palabras del doctor. Y se dirige a su marido) "¿Geoffrey? ¿Lo hiciste?...(Firmin trata de evadir la suposición de que hubiera llegado a rezar a la Virgen, y restar importancia a la aparición de su esposa) "Debo puntualizar, amigo, que Yvonne se fue de New York hace ya una semana. Y parece que su milagro sucedió después". (El doctor insiste) "¡Ah, amigo!, pero la Virgen ya sabía que usted iba a ir a rezarle antes de que usted lo hiciera". (Firmin gesticula con cómica incredulidad) "Amigo Firmin, aún es un milagro mayor". (Hugh ironiza) "Este buen doctor hace que la lógica y la fe estén juntas, como si fueran un león y un cordero". (Firmin se dirige a Vigil con su socarronería de alcohólico recalcitrante) "Doctor, ¿qué recetaría usted para un caso crónico de un incontrolable, posesivo e inevitable delirium tremens?..." "Lo mejor es más alcohol, pero en moderada cantidad" (bromea el doctor) "Exactamente. ¿Habéis oído vosotros dos?" (Hugh lo contraría) Uff!, Geoff, he oído "moderada"... (Firmin) "Doctor, ¿le importa unirse a nuestra  pequeña moderación?..." "Ja, ja, no puedo. Tengo un niño por nacer que me espera. Así que dejaré a la familia reunida. Señora Firmin, verdaderamente es usted un milagro" (Se estrechan las manos) "Gracias, doctor..." "Buenos días, pues. Es un día maravilloso, aunque quizás tendremos algún trueno. ¡Adiós!... ¡Adiós!" (Yvonne toma del brazo cariñosamente a Firmin) "¿Fuiste?..." "¿Qué?..." "¿Fuiste a la Capilla?"... "Honestamente, ... no estoy seguro de podértelo decir. Lo que pasó anoche de alguna manera lo tengo como en tinieblas" (De pronto, Firmin observa en el suelo de la calle el juego infantil de la "charranca", y empieza a saltar sobre los recuadros pintados con tiza) ¡¡Plingen, plangen, aufsefangen!!... ¡¡Swingen, swangen, junto a mí!! ¡¡Swootle, pootle, lejos de bootle!! ¡Nemesis: un viaje de placer ha llegado al cielo!

 

                                                                                                                         DON JUAN TENORIO

(Mientras pasean por el recinto de la Feria, en un pequeño escenario se representa "Don Juan Tenorio" de Zorrilla, siguiendo la tradición española de la noche de los difuntos. Hugh, Yvonne y Geoffrey se detienen, absortos y divertidos, a observar la representación junto a una multitud de niños y gentes de Cuernavaca. En el escenario aparece una calavera, símbolo de la muerte, y el demonio que trata de llevarse a Don Juan a los infiernos, empujándole con su tridente hacia las llamas. Todos los presentes ríen, en especial los niños. Se abre una hornacina y aparece Doña Inés, que recita:  "Heme ya aquí, Don Juan -rescatándole de las llamas del infierno- Mi mano asegura a esta mano que a la altura tendió tu contrito afán. Dios perdona, Don Juan. Dios clemente..." "¡Doña Inés, Doña Inés!-exclama arrepentido Don Juan, mientras el demonio, enfurecido por perder a su presa, se hunde en el infierno- Clemente Dios, gloria a ti. Mañana a los sevillanos alegrará pensar que a manos de mis víctimas caí. Que el purgatorio me abre, pues, un punto de penitencia. Es el Dios de la inocencia. El Dios de Don Juan Tenorio"... (Todos aplauden) 
 



