
"The Jewel in the Crown" ("La Joya de la Corona"), serie realizada por Granada Television para la cadena ITV en 1984
abarca sobre los últimos días del Raj Británico en la India durante y
después de la Segunda Guerra Mundial, basándose en las novelas del "Raj Quartet" ("Cuarteto del Raj") del autor británico Paul Mark Scott (Nacido en Londres, U.K. el 25 Marzo de 1920 – Fallecido en Londres el 1 marzo de 1978 a la edad de 57 años).
La historia se ambienta en 1942 en Mayapore, una ciudad ficticia en una provincia sin nombre de la India Británica. La provincia, ubicada en el norte de la India, comparte características con Punjab y las Provincias Unidas. Los
nombres de lugares y personas sugieren una conexión con Bengala; por
ejemplo, Mayapore es similar a Mayapur en Bengala Occidental; sin embargo, las características físicas la sitúan en el centro-norte de la India, en lugar del noreste. La provincia cuenta con una llanura agrícola y, al norte, una región montañosa. Dibrapur es una ciudad más pequeña a unos 120 kilómetros de distancia.
Mayapore, aunque no es la capital de la provincia, es una ciudad
relativamente grande, con una importante presencia británica en la zona
de acantonamiento, donde no se permite la residencia a los indios
nativos. Al otro lado de las vías del tren se encuentra el "pueblo negro", donde reside la población nativa. También hay un Barrio Euroasiático, donde reside la población mestiza (angloindia) de la ciudad. 
























