miércoles 4 de noviembre de 2009

Oberst Redl (Coronel Redl)

Poner en evidencia la preponderancia de la quimera política sobre la acción que conlleva el hermetismo del contraespionaje es asumir una modalidad especial envuelta vagamente en túnicas de profundos pliegues esculpidos en la paradoja que intentará camuflar el momento histórico más significativo: el estallido de una guerra. Y en este caso la I Contienda Mundial del siglo XX. Dicho contraespionaje es el que nos pondrá antes en contacto con las potencias de esas tinieblas que encubren los perfiles pretendidamente heroicos de los personajes que habrán de integrarse en ese desarrollo del espacio-tiempo histórico. Así la inmoralidad de la guerra no se desprende nunca de su reveladora caricatura, y antes de su estallido, jamás parece consternar al mundo, porque los figurines mentales de sus promotores, quienes no muestran casi nunca el menor desgarro de la membrana de la conciencia, revisten su conflagración con una enloquecida lógica por la que deambula una palpable y real forma de "buena conducta". Será por ello por lo que los sueños históricos de las guerras parecen así haber ocupado siempre un primer plano en el espíritu de los hombres. Los actos militares semejan siempre recorrer los siglos impregnados de la teoría del "mensaje". Cumplen constantemente un plan inmisericorde y crucial que jamás evoluciona: son como eternas ansiedades del pasado que siguen proyectándose indefectiblemente hacia el futuro. Las guerras pasadas, sus muertos, que una vez vivieron también el hervidero de horrores fecundos incorporados a la absurda disciplina del ejército, como si efectuaran una disparatada excursión por la vida perdida, que ya quedó tras ellos, siempre parecen regresar para reunirse con los vivos que no tardarán en perecer. La sensación del militar, por tanto, es la de estar siempre compartiendo algo. La desesperanza de ese pasado que pronto habrá de volver también. El miedo le domina, y pese a constantes indecisiones y titubeos, únicamente logrará reprimirlo por medio de ese monumental esfuerzo en que le ha sumido la aceptación de la disciplina, odiosa por lo general, que el militarismo conlleva entre sus inmarcesibles y sucesivas capas de tenebrosidades, y de las que, una vez aceptadas, es imposible desprenderse. El ejército jamás tenderá a reconocer inocencias. La férrea cadena que el mismo impone exige una fe ciega en su entrega a él. Descubrirse a uno mismo dentro del ejército es teñir de negro un horizonte. Y una vez puestas al descubierto las escenas más íntimas del soldado, la mirada furtiva de quien luego trate de desarmarlo y perturbarlo, (pese a que una vez quiso darlo todo por él), verá borrada su más mínima huella propiciatoria. Y aquél que una vez soñó con apoderarse de los tesoros de la hipócrita personalidad de los poderosos gerifaltes aceptando el secretariado de sus violentas intrigas, ya no hallará más punto donde ubicar su castigo, como advenedizo indeseable, que en el suicidio que ese mismo ejército le impone.

El Sturm und Drang húngaro de István Szabó

La evocación histórica puede muy bien rehuir afamados ciclos "históricos-espectaculares" y acceder, sin desmentir su autenticidad, a una estudiada simplicidad capaz de constituir o alcanzar hasta el más alto refinamiento del gusto. Muchos de los exorbitantes eventos políticos y bélicos, basándose en grandes escenografías y enormes presupuestos, que, muchas veces, favorecen sus puyazos pseudohistóricos, acaban convirtiéndose en puntales primordiales del Séptimo Arte, y magnos acontecimientos que habrían de conceder sus cartas de nobleza a una dialéctica históricamente necesaria se explican en función de enredos de alcoba y deslices sentimentales, cuando deberían disociarse de esos relatos imaginarios y diversificarse por entre la densa oscuridad evocativa, aterradora pero insoslayable, de cuantos hechos iluminan con rigurosidad la máquina experimental, patética, represiva de los siglos, entre los que parece patrullar todavía la vasta marea de la historia con sus esqueletos escondidos.

No obstante, seguir el rastro a la escuelas de los historiadores conlleva también una actitud estética, que, una vez centrada en muchas de las formas expresionistas contempladas por la cinematografía, no debe contradecir, ni mucho menos apoyarse en una ruptura artística, o menos impugnar el realismo naturalista que nos conduce hacia esa fórmula mágica que tantas veces cultiva el talento del analista, imbuido por un clima fantástico, osmótico, con las crónicas que trata de desvelar, concediéndole en más de una ocasión un aura de "genios torturados". El relato histórico, no hay por qué engañarse, posee también un cordón umbilical que, además de unirle a una atmósfera de cultura de la que siempre debería emanar la verdad sin cortapisas, esa verdad aterradora y desmoralizante que ha potenciado en las vastas cronologías humanas la irrebatible podredumbre que elevara y destruyera Imperios (enfermedad psicológica socialmente colectiva de la mayoría de los pueblos que han habitado nuestro mundo), halla también su exposición testimonial y hasta veneradora en los reflejos filosóficos del idealismo más abnegado, y en cierta subordinación, a veces sobrecargada y aparatosa, otras antológicas y celebradas, al refinamiento plástico que pueda comportar el romanticismo.


István Szabó: nacido en Budapest, Hungría, el 18 de febrero de 1938, su índice de popularidad sube como la espuma al obtener en 1981 el Premio al Mejor Guión en el Festival de Cannes y el Oscar al Mejor film Extranjero con "Mephisto", primera parte de una trilogía a la que seguirán "Redl Ezredes" u "Oberst Redl" ("Coronel Redl"), 1984, que se alzará también con el Premio del Jurado de Cannes en 1984 y optará de nuevo al Premio de la Academia de Hollywood al año siguiente, y "Hanussen", 1988.





Sumergido en el complejo fenómeno que durante la década de los 60 y 70 se encarnara en el llamado "cine de autor", había realizado, durante dicha etapa, tres films: "Apa" ("Padre"), 1966, "Szerelmesfilm", 1970, y "Tuzoltó utca 25", 1973, con los cuales, a través de un expresivo lenguaje, alimenta cierta devoción, la misma que le abrirá prontamente el resto de mercados europeos y norteamericanos, por enunciar y explorar, con todo el rigor que ofrenda la perspectiva generacional, la historia reciente de Hungría.

En sus años juveniles, 1948, (reveló un artículo del 26 de enero de 2006 del periódico semanal "Vida y Literatura" ("Elet és Irodalom"), Szabó, durante el régimen comunista húngaro o "Comunismo Gulash" liderado por la política de János Kádar, tras la revolución húngara de 1956, había participado como informante de la Policía Secreta, escribiendo reportajes sobre sus compañeros de la Universidad de Srtes del Teatro y Cine. El ya famoso director húngaro, ganador del Oscar de la Academia, reconoció públicamente dicha afiliación, a cuyo enrolamiento se había visto forzado para huir de la "lista negra" (e inmediata condena a muerte), en la que se hallaba incluido junto a su compañero de estudios, el revolucionario Pál Gábor, tras la sublevación de 1956, y salvar así su vida y la de su amigo.

Durante el 37º Festival Anual de Cine Húngaro de ese mismo año, 2006, en el que se efectuaba la premier de su última película "Rokonok" ("Parientes"), István Szabó fue ovacionado. En una subsiguiente rueda de prensa, a la que asistió en compañía de cuatro compañeros de sus años estudiantiles, que habían integrado varias de las listas informativas que Szabó entregara a la Policía Secreta, tras rememorar sus exhaustivas épocas como estudiantes y postsublevaciones contra el régimen de Kádar, su imagen quedaría rehabilitada, dadas las causas que impulsaran su colaboración con el comunismo. Sus compañeros reconocieron asimismo que de ellos no asomaba el menor resquicio de rencor hacia el gran director húngaro.

Szabó ofrenda a través de "Oberst Redl" uno de los testimonios morales más electrizantes de una época europea vivamente sensibilizada por la situación política en que se halló inmersa (una orientación política capaz también de rebasar todas las convencionales barreras geográficas). A través de este drama belicista colectivo, expuesto con un asfixiante bien que no menos atractivo barroquismo escenográfico, por el que pulularán las imágenes burguesas y militaristas que explicitarían la degeneración causante de la I Guerra Mundial, así como la inmediata decadencia, tras la derrota de Alemania, que acabó proporcionando al futuro nazismo parte de sus efectivos, Redl, personaje ambiguo, frío y ambicioso, se verá atrapado, ya desde su infancia (enervante atmósfera de pobreza y mediocridad), por la profusa intriga de los convencionalismos sociales, que (sin obviar el conflicto de fondo homosexual del protagonista) ofrendan su siniestro mensaje a través de las sinuosidades del ejército, y exponen el drama del hombre acosado por una siempre sofocante colectividad nacionalista, buceadora en los círculos profusos del drama militar, de su "honorable" criminalidad patológica, y, por ello mismo, de sus pretendidas virtudes modélicamente jerárquicas. Las mismas que, por supuesto, no servirán en absoluto de atenuante a la hora del desastre político que desembocaría en la I Contienda Mundial. Finalmente, Redl acorralado y capturado por la reja fronteriza, reivindicativa del contraespionaje gubernamental con el cual acabará cooperando ciegamente, y tras la que se arrojara de un modo suicida en busca de la panacea históricamente ligada a la primacía militar y a sus visiones políticas de grandeza, las mismas que gestaran tantos falsos perfiles heroicos, acabará como miembro amputado, detrás de los cerrojos corridos de la indiferencia y el desagradecimiento, por ese mismo estremecedor retablo de la depravación elegante y decadente de un Imperio inmisericorde. Un proceloso gobierno que le arrojará simbólicamente a la misma cloaca desde la cual se creyó rescatado, y le impondrá, (contundente plano final del film), tras tan desesperada búsqueda del difícil equilibrio que pudiera mitificar su labor y entrega al brumoso boomerang que lanza el militarismo, capaz de idealizar la ya inminente ignición bélica que amenaza a Europa, la única y aplastante inflexibilidad que coronar pueda, siempre dentro del plano de la "honorabilidad del suicidio" que el ejército otorga, la degradación a la que su no menos trágico destino le acaba precipitando.

Ascensión y caída de Alfred Redl

Una infancia que deja tras de sí sus sendas apacibles, humildes. Alfred Redl tan sólo recordará las sonrisas maternas, las miradas ingenuas de las hermanas, la renunciación a todos los afectos familiares en aquel atardecer que lo arrancará para siempre de sus orígenes. Las voces hambrientas de la niñez y los alborotos de los juegos, se alejan en el ocaso de su memoria, porque pertenecen ya al tiempo agónico de la miseria, frente al tufo de los trenes, sombras rugientes que jamás ofrecieron consuelo a la precariedad doméstica, y cuya evocación, finalmente, quedará tras el pequeño Alfred como una fría imagen en la niebla con su aire lamentable: la pequeña estación de ferrocarril de Lemberg, Hungría (hoy Eslovenia).

Frente a todo alumno aventajado, lugareño, y Alfred lo es, se vuelca la generosidad de Emperador. Tras los primeros años escolares, para gozo y vanagloria de la humilde familia de Lemberg, llega el agasajo de la Academia Militar Imperial. Al niño tímido se le exigirá siempre agradecimiento y fidelidad a la Casa de los Habsburgo. Primera amistad: el aristócrata húngaro Kristóf y su hermana, Katalin von Kubinyi. Un mundo asentado en mármoles y que ofrenda a los ojos del pequeño Alfred sus aguijones de inferioridad: "Redl, el Imperio es tan grande- Inquiere el gran anfitrión Von Kubinyi- que no consigo averiguar a qué pueblo de su Majestad perteneces"... (Redl) "Nací en Galitizia, señor"... ¿Polaco?... No, mi padre es ruteno. De origen alemán. Creo que el abuelo de mi madre era húngaro. Sí, eran húngaros. Eran nobles, pero perdieron su fortuna. El emperador les ayudó. Fueron funcionarios estatales... Bien, tienes sangre húngara... Sí, mi madre siempre me cantaba una canción húngara"...

Incidentes en la Escuela Militar del Emperador. Burlas contra el Profesorado. Kristóf Von Kubinyi junto con varios compañeros se ve involucrado. Alfred Redl es requerido por el director y presionado por él para que delate a los culpables. Redl miente ante el temor de que Kristóf pueda ser expulsado: (Redl se convierte en delator por primera vez) "Creo que ha sido Von Genecsy, señor"... Muy bien, Rdel. Será un soldado leal. Es un campesino hábil... (Reflexiones del joven Redl una vez cometida la delación) "¡Judas! ¡Soy un Judas, no un soldado! Ellos son soldados. Yo tan sólo un campesino traidor"

Redl, tutelado por el coronel Von Ruden, asciende a capitán. Excesos de Kristóf Von Kubinyi, críticas a la Casa de Habsburgo: "Austria no sería una potencia hoy. La autoridad de Viena la sostiene el compromiso con Hungría. Pero tampoco hay que compadecer a los húngaros, porque ellos oprimen a los pueblos que los rodean. Todo tiene su precio. ¡a la salud del capitán Redl. Alégrate y bebe (Dudas entre los compañeros) Ese Redl nació en Lemberg, ¿no?... ¿Y qué?... ¿No ves la diferencia, Kristóf?... ¡No!... ¿Eres cosmopolita?... No, soy húngaro, oficial y amigo de Redl. ¡Ah, cómo dijo su Majestad: "ingenioso y querido pueblo húngaro" Si Galitzia y Cracovia se integraran en Polonia, Viena se quedaría sin respiración. Y nuestra monarquía, desaparecería. Sólo una guerra salvará el Imperio. Pero que caiga el viejo Emperador. (Redl ataca a Kristóf) ¿Estás loco? (Kristóf, defendiéndose de Redl, lo insulta) ¿Y qué quieres tú, guardabarreras?...

Redl, ascendido a coronel, director de los Servicios de Contraespionaje y hombre de confianza del futuro heredero al trono, el Archiduque Francisco Fernando, sobrino del Emperador : "La moral del ejército se tambalea. El ejército imperial parece un casino: billares, alcohol, mujeres, ¿no?... (Redl) Sí, alteza, lamentablemente... (Archiduque) El liberalismo lo mina todo. En esta situación es necesaria una limpieza, para restaurar el orden. El ejército debe ser duro como un lago helado... Alteza, los peces nadan bajo el hielo... Debemos dar ejemplo, Redl. Su actividad anterior lo fue. Debemos preparar una acción que sacuda al ejército y deje claro que el liberalismo debe terminar. El viejo Emperador, mi tío, debe saber que el ejército necesita un cambio... La sensación de miedo es lo único que endurece a un ejército. Piénselo, Redl. Investigue entre sus filas y ofrézcame una respuesta clara y precisa. Debería estar relacionada con los Balcanes y con la acción de las fuerzas rusas. O quizá francesas. Tiene autoridad completa".

Actuaciones de Redl como director de los Servicios de Contraespionaje, interrogatorios y suicidios: "El oficial Ullman firmó contratos para la fortaleza de Przemysl. El ingeniero fue Worowka. ¿A quién le pasaron la información? ¿Dónde? ¿Cómo? (Finalmente, investigación sobre Kristóf von Kubinyi, que ahora ocupa los asuntos húngaros, favorables al Archiduque, en el Estado Mayor): (Redl) "Alteza el ingeniero Worowka y Victor Ullman conspiraron para pasar los planos de Przemysl a San Petersburgo... (Archiduque) Galitzia otra vez. ¿Los ha arrestado?... No, Ullman se suicidó, y Worowka ha sido asesinado en Viena... Cuando aparece usted le sigue la muerte. ¿Qué quiere saber ahora de Kubinyi?... Si junto con Ullman tenía contactos entre los diplomáticos militares... Dígame, Redl, ¿es usted malvado?... Alteza Imperial, cumplo con mi deber. (Archiduque) ¿No tiene hijos?... (Redl, desconcertado) Mi mujer está enferma... Von Roden siempre la apoyaba. Pero yo no quiero que interrogue a miembros del Estado Mayor dignos de confianza como Kubinyi. ¡Yo decidiré quién es traidor! Los culpables han muerto. Esta vez ha fracasado. ¿Condenaría a Von Kubinyi? Von Roden ha pasado a la reserva. El tiempo de los valses ha terminado. Habrá guerra ¿Podemos evitarla? Quizá. Pero la Monarquía necesita un caso espectacular y rápido... (Redl) ¿La guerra?... (Archiduque) Un atentado seguido de represiones. Luego una guerra breve y bien localizada para salvar lo que se pueda..."