(La Feria continúa. Un hombre disfrazado de esqueleto se acerca a Yvonne y Firmin, que ironiza) "Esta es la manera de luchar contra la siniestra hoz. Ofrecerle un trago y a bailar." (Firmin bromea de forma inquietante con Yvonne y Hugh) "¿Hablaréis conmigo después de mi partida? ¿Me ofreceréis una calavera de pan y azúcar para ayudarme en mi viaje hacia el otro mundo?..." (Hugh le secunda la broma) "Desde luego, viejo. Una vez al año". (Yvonne a Hugh) "Deberías escribir algo sobre el día de los muertos..." "Ya lo he hecho..." (Firmin) "¡Oh! Dale... dale una interpretación marxista..." (Hugh) "En realidad había decidido cambiar mi vieja máquina de escribir por un mosquete. Debería volver a Inglaterra y alistarme en la Royal Force. La próxima guerra se combatirÁ en el aire..." "¿La próxima guerra?" (duda Firmin) "Sólo será la vieja guerra de siempre..." "¡Oh, no, no, Geoff!. Esta vez no se luchará por territorios o posesiones. Se luchará por nuestras almas..." "¿Nuestras almas? ¡Ah, bien! O sea ¿que aún tenemos alma, no? Yo pensaba que... Pero no, no debo juzgar a los otros como me juzgo a mí mismo. (Yvonne asegura) Tienes una gran alma... Entonces debo haberla extraviado. Quizás tú me puedas ayudar a encontrarla, querida" (Yvonne) "Bien, ¿montamos en alguna atracción?..." (Firmin) "Yo no. Vosotros dos. Ya os alcanzaré". (Yvonne, preocupada) "¿Quieres que regresemos?..." "¡No, no!; id y disfrutad vosotros. Yo recuperaré fuerzas para el viaje en autobús. Necesito un trago ¿sabéis? Marchaos" (Firmin se aleja, Hugh e Yvonne charlan mientras pasean por el recinto ferial) "Creo que has regresado justamente a tiempo... Debía haber vuelto antes... ¿Por qué no lo hiciste?..." "Bueno, no estaba segura de que él lo quisiera. Nunca contestó a mis cartas..." (Hugh sonríe sarcástico) "No creo que ni siquiera las leyera.." "¿El qué?..." "Tus cartas. Las suele llevar embutidas dentro de su camisa, pero no creo que las haya abierto nunca..."  
 
 

 
(Sube a los ojos enrojecidos de Geoffrey Firmin el dolor oculto de sus dudas, la postración que, pese al regreso de Yvonne, invade su soledad de alcohólico sin cura. Todo su ser le duele como una tremenda herida renovada con cada trago. Se arrastra por su Cuernavaca arrabalera y dorada, y, finalmente, comparte como un halcón sediento e insaciable los vasos de tequila con su amiga Doña Gregoria, dipsómana  desmemoriada y dueña de un pequeño tugurio, donde el ex-cónsul se corroe hasta la compasión por sí mismo. Ambos tratan de rememorar las tabernas hediondas a alcohol en las que Firmin hallara muchas de sus tremendas caídas y fragilidades, devorado por la bebida). (Firmin a Doña Gregoria, con su vaso de tequila entre las manos) "Hmmm ¡Sí! ¿El Sol de la Noche?..". "¿El Popo?..." "¿El Petate?" (bebe con ansia) "¡Todos contentos y yo también, Doña Gregoria! ¡Ah! y El Farolito..." "¡Ah, no!, señor Cónsul, usted nunca ha estado allí..." "Sí, una vez..." "¡Oh!, se está burlando de mí. Los caballeros como usted nunca van a El Farolito. Es horrible. ¡Muy malo! A los hombres se les vuelven azules las bolas, luego se ponen enfermos, enloquecen y mueren. ¡Ja!, si alguien hubiera estado allí, rompería aquí mismo esta copa..." "Créame, Doña Gregoria, soy tan casto como un cura que estrena sotana. No necesita romper su copa. Simplemente vuelva a llenarla a su salud, Doña Gregoria..." "¡Ay!, señor Cónsul. Brindo por su amor. Espero que su esposa vuelva pronto..." En realidad, ya lo ha hecho. Ha regresado esta mañana en el autobús". (Doña Gregoria no se entera o no comprende las palabras de Firmin) "Señor Cónsul, si usted tiene una esposa debería poner todo su empeño en ese amor. Porque es muy hermoso amar. Pero su cabeza siempre parece estar ocupada en otra cosa. Así que no pierda la razón. Ella volverá..."  (Geoffrey se acerca al ventanal con reja de barrotes de la taberna, y haciendo caso omiso de las palabras de Doña Gregoria, observa a Yvonne y Hugh que se hallan frente al tabuco, ignorantes de su presencia, y disparando en una caseta de tiro)  
 


