As a unique and pivotal piece of Spanish Neorealism in 1963, its theatrical run was shamefully ignored during the Francoist dictatorship, with Gabriel Arias Salgado serving as the infamous Minister of Information. It was thus completely rejected by the prevailing censorship. It wasn't rediscovered until July 10, 2015, and screened in thirteen theaters across Spain, exactly fifty years after its clandestine premiere at the "Buenos Aires" cinema in Bilbao in 1965, two years after its completion. Its popularity with audiences led to its extended run in theaters for months. And its box office takings twenty days after its re-release exceeded 60,000 euros. The truth is that Fernando Fernán Gómez, as director and performer of the film, decided to portray—and he did so masterfully, as no Spanish film director of the time had ever done before (with the possible exception of the model humorous "Placido," 1961, by Luis García Berlanga, and in 1964 Miguel Picazo also achieved it with his masterpiece "La Tía Tula")—the unbearable social temperature of an era in which silence and agreement in that post-war Spain were the most advisable things of the restrictive prevailing regime.

Actualizada al inactual gusto
neorrealista, y siendo tan mal acogida como fue por la autarquía
lacerante de la dictadura franquista y su censura, hoy
casi parece un film realizado en otro planeta por gentes que exponen sus miserias y sufrimientos
como si nunca hubiesen sido de este mundo, y como jamás pareció serlo el genial
Fernando Fernán Gómez, director e intérprete de “El mundo sigue”. Y es que al
tomar la pantalla como tribuna para plantear su postura neorrealista que tantas
satisfacciones había dado al cine italiano, Fernán Gómez no dudó en mostrarse
rabiosamente intelectual (no en vano fue novelista o actor,
guionista, dramaturgo o director) con este film de tesis y plantear al pacato público de
la época franquista una especie de veredicto sangrante en el que
se nos habló por primera vez sin cortapisas del aborto, de la violencia
doméstica, de la corrupción, del adulterio, de la envidia, la violencia, la
ociosidad, el esnobismo, la alcahuetería, el clasismo, la ambición, y del
endémico machismo y la amoralidad. Porque, en efecto, cuando la bondad no
sirve para prosperar, las malas artes afloran y se trivializan. Y asomándonos a
esta propuesta cinematográfica sin precedentes somos testigos del triunfo de
lo malo sobre lo bueno, en un mundo desequilibrado y excesivo, y a cuya responsabilidad colectiva de una sociedad que
tras una infausta Guerra Civil parece también haber perdido los valores más
firmes de la convivencia
familiar, y sumidas en una especie de fascinación de la sordidez, se añade la
aversión cainita entre dos hermanas que se odian a muerte, en un duelo interpretativo sin precedentes
y por supuesto de altura. Es por tanto sin duda un film polémico, y por ello
mismo un patético ritual de drama fatalista. Un documento social sobre el
durisimo precio de la vida en un país subdesarrollado, y atrapado por una dictadura militar
que disfrutaba hasta entonces de un modo indiscutible del cetro de la represión,
condimentado como ya se ha indicado de dolorosos elementos casi sádicos, al que no obsta añadir también
alguna que otra evocación nostálgica de la juventud perdida, travellings de
un naturalismo afiligranados, y que se aúnan a esa especie de biografía de aquella amarga sociedad hispana carpetovetónica de los años 60, con una meticulosidad ambiental extraordinaria y que además reunió
interpretaciones portentosas de su protagonistas principales Fernando Fernán Gómez, Lina Canalejas, Gemma
Cuervo, y Milagros Leal. Aquel año
de 1963, España empezaba a experimentar el desarrollo económico provocado por el
Segundo Franquismo. Fueron así los años de esplendor del nacional-catolicismo.
Pero la dictadura franquista siguió estrangulando a una sociedad que tras superar una Guerra Civil y otra, mundial, había sido sometida (como ya se explicitó) a una autarquía tan devastadora como hiriente. Ser crítico contra el régimen franquista, además de promulgar
y defender ideologías opuestas, todavía se pagaba con la muerte, (ese fue
el destino del comunista Julián Grimau y de los
anarquistas Granados y Delgado ese mismo año.
NEORREALISMO ESPAÑOL


El
inenarrable neorrealismo italiano no dudó jamás en mezclar el drama más
intenso, junto al convencionalismo urbano, la crítica, las costumbres
sociales y sus tragedias conmovedoras. De
todo ello se vale esta inconmensurable historia familiar, sita en el
Madrid subdesarrollado de los años 60, cuyos avatares se centran en un
típico edificio madrileño, en la plaza Chueca. (Fue rodada
íntegramente en escenarios reales, y Fernán Gómez inmortaliza la difícil
vida que existía en los barrios —hoy— de Universidad, Malasaña y Chueca
(Madrid). Un entorno familiar formado por un padre que afortunadamente
logra llevar un sueldo al hogar como Guardia Municipal señor Agapito
(Francisco Pierrá), su esposa Eloisa (Milagros Leal), madre abnegada de
dos hijas y un varón, que no esconde jamás su angustia y su
cansancio como madura ama de casa que ve desmoronarse poco a poco su adocenada vida familiar. 