El heredero del Trono, Archiduque Francisco Fernando, proyecta un golpe militar. Redl es coaccionado, conocida su encubierta ambigüedad: (Von Roden) "No es agradable repetir esta pregunta. Pero Marshall Korad me ha preguntado si eres homosexual, y me parece que incluso el heredero al trono lo pregunta. ¿Qué dices? (Redl no contesta) Ya están maquinando contra ti. A mí no se atreven a tocarme, pero empiezan contigo, porque saben que te respaldo. Así es el miedo que te rodea. Toma nota. Creo que haces enemigos con facilidad. Evítalo. Por mí, también... (Katalin Kubinyi a Redl) "Vayámonos a América, acabarán los rumores. ¿Nos fugamos? (Redl, sin prestar atención) Quizá debamos atacar los Balcanes. El Emperador quiere la paz. La guerra pejudicaría a la monarquía. El heredero trama contra él y finge no verlo. cuando el Emperador muera la Monarquía se desintegrará (Ambos pasean por un viejo teatro romano) (Katalin) Mira lo que queda de un Imperio Centenario. (Trata de besarlo. Redl la rechaza) ¡Basta!... (Katalin) Este traje de civil que vistes es tu mayor mentira... ¡Sí!...

Caída de Alfred Redl. Cebo la trampa carnal del joven espía homosexual Alfredo Velocchio: "Lo más importante para mí, Redl, es que me quieras, que me protejas. Dices que habrá guerra, pero también sabes que la perderéis. (Redl, irónico) Debería hacerme con el poder. Hay muchos oficiales que piensan como yo. ¿Debemos apoyar al Emperador viejo y quizá moribundo? Habrá que impedir la guerra. ¿O quizás una bala sería la solución? (Redl empuña un revolver contra Velocchio) ¿Quién te envía?... ¿Cómo?... ¿Quién te ha enviado? (Le apunta al rostro) ¿Los italianos? ¿Los rusos? ¿Los franceses? ¿Los ingleses?... (Velocchio) No lo sé. Me dan 12.000 Coronas... ¿Por qué?... Por saber de ti secretos militares... (Redl, sonriendo y sabiéndose traicionado por el Archiduque) Les interesan los planes para atacar Rusia. ¡Ja ja! ¡Fin! (Sarcástico) El código de la guerra con Rusia es "R". ¡Sí "R"! En el frente norte hay 738 batallones. 377 escuadrones. 379 baterías con 2.22o obuses. 60 compañías de zapadores. 6 de cliclistas. 1234 ametralladoras. ¿Entendido? En las fortalezas de Lemberg, Cracovia y Przemysl, 22 batallones, 7 escuadrones de caballería. 1 batería con 6 obuses. 83 regimientos de artillería... Y ahora desaparece de mi vista... (Más tarde, Redl pregunta a Katalin) "¿Quién te pidió que me presentaras a Velocchio?... El me lo pidió... ¡Mientes!... No sé, nombró a Kristóf... ¿Por qué no me arrestan ya? ¿A qué esperan? Necesitan a un ruteno...

Detención y suicidio de Redl: (La Oficiliadad Militar) "Debemos hablar con usted. Tenemos que arrestarle. (Aparece Von Ruden y le abofetea) Comparecerá ante un consejo de guerra por dar secretos militares. Decidirán su suerte en una audiencia pública. Es una provocación. Para nosotros, desde su primera guarnición, ha sido un traidor. (Von Kristóf) El Heredero me ha elegido por nuestra vieja amistad y por la relación con mi hermana Katalin. Casi eres de la familia. Me ha pedido que te transmita este mensaje. Si colaboras y admites los cargos, serán indulgentes. Si no te condenarán por alta traición... (Redl observando a Kristóf) ¡Traición, ahora es la virtud nacional!... (Von Kristóf) Siento que tengamos que vernos así. Si te sirve de consuelo, muchos saben, y yo también, que no ha habido oficial más digno de confianza que tú... Lo sé todo. ¿Te extraña que me odien? Lo sé todo. Todo sobre ellos. Puedo destruirlos cuando quiera... (El Heredero al trono se interesa por Redl frente a sus oficiales) ¿Cómo van los preparativos?... No colaborará. Yo lo haría fusilar. Los periodistas pueden considerarlo un accidente. Lo atropellaron o cayó de una ventana. Y luego un entierro militar... No sé que es mejor para la Monarquía. Sólo eso importa... (Un revolver Browning será puesto a disposición de Redl)

Documentos secretos sobre Alfred Redl: "Ambicioso, preocupado por su bienestar. Le gusta parecer aristócrata. Admira el poder y destaca su gratitud hacia los Habsburgo. No mantiene relaciones con su madre y hermanas de Lemberg. Es pretencioso, insincero..."



28 de junio de 1914: "El Archiduque Francisco Fernando, sobrino del Emperador Francisco José I de Austria y Heredero al trono Austro-Húngaro, es asesinado en Sarajevo (Bosnia, región de los Balcanes) por el activista serbo-bosnio, Gavrilo Princip, miembro de la organización nacionalista serbia "La mano negra". Este magnicidio, tras desencadenar una fatal serie de acontecimientos, desembocaría en el estallido de la I Guerra Mundial 1914-1918.



Klaus Maria Brandauer: nacido Klaus Georg Steng, el 22 de junio de 1944 en Bad Aussee, Austria. Interviene en la televisión austriaca, pero su lanzamiento definitivo al estrellato le llega de manos de István Szabó con "Mephisto", 1981, ganadora del Oscar al Mejor Film Extranjero. Szabó volvería a contar con él para completar una extraordinaria trilogía: "Oberst Redl", 1985, y "Hanussen", 1988. Una corta carrera internacional le sitúan en dos films de habla inglesa: "Out of Africa", 1985, por cuya interpretación consigue el Golden Globe, y "The Russia house", 1990.

Tras dirigir su primera película en 1989, "George Elser", aparece como secundario en varios films de escaso relieve. Vuelve a TV en ese mismo año, esta vez en el canal francés TF1, para interpretar el papel de George Danton, en una gran producción que celebra el bicentenario de la Revolución Francesa.

Actor de una fotogenia ruda, provocativa y carnal. Parece mantener en todo momento un difícil equilibrio, a través de esa complicada maquinaria artística, que pueda otorgar un sello especial a su arte interpretativo como delimitar al sujeto dramático, que se inserta en él, en una mera expresión receptiva del apasionamiento que aportar pueda la inquietud creadora del director de la obra. Quizás por ello mismo, las tres mejores interpretaciones de Brandauer se inserten en los penetrantes estudios psicológicos que le concediera István Szabó a través de su renombrada triología, ya citada, y que componen un magnífico análisis del turbio medio social en que se desarrollan; feroz universo que parece fascinar tanto al director como al actor, y de las cuales, en especial "Mephisto" y "Oberst Redl", expuestas con un violento naturalismo expresionista, sería imposible disociar la enorme y estremecedora fuerza con que Klaus Maria Brandauer compone sus incisivas y más memorables interpretaciones.










Jan Miklas
: Kristóf Von Kubinyi-Armin Mueller-Stahl: Archiduque Francisco Fernando



Basada en una obra teatral de John Osborne, "A patriot for me", 1965, que, a su vez, se inspira en "The colonel Alfred Redl biography", Szabó estructura su película sobre la evolución minuciosamente examinada de la psicología, no tan sólo del personaje que da título al film, sino de los personajes claves que conformaron el universo vivencial de Redl y de sus mutuas relaciones. La sordidez del medio, la gradual transformación de los caracteres, el personaje convertido no en un monstruo de perversión, sino en el producto y víctima de una militarista sociedad corrompida, entre incisivas anotaciones críticas sobre el Imperio Austro-Húngaro, componen un impresionante retablo sobre la degradación militar, la pasión por el poder, el ritual de los uniformes, y un exhaustiva y virulenta crítica sobre la necromanía social que preludian los estallidos de las guerras, favorecidas por militaristas aberraciones patológicas. La famosa "Marcha Radetzky" de Johann Strauss arranca a la imagen y a su "trenzado amenazante" de controvertidas transiciones o evoluciones coreográficas, derroteros gráficos que se insertarán especialmente en los valores perpetuos con que el ejército ha refrendado a lo largo de los siglos la subjetividad de sus perspectivas históricas. Brote sonoro convincente que abrirá su gran puerta a esta magnífica pirueta barrocamente naturalista, salpicada por una narración visual inolvidable.

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miércoles 23 de septiembre de 2009

Toys in the attic (Juguetes en el ático)

Lillian Hellman es sinónimo de una dramaturgia de "realismo negro", poblado por una clase social que jamás dejó de creer en sí misma. Las apariencias, a través del juego social propuesto por su obra, parecen arrancadas de la mascarada corrosiva que, con cierto ritmo de ballet frenético, dominan el drama con implacable fatalismo. Un fatalismo que impone al mismo tiempo esa otra cara del espejo que es la de su "escombro social", incapacitado para tender cualquier puente a la felicidad. Amargas confidencias, agresividades desesperadas, espejismos inalcanzables, turbios laberintos pasionales, personajes que raramente sobreviven a su envilecimiento, y una innegable riqueza expresiva de "trágica cotidianeidad" que recorren pesimistas armazones en los que prevalecerá siempre el realismo más perturbador sobre lo poético y lo romántico. Protagonistas de un mundo inquietante que parecen confinados, a través de la mala voluntad, del odio, del deseo y del resentimiento, a la aplastante inflexibilidad con que ese mismo mal pretende trazar (engañosa fantasía inventada por el hombre) su perfil trágico sobre el ser humano. La dramaturgia de Lillian Hellman masculla una especie de argot canalla con que la sociedad, sin desdeñar, como ya se dijo, su preponderante confianza en sí misma, juega, no obstante, a proscribirse y deformar su propio yo, formando un retablo habitado por un naturalista, bien que axiomático, determinismo pesimista, entre cuyos tintes sombríos, siempre ocultos, se revuelcan las corrientes del destino. Y bajo cuyos rarefactos cielos, hombres y mujeres queman inútilmente sus vidas entre los detonantes sistemáticos de sus irreversibles, inextricables, y muchas veces escabrosas tragedias cotidianas. Esas atmósferas densas y cargadas nos encaminarán irremediablemente a finales fatídicos, incluso anatematizados por problemas sexuales y conflictos morbosos, donde, por fortuna, el drama reacciona contra su casi siempre maltratada retórica caricaturesca, pues la detección sutil de Hellman jamás se cimenta sobre un didactismo incómodo ni predeterminado por una moralidad desprovista de complejidad. Una complejidad que en Hellman siempre responde a criterios intelectualmente más adultos, y cuya franqueza erótica es mucho mayor, empezando por ello a interesar a sectores de público relativamente amplios. Sus personajes nunca se convertirán así en monigotes alcanforados por la moralina. Los valores conformistas huelgan en las obras de Hellman. Es la suya una constante profecía pesimista, heterogénea, capaz de ceder a las tentaciones; enjauladas en los llamados "rediles del montón". Todo en ella sugiere un periplo incómodo del drama. En materia sexual es siempre severa y ambigua. Explora el american way of life y lo vapulea como una descomunal turbina que sustituye a los personajes vivientes de un país que siempre había aprendido a sugerir por símbolos, esta vez sí, valiéndose de una acentuada transformación, por otros seres no menos populistas, pero un tanto didácticos; fetichistas de las más ocultas pasiones, y que por fin se atreven a abordar cualquier tema tabú. Una observación perfecta desde el más esplendoroso plano cultural de "lo racional, que se mima y mitifica como un elemento precioso en el hombre, sin obstaculizar su camino hacia lo un tanto irracional" Y así Lillian Hellman estampa su firma como potente genio de la creación dramática, y hace de su inimitable modelo realista "A plot revolving around the problem of evil".





La Gran Pantalla


Las resonancias melodramáticas, como una vez confesó el gran Luchino Visconti, se pueden aliar fácilmente al romanticismo exasperado y literario. Toda obra, por tanto, a la que se trate de aplicar el afán polémico que promueve cualquier investigación, por muy nimia que sea, de una realidad humana y captar la complejidad que se oculta tras todo sentimiento, tiene algo de melodrama. Y así repetía Visconti: "Aunque muchas veces me lo hayan reprochado, para mí significa más un elogio que un reproche" Queda en pie, no obstante, esa búsqueda de una renovación constante que pretende pulsar un amplísimo registro que va desde el examen más crítico de las emociones al realismo no menos crítico aplicado a la investigación pasional sin ninguna concesión. Análisis implacable que puede convertir al ser humano que, finalmente, accede a esa experiencia límite de autoexaminarse, en víctima del vértigo ante un precipicio cuyo fondo nadie puede adivinar. Y cuando la dramaturgia consigue alcanzar su nuevo destino, lejos de los escenarios, y se impone al paladar cinematográfico, el Séptimo Arte, como producto de gran consumo y sobre el que pesa como un "beneficio" la importancia de su vastedad, acabará beneficiándose de lo que se llamó "un nuevo nacimiento con voluntad de subversión". Subversión en la moral, en el sexo, en la estética, y hasta en la política. La aparición de este cine, de estas películas que se quieren tan libres de los condicionamientos, se pasea, a modo general, por el frondoso bosque de una libertad "a nivel de autor" (emancipada subordinación de la obra escrita sobre papel) y que ya no se resistirá a lanzar su demoledora explosión en pro de ese nuevo análisis crítico-dramático que conlleva esa "suberversión alimentadora de las neurosis" de tantos grandes creadores, antes condenados a vivir en reducidos ghettos culturales, como el teatro, o a ser consumido por cuantas minorías lectoras fueron capaces también de ser pacientes "lectores neuróticos" vinculados al firme compromiso social que siempre significara la gran Literatura.









"Herir a personas inoce
ntes a las que conocí hace muchos años a fin de salvar mi propia vida, lo considero inhumano, indecente y deshonroso. No zahiero mi conciencia y no lo haré jamás, ni adecuaré mi discernimiento a las oscuras imposiciones de estos años. Y mucho menos teniendo en cuenta que hace ya mucho tiempo que llegué a la conclusión de que jamás me consideré una persona involucrada en política y que nunca lograría sentirme cómoda en grupo político alguno" (Declaración de Lillian Helman frente al American Activities Committee en 1950, donde se le exigiría que procediese a denunciar a sus probables compañeros y amigos vinculados al Partido Comunista).