 

(Yvonne y Hugh siguen con su paseo y su charla) "Al cabo de un tiempo empiezo a preguntarme que si un hombre puede soportar tan bien el alcohol como Geoff, ¿por qué no dejarle que beba?..." "Eso, Hugh, no me sirve de mucho consuelo.." "Simplemente es que estoy perdido, y no sé cómo ayudarle..." "Quizás deberíamos marcharnos de aquí, lejos de Cuernavaca" (aventura Yvonne, ilusionada) "Encontrar una granja en alguna parte..". "¿Una granja?..." Sí, una verdadera granja con establo rojo, un granero, cerdos, gallinas, sin aves de Guinea, sin pavos reales. ¿No sería fantástico? Tenemos dinero suficiente..." (Hugh ríe) "Perdona, pero sólo de pensar en Geoff rodeado de alfalfa con un mono de trabajo y un sombrero de paja, con una azada y sobrio..." "Bueno, no haría falta que estuviera completamente sobrio" (se muestra comprensiva Yvonne) "¿Y qué pasa si odia las granjas? Quizás la vista de una vaca le provoque mareo..." "Bien, quizás sea algo ridículo" (admite Yvonne) "Pero siempre es mejor que estar sentado sin hacer nada..."
 
 (Firmin ha salido de la taberna de Doña Gregoria, y trastabilla por el recinto ferial. Se detiene ante una de las atracciones, el enorme Martillo, y regala algunas monedas a un enjambre de chiquillos. Luego decide subirse a la atracción) "¡Cabalga vaquero! ¡Esto es vida!..." (El paseo en el Martillo le enloquece, sigue gritando y gesticulando. Finalmente, Yvonne y Hugh, muy cerca de allí, corren en su ayuda y, cuando la atracción se detiene, le recogen completamente mareado) (Firmin, eufórico) "¡He podido dar una patada al cielo!" (Yvonne quiere marcharse del recinto ferial y no viajar a Tomalin) "Olvidémonos de la "charreada", Geoffrey.." "¡De ninguna manera! ¡En marcha hacia la plaza!..". 
 
 

