En la década de sus mayores éxitos, años 60, a Sara Montiel resultaba ya imposible verla alejada de historias cada vez más comprometidas con los aleluyas gloriosos y millonarios de sus inmediatos films, que desde su inicial "El último cuplé", habían enseñoreado las pantallas de todos los continentes, aderezados con música y sus cálidas canciones de gran éxito; planos siempre muy oportunos que realzaran su belleza incuestionable, rodeada en todo momento de un halo romántico, e intrigas que rozaban muy de cerca los famosos films noir style con muchos de sus tópicos harto conocidos, aunque siempre entre contumaces colores, y aderezadas con rodajes en países exóticos, como esta vez lo fue en Beirut (aunque se rodó en Tánger), que no hacían sino acrecentar su presencia deslumbrante, no demasiado rigurosas con respecto a la interpretación, aunque sí lo fueran en lo que a sus canciones se refería, y que volvían a elevarla a niveles casi míticos. La Montiel lograba así de nuevo su gran capacidad de comunicación artística con el espectador menos exigente, pero perpetuo con los tour de forces continuos a que nuestra estrella más internacional en ese momento se entregaba a sus nuevos melodramas musicales, y esta vez, con intentona crítica, muy bien revisada por Ladislao Vajda, el gran director húngaro radicado en España que la dirigía ahora. Esta "La dama de Beirut" de 1965, contenía por tanto un guion (de Jesús María de Arozamena, Alfonso Balcázar), casi retorcido, lleno de incidentes, traición, y suspense. y en la que Sara Montiel actuó de nuevo en el tipo de papel apasionado en el que siempre se deleitaba. Ladislao Vajda (reconocido por sus enormes éxitos tras el cuento místico de "Marcelino, Pan y Vino", película con la cual descubrió al prodigioso actor infantil Pablito Calvo, nuevamente en sus manos con la inenarrable inclusión del mejor neorrealismo español que fue "Mi tío Jacinto", y la imaginería a lo Frank Capra de "Un ángel pasó por Brooklyn", esta vez con Peter Ustinov acompañando a Pablito Calvo, y sus no menos sensacionales "Carne de horca" y "El cebo") falleció en su tercera semana de rodaje, en Barcelona, a causa de un infarto a la edad de 58 años, y fue entonces reemplazado por el artesanal Luis María Delgado, que, probablemente, a diferencia de lo que podría haberse logrado con la dirección de Vajda, se limitó a convertirlo en un formalista y de nuevo exhaustivo y bello retrato, muy apto para los incondicionales fans de la Montiel, esta vez arropada por Giancarlo del Duca (que se convertiría en el amante perpetuo de la actriz hasta el fallecimiento de ésta), Fernando Gravey, Magali Noël (actriz francesa que había aparecido en "Rififi" de Jules Dassin, y que Federico Fellini mitificaría en su "Amarcord" de 1973), y Alain Saury. "La dama de Beirut" incluyó canciones como "Adiós Granada", "En secreto", "La Española", "Perfidia", "Alma mía" "Perdida" y "Les Feuilles Mortes-Las hojas muertas"
Isabel Llanos (Sara Montiel) es una guapísima cantante con grandes aspiraciones, pero con muy mala suerte. Tras cumplir condena por un robo inocente, consigue un puesto como cantante en un club nocturno de Barcelona, donde conoce a Xandro "El Griego" (Alain Saury) y a su compañera de viaje, Gloria (Magali Noël), aunque en realidad dirigen una red de prostitución. Más tarde, viaja a Beirut en un lujoso barco junto con otras chicas reclutadas a la fuerza.