Lillian Florence Hellman había nacido en New Orleans el 20 de junio de 1905. Según cuenta ella misma, la mitad de su vida transcurrió en la casa de huéspedes regentadas por sus tías en dicha ciudad, la otra mitad en New York. Inmersa, ya desde la infancia, en un mundo de hipocresías sociales (el patente desprecio por parte de su un tanto acomodada familia materna hacia su padre, un artesanal zapatero judío, oriundo de Alemania), llegó a detestar a lo largo de su existencia "cuantos delirios de grandeza" ofrendaran su absurdo culto y "maníaca idolatría" a las dominantes apariencias familiares pretendidamente más pudientes. Lillian se mostró siempre inflexible ante un evidente desprecio por la familia de su madre. Y en los manifiestos más iracundos de sus obras, una vez alcanzado ya gran renombre en la dramaturgia, se encaminaría empecinadamente a la búsqueda de una expresión crítica capaz de desbrozar las máximas perversas, inflexibles que despliega desde el tono más bajo al tono más alto la degradación moral y cruel que promueve el ansia de dinero. Lillian Hellman nunca olvidó su papel. Había nacido en el seno de una familia en cierto modo condicionada por los intereses de la opulencia; nutridas, además de por una total carencia de ética, por un orgullo intratable, y afiebradas por el veneno de la ambición y de la envidia, abuso e hipocresía que luego trasladaría a sus personajes teatrales. "Siempre consideré con fría objetividad los llamados silencios distinguidos de la buena sociedad. Toda esa agreste aridez encubierta del gran mundo elegante, enriquecido Dios sabe cómo, consistía tan sólo en una repugnante atrofia de las emociones humanas. Aquella abrumadora élite dominante, imperturbable, despreciativa, capaz de valerse de la maldad más encubierta a fin de larvarse en una inmoralidad absoluta sintetizada por el maleficio de la riqueza, era lo más parecido a un estado de coma" Incluso después del enorme éxito que alcanzaran sus obras teatrales, su espontánea y natural manera de ser fue portadora de una defensa a ultranza de los menos favorecidos, entre ellos la rama judía a la cual pertenecía su padre. Siempre se declaró como gran valedora de los derechos negados en EEUU a la raza negra. Fue miembro de "The League of American Writers", sirviendo en ella junto al escritor Dashiell Hammet (autor por excelencia de famosas novelas policíacas, que ya había colaborado en las colecciones literario-detectivescas "Black Mask", ex-detective él mismo, que había abandonado a su primera esposa y a sus dos hijas, autodestructivo y mujeriego, alcoholizado y pendenciero, con quien mantuvo una tormentosa relación sentimental durante 30 años, y a quien inspiraría su personaje de Nora Charles), y antes de que estallara la II Guerra Mundial sirvió en el movimiento "Keep America Out of War Committee" durante el período del pacto de no agresión Germano-Soviético de 1939 entre Hitler-Stalin, colaborando luego en la Liga Anti-Nazi.

Se mostró como eficaz cooperadora con la causa de la República Española, viajando a España como corresponsal y documentalista durante la Contienda Civil (de 1937 data su documental "The Spanish earth" en el que también participaron Orson Welles, John Dos Passos, Ernest Hemingway, y Archibald MacLeish). Durante el terrible clima de inestabilidad política creada por las persecuciones del senador McCarthy, frente a las cuales optó por mostrarse poco cautelosa, coadyuvó a pulverizar las fatídicas premisas de la famosa "Caza de brujas" con gran valor y desafío, siendo por ello, junto a Hammet, incluida en la no menos estatalmente acreditada "lista negra", prólogo apesadumbrador de la más corrosiva de las censuras políticas que había dejado en suspenso, escandalizando al mundo, el tradicionalista axioma consagrador de la tan traída y llevada libertad democrática norteamericana.

La originalidad expresiva de Lillian Hellman se desarrollaría desde su más temprana juventud, e irrumpiría huracanadamente como gran guionista cinematográfica. Se había casado con el comediógrafo y agente teatral Arthur Kober en New York. A través de él entró también en contacto con la vida intelectual de la gran metrópoli. Divorciada de Kober en 1932, había conocido a Dashiell Hammet el 25 de noviembre de 1930: "Nos habían presentado en un restaurante hollywoodense. Yo había sido contratada por Samuel Goldwyn, y Hammet acababa de publicar su mayor éxito novelístico "El halcón Maltés". Se presentó con una borrachera tremenda que arrastraba ya desde hacía 5 días, pese al éxito fulminante de su novela. Bebimos "salvajemente". Me atrajo de él su rebeldía, que no tenía nada que ver con aquellas generaciones de escritores díscolos y elegantes tan en boga durante la década de los 20. Era de aquella pasta de los que se hacen a sí mismos. Como otros escritores, Scott Fitzzgerald por ejemplo, Dashiell era también de los que malgastaban su sangre; prefería mantenerse ciego ante el futuro. Un futuro que resultaba imposible olfatear dado que el olor a alcohol impregnaba toda su existencia. Pese a ello, fue capaz de mantener sus compromisos políticos, afiliándose al Partido Comunista"

Las obras más famosas de Hellman fueron "The little foxes", implacable relato de ambición, odio, y criminales preocupaciones individualistas, siempre encarriladas hacia la corrupción funesta que acarrea el ansia de dinero, y perfectamente reflejadas en su vengativa e inexorable protagonista Regina Hubbard; "The children's hour" y "Toys in the attic", historias triangulares sobre los equívocos emocionales que, contempladas también en su sentido más individualista, proponen los más desoladores aislamientos de la condición humana, y siempre a través de una hipersensible obsesión por penetrar el significado de las emociones en que se ven inmersos hombres y mujeres, permitiendo la "inmoralidad de sus héroes". Esa mal llamada inmoralidad que suele instar al deseo de amar y ser amado, aun gimiendo por las licencias más inesperadas, y a través de cuya inquietud experimental Hellman es capaz de crear poéticas atmósferas insólitas e inquietantes impregnadas de confesiones lésbicas e incestuosas; y "Watch on the Rhine", un triste alegato conturbador de una sociedad norteamericana que fue capaz de contemplar con anquilosada, inicial indiferencia y pasividad la inicialmente gigantesca amenaza del Fascismo en Europa.

Célebres fueron sus libros autobiográficos "Pentimento" (gran parte del cual fue recreado en el film "Julia" por Fred Zinneman en 1977), "Una mujer inacabada" y "Tiempo de canallas" en los que la escritora evoca brillantemente las experiencias más excitantes de su existencia: su eclosión fulgurante como gran futura dramaturga y sus trascendentes vivencias como activista política. Joan Mellen, que escribió "Two invented lives: Hellman and Hammett", proclamó: "Lillian Hellman inventó su vida, y hasta el final de sus días ella misma dudó de cuanto había habido de cierto en su existencia". ¿Tendió Hellman una verdadera sombra sobre los acontecimientos más excepcionales de su vida? Tomemos un ejemplo: la escritora aseguró no saber nada sobre los "Juicios de Moscú" ("Moscow trials") en los que Stalin inició su famosa purga sobre el "Soviet Communist Party", por medio de la cual ingentes cantidades de sus miembros fueron literalmente liquidados. Si bien, Hellman había firmado peticiones ("Open Letter to American Liberals") a fin de "ponderar" los veredictos de culpabilidad perpetrados por la purga de Moscú y fomentar "no cooperaciones" con el "John Dewey's Committee" que había tratado de "desestalinizar" Norteamérica en una búsqueda infatigable por abrir una puerta a la verdad que, en realidad, encubriera los "Moscows trials". Lillian Hellman mantuvo también una férrea oposición a cualquier intento por parte de Estados Unidos a conceder asilo político al exiliado León Trotsky, que moriría asesinado el 20 de agosto en Coyoacán, México, donde fue acogido por Lorenzo Cárdenas, presidente del país, haciendo caso omiso a las presiones soviéticas lanzadas por la abyección que presidieran los conciliábulos depuradores de la política stalinista.

Como si del más atento de los exámenes se tratase, la novelista, crítica y ensayista Mary McCarthy, 1912-1989, aseguró en "The Dick Cavett Show" que: "... Cada palabra de las que Hellman ha escrito es falsa, incluyendo "y" (and) y "el" (the)". Lillian se pronunció airadamente, anteponiendo un pleito por calumnia a McCarthy, Dick Cavett y a PBS TV de 2.500.000 $. Esta famosa enemistad entre ambas escritoras se polarizó hacia una insultante obra teatral titulada "Imaginary friends" escrita por Nora Ephron. Mary McCarthy aplicó de nuevo su rencoroso escalpelo implacable hacia la sobresaliente personalidad de Hellman insistiendo en que no tenía duda alguna de que la dramaturga había ensombrecido algunos de los más importantes acontecimientos de su vida, y que fueron incluidos como demoledor estallido expositivo de verdades encubiertas en el libro de Joan Mellen. Cavett declaró: "Simpatizo mucho más con el pleito de Mary McCarthy que con el Lillian Hellman, pese a que ambas saldrán perdiendo del mismo" Norman Mailer, el gran novelista autor de "Un sueño americano", afamado ensayista y periodista, trató de contrarrestar la importancia extravagante de aquel pleito absurdo que despertaba el asombro de un crédulo público, siempre atento a conceder una importancia desmedida a la comezón que despierta el misterio o la patraña entre las viñetas que suelen acompañar la existencia de los famosos, publicando un celebrado y mediador artículo en The New York Times.

Lillian vuelve a Hammett recordando lo estéril de sus sacrificios, y aquella reputación perdida, en la que no pareció deslizarse jamás un tiempo para el amor. Dashiell, que jamás persigue recuerdos, sigue sumido en sus abismos alcohólicos, de profundidad infinita y autodestructiva. Y Lillian le acompaña en esta última etapa de una existencia, en la que el escritor, aquejado de un cáncer del pulmón, jamás protesta ni renuncia a su excentricidad y acepta los pormenores de su enfermedad sin sufrir el menor remordimiento, aceptándola como una última provocación al embrutecimiento extravagante que ha presidido su existencia y que, finalmente, ha de conducirle a la muerte. Fallece el 10 de enero de 1961 en el Lenox Hill Hospital de New York.

Durante la entrega de los Oscars de 1976, Lillian Hellman fue ovacionada por un público enfebrecido que refrendaba con sus aplausos las grandes verdades fundamentales que habían hallado en esta gran luchadora liberal su máxima representación. Fallecería de un ataque cardíaco en Martha's Vineyard el 30 de junio de 1984 a la edad de 79 años. Su litigio con Mary McCarthy no había terminado, cerniéndose sobre ambas con aire lúgubre. Su residencia de Boston, donde la famosa dramaturga había vivido sus últimos años, así como sus bienes, fueron confiscados de inmediato por sus albaceas.













Tres hermanos: Julian, Anna y Carrie Berniers. Un mundo, una esencia, un aire cerrado que guarda una calidez que, aunque revestida por la castidad, añora, flameando en lo oculto, ciertas acometidas de abyecto sensualismo. Y un tiempo que ha huido, cuando sobre él se inclinaba una caricia densa y desgraciada, la de Carrie. Una palpitación que parecía esparcirse, trémula y poseída, delirante y glorificadora, devotamente crispada sobre la figura del hermano. Y a su regreso, inesperado, ya todo volverá irreparablemente a ser como antes, como siempre. Había ido él perdiéndose por los excitantes caminos del amor. Y alejándose del pensamiento celoso de Carrie. Si ella hubiera podido hablar con su voz mórbida, con las formas íntimas de su cuerpo de mujer, él habría observado que ella siempre le observaba con ojos voraces, de atónita ansiedad, complaciéndose en su solitario deseo de él. Y que le miraba con rencor, aun amándole, por pertenecer a otra mujer: Lily Prine.

Para alegría de Carrie y recelo de Anna torna a prorrumpir en la casa la algazara entusiástica de Julian. Aquella casa que aún recoge el dulce ahogo de su efluvio masculino: todo vuelve a impregnarse de sus voces, de sus risas, de un optimismo ahora sospechoso. La casa silenciosa, recogida en la monotonía solitaria, insufrible, que preside la existencia invariable de ambas hermanas, adquiere otra vez una perdida transparencia. Son las manos, las mejillas, las ropas, el aleteo feliz del hermano que absuelve las reticencias calurosas y odiadas del verano de New Orleans, condenando la soledad doméstica con sus burlas pueriles y festivas; extendiendo sobre ambas mujeres sonrisas añoradas y retoñados aires adolescentes; cualificando con su nueva presencia, ahora enseñoreada y alimentada por un incomprensible misterio de hombre adinerado, la gratitud que debe a ambas.

Pero escondidas entre las ocultas mieles del éxito crematístico que propala felizmente Julian, se amasan sombras que evidencian un dolor: los celos de Lily. Otra mujer parece rasgar la seda del silencio y hacia la cual parece verse ahora empujada la voluntad recóndita de Julian, que expresa nuevas inquietudes y trastornos en sus emociones. Una clara interrogación asoma en los ojos de Lily. No se resigna. Asiste agónica a los conceptos de fidelidad que Julian expone tratando de serenarla. Tras la sospecha, el peligro. Y aun pretendiendo ocultarlo, se siente su desvío. Acaso mereciera disculpa en el celo amoroso de las hermanas, mas no en el de la esposa. Averiguado el secreto de Julian por Carrie, el miedo se asoma en el espejo condescendiente y dormido de Anna. Fue su circunspección antigua la que jamás se revolvió tampoco contra el negro espejo de Carrie, consintiéndolo todo.

Lily no entenderá ni atenderá las promesas de Julian. En su mente se aglutinan las sensuales memorias del pasado. Ahora le aterroriza la encubierta cordialidad que se recorta en el fondo misterioso, secreto, de las citas que él mantiene con una mujer desconocida. Los ojos ávidos de Carrie no se apartan de su cuñada. Y movida por su celoso furor, envuelve la inocencia de Lily en la impaciencia insaciable de un posible abandono por parte de Julian. No ha sido ella, ni Carrie ni Anna, quienes se lo arrebatan. ¡La otra mujer, la otra mujer señala el reloj de la huida, y Lily habrá de convertirse en su víctima propiciatoria! Hay una intención recóndita en las palabras de Carrie. Una última esperanza, un último aliento por recuperar al hermano perdido. Los razonamientos de Julian, anunciadores de una fantasía misteriosa, culminan en la rencorosa indiscreción de Carrie, en el infantilismo de Lily, en el olfato ruin de un nuevo personaje, Cyrus Warkins, ambicioso, un mal perdedor. Asistiremos al drama final, al secreto desvelado, último fragmento de los celos de Carrie, de la puerilidad de Lily, de los temores fundados de Anna. Descubiertos como torpes intérpretes de un misterioso chantaje, Charlotte Warkins, la mujer en la sombra, y Julian Berniers caen como juguetes impelidos hacia la tragedia. Será Carrie quien finalmente disloque su contento y subraye con sus palabras cuán perversa fue la necedad de sus medios por recuperar a Julian. Y tras sus fallidas intenciones, penetrando ya en su existencia como una definitiva sombra de encierro, por la que asomaron y huyeron sus hermanos doloridos, pese a su ruego contrito de que volviesen sus miradas hacia el arrepentimiento, será el silencio, la soledad total, dormitando en los rincones el postrer cortinaje penitenciario que se descorrerá ante Carrie, mirándola, la que habrá de custodiarla ya en su culpable intimidad.