                                                                                                                         HACIA TOMALIN
 

(El autobús de Tomalin recorre ya una pequeña carretera trazada en el amplio paisaje mexicano, pleno de perfumes calientes, y cuya atmósfera pesada es como una materia ondulante que descendiera desde las lejanas cimas temblorosas. Uno de los ocupantes del autobús duerme profundamente, mientras un par de campesinos observan asombrados a tan distinguidos ocupantes como son Firmin, Yvonne y Hugh. Los baches se multiplican...) "Es como cabalgar sobre la luna" (bromea Yvonne. Firmin toma su mano, y observa que ella todavía lleva en su dedo el anillo de casada, y se expresa con su habitual ironía desesperanzada) "Pensé que las divorciadas no llevaban anillos de boda..". "No llevan" (sonríe Yvonne, tratando de restar importancia al comentario de Geoffrey) "¿Y entonces?..." "No pude quitarme el anillo" (Hugh, que no deja de observar al pasajero dormido, indica) "Es un maldito sinarquista. Mirad la insignia de su solapa. Son los únicos que reciben dinero de los nazis". (De pronto, junto a la carretera, ente los insectos zumbadores, atrapado entre la maleza, parece agonizar un hombre junto a un hermoso caballo blanco) (Hugh, al chófer) "¡Alto, detenga el autobús. Alto..." (Se acercan al herido agonizante. Sobre su pecho sangrante se amontonan algunas monedas) (Yvonne, horrorizada) "¡Jesús, está agonizando! Geoffrey, es el muchacho que tocaba la flauta(Hugh) "¿Hay un médico en Tomalin?" (El chófer contesta asustado y tembloroso) "Sí..". "Vamos, Geoff, metámoslo en el autobús" (El sinarquista, que ha descendido también del vehículo, sonríe satisfecho) "Está prohibido. No lo toquen". (Mientras se acercan a caballo algunos policías territoriales. El chófer del autobús asiente aterrorizado) "No, no lo toque, Iremos a la cárcel. No lo metan en mi autobús. Es la ley. Nos convertiremos en cómplices" (Firmin asiente con una mirada de odio hacia el sinarquista, mientras Hugh se agacha junto al agonizante) "Vayámonos, Hugh. Ya llegan las autoridades legales..." "Pero, tenemos que ayudarle...". "Es demasiado tarde" (El muchacho ya no respira. Yvonne se siente aterrorizada. Un policía territorial se dirige a Hugh) "¿Qué está haciendo? ¿Lo ha matado usted?..". "¡No, claro que no!" (Contesta Hugh indignado) "¿Saben acaso quién lo mató?" (insite el policía) (Firmin se lleva a Hugh e Yvonne) "Está muerto, Hugh; déjalo. Vámonos". (El sinarquista arrebata las monedas del pecho sangrante del muchacho asesinado) (Uno de los campesinos ocupantes del autobús cuenta) "Lo tiraron del caballo. Venía del mercado, el "pobresito" Mucho dinero... Le podría haber pasado a usted" (se inmiscuye el sinarquista. Todos le observan con odio mientras cuenta las monedas impregnadas de sangre y arrebatadas al joven que yace todavía entre los matorrales junto a su caballo).
 

                                                                                                                          LA "CHARREADA"

