martes, 1 de agosto de 2017

JEANNE MOREAU: "La mejor actriz del mundo"


 

Fallece a los 89 años de edad.
-París 23 de enero de 1928-31 de julio de 2017, París, Francia-

Orson Welles la calificó como “la mejor actriz del mundo”. Abanderada de la “Nouvelle Vague.
Hija de una bailarina inglesa y de un "barman" francés. Sus padres se divorciaron cuando ella contaba 11 años. Creció en el París ocupado por los Nazis. Desde muy joven sintió una honda inclinación hacia la literatura y el teatro. Mientras estudiaba en el Conservatorio de París, con la oposición de su padre que no deseaba verla convertida en actriz, hizo su debut en en el Festival de Teatro de Avignon en 1947. Pasó a formar parte de la Comédie-Française con 20 años. La abandonó en 1951, y se introdujo en el Théâtre Nationale Populaire, mucho más empírico y restrictivo. Tras aparecer de extra en algunos films, conoció a Louis Malle. La inquietud experimental va a ser el denominador común que una ambos nombres en el magnífico film "Ascenseur pour l'échafaud" ("Ascensor para el cadalso"), 1958, film de suspense que se entronca ya en la "Nouvelle Vague" del cine francés. Su colaboración se mantiene en "Les amants", 1958.

Jules et Jim

El tierno e irónico François Truffaut la convierte ya en actriz de primera fila en "Jules et Jim", 1961, volviendo a contar con ella en 1967 para "La mariée était en noir" ("La novia vestía de negro"). Recibe en Cannes el primer premio a la Mejor Interpretación Femenina en 1960 por "Moderato Cantabile" de Peter Brook, emparejada con Jean Paul Belmondo. Y con Marcello Mastroianni interpreta "La notte", 1961, de Michelangelo Antonioni. Seguirán "Le journal d' une femme de chambre", 1961, de Luís Buñuel, "Eve", 1962, de Joseph Losey, y su incursión en el infierno de la más inimaginable de las maldades, "Mademoiselle", 1966, de Tony Richardson, films en los que sus protagonistas masculinos Stanley Baker y Ettore Manni son destruidos por el turbio y sensual personaje femenino que ella encarna. Desde 1975 a 1995 formó parte como presidenta del Jurado del Festival de Cannes. Auténtico mito del cine francés, capaz de combinar su erotismo distante y reflexivo con un rostro de misteriosa belleza robustecida por un carácter dominante pero irresistible. "Cuando Brigitte Bardot era sexo y Catherine Deneuve elegancia, Jeanne Moreau encarnaba la feminidad intelectual"
  
Sus tres colaboraciones con Orson Welles en "The trial" ("Le Procès") 1962, junto a Anthony Perkins,  "Chimes at midnight" ("Campanadas a medianoche"), 1965 y "The inmortal story" ("Una historia inmortal"), 1968 fueron inolvidables. Fue, no obstante, su Mistress Doll-Dora-Tearsheet de "Chimes at midnight", ramera inestable, alcohólica, lenguaraz y tierna, muestra la original vitalidad de un personaje de corte realista enclavado en la autenticidad de un documental pero capaz de retrotraernos hasta el mundo shakespiriano, en el que la Moreau brilla, intimista y estridente, genial e incontrolable; perfectamente adscrita a la deslumbrante eclosión de la dramaturgia propuesta por Welles, que se nutrió de ese universo gigantesco, lumínico, expresionista, capaz de rebasar cualquier incertidumbre sobre la realidad escénico-medieval que viven en esta obra maestra sus más importantes personajes. Así Jeanne Moreau ofreció en su papel más largo junto al gran Welles una de las imágenes más veraces de aquella existencia medieval cotidiana con sus enardecimientos sexuales y su turbio mundo de bajas pasiones caricaturescas de las que no es posible disociar ni al depravado, decadente, lenguaraz e ingenioso Sir John Falstaff ni a su turbia, deslenguada, turbadora y no menos conmovedora Mistres Doll-Dora, como así lo reflejase en su grandiosa dramaturgia desmenuzadora de cientos de detalles expresivos el genial Edward de Vere, Conde de Oxford, alias William Shakespeare.
Je ne regrette rien.
Algunas personalidades francesas se han pronunciado sobre su muerte. "Con ella desaparece una artista que encarnaba el cine en su complejidad, su memoria y su exigencia...” ha escrito el presidente de la República Emanuel Macron y su esposa en el pésame a la familia de Jeanne Moreau. El gran mito del cine francés, "le Tourbillon" ("el torbellino de la vida"), como ella cantaba  en aquel genial triángulo amoroso que fue "Jules et Jim", dotada siempre de un vivo espíritu polémico que se interesó por todos los temas intelectuales, fue quizá esta inquietud intelectual, tras su gran revelación  en "Ascenseur pour l'échafaud" ("Ascensor para el cadalso"), 1958, de Louis Malle la que encumbraría ya su futura carrera cinematográfica entre una corriente artística que, por lo general, se opuso siempre a los sentimentalismos al uso. No es de extrañar que en casi todas sus apariciones, e incluso en los films que dirigió, su gigantesca personalidad oscilara siempre entre la vocación naturalista y las búsquedas estéticas, como ya se indicó, acentuadamente intelectuales. Jamás se asentó en la consagración de las estrellas-arquetipo, siendo capaz de potenciar su indudable erotismo con fórmulas interpretativas para paladares más exigentes. En la sugestiva y discutida escena de alcoba de "Les amants", 1958, de Malle (donde se abordaba por primera vez en el cine europeo situaciones consideradas tabú, como si el amor físico fuera algo vergonzante), en la turbadora "Eve", 1962, de Losey, y muy especialmente en  su malévola "Mademoiselle", 1966, de Richardson, sus relaciones amorosas violaron todos los principios de la moral admitida por la sociedad, sin que jamás sufriera un correspondiente y aleccionador castigo por los actos motrices que motivaran el perpetuo duelo de las pasiones amorosas. Fueron los suyos personajes extraordinariamente contradictorios sin dejar de ser agudamente eróticos y, por supuesto, profundamente atractivos. De su provocativa y misteriosa belleza podrían sacarse, por tanto, sabrosas conclusiones de ese eterno forcejeo moral entre Eros y Thanatos. Y aniquilando todos los códigos de censura o de autocensura del mundo, no dejó, sin embargo, de incorporarse como un elemento clave en el mosaico de la mitología sexual cinematográfica. En casi todas las apariciones de Jeanne Moreau en la pantalla grande, la eximia actriz sin acabar de definir el arquetipo de la mujer fatal, se enfrenta a dos de las mayores individualidades de la gran familia erótica que enseñorea todas y cada una de las latitudes del Séptimo Arte: un oscuro conformismo con su aceptación de la realidad que la rodea y su rebeldía ante las injusticias, imperfecciones y violencias a las que hay que enfrentarse para tratar de superarlas. 
"Les liaisons dangereuses"
 