Herencia temática y plástica de Lillian Hellman

(Carrie a su hermana Anna, tras descubrir, por una conversación en el porche de su casa en boca de Albertine Prime, madre de Lily, la trama de la extorsión que su hermano Julian y Charlotte Warkins han perpetrado contra el marido de esta última) : "Julian vuelve a casa con un misterio y aún no ha hablado a solas conmigo. ¡Pero yo quiero hablar contigo ahora! (Anna) Siempre me has hablado en ese tono. (Carrie, riendo) Por eso estás siempre tan preocupada, y te vienen los dolores de cabeza. Lo sabes bien. Julian trata a Lily, su mujer, como a una niña. Nunca nos trató así a nosotras. (Anna, irónica) Nunca se casó con nosotras. (Carrie, despreciativa) Nadie quiere a una niña por esposa. (Anna) No me digas lo que piensas del matrimonio. Yo no sé nada de eso. (Carrie) ¿Qué estás haciendo? (Anna) Lavando y planchando. (Carrie) ¿Por qué? (Anna) Europa. Es lo que Julian desea. Él nos regaló los pasajes. (Carrie, escéptica) ¿Dios sabe lo que habrá hecho? ¿No te preocupa? (Anna) Creo que deberíamos ir a Europa. Es lo que él desea. (Carrie) ¿Y qué va a pasar cuando no estemos aquí? Warkins es un hombre peligroso. Julian será un pelele en sus manos. Y el dinero de Julian tiene que ver con la mujer de Warkins... (Anna, haciendo caso omiso de los temores de Carrie) Julian tuvo un romance con Charlotte Warkins hace diez años... (Carrie, asombrada y aterrorizada a un tiempo) ¿Y cómo sabes tú una cosa así? ¿Cómo lo sabes?... (Anna observándola fríamente) Me lo contó él. (Carrie estalla) ¡No te creo! ¡Embustera!... (Anna) No grites... (Carrie da rienda suelta a su encubierto desprecio por Anna) Siempre te inventas cosas. ¡No es verdad! Nunca sucedió. Julian era un muchacho inocente. Y me lo hubiera contado a mí, no a ti. Y ahora es como todos los hombres. Después de tantos años, mimos y cuidados, llamando a la puerta de una insensata como Albertine Prime que trae aquí a su chófer negro. Supongo que pagó a Julian para que se casara con su hija. ¿Y el pago de tu operación justo antes de la boda? ¡Julian no conseguiría el dinero pescando cangrejos! (Anna) No hables así de Julian. (Carrie, cada vez más encendida) ¡Vamos a preguntárselo! Vayamos a preguntárselo a tu niño favorito, por el que me hiciste trabajar, perder mi juventud. Decías que cuando se ama no se teme a la verdad. Sube a su habitación y díselo. (Anna, decidida a esclarecer los sentimientos ocultos de Carrie) Muy bien, pero te lo diré a ti. ¿No sabes lo que está pasando? Siempre quisiste acostarte con él; siempre lo has querido. Hace años tenía miedo de que lo intentases. Y te vigilaba... (Carrie atónita y despechada) Nunca has dicho esas palabras. Dime que no he oído nunca esas palabras. ¡Dímelo, Anna! Eres lo único que he tenido... ¡Ahora ya no te quiero! (Anna entristecida) Eso es pueril... Tú le deseas y eso se nota. Él no se ha enterado. Pero algún día se dará cuenta,... como una noche... hace años, que desperté y vi lo que siempre había visto en ti. A él le pasará lo mismo... (Carrie humillada ante su verdad) Te dije que ya no te quería. Ahora te digo que te odio... Tengo que encontrar la manera de vivir sin él. (Anna, sin mirar a su hermana) No creo que puedas..."


(Anna se dispone a viajar a Europa, dispuesta a aceptar el regalo de su hermano Julian, aun sabiendo que su hermana Carrie jamás se decidirá a acompañarla. En su fuero interno, Anna desea de igual forma abandonar definitivamente a Carrie): "(Anna) He dejado tu pasaje dentro del sobre. Despídeme de Julian. (Carrie, fingiéndose asombrada) ¿De qué estás hablando? (Anna, contundente) Me voy a Europa mañana. Pasaré la noche en un hotel. Ya mandaré por el equipaje. (Carrie, sarcástica) Te sentirás sola. (Anna) Siempre lo he estado. (Carrie, utilizando el mismo tono irónico) Será ridículo. Una mujer madura intentando pasárselo bien. (Irritándose ahora ante la actitud desdeñosa de su hermana) Te estás dando importancia. Julian se disgustara mucho cuando sepa que algo no va bien entre nosotras. Encontraremos una manera de convivir. (Anna) ¡No!... (Carrie) Siempre me has necesitado. Todo el mundo creía que tú eras la fuerte. (Anna, enfrentándose a su hermana) Y tú la débil, la delicada. Era como tú querías que lo viesen. Yo lo sabía, pero te quería y no me importaba. Teníamos algo en común y preferíamos callarnos porque teníamos un hermano que podía necesitarnos. Pero nuestro hermano ya no nos necesita. Y todo se viene abajo. (Aparece Lily) Mrs. Anna ¿se marcha? (Anna) Sí, Lily. Me voy. (La besa) Adiós. (Lily) Lo siento. ¿Por qué no se viene con nosotros? (Anna) No debería gustarte. Y yo no voy a New York. (Lily, insistiendo infantilmente) Pero... he hecho que todo vaya bien ¿no? (Carrie interviene asustada) Lily, Julian se enfadará si no haces las maletas. (Anna, preocupada, sospechando algo turbio) ¿Qué quieres decir? ¿Qué has hecho, Lily? (Lily, inocentemente) He pedido una cosa a Mrs. Warkins. (Anna, aterrorizada) ¿Qué le has dicho? ¿Por qué?... (Lily, que empieza a alarmarse) He hablado con Mr. Warkins por teléfono para que su mujer me deje a Julian por un año más. (Anna observa de hito en hito a Carrie, horrorizada, intuyendo que ha incitado a Lily a cometer esa locura, poniendo en peligro la seguridad de Julian y de Charlotte Warkins) ¿Le has dicho dónde estaban? (Lily, sin comprender el alcance de su acción) Sí, fue muy amable. Me dijo que... (Anna insistiendo espantada) ¿Lo has dicho? (Lily) En el café del muelle número 6 ¿No es así? (Observando a Carrie) (Anna) ¡¡Dios mío!!...




(Descubierta la fuente informadora, Charlotte Warkins y a su cómplice Julian Berniers, provocadores de la extorsión a que se ha visto sometido el innoble tycoon Cyrus Warkins, tras la ingenua llamada telefónica de Lily Prine alentada por los celos intrigantes de Carrie, los sicarios de Mr. Warkins perpetran un terrible atentado contra Julien y Charlotte en los muelles de New Orleans, corroborando los funestos temores de una terrible represalia ya vislumbrada en el arrebato horrorizado de Anna): "(Julian, malherido y deshecho, refiriéndose a Charlotte Warkins) Anna ¿no has visto lo que le han hecho? ¡Le han cortado la cara! ¡La han desfigurado! Yo sólo quería ayudarla a escapar de su marido. Y eso es lo que queda del dinero. Se han burlado de mí, Julian Berniers, con 150.000 $ en su bolsillo. Me lo han quitado todo, papeles, recibos, todo... Charlotte me dijo todo lo que debía hacer. ¡Un niño lo hubiese podido hacer, un niño! Pero ¿quién se lo dijo? ¿Quién se lo dijo? (Lily, angustiada y arrepentida, y no menos espantada por el terrible suceso del cual ha sido la causante inocente, sale huyendo. Anna va tras ella, mientras Carrie se aplica en ayudar a Julian, disimulando con hipócrita pesadumbre, su satisfacción interna tras el éxito de la trama que urdiera malintencionadamente) (Lily, sollozando) ¡Yo no lo sabía,... no lo sabía! (Anna) Lily, ¿vas a escucharme? ¿Le quieres? (Lily) ¡Sí!... (Anna, en su afán de apartar a Carrie de Julian, y frustrar la encubierta pasión incestuosa por él) Escucha, entra ahí. Ve a su lado y cállate. ¿Eres capaz de no lastimarle diciéndole la verdad? ¿Le quieres lo suficiente para estar a su lado? ¿Puedes hacerlo? ¡Entonces, hazlo! (Lily vuelve al lado de Julian, junto a Anna. La mirada de Carrie cobra un matiz maligno) (Julian) Lo siento, nenita. Ya no nos vamos a New York. No tenemos dinero. (Carrie a Lily, poniendo en juego de nuevo su astucia) Estará bien. Ya lo verás. No es culpa tuya. No había forma de que tú lo supieras. (Anna, encolerizada, descubriendo el sucio ardid de que se vale Carrie para que Julian descubra que fue Lily quien los delató) ¡¡Carrie, basta!!... (Julian, sorprendido) ¿De qué estás hablando? (Carrie, arteramente) No quiero que Lily se sienta culpable. Las cosas suceden y no se debe culpar a nadie. Olvidemos todo esto, vayamos a casa y te cuidaremos. (Lily se confiesa llorosa) ¡Fui yo, Julian, fui yo! (Julian, horrorizado) ¿Fuiste tú? (Lily) Llamé a Mr. Warkins y se lo dije. (Julian, cada vez más enfurecido, ante la mirada reprobadora de Anna y el contento disimulado de Carrie) ¿Tú lo llamaste? (Lily desplegando su total ingenuidad) Me dijo que hablaría con su mujer y le pediría un año más para que yo pudiera tenerte. Nunca pensé... (Julian) ¡Nunca pensaste! ¿No podías confiar en ? ¡Dios mío! ¿Viste su cara? ¿Viste su cara cortada? ¿Viste a esa pobre mujer que nos estaba ayudando? (Julian, exacerbado, golpea a Lily) ¡¡Fuera de aquí!! ¡Fuera de mi vista! ¡Fuera!... Llévame a casa, Carrie. Llévame a casa...



(Un taxi se detiene frente al hogar de los Berniers; bajan de él un destrozado Julian, una solícita Carrie, y una avergonzada Anna): "(Julian desmoralizado) La casa de los Berniers. Habrá una historia que contar sobre ellos. (Carrie, obviando la dramática situación) Todo se arreglará, ya verás. Voy a prepararte un baño caliente, hielo para que los morados no te duelan, y prepararé tu cama con sábanas limpias. Te haré una deliciosa sopa. Siempre te gustaba la sopa cuando te sentías mal. Con carne y pasta. Mañana llevaré tu ropa a la tintorería. (Palmoteando) Devolveremos todos los regalos que nos trajiste y así tendremos menos deudas. ¡Hay tanto que hacer! Pero lo haremos. Hay rachas de mala suerte y de buena. Eso es todo. (Julian mira a Carrie sin poder dar crédito a sus absurdos proyectos) ¿Qué has dicho? (Anna observa a ambos sumida en un retraimiento expectante. Carrie sonríe y repite) Que hay mala suerte y buena. (Julian, incómodo) Dilo de la forma que lo dijiste antes. (Carrie, desentendiéndose) No sé cómo lo hice. ¿Por qué no vas a darte un baño? (Julian sigue desconcertado ante la alegría de Carrie y la observa como interrogándola) ¿Por qué me hablas como si hubiese hecho algo bueno? ¿Por qué diablos sonríes? ¿Te gusto así? ¡No hay dinero, se ha esfumado: la nevera nueva, el piano...! (Julian, cada vez más atónito, observa ahora la mirada escrutadora que le lanza su hermana Anna. Carrie vuelve a sonreir) ¡Sólo eran cosas! Tenemos algo de más valor. Nosotras no queríamos ir a Europa. ¿No es verdad Anna. (Anna lanza una mirada admonitoria a Carrie, y aguarda una nueva reacción de desconcierto por parte de Julian) (Carrie) ¡Ya iremos algún día! Pero ahora hay demasiado que hacer. Deberíamos dar gracias a Dios de que no haya sucedido nada grave. Estamos juntos. Ya verás como todo se ha de solucionar de la mejor manera. (Julian, despectivo) ¿Para quién? (Carrie, con un constante deje de ironía y satisfacción en su voz) ¡Para todos! No quiero hablar de más, pero mi corazón sufre por ti. Lily no te convenía. Estaba enferma. Claro que teniendo una madre como la suya... He tenido una sensación que no sé cómo explicar. Pero sé que se ha acabado la mala racha, y que todo se arreglará. Ya verás. (Anna cruza una mirada terebrante con su hermano, a fin de que éste logre evidenciar claramente los motivos incestuosos que promueven el ensoberbecimiento gozoso y triunfal de que hace gala Carrie. Julian, ante la felicidad de Anna, comprende por fin. Luego se alza) Ya lo veo ahora. (Carrie) Vete arriba que te llevaré una bandeja de cosas (Pero observa aterrorizada que su hermano se dirige hacia la puerta del jardín que da a la calle) ¿Dónde vas? (Julian, displicente) A buscar a Lily (Vuelve su rostro hacia Anna, que sonríe) ¿No, Anna?... ¡Sí, Julian!... (Carrie se le enfrenta encrespada) ¡Te traicionó y volverá a hacerlo!... ¡La oí allá arriba..., al teléfono con Mr. Warkins (Vulnera Carrie su silencio, su intriga y su mentira) (Julian, leyendo en el verdadero interior de Carrie por primera vez) ¿Tú la oíste?... Sí, ya veo que sí (Julian va hacia Anna, despreciando los celosos reproches de Carrie) Me marcho, hermana mayor. ¿Me comprendes? (Anna, conteniendo un sollozo) Si, te comprendo... (Julian) ¿Llorando?... (Anna) Soy feliz. (Julian, ofreciéndole la cuenta de ahorro del Banco) La mitad de esto es tuyo. Todo está pagado. Utilízalo Hazlo por mí. (Anna, llorando esta vez) Ya lo había planeado. (Interviene Carrie, despechada, temblorosa, intentando detener a Julian) ¡No puedes irte, Julian! ¡Estás herido! Espera a que puedas tenerte en pie. (Julian desdeñando las cuitas incestuosas de su hermana) Puedo tenerme en pie. (Carrie, desesperada, le grita) ¿Vas a ir a quitársela a su madre? (Julian, revolviéndose) No te la ofreceré a ti. (Carrie se burla de él presa de un desengañado resentimiento) ¿Dónde vas a llegar sin nosotras? (Julian, saliendo al jardín) Llegaré hasta mi esposa, y seré el marido de una mujer que me necesita mucho más de lo que yo te necesito a ti. (Carrie adopta una actitud pretenciosa y lanza una carcajada dolorida) ¡Ja, ja, el gran hombre! ¿Cuánto crees que durará? ¡Muy bien! Vete a ver a tu loca esposa. (Persigue enfebrecida a Julian al otro lado de la verja del jardín, lanzando sus gemebundas amenazas, ya abatida por el dolor de perder definitivamente a su hermano) ¡Volverás arrastrándote, ya verás! Siempre lo has hecho. ¿Me oyes? Has sido un fracasado toda tu vida. ¿Por qué crees que va a ser distinto ahora. ¡Has sido un fracaso y lo serás siempre!... ¡¡Julian, Julian!! (Sollozo desgarrado de Carrie) ¡No te vayas, por favor! ¡¡No te vayas!! ¡¡Julian!! (Sale Anna, que ha contemplado la degradación de Carrie sin articular palabra) (Carrie se dirige a ella, observándola con mirada ingenua) Anna, se ha ido. Pero volverá, ¿verdad? ¡Volverá! (Anna se muestra fría, aunque interiormente se halle destrozada por el amargo e ignominioso final de Carrie) Adiós, Carrie... (Carrie le lanza una nueva mirada de asombradiza inocencia) Pero cuando él regrese querrá que estés aquí. Querrá que estemos juntas como siempre. (Risa que remeda un irónico sollozo por parte de Carrie) ¡Ja, ja, tú también volverás! No me engañas. Y él también volverá. Siempre ha vuelto. ¡Siempre! (Carrie penetra en la casa completamente desierta y se sitúa junto a la gran escalera que conduce a las habitaciones de arriba) Y cuando vuelva haremos ver que no ha pasado nada. Me cogerá en sus brazos y me dirá: Carrie, querida, (Se deja caer sobre los escalones sollozando dolorosamente) ¡lo siento! ¡¡Lo siento!!...