(Una vez en Tomalin, se sientan al aire libre en una de las muchas tabernas del pueblo. "¡Cervantes!, manotea Firmin, ¡Tequila, tequila! Hugh toma la guitarra de uno de los "charros" y canta frente a la mirada divertida y no menos asombrada de Hugh, Yvonne y del guitarrista) "¡¡¡Madrid, ciudad maravillosa, mamita mía, queremos tomarte!!!!.... ¡¡¡¡Ellos querían tomarte, pero tus valerosos hijos, mamita mía, no permitirán tu desgracia!!!!... ¡¡¡¡Y todos tus llantos de pena, mamita mía, serán vengados... serán vengados!!!" (Todos aplauden) "¡Bien, muy bien!..." (Hugh devuelve su guitarra al "charro") "Gracias, señor" (Luego explica a su hermanastro y a Yvonne, que le escuchan atentamente, Firmin con su eterna copa en la mano y sin dejar de beber) "Tengo un amigo inglés combatiendo en España. Estaba allí desde el principio. Durante la batalla de Madrid permaneció escondido con una ametralladora en la Biblioteca de la Ciudad Universitaria leyendo a Carlyle entre ataque y ataque. Era comunista. Seguramente la mejor persona que nunca haya encontrado. Le gustaba el vino Rosé d'Anjou y un perro llamado Harpo" (Hugh parece apesadumbrado e Yvonne intenta animarlo) "Nunca esperarías que un comunista tenga un perro que se llame Harpo. ¿O quizás si?" (Firmin, que no cesa de beber, gesticula con cierta comicidad ante las palabras de Yvonne. Hugh no puede dejar el tema de la Guerra Cívil española) "Nos habían dado la noticia de que mi amigo había muerto por dos veces, y en ambos casos volvía a aparecer por el frente. Así que cuando lo incluyeron por tercera vez en la lista de bajas nadie le dio importancia alguna, esperando que volviera a aparecer de nuevo, vivo y coleando. Pero no lo hizo" (Firmin manotea llamando al camarero) Cervantes! ¡Otros tequilas, por favor! ¡Una botella!" (Hugh con tristeza) "Cuando pienso en los hombres que conocí allí, los que se quedaron y los que murieron, por Dios, me siento como un desertor. Nunca debí haberme ido". (Yvonne comprensiva) "Pero tú decías que era una causa perdida..." "Mi conciencia dice que no tengo excusas." (Firmin empieza a sentirse molesto y vuelve a sus fantasías de guerra) "¿Qué sabes tú de conciencia y de culpa? Recuerda con quien estás hablando, el dueño del S.S. Samaritan, mis manos, estas manos, las de Geoffrey Firmin, arrojaron a siete oficiales alemanes en un horno ardiente". (Yvonne) "No lo hicIste". (Firmin vuelve a la carga con la insistencia de un borracho) "¡Uno tras otro, dando patadas y chillando!" (Hugh irónico) "El cuento se va haciendo más largo a la vez que lo cuenta". (Yvonne) "Geoffrey sabes muy bien que no lo hiciste. La Marina Británica no entrega medallas a los asesinos..." "Bueno, podría haberlo hecho. Era el oficial en jefe responsable. No puedes pedir perdón por según que cosas. El pasado se completa mucho antes de lo que podamos conocer: "El inocente Firmin soporta sobre sus hombros las culpas del mundo" (a Hugh, con una mirada de desprecio) "Soporta tú también las tuyas. Él quiso avivar ese corazón polvoriento que poseía". (Hugh se levanta de la mesa y observa la corrida de toros en la pequeña plaza que se halla junto a la taberna. Sin pensárselo demasiado toma un capote y se arroja a la arena. Yvonne y Firmin se aprestan a verlo torear. Todo el mundo aplaude. Firmin exclama, ante la mirada asustada de Yvonne) "Realmente, es bastante bueno. ¡Bien hecho!" (Siguen los ¡olés! y los aplausos entusiastas del público que ha acudido a la "charreada" de Tomalin. Firmin expresa un absurdo deseo) "Siempre fue uno de mis sueños. ¡Ser torero! Hugh ensaya las verónicas delante del espejo" (Cuando Hugh deja por fin el capote, la gente aplaude y exclama: "¡¡¡Torero, torero!!! 
 
  
(Yvonne y Firmin vuelven a su mesa. Yvonne se halla exaltada y expresa por fin su deseo de cambiar de vida) "Geoffrey, escucha, mírame..." "¿Qué pasa?..." "No hay nada ya que nos retenga por más tiempo. Vayámonos todos juntos..." "¡No!..." "Aún estamos a tiempo. Podemos... podemos empezar de nuevo..." "¿Comenzar de nuevo?" (se asombra Firmin, llevándose un vaso de tequila a la boca. Yvonne insiste) "Sí, en otro lugar. Un nuevo sitio donde podamos darnos una oportunidad mejor..." "¿Por qué no?" (parece acceder Firmin, aunque la ironía de la idea se refleja en su mirada con cierta burla mordaz. Se halla borracho, pero, por un instante, se muestra complacido, como si en realidad estuviera sobrio) "¿Por qué no, Dios bendito? ¡Marchémonos!..." (Yvonne) "¡Oh, Geoffrey, te amo. Quiero volver a nuestro matrimonio..." "Yo también, yo también. Me he precipitado en un abismo... No importa... Podemos ir al Norte, a Maine o a Canadá..." "¡Sí, sí!..." "A cualquier parte. Encontraremos una ruidosa casa junto al mar, con las olas golpeando contra el acantilado, y un pequeño muelle en una cueva. P... podemos, po... podemos hacerlo. Podemos vivir con muy pocas cosas..". (Yvonne, ilusionada) "Sí que podemos..." (Firmin sigue ironizando con su voz de borrachín empedernido) "Extraer nuestra agua. Cortar nuestra leña. Después de todo, soy tan fuerte como un caballo... ¡Sí!" (En aquel momento vuelve Hugh a la mesa) "¿Qué es todo esto?" (Firmin le mira casi encolerizado, aunque bromea sarcástico) "Vamos a irnos de aquí. Nos iremos al Norte, donde existe la nieve, y el año se divide en estaciones" (Hugh también bromea, mientras sirve más copas, y recordando las palabras de Yvonne) "¿Una granja con un establo rojo?..." "¡No, no! Nos escaparemos lejos de la civilización" (asegura Firmin) "Como hizo el viejo William Blackstone. Conocemos a los tramperos y a los pescadores, los últimos hombres libres que hay en la tierra" (Yvonne sonríe, al parecer sin acabar de captar la mordacidad con que Firmin acompaña sus explicaciones) "Nada más que inmensos pinos. Sin teléfonos, ni electricidad". (Hugh) "Una vida de tranquilo aislamiento..." "Sí, muy tranquilo Situados entre el bosque y el mar, allí donde no existe el tiempo. Yvonne hará cerámica" (ríen) "Yo escribiré mis memorias, y cada invierno nos iremos aún más al norte. Hacia el Polo, vistiendo pieles de oso y masticando grasa de foca. Construiremos iglús. Viviremos como los esquimales. Hugh vendrá a visitarnos, fresco y campante de sus sitios heroicos, España o donde sea..." 
 