La India se debate de nuevo entre décadas borrascosas de
dominación occidental instaurada por el Imperio Británico en el subcontinente
indio desde 1858 hasta 1947. Y es el teatro menesteroso, encadenado, que no
logra arrancar de su inmenso cuerpo la originaria síntesis conflictiva de las
tres culturas diametralmente opuestas que la llagan, como originaria fusión inequívocamente beligerante de una infinita batalla racial: una Inglaterra con
su vieja moral burguesa y su tradicional catolicismo anglicano, al que se añade
su antigua jerarquía endurecedora frente al extranjero oriental. El castrense imperio británico se
erige en una praxis antidemocrática imputable en todo momento a las razones políticas
de un colonialismo que vive impreso en el renombre de su represivo poderío militar;
y que no ama ni acata tradiciones de otras estirpes a las que subyuga, mientras
sigue venerando desde el lejano continente asiático los conceptos de una
codiciosa magnificencia, de una gran joya para su corona, e inflexible en todo
momento para acatar cualquier fermento de rebelión. Por ende, la Inglaterra
arrebatada en su desprecio hacia el pueblo que somete, sigue sin divorciarse por completo
del mundo occidental que secularmente la mantiene mientras impone la más feroz de
las segregaciones raciales. No obstante, vive hipotecada también frente al miedo a la
exaltada multitud oriental, siempre en busca de una merecida venganza contra el
enemigo que la subyuga. Pero la India aún revive impetuosamente en sus
estados principescos, la gran mayoría muy pequeños, y que al igual que
documentos de la ancianidad indostánica, no se apagan en pesadumbres ni se
inclinan a la voces del invasor, sino que se mantienen enraizados cono pueblo de
respetada senectud con sus ritos sagrados y dioses custodios de cuyas primicias
no participa la gubernamental corona inglesa. Pero los actos y designios de las
otras dos culturas formadas por musulmanes y brahmanes no son tampoco vanos y
caducos. Poseen su gran pasado histórico, cifran la vida en los días futuros de
una próxima liberación, abominan de la negrura invasora, áspera, engreída y
acechante del pueblo británico, de la que su más destacado dirigente del
movimiento independentista contra el Raj Británico, Mohandas Karamchand
Gandhi, se distancia, blanco por la fatiga, los ojos recogidos, las manos
sumidas en el manto de la oración, aunque de una ancianidad curtida como un
acero, entre el clamor de las multitudes que lo veneran, y dejando tras de sí
una emoción de paz y libertad para el pueblo. Pero el Raj Británico continúa abismado en la trampa de la simplificación y el esquematismo psicopático que frente a la
vicisitudes políticas internas impone a 255 millones de hindúes, y es como el héroe
que de sí mismo habla apeteciendo su propia gloria incierta. Y no
despierta del sueño, y vuelve su rostro suntuoso e intolerante frente a los
conflictos sentimentales que provocan los primeros chispazos humanos de unión
sexual interracial entre la aria mujer británica y el hindú de piel oscura que
puede hacer añicos ese mito embrutecedor del racismo encorsetado, siempre
acomodado a sus premisas de superioridad. Una dimensión social de supremacía
racial a la que Inglaterra, durante toda su etapa colonial, seguirá aferrándose
inflexiblemente. Esa trayectoria de frustraciones sentimentales resuena
torrencialmente como una inmensa bóveda herida por la violencia y la
incomprensión, por el grito y la emoción de todos los hombres y mujeres indostánicos. Y
parece que si un resurgido ave fénix atravesara por el límpido azul de la India, caería
ahogada, rebotada sobre las piedras rota de dolor, entre techumbres de fuego y
de polvo aniquilador de la pasiones humanas. Mas los que aman, se sumarán a la
búsqueda de una sociedad más justa a través de la perspectiva personal de dos
jóvenes protagonistas capaces de ofrecer una visión de la India y de la sociedad
británica con un sello propio de indulgencia. Se cumple así su tiempo, y un
nuevo capítulo de la historia de la India Británica se magnifica ante la doblez
del mundo que la rodea. Y tiende su mano, y hay en su diestra un gesto de
voluntad tan firme y generoso que parece entonces crearlo. Y todo se apaga tras
la ciudad homicida del racismo, del mundo occidental y sus asechanzas intolerantes, entre
un realismo poético y conmovedor en este magnífico “Raj Quartet” cuya
buenanueva anuncia un cambio de rumbo en el futuro social de la India (que también tuvo un claro antecedente en la obra de E.M. Forster y su "A Passage to India" de 1924)... Trepidan las callejas de voces, de mugidos, y vuela el polvo, se esparce el olor de
gente, lenta, apretada, ruidosa. Y hay un tiempo
andante de hombres que cargan sus fardos, de mujeres que ansían su
fertilidad, y que buscan en el río Ganges la reparación orgánica de sus
cuerpos, y la espiritual después, bajo esas escalinatas tumultuarias y
remotas que orillean ese constante fluir acuático.Y salen a los campos, bajo un sol ancho, rojo,
como de lumbre de leña, en los que se estampan los cultivos emplumados de la cebada y el trigo; y la imagen distante del tren de Bombay participa de los tumultos atravesando valles plenos de las raíces arbóreas de los banianos, los neemens, el sal, el Árbol de Lluvia Dorada, el pino hindú y el sagrado peepal bajo el cual dejó Buda la preeminencia de su inspiración sacra como gotas desleídas del panal platónico. Y se regocijan los saris de algodones jarifos y
vistosos de las mujeres que lucen sus bindis rojos en las frentes, y los chatspts
(turbantes) coloreados de los hombres, porque la India se abre como un exposición social de inmenso prestigio por la veracidad de sus cuidadísimas
reconstrucciones ambientales y los conmovedores condicionamientos humanos que viven sus protagonistas entre una música que
convida a la somnolencia del atardecer, una danza que llena de las altas
aspiraciones del amor la, tantas veces, desfavorecida naturaleza de los
hombres y de las mujeres. Y porque el gran padre Mahatma Ghandi, tras la demolición de una moral estricta durante
y tras la II Guerra Mundial, también
practica la desobediencia civil no violenta, y su mensaje de paz es para
siempre, y es alabado, y su voz misericordiosa y comprensiva preside el día, y
ruega con insistencia por el amor o atención como el pordiosero o necesitado, y
sólo muestra el hueso amarillento, frío y afilado de su nariz sobre la que
descansan sus espejuelos menudos, y los vidrios demacrados y menudos de sus
ojos, y tiene en su frente y en su mirada una dulce resignación. La voz de Mahatma
Ghandi fue tan sólo la de un hombre que cubría su desnudez con un
blanco lienzo de penitencia y que más tarde habría de seguir al avisado gobierno
de sus antecesores, porque tras aquella purga política pacifista con que el
gran Padre liberó a la India, y la fraccionó, a su pesar, entre inmensos ríos de sangre
frente a una nueva filiación política musulmana, creadora del nuevo estado de
Pakistán, el “Raj Quartet” revela una nueva forma de observar la realidad hindú
en sus aspectos más auténticos. Como un documento vivo, documento novelado pero
que nos ayuda a comprender mejor la condición humana de unos personajes como
fruto de una convivencia, solidaria e insolidaria con sus semejantes, en una
India sojuzgada por el colonialismo durante más de 100 años.[Texto de Kentauro]