George Roy Hill Director

Prototípico cineasta engagé siempre a la búsqueda de un difícil equilibrio estilístico por medio del cual trató de vincular algunos de sus films a ciertos compromisos sociales con muchos de los problemas que han aquejado y siguen aquejando la existencia en cualquiera de las etapas cíclicas que sus películas muestran. No obstante, en cuantos esfuerzos lleva a cabo Roy Hill por mostrarnos muchos de los grandes problemas que gravitan sobre la humanidad, sus apasionamientos fílmicos no alcanzan jamás la meticulosidad o alarde productivo que aparecen reunidos en grado máximo en otros grandes cineastas de su generación. Alternando sucesivamente sus esfuerzos por penetrar en los más variadas dificultades existenciales y morales del hombre, recurre así a veces a fórmulas espectaculares, aunque con desigual fortuna.

Nacido el 2o de diciembre de 1921 en Minneapolis, Minnesota, estudió en "The Blake School", uno de sus colegios privados más prestigiosos. Gran entusiasta de la aeronáutica, su admiración cristaliza en una obsesiva exaltación por los conspicuos ases que contribuyeron con sus hazañas a imponer sus heroicidades en el aire durante la II Guerra Mundial. A la edad de 16 años obtuvo su título de piloto. La aviación permanecerá como una de sus protagonistas principales en su últimos films: "Slaughterhouse-five", "The world according to Grap" y "The great Waldo Pepper"

Gran entusiasta de Bach, estudia música en "Yale University" donde se gradúa en 1943. Sirvió en "The United States Marine Corps" durante la contienda Mundial. Debutó en 1948 como actor de "Gaiety Theatre" de Dublín en la producción de George Bernard Shaw "The devil disciple" De regreso a USA forma parte de la compañía "Off Broadway" en "Margaret Webster's Repertory". Conoce a Louise Horton con la que contrae matrimonio en 1951. Interviene en "Richard II" y "The Creditors" de August Strindberg. Tras aparecer como actor de reparto en el film "Walk East on Beacon", estalla la Guerra de Corea y es requerido como "night fighter pilot" con el rango de "major", prestando servicio durante 18 meses. Después de la desmovilización trabaja como guionista primero, accediendo luego a la dirección, en "Kraft Television Theatre". Consigue el premio Emmy por "A night to remember", historia basada en el hundimiento del Titanic que escribe y dirige. En 1957 dirige en Broadway "Period of adjustment" de Tennessee Williams.

Ya en Hollywood, experimentada esta evolución general hacia los grandes mitos teatrales norteamericanos, aborda en 1963 una "liberalizadora" adaptación de la obra "Toys in the attic" de la controvertida dramaturga Lillian Hellman que ya había sufrido serios encontronazos con la censura. "The world of Henry Orient", 1964, con Peter Sellers, la superproducción "Hawai" 1966, cuya filmación sufre tremendos retrasos dado el superlativo presupuesto de la misma: 14 millones de dólares, así como la amenaza por parte de los productores de reemplazar a Roy Hill por Arthur Hiller, "Thoroughly Modern Miller" y "Buth Cassidy an the Sundance Kid" con Paul Newman y Robert Redford , auténticos monstruos en aquel momento de la mitología de Hollywood (film premiado con cuatro premios de la Academia), ofrecen la crónica más prosaica y brillante de la filmografía de Roy Hill. En 1974 recibiría el Oscar como mejor director por "The Sting", de nuevo con Newman y Redford. Fallece el 27 de Diciembre de 2002 en New York.

Main cast
Actor Role
Dean Martin Julian Berniers
Geraldine Page Carrie Berniers
Yvette Mimieux Lily Prine Berniers
Gene Tierney Albertine Prime
Wendy Hiller Anna Berniers
Nan Martin Charlotte Warkins
Larry Gates Cyrus Warkins
Frank Silvera Henry Simpson


Geraldine Page: Uno de los mitos femeninos más indiscutibles de Hollywood, catapultada desde el habitat cultural del teatro hasta el más depurado de los lenguajes fílmicos ofrecidos por la cinematografía norteamericana. Sus meticulosos estudios de conductas y crisis de sentimientos, jamás necesitados de un atractivo sensual que en la Page suelen cristalizar en un discreto segundo plano, pulsan a través de su exuberante vitalidad uno de los más grandiosos, complejos y geniales registros interpretativos que se recuerdan en la célebre Meca del Cine. Actriz subyugante, estremecedora, su originalidad expresiva dotada siempre de un matiz intimista y sin las famosas estridencias impuestas por el afamado shocking, se revisten por lo general de lo que podría llamarse un "irónico criticismo en sordina", que lleva a cabo a través de un virtuoso dominio lingüístico, sensible e inteligente, que nos viene a recordar, muy eficazmente, el papel creativo con que el gran dominio del idioma (en este caso el inglés) puede llegar a iluminar y enriquecer (como ya sucediera en el teatro) las posibilidades expresivas del actor frente al marco opulento que la literatura concede también a esa otra creatividad lingüística que despunta a través de la cámara.

Nacida Geraldine Sue Page el 22 de noviembre de 1924 en Kirksville, Missouri. Se forma teatralmente en "The Goodman Theatre Dramatic School" de Chicago. Estudia interpretación en New York con Uta Hagen. Finalmente se convierte en una de las más excelsas alumnas del "Actor' s Studio" y trabaja incansablemente junto a Lee Strasberg, su gran promotor y director, cuyo famoso Manual del "Method Actor" se basaron en las enseñanzas de Stanislavski. Su inolvidable creación, a partir de 1952, en el "Off-Broadway" como Alma Winemiller en la obra de Tennessee Williams "Summer and Smoke", dirigida por José Quintero, convierten el debut de la Page, dramático estudio de un proceso de reeducación instintiva a través de las crispadas tensiones de una inicialmente reprimida sensualidad, en uno de los más rutilantes e inolvidables triunfos actorales en la cultura teatral norteamericana. Desde ese momento el nombre de Geraldine Page se convierte en sinónimo de auténtico shock, de angustiosa radiografía de la soledad, a la que la actriz impregna de un mágico naturalismo. Su prestigio se afianza y convertida en una de las máximas figuras teatrales de Broadway, estrena "The rainmaker", y cierra esta primera etapa teatral de su imparable carrera, para convertirse en uno de los más inspirados, inteligentes, sensibles y fascinantes mitos que enseñorearon la gran pantalla, interviniendo en "The inmmoralist", basado en el libro de André Gide, junto a Louis Jourdan. Crónica de una nueva frustración amorosa en la que una tímida esposa vive horrorizada el morboso conflicto pasional que genera en su marido una romántica obsesión por el joven árabe Bachir, papel magistralmente interpretado por un recién llegado y prácticamente desconocido James Dean (introvertido, impulsivo y malogrado símbolo de rebeldía de toda una generación), a cuya interpretación, pese a las excelentes críticas recibidas, renunciaría pocos días después de su estreno, para intervenir en el film "East of Eden" de Elia Kazan.

Reclamada por Hollywood, debuta en "Out of the Night", 1947. En su siguiente film, "Hondo", un western dirigido por John Farrow junto a John Wayne, Page recibe su primera nominación al premio de la Academia como "Best Supporting Actress". A lo largo de su carrera recibiría ocho nominaciones al Oscar, que conseguiría, finalmente, en "The trip to Bountiful", 1986, basada en la obra de Horton Foote. F. Murray Abraham, encargado de entregar el premio a la mejor actriz del año, exclamó, abriendo el famoso sobre "Award Winning": "Yo, personalmente, considero a esta maravillosa mujer como la más grande actriz de la Lengua Inglesa". Geraldine Page recibió una de las más aclamadas y extensas ovaciones, con todo el público puesto en pie, que se recuerdan en la entrega de Premios Oscar. Page demoró su subida al escenario, ya que, como en ningún momento esperaba convertirse en la ganadora del premio, se había visto obligada a descalzarse mientras se hallaba sentada entre el público. Sus pies se hallaban aquejados de llagas.

Casada con el violinista Alexander Schneider, 1954-1957, volvió a contraer matrimonio con el actor Rip Torn, siete años más joven que ella. Del fruto de esta unión nacerían tres hijos. Page permaneció unida a Torn hasta su muerte. Fallecería de infarto el 13 de junio de 1987, a la edad de 62 años, en New York, durante una gira en Broadway para interpretar la obra "Blithe Spirit" de Noel Coward. Rip Torn la llamó en español: "Mi corazón, mi alma, mi esposa", y añadió en inglés: "Never stopped being lovers, and... never will".

Los amantes del cine de todo el mundo se enriquecieron con la nobleza y grandiosidad artística de esta inolvidable actriz que fue Geraldine Page. De esa riqueza y diversidad interpretativa, siempre recompensada con nuestros mayores aplausos desde el silencio de las salas cinematográficas, destacan: "Hondo", 1953, "Summer and Smoke", 1961, "Sweet bird of youth", 1962, "Toys in the attic", 1963, "Dear heart", 1964, "The three sisters", 1966, "What ever happened to aunt Alice", y "Trilogy",1969, "The beguiled", 1971, "The day of the locust", 1975, "Interiors", 1978, "The trip to Bountiful", 1985.


Wendy Hiller: Una de las personalidades femeninas más sólidas del cine inglés, que acabaría encaminándose con pasos firmes hacia la cinematografía norteamericana. Durante su breve estancia en Hollywood, supo imponer su nombre, confirmar su talento, y hasta recibir el Premio de la Academia. Actriz refinada, sobria e inquietante, contemplada en su sentido más individualista, especialista en cuidadas adaptaciones teatrales, fue la suya una imagen, hoy poco recordada, casi ecléctica, que siempre supo hacer gala de un penetrante sentido de la observación psicológica, tan minucioso y concienzudo, como subyugante e íntimamente sentimental.


Dame Wendy Margaret Hiller, nacida el 15 de agosto de 1912 en Bramhall, Gran Bretaña. Empieza su carrera como actriz de repertorio en Manchester. Su primer éxito lo consigue en la obra teatral "Love on the Dole", 1934, de Ronald Gow, autor teatral con el que contraería matrimonio. En 1937 debuta en el cine con el film "Lancashire Luck" cuyo guión escribe Gow. La resonante interpretación de Wendy Hiller en la obra teatral de Ronald resultan gratas al huraño dramaturgo y "Premio Nobel" George Bernard Shaw. La fascinación de Hiller deslumbra a Shaw. Una nueva trayectoria teatral se abre ante ella. Su exuberante vitalidad, incorporándose como un nuevo patrimonio a la magistral dramaturgia de Bernard Shaw, ilumina la escena británica por medio de sus magistrales creaciones en "Saint Joan", "Pygmalion" y "Major Barbara". Hiller, capaz de resistirse al encasillamiento presente en el teatro inglés por medio de Shakespeare, postula sus siguientes interpretaciones decantándose por autores más modernos. Elige a Henrik Ibsen, y se aventura en magníficas adaptaciones teatrales de autores como Henry James y Thomas Hardy.

En 1947 recrea por primera vez en escena, dotándola de una enriquecedora fórmula expresiva, y que pasa a convertirse en uno de sus mayores triunfos en los escenarios norteamericanos, el papel de la tímida y acomplejada Catherine Sloper, adaptación teatral de la novela de Henry James "Washington Square", titulada "The Heiress". William Wyler la transformaría en un gran éxito cinematográfico en 1949, y su protagonista Olivia de Havilland conseguiría el Oscar de la Academia. En 1957 Wendy Hiller consigue el "Tony Award" a la mejor actriz dramática, interpretando a Josie Hogan en "A moon for the Misbegotten" de Eugene 0'Neill. Memorable fue sus aparición en BBC como Aase en "Peer Gynt", 1972. En el Old Vic se apunta resonantes triunfos como Gunhild en "John Gabriel Borkman", 1975, junto a los extraordinarios Ralph Richardson y Peggy Ashcroft. En 1977 interpreta para "Chichester Festival" y "Haymarket", 1978, "Waters of the moon" junto a Ingrid Bergman, y de nuevo en "Haymarket", 1984, "The Asperm papers" junto a Vanessa Redgrave.

Su carrera cinematográfica se vería afianzada por la versión fílmica de "Pygmalion", junto a Leslie Howard. Shaw había insistido una vez más en que la única Eliza Doolittle capaz de cobrar vida en la pantalla era, sin duda alguna, Wendy Hiller. Por dicha interpretación recibió su primera nominación al Oscar. Wendy fue asimismo la primera actriz capaz de proferir la palabra "bloody" ("sangriento") en un film inglés, cuando exclama: "Not bloody likely, I'm going in a taxi" ("Qué proposición tan sangrienta, prefiero ir en taxi"). En 1941 interviene en la versión cinematográfica de "Major Barbara" junto a Rex Harrison. Debido a su embarazo es reemplazada por Deborah Kerr en "The life and death of Colonel Blimp", 1943, dirigida por Powell and Pressburger. Aparece en "Outcast in the islands", 1952, de Carol Reed, "Sailor of the king", 1953, y como memorable víctima de la secta del "Mau Mau" en "Something of value", 1957.

Consigue el Oscar como Best Supporting Actress,1958, en "Separate Tables" junto a Burt Lancaster. Su tercera nominación le llegaría en 1966, interpretando a Lady Alice More al lado de un magistral Paul Scofield como Thomas More, en "A man for all seasons". En 1963 había conseguido una nominación al Golden Globe Award, recreando cinematográficamente su extraordinario personaje de solterona (papel que ya había interpretado en los escenarios londinenses) en "Toys in the attic".

En la década de 1970 a 1980 se suceden sus apariciones en BBC TV: fue una inolvidable Duquesa de York en "Richard II", una irascible y extraordinaria "Edwardian Oxford Academic" en "Miss Morrisson's ghost", 1981, y una imperturbable y desafiadora Lady Slane en "Only yesterday", 1986. En 1992 se retira definitivamente de la actuación con "The Countess Alice". Se divorcia de Ronald Gow en 1993. En 1996 fue distinguida con "The Dilys Powell Award for excellence in British films" por "The London Films Critics Circle" Fallecería el 14 de mayo de 2003, a la edad de 90 años, en Beaconsfield, GB.


Angustiosa radiografía de la soledad, de la frustración y de los celos. Retrato veraz y violento de una América que en tantas ocasiones se muestra reacia a dejarse fotografiar sin adornos ni maquillajes. Visión crítica (gótica, según los críticos estadounidenses) de una clase media por la que se mueven gentes vulgares, toscas, movidos por arquetípicas, mezquinas y populistas ambiciones crematísticas. Héroes y heroínas que nada tienen que ver con las prestigiosas mitologías hollywoodenses. Notables retratos de mujer cuya atormentada vida interior recorren los más extravagantes conflictos morbosos. ¡Osada, rigurosa y virulenta!


George Dunning sensibiliza el texto de la obra Lillian Hellman como si su extraordinario exordio musical evocara aleccionadores y proféticos episodios bíblicos. Y, al mismo tiempo, su ritmada sensibilidad alimenta la neurosis de los personajes sorprendiéndonos con ramalazos de melodiosa poesía.