 


(El rostro de Geoffrey Firmin empieza a transformarse entre muecas ridículas y lacerantes para Yvonne y Hugh, que empiezan a captar su ironía hiriente y dolorosa) "Y yo le mostraré la hospitalidad esquimal dejando a mi esposa que comparta su cama con él durante las frías noches norteñas" (El rostro de Hugh se ha entenebrecido. La sospecha de adulterio que mantiene su hermanastro le hiere hasta lo más profundo) "Geoff, estás como poseído". (Yvonne llora. Firmin sigue esgrimiendo su sarcasmo hiriente) "Me temo que es un exceso de sobriedad. Demasiada moderación" (bebe ansiosamente de la botella de tequila) "Tengo que recuperar mi equilibrio" (A Yvonne) "¿Qué tiempo más fuera de lo común debes de haber pasado batiendo palmas y bamboleando las tetas mientras yo estaba en juergas de ratas y cucarachas?" (Yvonne, desesperada, se lleva las manos a la cabeza y lanza un sollozo) "No es demasiado tarde", me dice" (Hugh observa a ambos apesadumbrado. Firmin no cesa de herir a Yvonne) "¿Por qué no es tarde? ¿Por qué no? Yo veía que ya estaba todo legalmente arreglado. Pero ella insiste en que no es demasiado tarde, porque no puede quitarse el maldito anillo..." Geoffrey, Geoffrey, he venido arrastrándome hacia ti! ¿Qué más puedo hacer? Déjame ser tu esposa..." "¿Cuando has sido una esposa para mí? ¿Dónde están los hijos que debíamos haber tenido, y que se ahogaron en la descomposición de un millar de lavativas?" (La bebida ingerida parece enloquecer más y más a Firmin) "Hugh en el umbral del paraíso resoplando por sus agallas como un bacalao, con las venas como un pura sangre, vigoroso como un macho cabrío, caliente como un mono, picante como un lobo en celo" (Ante las barbaridades que Firmin les espeta a ambos, Hugh observa a su hermanastro con el rostro demudado. Yvonne sigue destrozada y llorosa. El rostro de Firmin gesticula de forma horrenda) "¡Déjales que se revuelquen en éxtasis, mientras reciben mi bendición! ¡El infierno es mi lugar preferido! Elijo el infierno.¡El infierno es mi habitación natural!" (Geoffrey Firmin observa a ambos con la mirada extraviada del dipsómano sin cura, se levanta y se aleja enloquecido de Hugh e Yvonne, que quiere correr tras él y Hugh trata de impedírselo) "Déjalo, Yvonne. Nada se puede hacer cuando se pone así..." (Yvonne asustada) "Le puede pasar algo" (Hugh) "Beberá hasta que vuelva a estar sobrio, y volverá por la mañana... Nosotros y no Geoffrey estábamos equivocados... Nunca podremos hacer nada por él. No nos dejará. No quiere nuestra ayuda" (Yvonne decidida a seguirle) "Yo si quiero la suya" (Firmin, ya en el exterior de la taberna, llega a tiempo de tomar uno de los destartalados autobuses de Tomalin. Lo último que oye es el grito desesperado de Yvonne que lo llama desde la calle) ¡¡¡Geoffrey!!...  
 