Las
dos hijas se componen de Eloisa (Lina Canalejas), [en cuya juventud fue
elegida "Miss Maravillas "en un concurso de belleza] y esta ahora malcasada
con Faustino, (Fernando Fernán Gómez), un típico machista español, un camarero sin remedio para medrar, amante
del fútbol, obsesionado con hacerse millonario con las quinielas de
cada semana, rijoso, absurdo, grosero e inútil tanto como marido como
padre de familia, ya que de dicho matrimonio han nacido tres hijos a los
que mantienen sumidos en la miseria en una vivienda cuchitril de los
bajos de un viejo edificio. Y la segunda hembra en discordia es la
independiente Luisa (Gemma Cuervo), que mantiene una feroz y angustiosa
rivalidad con su hermana, enfrentándose con ella de continuo y llegando a las
manos cada vez que Eloisa aparece en el hogar paterno cargada con sus hijos y desdeñada por Faustino. Luisa, que trabaja
de dependienta en una en una tienda de regalos caros, busca desesperadamente el éxito social,
dado el ambiente en el que se desenvuelve su trabajo, así como el amor
que pueda apartarla de la mediocridad y pobreza en que ha crecido. El hermano es
Rodolfo (José Morales),
El hijo es un beato que salió del seminario poco antes de convertirse en
sacerdote, y que se pasa la vida estudiando y rezando para expiar los
pecados de su familia, un aburrido, repelente e inútil religioso (que no sabemos en qué trabaja ni a qué se dedica) que
solamente opta, como ya se ha indicado, siempre condena con sermones patéticos los actos enfebrecidos por el odio de sus hermanas. El drama social de esa
grisura familiar se halla por tanto perfectamente servido, (con una cinematografía atmosférica y evocadora en blanco y negro), que, no obstante, incita a la reflexión. A todo ello se añaden muchos personajes desafortunados, como el eterno vecino enamorado de Eloisa, el tímido Andrés (Agustín González).

Y el
engañado y bonachón Rafa (Fernando Guillén), bien situado economicamente, a quien Luisa trata de convencer de que
se halla embarazada de él, aunque la pareja y el matrimonio por ella
deseado jamás llega a formalizarse.
El libidinoso dueño del bar (José Calvo) en que
trabaja Faustino, que trata de lograr un entendimiento lujurioso con la
desafortunada Eloisa, que ella, pese a sus necesidades pecuniarias que él le ofrece rechaza horrorizada.



"El mundo sigue"
nos continúa pareciendo una obra redonda y, toda la culpa de ello, como
bien reconoció Fernando, recae en el novelista que la concibió. Una lección social naturalista, de un realismo exacerbado que la
cinematografía de Fernán Gómez convierte en un fresco histórico sobre la
vida y la pobreza del Madrid de la posguerra. Un aviso desgarrador para aquellos españoles que durante décadas soñaran con ser ricos de la
noche a la mañana, como Faustino, que malgasta su poco dinero en comidas,
fútbol y cigarros puros, su familia atraviesa adversidades, sus hijos
pasan hambre, son desatendidos y somete a Eloisa a una situación
insostenible. 


El anhelo de Faustino de
acertar una quiniela de
catorce aciertos (y la única vez que consigue los diez resultados, la
proporción de acertantes es inmensa y lo único que consigue es una ínfima
cantidad, tras haber soñado con los millones). Semejante obsesión lo induce incluso hasta robar una
noche en el propio bar en que trabaja, siendo descubierto. Llega así casi a los límites de la locura una vez encarcelado. También, como ya se ha citadose
impone la honradez y fidelidad
de Eloisa que le impiden aceptar deshonrosas promesas de riqueza y buena
vida que le ofrece el repugnante dueño del bar. Mientras por el contrario, Luisa se empeña en engatusar a hombres
mayores
de clase alta que le puedan proporcionar lujos y una vida disoluta.
Este hecho hace que la relación entre las hermanas sea cada vez de mayor
odio y
agresividad. Así Fernán
Gómez instala a sus desdichados personajes en una España que promete a
una hipotética clase media el fasto de la burguesía. Cabe señalar algunos recursos cinematográficos utilizados
por Fernán Gómez en esta película, bastante adelantados para la época,
como los flashbacks
o el multiperspectivismo, así como los recursos de montaje, sobre todo
en una escena en la que la hija mayor regresa corriendo a casa y sube
atropelladamente las escaleras al encuentro con su madre, recordando los
momentos más importantes de su infancia durante el trayecto, que Fernán
Gómez lleva a la gran pantalla superponiendo diferentes planos que
muestran escenas del pasado de este personaje. O secuencias virtuosas cómo
ese instante del suspense y de la tensión en el momento del robo de
Faustino.