Para la culta Europa y su público, Jeanne Moreau, siempre ligada al cine de autor (lo cual no la privó de ser elegida entre las cien estrellas más sexys de la historia del cine por el Empire Magazine), nos legó su mirada penetrante, sus ojos de mirada enigmática, su perfil rígido, su expresión melancólica al tiempo que impávida, y el poder magnético de una belleza capaz de echar por tierra todas las convenciones y artificiosidades del complaciente Star-System cuya psicopatología sexual tantas veces polarizó cierto grado de simplicidad al aureolar a muchas de sus grandes estrellas únicamente como mantis religiosas devoradoras de hombres, las afamadas vamps, que según el sociólogo francés Edgar Morín, surgieran de las mitologías nórdicas. Su extensa filmografía abarca otros muchos títulos memorables tanto dentro de Francia como en films ingleses o norteamericanos: "Les liaisons dangereuses" de RogerVadim, donde tuvo como oponente al inolvidable y malogrado Gerard Philipe y "5 Branded Women" de Martin Ritt, donde compartió cartel con Silvana Mangano, ambos films de 1959; "Le dialogue des Carmélites", 1960, de Philippe Agostini y Raymond Bruckberger, junto a Alida Valli; "La baie des anges",1962, de Jacques Demy (inolvidablemente teñida de rubia y jugadora empedernida en el casino de Monte-Carlo); "The Train", de John Frankenheimer, junto a Burt Lancaster; y "Mata Hari, agent H21", de  Jean-Louis Richard, ambas de 1964; "The Sailor from Gibraltar", 1967, de nuevo dirigida por Tony Richardson; "El último magnate", de Elia Kazan; "Lumière", donde se estrenó como directora, ambas de 1976; "Querelle", 1982, de Rainer Werner Fassbinder; "The Proprietor", 1996, de Ismael Merchant, y su "Gébo et l'Ombre", 2002, de Manoel de Oliveira.


Sus personajes jamás fueron discutibles o desconcertantes, ni aún siquiera cuando interpretó el medio-spaguetti-western "Viva María", 1965, en el cual Louis Malle la retrató junto al mito sexual francés por excelencia, Brigitte Bardot, desarrollando desenfadamente episodios de la revolución mexicana que recordaban los formatos propios de los comics. Entre los muchos galardones que recibió, además del ya mencionado en Cannes, se encuentran también: en 1992 el "León de Oro por toda su carrera en el Festival de Venecia"; en 1997 el "Premio Donostia del Festival de San Sebastián". Fue "Doctora Honoris Causa de la Universidad de Lancaster, Reino Unido, y de la Universidad de la ciudad de Nueva York". También fue nombrada "Miembro Honorario del British Film Insitute".

Ya incorporados a la mitología universal del cine, la personalidad apabullante de Jeanne Moreau (junto a los personajes que interpretó) siguen y seguirán estallando fascinantemente ante nuestra cinefilia como una de las mayores promesas cumplidas del más inteligente de los esplendores, y cuya gigantesca envergadura, sin postergar nuestra más rendida admiración por esta maravillosa e irrepetible actriz, será siempre imposible medir cabalmente.

Ella, "Le Tourbillon" de "Jules et Jim", amante compartida por dos amigos entrañables (Oskar Werner y Henry Serre), fue capaz de crear, a través de la magia de François Truffaut, el más curioso, divertido e inestable trío erótico que se recuerda. "Jules et Jim", con Jeanne Moreau a la cabeza trastornó como nadie supo hacerlo la idea de que "la pareja no es una noción satisfactoria, bien que hoy, por lo pronto, no hayamos encontrado otra situación mejor". Quizá Catherine, la protagonista, halló la solución, de forma desordenada e irregular, pero no menos fresca, sensible e irónica. (D.E.P.)



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