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miércoles 2 de septiembre de 2009

We think the world of you (Te adoramos, Evie)

Evie nos ablanda el corazón. Su olfato se pierde, más allá de las altas tapias del sucio patio, en busca de las hojarascas invernales, como una delicia prometida de campos abandonados, esos descampados de piedras y serojas londinenses, que absorben los aromas de la ciudad entre las frías tribulaciones del poniente. Evie es hembra delirante y pródiga. Desbordante cuando bota del contento de escapar por una vieja calle traspasada de sol moribundo o por una llovizna que deja una gelatinosa humedad sobre el adoquinado empapado, y que adquiere ese color marino, como un sudor angustioso, glacial, que despiden los muelles del Támesis. Pero Evie es un estampido ardiente, sin más estorbo que el de la correa que la sujeta. Para ella la campiña miserable del viejo Londres posee un aliento de jardines rotundos y vegas dulces. Las carreras de Evie ponen una especie de elogio a la beldad de algunas criaturas, menospreciando en su irracionalidad las pesadumbres del mundo. Su alborozo ensalza la ciudad torva y desconocida. Observa con ansiedad, como el joven mastín ansioso, la frente ceñuda y pálida de su dueño, a quien poco a poco se le suaviza la faz. Todo huele a vestidos, a gente, a ciudad, a los profundos vahos, arrinconados como sollozos, entre los apretados callejones que se arrastran hasta el río. Pero Evie posee su planicie de verdes mortecinos, sus campos de lienzo viejo, entre los que todavía crujen los cardizales. Ama el viejo Londres suburbial que se recuesta, a través de los descampados, entre los remiendos de sus edificios ruinosos. Evie lo siente desde su patio. Tiene su olor que le llega como desde una colina donde floreciera la verde jugosidad de un santuario bucólico. Luego, tras el recreo, se resignará a su encierro. Posee Evie ese brillo dulce y turbio a la vez de pupilas socarronas, inteligentes. Sus ojos adivinan. Cuando desciende la incansable lluvia londinense, añora una mano de suavidad. Y cuando se queda sola parece recordar la felicidad de los campos abandonados. Son sus horas amargas y desesperadas frente a las hileras de ropas temblorosas tendidas en el patio, y contra las que ella arremete, asustada, sin entender esas ráfagas de prendas, que aúpan su carga o se arremolinan como pequeños navíos en el aire. Conoce Evie el cortejo de los suyos, añora al amo; en sus ladridos se traduce como un romance perdido. La familia la oye sin querer entenderla. Pero Evie, el hermoso ejemplar de Pastor Alemán, acecha ahora la imagen del huésped, porque con él llegan sus días de plenitud, de gracias y malicias liberadoras.


J. R. Ackerley: "We think the world of you"

Abordar temas tabús es materia que casi siempre sale airosa frente a las presiones comerciales más tentadoras y vendibles, y así los llamados "festivales de franqueza literarios" encuentran el mayor eco del éxito frente a la crítica, en especial dando preferencia a los problemas sexuales y conflictos morbosos. Si bordeamos piadosamente los años tenebrosos del Índice, serán muchos los libros capaces de pintar con hermosos colores hasta la más heterogénea macrocomunidad azotada por los eternos y mórbidos torbellinos de semiverdades y mentiras que modulan la existencia humana. Y si a esa densidad psicológica (llámese también impetuosidad o sutileza) abundante y variada de los macrocosmos humanos se le incluye, además de un divertido registro pirandeliano, un generoso aliento humanista por prolongar el ojo y el oído del hombre (en este caso, inmerso en una realidad pormenorizadora de ciertas pasiones ambiguas) hacia una exploración, más que antropológica, sociológica hacia el irracional mundo de los animales, eliminando en lo posible todo condicionamiento tradicionalista, J. R. Ackerley nos ofrenda, con una muy agradecible "objetividad integral", una de las experiencias más puras (o impuras para otros) de aproximación maximalista al eterno compañero del hombre en la tierra: el perro.


Añoranzas de "Ealing Studios"

Que duda cabe que "Ealing Studios" constituyó uno de los más estimulantes alientos en el desarrollo, crecimiento y andadura del espectacular desarrollo de la industria cinematográfica británica. Se catalogó a sí misma como el "Estudio Fílmico más antiguo del mundo". Localizada en Ealing, West London, su producción ofrendaría durante varias décadas un gran sentido de la funcionalidad expresiva y, en contrapartida, un virtuosismo inolvidable de la economía narrativa, expuestos en todo momento con agilidad, ritmo y coherencia endiablada. Coartados por los límites propios de la época, Ealing nace en 1902, cuando los films en blanco y negro se hacían entre huertos y descampados de los alrededores londinenses. Conocidos como Will Barker Studios en su primera andadura, 1896, Basil Dean, productor teatral, los adquiere en 1929 con el nombre de Associated Talking Pictures, hasta que en 1931 acaban por denominarse Ealing Studios. En 1938, Dean, que renuncia a ellos, es reemplazado por Michael Bacon de MGM. Para entonces los famosos Studios rebasan ya la cifra de 60 películas filmadas.

El inmenso éxito que acompañó a sus grandes comedias y pseudo-thrillers tuvo la virtud de transformar la vieja industria de cine europea en la que comenzaron a poner sus ojos los grandes "tycoons" o magnates hollywoodenses. Películas dotadas de una inconmensurable maestría en la planificación y el montaje, y de una pericia envidiable en la dirección de actores, se reveló como una impactante sombra, dado su excepcional sentido cinematográfico, sobre el gigantismo suntuoso del gran Hollywood. Dotadas sus películas de un ritmo prodigioso, rehuyendo la técnica teatral, y utilizando sabiamente la nueva dramaturgia visual: uso dramático o cómico del primer plano, hechizantes movimientos de cámara, inconmensurables acciones paralelas, efectos de montaje capaces de rehuir todos los folletinescos aspectos de la literatura Victoriana (muy utilizada por la reputada "Fábrica de Sueños Norteamericana", y, aunque en menor grado, realzada también por la celebre compañía cinematográfica británica de los hermanos Korda), hábiles guiones y genio intuitivo, lenguaje singular, inimitable, por ellos inventado, y una artesanía que fue capaz de no resumir jamás en cifras millonarias la importancia indiscutible, a mil años luz de cualquier subrayado de mediocridad, de sus obras, los films de Ealing Studios lograrían mitificarse como uno de los arquetipos artístico-cinematográficos más asombrosos de la época, alcanzando con su impacto imperecedero, imborrable, no tan sólo en Europa, sino también en Norteamérica, al más heterogéneo público internacional.

Entre este lenguaje sencillo y antirretórico, directo y eficaz, sobresalen muy especialmente "Whisky Galore", 1949, "Passport to Pimlico", 1949, "Kinds hearts an Coronets", 1949, "The lavender Hill Mob", 1951, "The man in the white suite", 1951, "The titfield thunderbolt", 1953, y la inmemorial, sutil, vivaz, distinguida y divertidísima "The Ladykillers", 1955.



Edith Mepean, famosa periodista inglesa, afirmaría en Picture Show Annual de 1952: "Ealing Studios, en su empeño o plan de acción particularmente acumulado en una semilla por lo general polarizada hacia el jalón fundamental de la comicidad, ha sido capaz de inspirar y promover una edad de oro de la Comedia Británica, entre la que prevalece una visión provocativa y perspicaz de lo que se podría denominar como estructura psicológica de un fascinante "London life", pero siempre desde una impagable perspectiva humana, capaz de rehuir cualquier repertorio vodevilesco en su temática, y distinguiéndola con los más atrayentes y vivaces reflejos que dan vida a films insólitos, de un ingenio desacostumbrado que permanecerán siempre como piezas imprescindibles en las programaciones cinematográficas futuras"

Ealing Studios jamás contrató a grandes estrellas, quizás porque su mayor preocupación se centró en descubrir ella misma a cientos de nuevas y no menos colosales estrellas. Asimismo Ealing solemnizó la idea de redactar y aspirar a la creación de su propio mundo fílmico, alejado de otras influencias externas. Infinidad de grandes editores y directores abrieron su gran período de esplendor en Ealing intercambiando ambas disciplinas: la neutralidad actoral recién descubierta (Alec Guiness, Jack Hawkins, Stanley Holloway, Wendy Hiller, Peter Sellers, Margaret Rutherford, Rex Harrison, etc., ) o directiva (Anthony Asquith, Charles Chrichton, Basil Dearden, Alexander Mackendrick), potenciadoras, como dije, de grandes hallazgos artísticos (muchos de ellos más tarde solicitados por Hollywood), y el legado de sus privativas, patrimoniales, inspiraciones creativas y editoriales.


"Inmmaculately adapted, this is a self-effacing treasure" ("Inmaculadamente adaptada, es sin duda un imborrable tesoro") Sheila Benson (Los Ángeles Times)

A través de la ambigua personalidad de Frank Meadows, oficinista de mediana edad, y de ese Londres sexualmente represivo de 1950, donde él creyó recoger su última promesa de felicidad por medio del afecto del joven Johnny, emanan sensaciones y vahos intermitentes, como si toda la ciudad, con una sola mirada, traspasara paredes y averiguara cuantos secretos mueven la rueda emocional de sus habitantes. Y lo más horrible es que son las ciudades las que parecen acabar por cansarse de sus moradores, y por más que ellos traten de elevarse por encima de las miserias de este mundo, jamás el ámbito gigantesco de las mismas obra en beneficio del ser humano, casi siempre juguete indigno del espíritu serio o del efecto frustrado que mueve su voluntad. Y por ello mismo acabará también indefectiblemente por degustar el énfasis del drama o las máximas perversas que tanto desprestigian la existencia, hasta convertirse en el autómata inventado por la ciudad.


El hombre es monótono, indistinto, se finge fuerte, y no es más que polvo bajo el microscopio del universo. Y son tantas las tonterías que describe, que, tarde o temprano, la tragedia empieza a perder prestigio para él. Primero se cansa, luego se demuestra a sí mismo, en un arranque de franqueza, cuán artificiosa y absurda ha sido la necedad de sus actos. Y su voz se pierde definitivamente en una especie de murmullo de indiferencia. Los razonamientos del prójimo resultan tediosos. Lanza suspiros, y comprende que el amor posee mucho de la idea simple. Que muchas veces en lugar de instruir, embrutece, o que, lejos de elevar, rebaja. ¡Cuánta cantinela, cuánto interminable diálogo, cuánta gazmoñería estúpida se cuece entre lo absurdo del confidente que finge siempre el sentimiento!

En Frank Meadows, tras el matrimonio de Johnny, y ante esta nueva decepción, prevalecerá cierto criterio: pasar al desdén por los hechos. El amor, que fue su verdad más cabal, se convertirá tan sólo en un símbolo, en un descuido ahora limitado a cierta época de su vida. Pero la historia de un olvido, esas fechas que desearíamos representar como cosas ausentes, nunca serán definitivas. El decreto más tendencioso de la pasión es y será siempre el culto a la misma. Si los hombres hubieran podido aprender a entenderse, ¡cuántas desgracias se habrían evitado! Johnny en prisión por robo con escalo recoge los fragmentos rotos de su vida uno por uno, y entre la incertidumbre y los lamentos, vence su ambigüedad sexual, y trata de juntar los dos extremos de su historia. Johnny es capaz de seducir de nuevo, y Frank Meadows se rinde a la evidencia. ¿Qué puede él reprochar a Johnny cuando los culpables de su situación no son más que Megan, su odiosa mujer, Millie, su madre, y Tom, su padrastro?




A ambos desconsuela la fealdad del mundo. Frank y Johnny se pierden de nuevo en los sueños de un mundo armónico. ¿Habríamos podido vivir tranquilos?, se pregunta Frank. Mas nadie puede seguir su senda fijando los ojos únicamente en el cielo. Esa es una teoría para héroes. Johnny no pretende instituirse de nuevo en príncipe del trono de Meadows. Arrancados ya los árboles de su libertad, se vuelve hacia Frank, como si nunca hubiera dudado de su inocencia. El deseo de tener esposa e hijos había dejado en suspenso su "amistad". Pero se arrepiente. No obstante, el objeto en cuestión es ahora Evie, su hermoso ejemplar de Pastor Alemán, toda ella un despliegue de fuerza, de agilidad, de belleza. Le preocupa... Megan la detesta. Y en el hogar de Millie, Evie es infeliz: "Muerde a menudo su correa... Alborota, pero Tom no es cruel con ella... No es un hombre malo. Tiene un gran corazón y la quiere ("Oh, yes, he thinks the world of her, he do"... "Just like your Johnny does of me!", said Frank, getting up.) Larga vacilación... ¡Evie, cómo si no hubiera otra cosa en el mundo! ¡Hablar de un perro cómo único eslabón entre ambos es como penetrar en una nueva sombra de encierro! Pero en Evie, Frank hallará una familiaridad que empezará por encantarle. Evie posee, todavía intacta, esa gracia única del instante sencillo. Entre sus irracionales y luminosos ojos cree ver reflejada la arrepentida condescendencia de Johnny. Evie es portadora de esa lenidad que recoge y disciplina la fidelidad perdida del joven. En su imagen se deshiela la luna antigua de sus pasiones. Johnny, apenadamente, excluido ya, tras su libertad, de esa nueva fórmula de intimidad que una vez amó, de esa porción de la belleza de Evie, observará a Frank y a su encantador y ahora apaciguado Pastor Alemán, ya perdido para él; espíritus sosegados entre el silencio estremecido de las arboledas de Hyde Park. Y entristecido, mientras sigue a Megan y a sus hijos, cree hojear esas páginas con las que una vez soñó, y que, en aquel instante, parecen definitivamente plasmadas en un tiempo brumoso de la existencia. ¡Tanta preocupación por un perro! Y, no obstante, a Johnny la vida mortal le parece ahora tan lamentable...


Anonimato creativo

Colin Gregg, alejado de cualquier índice de notoriedad, optó siempre por no difundir ni popularizar su rostro. Probablemente jamás ha deseado franquear el umbral condicionante de la creatividad. Su escasos trabajos artísticos no encajan con el arquetipo ideal que la pantalla exige a sus directores. Por consiguiente, como rehuyendo el fetichismo colectivo, resulta evidente que su proyección directiva parece vivir de forma anónima en sus contados films, como si se tratara de una "evasión" de la propia personalidad frente a la industrialización cinematográfica.

Nacido en 1947 en Cheltenham, Gran Bretaña, "scenester" ("escenarista") desconocido, sus primeros pasos en la pantalla tienen lugar a partir de 1985 cuando dirige "Unfinished Business" y "Lamb". En su siguiente película "We think of world of you", 1988, adapta la única novela del editor J.R. Ackerley, que, descrita como "hugely funny" ("enormemente divertida") por el Glasgow Herald, y como "a fairy tale for adults" ("un cuento de hadas para adultos") por el mismo autor de la misma, y que Ackerley subrayó como una evocativa culminación emocional en memoria de "my dog Tulip" ("mi perro Tulip"), se convertiría (obviando en lo posible las connotaciones homosexuales semi-autobiográficas del mismo Ackerley, cuya sombra se proyectan, quizás por primera vez, en la literatura inglesa), en un film fresco y espontáneo, un tanto ingenuo y regocijante, capaz de exponer con una sutileza poco común, una perspicaz intuición, y un inimaginable buceo en un nuevo campo de acción: el de los sentimientos y de las motivaciones internas que mueven a sus dos protagonistas masculinos (y que muchos enmarcarían en un "antojo simplemente grotesco") a exponer con una convicción enternecedora el conflicto psicológico que les crea su amor hacia un perro. El film, enriquecido por una sobriedad y gran matización expresiva de sus principales intérpretes, y por una dinámica visual que se encaminaba de nuevo por el sendero estético que animaran las brillantes creaciones de "Ealing Studios", se impuso con gran éxito en taquilla; la plástica inolvidable de "Ealing", gran patrimonio del clasicismo antirretórico de la cinematografía inglesa, reviviría a jirones en este apasionado romance hombre-perro. Un público emocionado, espectador y habitante de los barrios bajos de Londres donde se desarrolla la acción, siempre atraído por la ternura y el amor a los animales, alentaría con su amor por este film un nuevo acercamiento a un cine olvidado que otra vez (y como predispuesto a agigantarse con el paso del tiempo) fue capaz de barajar dos esquemas artísticos ya poco reputados en la década de los 80: la simplicidad temática junto a la simplicidad estética.