Entonces, cuando al final este destino los alcanza, se revela que
aquella alusión original a Fray Luis era un engaño, que no hay ni
justicia ni injusticia morales, que no hay buenos castigados ni malos
ensalzados. La tragedia es implacable y anuncia lo innegable: sólo hay
una vida y un mundo que sigue incluso cuando aquélla expira. Y cuando
nos damos cuenta de que el plano final coincide con el primero, con ese
vehículo estático, con esa música recurrente, con ese rótulo que, sobre
plano fijo, indica que la cinta ha concluido, el sentido de la obra se
torna aún más ambiguo y comprendemos aquella paradoja inicial sobre el movimiento:
el mundo sigue, es puro devenir, pero siempre, en ese discurrir
imparable, nos devuelve al punto de partida, ese limbo en el que, como
el lujoso coche en que llega Luisa para confluir en la envidia turbulenta que mantiene con Eloisa, lo
mutable y lo inmutable se fusionan y se difuminan, la imagen se detiene y
la música continúa. El mundo siempre sigue, pero preso de un eterno
retorno en el que nada cambia. Los sueños de
prosperidad e incluso de identidad, son sesgados de manera mecánica por
un sistema diseñado para deshumanizar al ciudadano, al tiempo que lo
somete, dogmatiza y lo arrastra hasta los límites del más trágico de los suicidios. ADAPTACIÓN DE UNA NOVELA HOMÓNIMA (PRÁCTICAMENTE OLVIDADA) DEL NOVELISTA VIZCAÍNO JUAN ANTONIO DE ZUNZUNEGUI Y LOREDO
[Nacido en Portugalete,Vizcaya, 21 de diciembre de 1900 Madrid, 31 de mayo de 1982]
En 1957 ocupó el sillón "a" dejado por Pío Baroja y Nessi en la Real Academia Española (le sucedió Elena Quiroga de Abarca). Miguel de Unamuno fue el autor que más influyó en su obra y con el que mantuvo una gran amistad. Sus ingente cantidad de novelas obra se adscribieron especialmente al realismo tradicional. Fue Doctor en Filosofía y Letras, estudió también Lengua Francesa e Italiana en Tours y Perugia. Durante la Guerra Civil colaboró con la Delegación de Prensa y Propaganda y luego en la revista "Vértice" como crítico teatral. 

Entre sus mejores obras se hallan: "El binomio de Newton y Otros Cuentos, 1945, El barco de la muerte (1945), La úlcera (1949), Esta oscura desbandada (1952), Ramón o la vida baldía (1952).
ESCENAS CENSURADAS EN 1963
FERNANDO FERNÁN GÓMEZ:
GENIO Y FIGURA HASTA LA SEPULTURA
A MELODRAMATIC AND HEARTBREAKING FILM THAT WAS EXTREMELY SIEGED BY THE RIGID SPANISH CENSORSHIP


Con "El mundo sigue" Fernán Gómez puso fin a una supuesta trilogía formada por sus dos anteriores películas de corte neorrealista cómico pero de rígida crítica sobre la sociedad española sometida a la dictadura (y a la que logró despistar por el tono jocoso de ambos films) como fueron las excepcionales "La vida por delante", 1958, y "La vida alrededor", 1959. Pero esta vez, con "El mundo sigue" (acompañado por la maravillosa e inolvidabla Analia Gadé), Fernán Gómez puso en pie una película-bofetada con gotas de melodrama familiar
exacerbado y extremo, esencia irrefrenable del neorrealismo con un Madrid de posguerra
y dictadura, con lluvia de desgarro. Su agudeza y atrevimiento le costó que la película no pudiera
estrenarse en los cines hasta dos años después (1965), y lo hizo en un
único cine de Bilbao, el Buenos Aires, y casi de tapadillo.La actriz Gemma Cuervo, que interpretaba a Luisa, una de las hermanas en discordia, siempre lamentó la oportunidad cinematográfica perdida. "El mundo sigue" fue una dolorosa radiografía de un país que vivió cuarenta años bajo una dictadura, un periodo en blanco y negro, donde si rascabas, surgía una sociedad moralmente enferma, condenada, aplastada, reprimida. La ley de la supervivencia y del sálvese quién pueda de la manera más cruda. Un melodrama familiar que se convertía en película política, y que abofeteaba. Y por ello, que no carecía de actualidad, y vista hoy sigue golpeando igual.




