Uno de los últimos grandes enfrentamientos cinematográficos de todos los tiempos: Charlton Heston y Rex Harrison-Miguel Ángel y el Pontífice Julio II enzarzados en una pugna de propósitos chantajeadores, extorsionistas, y casi casi amorales. Entre un Papa arbitrario y guerrero, y un genio descarado y desgarrador, se cuela este drama de altura, de altura artística, se entiende. Una Iglesia medieval dispuesta como siempre a poner a disposición del Arte sus recintos sagrados. Establecida una colaboración entre los poderes Papales y la genialidad mendicante del artista, se inicia entre ambos una guerra sin cuartel, una auténtica batalla campal que trata de reemplazar la Biblia por el clasicismo más desnudo. El Renacimiento abre así sus puertas a una especie de ascetismo de la violencia, muy alejado del sentimiento religioso. Pero afortunadamente se mantendrá el tejido conjuntivo de la eventual negociación, aunque esta sea de un fiscalismo opresivo, capaz de comprometer al genio indócil, consiguiendo su rendición total, y arrastrándolo, ¡nada más y nada menos!, hacia la creación del fresco gigantesco de la Capilla Sixtina


Heston es mastodóntico, el Miguel Ángel soñado. Y Harrison el más sutil e inolvidable de los capitostes que recorriera aquella curia Romana, a caballo entre el lujo de los Medici y el genio del Renacimiento.
Una maravillosa música de Alex North complementa su monumentalidad.Tiene todos los alicientes del histerismo artístico. Si me la hubiese perdido, me remordería la conciencia.