



En el nuevo hotel donde han hecho reserva, Gloria toma sus precauciones antes de entrar en la habitación. Es consciente de que el acoso a que ambos están sometidos por parte de la banda de mafiosos es una dura lucha a la que nuevos enfrentamientos les llevarán tarde o temprano a la muerte. Pregunta a Phil si tiene hambre, y el niño contesta que no, tan sólo está cansado. "Yo también", responde Gloria, y aunque se crea segura por lo pronto, añade: "Vaya, tienen todo vigilado. Trenes, aviones... No sé. Puede que Pittsburgh también esté conectado. También tendran gángsters en Pittburgh"





Llaman a la puerta."Aquí está", aventura Gloria. "No tengas miedo. Tengo mi pistola. No me supone nada volvarle los sesos a alguien, créeme. Sólo espero que sea alguien conocido"... "Estoy contigo, Gloria", dice Phil. "Entra en el baño, ¡entra!...




¿Quién es"... De nuevo el temor de que puedan haber sido descubiertos la obliga a tomar el arma y preguntar quién es. Al otro lado se oye la voz del botones del hotel que asegura traer un obsequio de la casa. Gloria abre con cuidado, y ve el ramo de flores como regalo de bienvenida que trae el botones. No obstante, lo rechaza y lo echa de la habitación, arma en mano. El botones huye presuroso y asustado por el pasillo, sin comprender a qué se debe la actitud de la huésped.































Gloria, para escapar de Sill, finge sentirse atacada por él : "¡Socorro! ¡Quítame las manos de encima, gordo seboso!"... Espera con ello a que el joven taxista la ayude a librarse del mafioso.



Gracias a la confusión creada con el tal Sill y a la ayuda oportuna del joven taxista, Gloria puede salir huyendo hacia el hotel.

































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