Colin Gregg, finalmente, se emplea en nuevos objetivos artísticos recurriendo a la TV. Ya en 1983 produce y dirige para BBC "To the lighthouse" ("Al Faro"), fiel relato de la novela original de Virginia Woolf, con una perfecta ambientación de principios del siglo XX, Kenneth Branagh como protagonista principal, y en cuya realización Gregg consigue crear, tras convertir el mar en su principal escenario, todo un manifiesto expresionista enmarcado en las tradicionales artes del espacio (montañas, praderas, campos de flores, cielo, nubes y mar) y artes del tiempo. Sus series "Inspector Morse, Part 1, Part 2", 1991, "Guilty", 1993, y "Thief takers", 1995, y "Unfinished businees, TV Series", 1998, permanecen como sus últimas producciones en los circuitos de exhibición de la BBC Inglesa.


Alan Bates (Frank Meadows): Elogiable contención interpretativa, que expone con una sobriedad distinguida, práctica y genialmente intuitiva el hilarante acontecimiento, inesperado, casi un divertimento dadaísta, que se incorporará a su existencia como una nueva dimensión humana capaz de apartarle de cuantas controvertidas y sexualmente ambiguas pasiones y sentimientos ensombrecieran su monótona existencia de cuarentón, gracias al papel esencial con que se anuncia la aparición en su solitaria vida, perturbadora experimentación no menos enérgica y estimulante, de Evie, el consentido, aturdidor e inteligente Pastor Alemán, otorgándole su genial originalidad de flamante protagonista y una nueva "revelación humana" de indagación psicológica.

Nacido Alan Arthur Bates el 17 de febrero de 1934, en Allestree, Derby, Gran Bretaña, hijo de un corredor de seguros, Harold Arthur Bates, cellista aficionado, y de Florence Mary, ama de casa y a su vez, al igual que su marido, muy entregada a su amor por la música, el piano en cuestión, el joven Alan heredará de sus padres y de ese ambiente hogareño barnizado por el estro musical su gran interés por el arte. A los 11 años de edad sus sueños ya se refuerzan en una decisión férrea: la de convertirse en actor. De la "Belper School" en Belper, Derbyshire, pasa a matricularse en la "Royal Academy of Dramatic Art" en Londres, por la que también pasarían Albert Finney y Peter O'Toole, futuras y gigantescas estrellas del cine británico.



Tras iniciarse en la escena en 1953 con "Look back in anger" de John Osborne, aparece en varias series televisivas británicas. Finalmente, su debut cinematográfico tiene lugar en "The enterteiner", 1960, junto a Laurence Olivier y dirigido por Tony Richardson. En New York, ese mismo año, trabaja para la "Padded Wagon Moving Company" actuando en el "Circle in the Square Theater". De nuevo en Inglaterra aparece en "Whistle down the wind", 1961, "A kind of loving", 1962, y "Zorba the Greek", 1962, uno de sus films más simbólicos, donde da vida a un tímido novelista, de extraña psicopatología sexual, y cuya culminación emocional se centra en su inaudita amistad con un conflictivo e irresistible habitante de Creta, pero de una cálida dimensión humana, en cuyos actos, de los que hace partícipe al joven inglés, brotan continuamente una estrafalaria y sistemática llamada al amor y a la fraternidad humana.

Alan Bates, junto a jóvenes actores como, en un principio, Richard Burton, más adelante Richard Harris, David Hemmings, Tom Courtenay, Terence Stamp y Albert Finney se convierten en ese reflejo sublimado que mejor responde al inconformismo mental ("angry men") de cuantos perfiles alzan sus espadas en el popular movimiento que se conocería mundialmente como "Free Cinema". John Schlesinger le ofrece uno de sus mejores títulos, la adaptación de la novela de Thomas Hardy, "Far from the madding crowd", junto a Julie Christie, melancólica y apasionada evocación del mundo rural decimonónico, en la que Bates se alía, junto a su deliciosa protagonista femenina, a un deslumbrante esplendor interpretativo, que acaba por potenciar y garantizar la gran celebridad de ambas estrellas. En "The fixer" ("El hombre de Kiev"), 1968, dirigida por John Frankeheimer, recibe su primera nominación al Oscar.












Seguirá, en 1969, "Women in love" de Ken Russell, exitosa adaptación de la famosa novela de D. H. Lawrence, junto a Glenda Jackson y Oliver Reed. Ambos, Bates y Reed, al margen de la eficacia crítica y demoledoramente sexual que impone la película, provocan uno de los mayores escándalos cinematográficos de la época, al afrontar por primera vez, explicación por vía alegórica de la homosexualidad latente de su protagonista, Rupert Birkin, una detonante exaltación, hasta entonces impensable, del desnudo frontal masculino, cuya exhibición, muchos países como España decidirían prohibir, censurando así el escandaloso detonante nudista ofrendado por el pretendidamente "diabólico y corrosivo" Russell.



Alan Bates, todo hay que decirlo, materializa el drama interior de Birkin, su dualismo controvertido, subjetivista de su realidad sexual, con todo el reto naturalista que impone D.H. Lawrence en su obra, y se crece en la pantalla con una de las interpretaciones más explosivas, inquietantes de cuanta fascinante microfisonomía pueden promover los ejes estéticos, inconformistas o depresivamente tenebrosos que enriquecen o destruyen la psicología humana. Su genial recreación de Rupert Birkin causó sensación. En él se fusionan un temperamento lírico y una inquietud experimental sin precedentes, en especial en otra de sus antológicas escenas: su paseo desnudo por la campiña inglesa entregándose a un rapto onanista en rebelde contradicción contra la alienación sexualmente celosa y brutal que le impone su amante Hermione. En la interpretación de Alan Bates, una de las materializaciones más extraordinarias de un personaje nacido de un texto literario, se patentiza la primera formulación madura y enjuiciadora, emitida por Marcel Proust, del secreto estético que podría enseñorear el futuro del Séptimo Arte: "No amamos tanto el cine por lo que es como por lo que será". Entre las muchas nominaciones que obtuvo el film al Premio de la Academia, Glenda Jackson se alzaría con el Oscar por su majestuosa creación de la liberada e inteligente Gudrun Brangwen. El Rupert Birkin de Alan Bates conseguiría el Bafta Award.

En 1970, dirigido por Joseph Losey, impone de nuevo su arquetipo mítico de amante apasionado, a través de las presiones prohibitivas que aplicaran los puritanismos victorianos ingleses, en "The go-between". En dicha década seguirán "Un unmarried woman", "Nijinsky" y "The Rose". Memorables fueron sus actuaciones en los escenarios televisivos, tras su personal asociación con el dramaturgo Simon Gray, de "Butley", 1974, ya premiado con el Tony en su representación teatral de 1972, y "Otherwise engaged", 1975, premio Variety Club. " En 1981, "Quartet" de James Ivory, añade el póstrer capítulo gloriosamente interpretativo, agudamente erótico y profundamente atractivo, de un maduro e inolvidable Alan Bates. En 1990 interpreta un gran Claudius en la versión de "Hamlet" dirigida por Franco Zeffirelli. En 1996 es nombrado Commander of the Order of the British Empire. E investido caballero (Sir) en 2003.

Casado con Victoria Ward en 1970, enviuda en 1992. Padre de dos mellizos, Benedick Bates y Tristan Bates, sucumbe a la más profunda depresión cuando Tristan fallece de un ataque de asma en 1990 a la edad de 19 años. Sir Alan Bates y su familia erigen en memoria del joven el "Tristan Bates Theatre" en The Actor's Centre de Covent Garden del que será director hasta su muerte. Su último film sería "Gosford Park" en 2001, de Robert Altman. Donald Spoto escribe "Otherwise Engaged: The Life of Alan Bates", única autobiografía autorizada por el actor, que fallecería de un cáncer de páncreas el 27 de diciembre de 2003, a la edad de 69 años, en Westminster, Londres.












Gary Oldman- Frances Barber









Liz smith-Max Wall



Estados de ánimo populistas que influyen con minuciosidad en confusas reacciones anímicas, esta vez emparentadas con funciones emotivas que evolucionan hacia otras formas más grotescas de una realidad que, no obstante, nos inspiran una especie de naturalismo intimista y enternecedor. Un naturalismo que también impulsa a sus protagonistas hacia nuevos modelos de felicidad. La trayectoria subjetivamente lírica del film, pese a ser una dislocada historia de fantasía, consigue potenciar casi una estremecedora veracidad, que, perturbada hasta cierto punto por la presencia animal, acabará dominando la silueta de dos diversas personalidades humanas, en especial la de su inolvidable protagonista masculino, Frank Meadows.

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sábado 6 de junio de 2009

The roots of heaven (Las raíces del cielo)

Centrar nuestra mirada en África es como sollozar por el despojo profanado, cuya belleza fue mancillada, y no querer detenerse en observar el brazo ejecutor que siempre la aguarda para herirla. En África, hontanar de vida, una vez dulce y limpio, parece resonar siempre un lamento, una especie de gemido terrorífico que clama por ese tesoro perdido del dios que le concedió su júbilo de Creación, en cuyo seno brotaron las más exquisitas mesuras de la tierra. Y que, mitigando hosquedades, renovaron en ella el mesiánico sueño paradisíaco de los hombres. En sus lechos remotos, entre los azules del mar y de sus ríos inmensos, de sus cielos embriagados de lumbre, esculpidos en selvas, valles y montes de abundancia infinita, jamás se agotaron sus dulzuras, como medidas por una exaltada y protegida eurítmica de indómita monumentalidad, capaz de proponer al mundo una eterna vigilia de emoción misteriosa. Pero los pingües campos de África, el tacto primitivo de su tejido, la bulla regocijada y hermosa de sus criaturas, las preseas consagradas de sus riquezas vírgenes, los desgranados collares de sus selvas, su opulento y titánico templo de Creación, que se derramó en ella con aturdido goce e hizo estremecer a los hombres, muestra hoy sus ciclópeos miembros corroídos. Su paisaje ancho parece leña mordida por el gorgojo, y sus bellas túnicas, como párpados de la aurora, semejan velos fatídicos, andrajosos, entre los que se arropa el gesto cerril y penoso de sus hijos moribundos, la osamenta cercenada de su fauna. África parece estremecerse entre un perpetuo rugir de mar atormentado, entre huracanes arenosos sin fin, aserrada dentro de sus sequedades, de sus selvas, una vez suntuarias, en las que el verdor parece demacrarse en una espantosa desgana de vivir. Y en la que la desidia, la indiferencia de Occidente, las sequías, la pobreza y la feroz rapacidad crean esta vez en ella un designio de suicida. África vive azotada por el más horripilante rescoldo de sediciones. Es un continente cautivo, al acecho de las más crueles voluntades del mundo. Despide un hedor de entrañas abiertas y pisoteadas. Nació del alimento piadoso de la Creación, entre un alboroto de divinidades vivas, relajadas y generosas. En ella habitaron más dioses que hombres. Y hoy los dioses del tiempo la ven pudrirse, resquebrajada, desollándose de reseca, árida y blanca hasta la ceguera, baldía de aguas, devorado su suelo verde, implorante, ardiente como un sepulcro por el que asoman sus millones de calaveras de huesos arrugados. África es hoy morada de Leviathán. Un gigante mutilado con mueca horrible entre sus osamentas, y cuyas ruinas sustituyen su divinidad primigenia.

África cinematográfica

África aparece una vez más en la gran pantalla para exhibirse como un monstruo entrañable en la ingente galería circense del mundo. Toda ella como plasmación del mito de la Bella y la Bestia, para atraernos, a través del siempre soñado y positivo personaje humano, enriquecido con la savia de las fuentes literarias, con su papel de "propiciatorio continente inmolado".



En su misión de profundizar en el conocimiento físico del mundo que nos rodea, la cinematografía, como fundadora excepcional del documental científico, abre así su escenario público no sólo como espejo de la historia o vehículo de información masivo, sino como primera plana colosal, cuyo destino es el de contribuir a que los hombres, de diferentes latitudes y de diversas costumbres, puedan conocerse y comprenderse mucho mejor, limando sus posibles diversidades, y que, en consecuencia, se sientan más solidarios en sus problemas y en sus objetivos, como únicos habitantes racionales de este planeta.

La misión más importante del ser humano debe ser la de mostrarse humanitario e iniciarse en sus experiencias cognocitivas desde las vidas microscópicas hasta los cuerpos celestes que se mueven en el infinito. Y en esa realidad, fiel y veraz reproducción del mundo físico, la pura aventura analítica de la cámara, a fuerza de veracidad, meticulosa en su filiación expresionista, consigue atraer al público, seduciéndole también con los ambientes y tipos que forman la dominante plástica del mundo animal, y permite a los espectadores contemplar con ojos nuevos el mundo cotidiano, pero ignorado y fascinante, de los fenómenos del reino animal: desde los movimientos protoplasmáticos al ser vivo más deslumbrante y noble que habita la tierra: el elefante.


Violencia antepuesta a la concepción roussoniana del simple existir

Tratar de sincronizar, aunque siempre con retraso, a la hora europea los temas tabús, que acabarían pulverizando el monopolio heroico de una sociedad enriquecida por la caza en África, y que con la desenfadada ironía del cazador de trofeos, del comerciante de marfil, del guía turístico, apresados todos ellos en su particular jungla de intereses, se mostraban así plenamente conciliadores con el expolio de tan maravilloso continente, significaba evidenciar una fórmula espectacular de violencia o una manifestación de brutalidad que no admitía paliativos. Se imponía, por tanto, advertir al mundo que uno de los mayores crímenes que gravitaban sobre la la humanidad era el atentado contra la Naturaleza y la indiferencia con que aquélla contemplaba el cruel y polémico aniquilamiento de esos paraísos perdidos en los más apartados continentes, entre cuya visión lírica y su concepción roussoniana, sus habitantes "con un sentido social más definido que el de Occidente", no desencadenaban sobre su espectacular y bellísima fauna, símbolos mesiánicos del más soñado de los edenes, los vientos apocalípticos del exterminio.


"Les Racines du ciel : Romain Gary






Prix Goncourt 1956 et grand roman écologiste. S'il faut sauver les éléphants ; n'est ce pas aussi pour sauver l'homme ?










Un francés, Morel, emprende en África una campaña para la defensa de los elefantes amenazados por las inexorables leyes del progreso. Tras la Conferencia para la Protección de la Fauna (Congo, Bukavu, 1953) se constata que "será en vano tratar de imponer a la opinión pública mundial el respeto únicamente por los métodos legales". Morel no teme ni siquiera recurrir a la lucha armada. Ayudado por algunos compañeros, convencidos como él de que el respeto a la Naturaleza no es incompatible con las exigencias del progreso humano, emprende su particular cruzada contra la barbarie y la crueldad bajo todas sus formas, bien que los siempre hábiles e incontrolables conspiradores, a todos los niveles sociales, traten de utilizar su magnífica obsesión y su aparente ingenuidad, basada en la bondad original que se le supone al hombre y la rigurosa concepción sociológica que se aglutina como un tesoro en su corazón y lírico temperamento, para sus propios fines. Ridiculizado y avergonzado, acusado constantemente de preferir las bestias a los hombres, tratado de misántropo y de nihilista, traicionado por unos, ayudado por otros, explotado por un aprendiz de "dictador", y por los agitadores políticos, el "Francés loco amante de los elefantes" se enfrenta a todo y a todos, logra que su imagen sobresalga de la masa anónima perdida en África, su lucha obtiene la máxima veracidad, inmunizándose contra el propagandismo cruel de los cazadores de marfil. Será un protector directo y eficaz en la defensa de la amenaza exterminadora de los elefantes, exponiendo incluso su vida en dicha causa. Atacará la "irracional jungla capitalista y cazadora", ya sea europea o americana, cuyos intereses gananciales se basan en el marfil, y se convertirá en acusador portavoz de una sociedad tan turbia como sanguinaria, tan feroz como implacable, que planea, convertida en atroz ave de presa, sobre la fauna más fascinante que puebla el planeta. Frente al odio racial y religioso, a la demagogia nacionalista, Morel prosigue su incesante campaña por la protección de la Naturaleza, por el respeto de lo que él llama "el margen humano", sean cuales sean los sistemas, las doctrinas y las ideologías que se le opongan. De aventura en aventura, de avatar en avatar, Morel triunfa en su apacible confianza frente a decepciones y ardides, siempre persuadido de que los hombres son lo bastante generosos como para no acabar por desembarazarse de las más extraordinarias y nobles criaturas de la tierra: los elefantes, en su difícil marcha hacia el futuro; y de que jamás habrá de ceder a la totalitaria tentación que se mantiene al margen de lo humanitario, ni al desatinado axioma de que "el fin justifica los medios", ni a la rendición absoluta. Poco a poco, el hechizo que dimana de su magnífica filosofía atraerá sobre él y sus gigantes amenazados una complicidad sonriente y amigable, que, como Morel mismo, "no desesperará". Surgirán sin excepción voluntarios de todos los países, de todas las razas y de todas las opiniones, una sensibilidad popular, solidaria y enternecedora que, tras demostrar que el alma y el corazón humano siempre acaba por acomodarse mal a la barbarie y a la violencia, convergerá armónicamente alrededor de este aventurero de la humanidad, demostrando su repulsa al mundo de la caza, su crítica no menos virulenta a una sociedad sumida en la hipertrofia significativa de sus ambiciones destructivas y exterminadoras para con el paradisíaco planeta que ha sido legado a la especie humana y a cuantos restantes seres vivos y especímenes gozan de la significativa fascinación que supone vivir en él, convirtiéndolo en el más deslumbrante de los habitats de nuestro universo conocido.