"CRUZANDO EL RÍO" (CROSSING THE RIVER)






















































Daphne junto a la doctora Anna Klaus (Renée Goddard) se presta a ayudar en el refugio-hospital de Sister Ludmila a la que Hari presentará. En Mayapore Daphne y Hari vuelve a coincidir. El joven está hablando con Pandit Baba (Marne Maitland), un maestro de escuela afecto a la rebelión contra el Imperio Británico, seguidor de las consignas de Gandhi, que reprocha a Hari Kumar que no se sienta hindú y que no conozca el idioma de sus compatriotas y sólo hable inglés. Cuando Daphne se acerca a ellos, es saludada cordialmente por el profesor. Hari explica a la muchacha que ha sido reprendido por él, y por no unirse a la lucha contra el dominio británico.



Luego, Hari se ofrece a acompañar a Daphne en bicicleta, y cuando de pronto empieza una tormenta, se refugian en los Jardines Bibighar que Hari, para sorpresa de Daphne, desconoce.























Ambos concretan visitar juntos el templo hindú de Mayapore, al que Kumar acude también por primera vez, y allí acogerse a los ritos hindúes. Daphne y Hari son ungidos por el bindi rojo del rito hindú.







Aquella noche, acepta de nuevo una invitación en la mansión McGregor. La atracción entre ambos jóvenes se hace cada vez más patente. Pero Hari
comprende que dada las diferencias de clase y raza es imposible
mantener una relación sentimental con la muchacha, que se muestra
enamorada y decepcionada. 



Merrick se presenta en el club para británicos, una presencia poco apetecible para Daphne,
que ha acudido allí después de su trabajo en el hospital. El intendente
de policía le explica que se están sucediendo las revueltas en
Mayapore, y culpabiliza a Ghandi. al que tilda de "hombrecillo en taparrabos". Igualmente, pregunta por la visita al templo hindú junto a Hari Kumar, (visita que ella le había comentado en un encuentro anterior con Merrick) y si le resultó interesante.
La muchacha le muestra su satisfacción por haberla llevado a cabo.
Sister Ludmila encontrará esa misma noche a Kumar
en el santuario. Él le asegura que esta vez no se halla bebido. Luego
confiesa que cuando lo encontraron borracho a orillas del río no fue por
ninguna decepción amorosa, sino porque su amigo inglés, con el que
había compartido colegio en Inglaterra, y que prometió encontrarse con
él cuando volviera a la India, en un encuentro de cricket pasó
ignorándolo por completo. Para su antiguo amigo inglés Hari no era más que un hindú, y todos los hindués, según acaba confesando, son iguales. Luego se fue con sus amigos a beber y quemaron el blanco salacot británico.
















Daphne acude al lado de Edwina
y la consuela. La profesora parece delirar y entona una canción de las
que le cantaba a sus alumnos, luego pregunta si todas sus cosas se
hallan en el hospital, y los caramelos que llevaba para los niños. Entre
sus pertenencias se halla una bella lámina que representa, como le
explica Edwina, la joya de la corona con la reina Victoria, que, no obstante, nunca visitó la India. 

















































































































































































































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