 

 

                                    EL "FAROLITO"

 

(Un amor, una felicidad que ya tuvo su instante y que por ello mismo vive de las distancias de los tiempos, acabará por cerrar definitivamente la vida, porque, ya irrecuperable, tan sólo queda atrapada en las abrasantes sustancias que una vez la alentaron. Su recuerdo sigue retorciéndose por el feroz deseo que siempre resulta insaciable, pero hunde a sus víctimas en la cuña del martirio, les obliga a pregonar su agonía, y de aquellas pasadas delicias dulces no permanece más que su dolorido rencor. Este tormento busca una gruta donde esconderse, y allí abastece sus sensuales memorias y aglutina el combustible de la destrucción. Para el alcoholizado Geoffrey Firmin su gruta posee un nombre: un demoníaco antro tabernario conocido como "El Farolito", un vertedero primitivo, viejo y sin cielo, de hetairas mustias, de hombres extraviados en el alcohol, de glosadores de la violencia, donde la conciencia espulga sus peores instintos, y donde fermentan los posos y las hieles de gran parte del horror humano. En dicho establecimiento "El día de los muertos" crea las oraciones de su eucologio del miedo y de la amenaza, un "oficio de Tinieblas" por medio del cual el acólito dipsómano hallará su último paso exacto en la soledad, la imagen llagada de su calvario, el túmulo de su amargura más irreversible, y, en definitiva, el olor ahogado de su pasión y muerte. Una voz acoge al ex-cónsul cuando penetra en  "El Farolito": "¡Ay, el inglés! Encantado de verle" (Se trata del dueño de la taberna, un enano maléfico y de voz siniestra. Firmin pide mezcal entre gesticulaciones desesperadas) "Usted, como siempre, está borracho, mi amigo. Se pasa el tiempo borracho. Le invito a un trago. ¿Dígame,... quiere una muchacha hermosa?... (A partir de ahí, Geoffrey Firmin vivirá en "El Farolito" las últimas horas oprimidas que visitan al herido. Hay un olor de perdición que recorre las tertulias entre voces de malicia que parecen adivinar su angustia. El ahogo y el esfuerzo por mantener su compostura es tan sólo la palpitación del alcohólico que pide socorro y no puede emitir su grito, mientras en el exterior de "El Farolito" Yvonne caerá bajo la tormenta y un caballo desbocado) 

  
(Una anciana menuda, como una sombra flaca, sin ruido de pasos y que lleva en su mano el pequeño exvoto de una calavera se acercará a ex-cónsul, advirtiéndole: "¡Vamos, vamos! ¡Vete rápido! Estos hombres no son amigos de México. ¡Son malos! Vámonos..." 

 
 SPANISH VERSION

 


[Albert Finney (Salford, Lancashire, Reino Unido, 9 de mayo de 1936-Londres, UK. 8 de febrero de 2019 a la edad de 82 años]