Mientras tanto, un inspector de policía (Carlos Casaravilla) investiga los siniestros negocios de los pseudopromotores. Después, Isabel finge estar de acuerdo, pero empieza a idear un plan para escapar. A solas en una habitación de alterne con un tal el doctor Castello (Fernand Gravey), médico francés de aspecto distinguido (que, casualmente, resulta ser el padre de Francis, el joven que conoció durante el viaje hasta Beirut), Isabel le cuenta su historia Castello promete ayudarla a escapar. Mientras tanto, una de las otras chicas de la villa se suicida por depresión y desesperación. El establecimiento cae en problemas legales con las autoridades y el Castello, aprovechando la confusión, rescata a Isabel y la lleva a París. La instala en un bonito apartamento y usa su influencia para que aparezca en la televisión francesa. En secreto, el doctor se ha enamorado de la cantante, pero decide esperar hasta que Isabel sea financieramente independiente.
Los planes amorosos del doctor Castello se ven interrumpidos por la llegada de su hijo. Isabel y Francis vuelven a encontrarse y reanudan su romance mientras ella se prepara para su debut televisivo. Mientras tanto, en Beirut, Xandro, Gloria y la mafia son objeto de una intensa investigación.

El Dr. Castello decide disuadir a su hijo diciéndole que Isabel era en realidad una prostituta en Beirut. En realidad, el anciano actúa a la vez como un padre preocupado y un hombre enamorado que albergaba grandes esperanzas de casarse con Isabel. Francis se enfrenta a la ahora cantante famosa para averiguar si lo que su padre ha contado de ella es cierto. Isabel no niega la acusación porque, para entonces, ha decidido sacrificarse e irse con Xandro para salvar a Francis.

Producida por Cesáreo González, sería esta vez el director argentino Tulio Demicheli (1914-1992) que había dirigido su personal versión de la "Carmen" de Prosper Mérimée: "Carmen la de Ronda" en 1952, quien vuelve a contar con Sara Montiel en 1966 con este nuevo melodrama romántico y musical donde la protagonista, una hija de pescador huye de su pueblo natal, en busca del ansiado éxito como cantante en la gran ciudad. La Montiel, que todavía encajaba a la perfección en todos sus anteriores films con los que seguía enriqueciéndose en su afamada década de los 60, se mantiene así como un símbolo de comprensible atracción y lujo, que vuelve a entrecruzarse con fuerza nada espontánea pero con la admiración aduladora con cuantos espectadores aún permanecían fieles a su imagen; todo poses, maravillosamente ataviada y tratando de no perder el gran terreno artístico musical sugerentemente conseguido durante casi veinte años de éxitos. Nuestra consciente diva española seguía, por tanto, comprometida con una imagen que continuara encajando a través de sus reiterados papeles románticos y cantatrices, como si teóricamente, aunque alejada de aquel Hollywood que apenas rozó, homenajeara con su belleza y su indiscutible magnetismo, aunque contando las mismas historias de siempre, a los looks norteamericanos que pudieron contaminar, para lo mejor o quizás para lo peor, sus sueños de ascensión artística, y que, como tantas actrices europeas que pasaron fugazmente por la Meca del Cine, tampoco dudó en rechazar. Su horizonte fílmico aparecía así superdespejado tratando de no desquiciar su necesidad de subrayar, fuese como fuese el nuevo guión que llegara de nuevo hasta ella; el melodrama erótico lo suficientemente delirante para no decepcionar a su público. Asi Demicheli, artesano de prestigio en Argentina, manejó de nuevo las aristas de cuantos rostros aparecen en su segunda película con la Montiel, guapos todos, aunque esta vez los ya casi míticos éxitos de taquilla no alcanzaran el aliciente esperado. Su coprotagonista, como galán exclusivo, volvió a ser Giancarlo del Duca, además de Massimo Serato, actor italiano también, Antonio Ferrandis, Michel Lemoine, Carlota Bilbao, Carmen Bernardos, y la malograda actriz juvenil Inma de Santis. "La mujer perdida" contó además con un celebrado repertorio de canciones como "Niña Isabel", "No te conozco", "Suspiros de España", "Cómo llovía", y una personalísima versión del clásico napolitano compuesto por Rodolfo Falvo en 1930: "Dicitencello Vui".


"Cómo llovía"


"Dicitencello Vui"


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