Pero con "El mundo sigue" además
Fernando Fernán Gómez se convirtió en un innovador y atrevido narrador
cinematográfico. Y al contarnos esta tremebunda historia familiar atrapa. No tira por el
camino fácil sino que innova y emplea la forma para dar más fuerza a lo
que narra. Y de nuevo, además, es una de esas películas que presenta una
galería de buenos actores que tienen su profesión pegada a la piel, otros
nos permite descubrirlos y apenarnos de lo que nos perdimos, y también
vemos futuras promesas y toda esa ristra de maravillosos actores
secundarios que robaban escenas en todo momento y elevaban la calidad
del proyecto cinematográfico. El director y actor parte para construir
este material cinematográfico tuvo que inspirarse en una novela, de mismo
título, de Juan Antonio Zunzunegui, un autor bilbaíno, hoy, por desgracia, caído en olvido. 





"El mundo sigue" brilla en el empleo de la voz en off, de los
sentimientos más ocultos de los personajes. O esos estallidos desgarrados y violentos de ambas hermanas
cuando se sienten al borde del abismo así como una violencia explícita
en las relaciones entre marido y mujer, entre padres e hijos, entre
hermanas, el empleo de las estancias (las habitaciones, las casas que
habitan los personajes, y, como no, las ya citadas escaleras por la que suben y bajan las vidas de dichos personajes) Y cuando al final se revela que
aquella alusión original a Fray Luis era un engaño, que no hay ni
justicia ni injusticia morales, que no hay buenos castigados ni malos
ensalzados. La tragedia es implacable y anuncia lo innegable: sólo hay
una vida y un mundo que sigue incluso cuando aquélla expira. Y
nos damos cuenta de que el plano final coincide con el primero, con ese
vehículo estático, con esa música recurrente, con ese rótulo que, sobre
plano fijo, indica que la cinta ha concluido, el sentido de la obra se
torna aún más ambiguo y comprendemos aquella paradoja inicial sobre el movimiento:
el mundo sigue, es puro devenir, pero siempre, en ese discurrir
imparable, nos devuelve al punto de partida, ese limbo en el que, como
el lujoso coche en que llegaba Luisa para confluir con Eloísa, lo
mutable y lo inmutable se fusionan y se difuminan, la imagen se detiene y
la música continúa. El mundo siempre sigue, pero preso de un eterno
retorno en el que nada cambia.

Hay un cine español que quiso ser
silenciado (olvidado, enterrado) porque mostraba una realidad que no
convenía airear (y eso que algunos de sus realizadores eran afines a la
dictadura. Esa es una de las grandes dificultades a la hora de analizar y
valorar nuestro cine y es la presencia de la ideología). Y digamos que "El mundo sigue"
es la máxima representación de su ostracismo y también sirve como
puente con el nuevo cine español (que ya estaba dejando joyas como "Calle Mayor", 1956, o "La tía Tula", 1964, (dos auténticas obras maestras) con directores con fuerza como Juan Antonio Bardem o Miguel Picazo.
Y la entrada de
jóvenes realizadores como Basilio Martín Patino y "Nueve Cartas a Berta", o Carlos Saura y la turbulenta y genial "La caza", con interpretaciones majestuosas de Ismael Merlo, Alfredo Mayo, José María Prada y Emilio Gutiérrez Caba, ambas de 1966, hacia un
cine que se abría no solo en temas sino también en la forma de emplear
el lenguaje cinematográfico).
No hay duda de que hay obras de
realizadores que se han visto ensombrecidas o acceder a ellas ha sido
tarea algo más compleja. Así ocurre con algunos títulos de José Antonio
Nieves Conde, el creador de "Surcos", de 1951.
O "El inquilino", 1957, del mismo director, también
interpretada por Fernando Fernán Gómez y que hablaba de las
dificultades para acceder a una vivienda digna.
O lo poco que circulan
títulos de Ladislao Vajda [Director y productor de cine nacido en Budapest -afincado en España- en 1906. Falleció en Barcelona en marzo de 1965 que presentaba un Madrid empobrecido y
desilusionado en la inolvidable, conmovedora y extraordinaria muestra de neorrealismo hispano "Mi tío Jacinto", obra maestra con un actor inolvidable como fue Pablito Calvo y el extraordinario Antonio Vico. -
1956: Festival de Berlín: Oso de Plata (Premio del Público)1956: Sindicato Nacional del Espectáculo: Mejor fotografía1957: Medallas del CEC: Mejores decorados.1956: Fotogramas de Plata: Mejor intérprete de cine.