(Geoffrey Firmin): Un realismo psicológico estremecedor que nos hace asistir a la tremenda soledad del hombre sumido en el turbio inframundo del alcoholismo. Albert Finney, el extraordinario actor inglés, transmite a su gesticulante personaje de dipsómano incurable y autodestructivo una de las más prodigiosas y reveladoras visualizaciones que hayan enseñoreado el Séptimo Arte. Finney, auténtico titán de la interpretación, componiendo un estremecedor personaje, elegante y decadente entre un medio hostil, primitivo y sórdido, apartado del amor, que se ve constante y simbólicamente arrojado a la cloaca de su turbio mundo dominado por la bebida, y cuyo comportamiento, jamás entendido como liberación sino como esclavitud, es expuesto siempre a plena luz, contiene fragmentos de antología. La culminación del drama, (obsesionante tema del Mal), rodado en los mismos lugares que describe la novela de Malcolm Lowry, tienta de nuevo a John Huston, con fuerza satánica pero sin derivar jamás hacia el melodrama. Y Albert Finney, transmutado en Lowry, y a su vez en Firmin, deslumbrante, inquietante, malicioso y provocador, será víctima del auténtico teatro del horror que paulatinamente ha ido destrozando su existencia, y valiéndose de su veneno: el alcohol, se entrega a la fascinación de la muerte, entre imágenes impresionantes que, en manos de John Huston, siguen poseyendo esa vocación realista que jamás se ha desprendido de las adherencias estilísticas del expresionismo.




[Winifred Jacqueline Franser Bisset, conocida como Jacqueline Bisset (Weybridge, Inglaterra, 13 de septiembre de 1944]
 

(Yvonne Firmin): Una fascinante y contradictoria imagen femenina capaz de entregarse como víctima propiciatoria al complaciente sadismo del alcoholizado esposo que una vez abandonó. Jacqueline Bisset, una vez enterrado definitivamente el mito de la vampiresa seductora y artificiosa, acierta a sacar partido, en una de sus mejores interpretaciones cinematográficas, al forcejeo moral entre Eros y Thanatos, entre el deseo y la frustración carnal, que, en perpetuo duelo, volverá a vivir junto al no menos contradictorio Geoffrey Firmin. Profundamente atractiva, sin incorporarse, pues, en ningún momento al elemento clave e implacable que crea su caldo de cultivo en el mosaico de la mitología sexual, Yvonne Firmin parece aprestarse a recibir el correspondiente y aleccionador castigo que va a condicionar, a través de los actos violentos de su despechado y alcohólico esposo, su afán por recobrar el amor perdido. Y Jacqueline Bisset, además de su belleza, entrega e inteligencia, aporta al personaje de Yvonne una participación emotiva y erótica en su más pura acepción. Es el ser perfecto, frágil e inadaptado, que extraído de una vida a la que una vez creyó no poder adaptarse, vuelve avergonzada para reencontrarse violentamente con su propio Yo. Jacqueline Bisset crea en "Under the Volcano" uno de sus más inolvidables rituales mágico-eróticos, pero muy apartada de la actriz arquetipo. Y no obstante, al constituirse en pieza dramática tan capital en el film, deja confirmado, finalmente, ante la pantalla grande ese salto cualitativo que la convierte en un nuevo mito. 





 Anthony Andrews: (Hugh Firmin) 
[Finchley-Reino Unido, 12 de enero de 1948]










Katy Jurado: (Doña Gregoria) 
[16 de enero de 1924-Cuernavaca, Morelos, 5 de julio de 2002]





 





Ignacio López Tarso: (Dr. Vigil Laruelle)
[Ciudad de México, 15 de enero de 1925 - Ciudad de México, 11 de marzo de 2023]






Uno de los films más complejos del que fue uno de los directores autodidactas más activos, inteligentes, y potenciadores de la conmoción que puede ofrendar la imagen en movimiento. El ritmo y la coherencia narrativa de "Under the Volcano", forzosamente necesitado de la  funcionalidad expresiva de sus actores, ya que el director debe alejarse un tanto de la planificación decorativista para centrarse en una grandiosidad dialogística inolvidable e irrepetible, convierten a esta película, lucha denodada de la imagen frente a la disensión que puede nacer entre el cine y una de las novelas más imposibles de plasmar en la pantalla, en un obra de un interés cinematográfico capital. ¡Espléndida, magistral, estremecedora! 
 
 












   
 

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