O un ambiente asfixiante y angustioso rodado en Suiza como en "El cebo", 1958 con actores internacionales: alemanes: Heinz Rühmann, Gert Fröbe, la pequeña Sigfrit Steiner, la española María Rosa Salgado, y el francés Michel Simon, Sigfrit Steiner, adaptación de la novela de a novela de Friedrich Dürrenmat: "Es geschah am hellichten Tag"
Asimismo, la obra de Edgar Neville, ahora muy reivindicada, andaba en olvido con interesantes radiografías de la sociedad como "El último caballo", 1950, con Fernán GómezConchita Montes.
Una magnífica y climática adaptación de la novela "Nada", 1947, Premio Nadal de Carmen Laforet, rodada en Barcelona, con Conchita Montes, Rafael Bardem, Tomás Blanco, Julia Caba Alba, María Cañete, y los actores italianos Fosco Giachetti y Adriano Riimoldi.
Y la póstuma "Mi calle", 1960: Tota Alba, Rafael Alonso, Ángel Álvarez, Adolfo Marsillach, Conchita Montes, Katia Loritz, Agustín González, Gracita Morales, Ana María Custodio, Ángel del Pozo, Roberto Camardiel, Susana Campos, Jorge Rigaud, María Isbert, Nati Mistral, Rafael Bardem, Lina Canalejas, Rafael Alonso, Hector Bianciotti y Antonio Casal.



Y Jorge Grau con su espléndida "Una historia de amor".1967, con magníficas actuaciones de Simón Andreu, Teresa Gimpera, y la actriz italiana Serena Vergano premiada en el Festival de San Sebastián, Yelena Samarina, y la excelente cooperación de Adolfo Marsillach, y el hispano-portugués José María Nunes con "Noche de vino tinto", con Enrique Irazoqui, Serena Vergano, y Rafael Arcos.
UN REPARTO EXTRAORDINARIO

Les acompañaron un otro buen elenco secundario con muchos rostros conocidos, como Francisco Pierrá, Agustín González, Fernando Guillén, José Calvo, José Morales, José María Caffarel, Marisa Paredes, Jacinto San Emeterio, María Luisa Ponte, Ana María Noé, Antonio Jiménez Escribano y Pilar Bardem, entre otros. Fue espléndidamente fotografiada por el célebre director de fotografía Emilio Foriscot, rodada con maestría en exteriores en Madrid, mostrando magníficamente calles, plazas y lugares de la Castiza. Además, cuenta con una banda sonora atmosférica y evocadora de Daniel J. White, colaborador habitual de Jesús Franco. La película, pese a fracasar en taquilla, estuvo genialmente dirigida por Fernando Fernán Gómez, que apareció en más de 200 películas, dirigió otras 20 y escribió novelas, obras de teatro y poesía. Fue miembro de la Real Academia Española y uno de los mejores actores de la historia del cine. Junto con Icíar Bollaín, es el único actor que ha sido nominado como intérprete ("El Abuelo" -1998-), director ("El Viaje a Ninguna Parte" -1986-) y guionista ("Lázaro De Tormes" -2001-) por tres películas diferentes en los Premios Goya. De hecho, ganó en todas las categorías al menos una vez.OPINIONES DE LA CRÍTICA
Jonás Trueba escribió en 2010, años antes del redescubrimiento: "Ahora mismo no recuerdo otra película que me haya mostrado mejor la vida en un país, de una ciudad, de un barrio de la España de los sesenta".
Diego Galán opinó que "es un drama recio y duro con ausencia total de humor, en el que se cuenta cómo en esta sociedad sólo se puede medrar a través de la bajeza; quien se comporta bien tiene prevista su compensación en el más allá”
Finalmente, Rubén Lardín afirmó que Fernán Gómez "se sentía vivir una crisis sentimental que no era más que soledad. Tenía que hacer una película como fuera y esta era la que tenía escrita".
























































































































































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