John Huston equitativo

Existe un goce de holgura única en la obra ingente de este titán inquieto. En todos sus films permanece una voz, caliente y sencilla, que parece resbalar desde un misterio de silencio hasta crear un recinto o estrado de intimidades en los que se sienten con más pureza los vuelos mansos o huracanados del aire, los olores de la tierra, las mieles de los frutos, las recias tallas de los rostros, el celo pensativo de sus gentes, el latido de los cuerpos que siempre parecen sorprendidos frente a todos los encantos de la tentación, y, no obstante, osan levantarse contra cuanta iniquidad inunda la existencia de los hombres. En su mundo los poderosos jamás se juntarán en revuelta, sino que los más débiles se tornarán fuertes contra los que los escarnecen. Y porque el hombre permite la abominación y consiente en quebrantar la ley, él alzará siempre su grito, y difundirá y propugnará un rumor de lucha a favor de la equidad entre las muchedumbres marginadas o menos afortunadas. Huston se aflige. Pero es la suya una congoja fuerte, henchida de una claridad honesta. Si es maldecido, Huston ríe, pero su risa nunca será siniestra. Remueve la desventura mordiendo sus ataduras. Sus hombres y mujeres jamás se encogen anillados en una rinconada de cobardía. Recogen el terror, pero no se modelan en él. Son capaces de florecer bajo la imperfección y la gloria perversa del ritmo de la vida. Rehuyen la opulencia nacida de la injusticia. Entienden y aman el poder de la armonía que les rodea, y en su discurso cabal hallan el escudo que detiene al enemigo.

Inquieto y apasionado, fue boxeador, periodista, novelista, agregado militar estadounidense en el ejército mexicano, criador de caballos y coleccionista de arte, incluso pintor callejero en París. Actor, redactor en una famosa revista neoyorquina, y uno de los mejores directores cinematográficos de todos los tiempos. Agnóstico, fue capaz de adaptar a la gran pantalla, con una fidelidad textual inigualable, los veintidós primeros capítulos del Génesis, declarando que: "La Biblia es una creación colectiva de los hombres, destinada a resolver provisionalmente y en forma de fábulas cierto número de misterios demasiado inquietantes para el pensamiento de una era no científica"



Su primera película fue también su primera obra maestra: "El halcón Maltés". Humphrey Bogart, Mary Astor, Peter Lorre y Sydney Greenstreet reforzaron las dimensiones inusitadas de esta genial trama detectivesca, llevando hasta las últimas consecuencias el ambiente sórdido de conflictiva psicología basada en el juego de la mentira y de la verdad, como inigualable sintaxis visual de la novela policíaca (Dashiell Hammett) en su elemento más convincente y casi hechizante. Walter Huston, su padre, consiguió su único Oscar dirigido por su propio hijo, en el pseudo-western "El tesoro de Sierra Madre". Dignificó la revuelta cubana contra el dictador Gerardo Machado convirtiendo a John Garfield y Jennifer Jones en sugestivos activistas, figuras solitarias sumidas en un romanticismo negro y desatadas pasiones revolucionarias como pocos directores norteamericanos se habían atrevido a abordar todavía en la absorbente "Éramos desconocidos". Fue significativa y magnífica su incursión en el mundo pictórico-bohemio de Toulouse-Lautrec al rodar "Moulin Rouge" con José Ferrer, ganador también de un Oscar. Adaptó modélicamente "Moby Dick" de Herman Melville, con Gregory Peck, en una de sus mejores interpretaciones, y un mesiánico Orson Welles. Transformó a un Montgomery Clift (ya abocado hacia la autodestrucción, inmerso en el repudio artístico a que se había consagrado en sus últimos años, tan lejano a la limpia modelación de su juvenil imagen primeriza), en un memorable "Freud", probablemente su última gran creación como protagonista absoluto. Adentrándose en el oscuro mundo de los predicadores religiosos, convirtió en un auténtico y conflictivo detonante cinematográfico su adaptación de la obra de Flannery O´Connor, "Sangre Sabia", con uno de los más grandes evocadores del fatalismo, el desorbitado Brad Dourif. Atrapado por los mosquitos, entre un calor intenso y todo tipo de enfermedades, fue capaz de demostrar hasta dónde podía llegar, rodando en el Congo, con Humphrey Bogart y Katharine Hepburn, otra de sus obras maestras: "La reina de África". Idénticas penalidades sufrieron en el Chad Trevor Howard (papel que rechazó William Holden), Errol Flynn y Juliette Gréco durante el rodaje de "Las raíces del cielo", de la novela de Romain Gary, donde su inconformismo y sus códigos de censura en contra de la matanza indiscriminada de elefantes en África, fue mostrado, quizás más artesanalmente que en otras realizaciones suyas, aunque sin falseamientos ni retoques, de forma tan aleccionadora como un profético episodio bíblico, dado el terrorífico drama de exterminio animal que, por medio de la ignominia de los cazadores de marfil, desangraba al siempre martirizado continente africano. Fue decisivo su film "Fat city", quizás una de las más penetrantes visiones que el cine ha ofrecido sobre el alcoholismo y el miserable mundo del boxeo en Norteamérica. Stacy Keach y Susan Tyrrell ofrendaron en sus interpretaciones nuevos aspectos creadores de un talento insospechado. La aventura colonial de Rudyard Kipling halló en su versión de "El hombre que pudo reinar" una de las más exuberantes vitalidades, y una trayectoria a la inversa sobre la automutilación que el heroísmo puede ejercer sobre los perínclitos semidioses de la épica, en este caso los excelentes Sean Connery y Michael Caine. El cine negro halló en él muchas de sus más inteligentes meditaciones a través de "La jungla de asfalto", con un inolvidable Sterling Hayden, una sorprendente y enternecedora Jean Hagen, y el estimulante hechizo de una recién llegada Marilyn Monroe, y "El honor de los Prizzi". Abordó, junto con imágenes que tienen la autenticidad de un documental, un guión del dramaturgo Arthur Miller, la caza de caballos salvajes cuya carne acabará convirtiéndose en un triste monopolio de alimentos enlatados para perros, examinando atentamente una de las crisis más veraces de la vida cotidiana, capaz de abocar hasta el suicidio a grandes estrellas de Hollywood, como Montgomery Clift o Marilyn Monroe, de quien obtuvo la más degustable, fascinante y creíble de sus interpretaciones, pese a la visión sombría y tempestuosa que acompañó todo el rodaje del film (tras la absurda muerte de la actriz aseguró: "Marilyn no fue asesinada por Hollywood. Fue una adicta a los somníferos, resultado del maleficio endiosado de los médicos en Norteamérica) Convirtió al más varonil de los mitos vivientes estadounidenses, Marlon Brando, en homosexual y cobarde, a la incandescente y bellísima ventila-hombres Elizabeth Taylor, en un arquetipo perfecto de la atrasada mental, sin la menor personalidad ni originalidad (una de las más convincentes recreaciones interpretativas de la Taylor), e hizo deambular, entre la amodorrada y machista sociedad militar acuartelada, a una tan sensible como etérea, tan nostálgica como imborrable Julie Harris, en la mejor adaptación jamás llevada a cabo de una novela de la inquietante Carson McCullers: "Reflejos en un ojo dorado", consiguiendo estructurar un final apasionante, caprichoso y loco al abordar el siempre apasionante tema de los desmanes instintivos que pueden desembocar en un turbio asesinato. Al acometer el western con "Los que no perdonan" creó una deslumbrante concentración dramática y una opresión ambiental que se movió a través del drama fatalista y se prolongó vigorosamente desde la consabida odisea vivida por los granjeros americanos hasta la tragedia expropiadora y vejatoria en que se vieron inmersos los pueblos indios. Creó su humanismo más polémico, resistiéndose al encasillamiento formulario de la aventura medieval, a través de una fantástica historia de amor, casi surrealista, y de una extraordinaria calidad estética, en "Paseo por el amor y la muerte". Convirtió en retablo de maravillas uno de los más soberbios espectáculos del alcoholizado dramaturgo Tennessee Williams, "La noche de la iguana", cerrada unidad, marginal e insólita, de caracteres y convivencia entre un abanico desafiante de las más desaforadas, conflictivas y, finalmente, poéticas concepciones vivenciales, desparramando remordimientos entre el calor abrasante del Puerto Vallarta mexicano, potenciadores de una de las más agobiantes e implacables angustias sensuales en las que se ven inmersos sus tres personajes señeros. Tres perturbadoras interpretaciones que ocuparán ya por derecho propio un lugar preeminente en la historia del Séptimo Arte: las de Richard Burton, Ava Gardner y Deborah Kerr, que logran alcanzar, a través de la mágica visión hustoniana, el más idolatrado límite de su madurez y evolución creadora frente al podium de la cámara. En su último film, "Los muertos", adaptación de la novela corta de James Joyce, Huston nos brindará un mágico testamento desenfrenadamente elegíaco y barroco.

Humphrey Bogart, José Ferrer, Clark Gable ("Vidas rebeldes"), Burt Lancaster, Audrey Hepburn ("Los que no perdonan") Robert Mitchum ("Sólo Dios lo sabe") Albert Finney ("Bajo el volcán"), Katharine Hepburn, Kathleen Turner ("El honor de los Prizzi") y su propia hija, Anjélica Huston, ganadora del Oscar a la mejor secundaria por dicho film, revalorizaron también la importancia del actor al formar parte de los conflictos pasionales y de los sentimientos que los ligó al marco seductor, inconformista, culminante, magistral de este austero, sensual, nostálgico, poético, violento y populista director cinematográfico norteamericano. Abnegado apóstol de un estímulo creativo tan inteligente como poco común, y que, al margen de los particulares contenidos estéticos, definió su cinematografía como una búsqueda del particular aspecto poético de las cosas y de los ambientes, o crispado, quizás dotados de un romanticismo exasperado, de los seres humanos.

Nació el 5 de agosto de 1906 en Nevada, Missouri y falleció el 28 de agosto de 1987 en Middletown, Rhode Island, USA, de un enfisema.


Zoótropo mágico: actores, personajes


Trevor Howard: Nacido el 29 de septiembre de 1913 en Clifftonville, Kent, UK-Fallecido el 7 de enero de 1988 en Bushey, UK. Una presencia en la gran pantalla capaz de echar por tierra todas las convenciones y artificiosidad que pudieran conllevar los relatos cinematográficos. Ilustra magistralmente su personaje de Morel, concediéndole una apasionada óptica humana capaz de recuperar la perdida pureza épica de la más honorable actitud filantrópica en defensa de la Naturaleza contra el genocidio animal perpetrado en África.

Errol Flynn: Nacido el 21 de junio de 1909 en Hobart, Tasmania, Australia- Fallecido el 14 de octubre de 1959 en Vancouver, Canadá. "Cobro, pero me esfuerzo siempre en economizar mis medios", frase que se atribuye a este poco aspirante a actor que, acabó convirtiéndose, con su primer film "Captain Blood", 1935, de Michael Curtiz, en uno de los más indiscutibles sex-symbols masculinos de todos los tiempos. Mito, pues, de escasa vocación, fue capaz de abrirse y cerrarse las puertas del estrellato cinematográfico en su período de mayor esplendor. Fue portavoz de un ideal romántico basado en la indisciplina, aunque impulsiva y aventurera. Irrespetuoso con las normas morales de Hollywood, fue el perfecto héroe históricamente necesario en un arte popular y de masas como era el cine. Pero sus interpretaciones, como posibilitadas por fugaces rayos luminosos, capaces de encandilar a millones de espectadores, y que se desarrollaron a remolque de cualquier intelectualidad, vivieron una intensa y confusa reacción de banalidad frente al cine-mercancía y al cine-alienación en que él ejerció su mayor influencia. Fue la suya una existencia turbulenta y disipada. A finales de los 50, ya en sus últimos años, el alcoholismo, el sexo y las drogas minaron su vida, plagada de escándalos y persecuciones fiscales. Tres veces divorciado. Sus postreras apariciones cinematográficas, "Fiesta", 1957, y "Las raíces del cielo" (donde todavía se muestra capaz de infundir vida, dotándolo de su magnetismo inolvidable, al alcohólico, atormentado y desprendido Major Forsythe), 1958, captan a la perfección la materialización decadente, bien que estremecedoramente hipnótica, de este jerarca supremo de la insubordinación interpretativa, capaz de reinar en el terreno de la fantasía romántica sin fronteras, y que, todavía hoy, permanece como una de las más inquietantes y atractivas leyendas de la era dorada de Hollywood. "Tuvo el mundo entero en la palma de sus manos, y no supo aprovecharlo": Irving Rapper, director cinematográfico.

Juliette Gréco: Nacida en Montpellier, sur de Francia, el 7 de febrero de 1927. Cantante y musa indiscutible de la vida bohemia del Barrio Latino Parisiense y de Saint-Germain-des-Prés. A los 16 años fue apresada por la Gestapo durante la invasión alemana en París. Ayudada por la actriz Hèléne Duc, estudió arte dramático e intervino en algunas obras de la Comédie Française. Auténtica leyenda del club Le Tabou, que abrió sus puertas en 1947, punto de encuentro de jóvenes bohemios, y frecuentado también por Boris Vian y Jean Cocteau. Raymond Queneau escribió para ella la extraordinaria "Si tu t'imagines" y Jacques Prévert ""Les feuilles mortes". Intervino en 1949 en "Orphée", dirigida por Cocteau. Su triunfo en el Olympia Music-Hall de París, en 1954, fue igualmente legendario. Obtuvo le "Grand Prix" con la canción "Je hais les dimanches", escrita por Florence Véran y Charles Aznavour.

Recibió ofertas de Hollywood. Un fugaz affair amoroso con Darryl F. Zanuck, gran magnate de la 20Century Fox la conduce directamente a intervenir en "Las raíces del cielo", 1958, en el papel de Minna, como regentadora de un nightclub en el África Ecuatorial Francesa; interpretación a la que concede cierto etéreo y oscuro misticismo erótico, aunque todo su provocativo erotismo carnal se desplace luego hacia una pública defensa y entrega de platónica relación con Morel, uniéndose a él en su humanitaria cruzada en defensa de los amenazados elefantes.

Tras interpretar "Crack in the mirror" (un remake de "The rope" de Alfred Hitchcock), 1960, también para Zanuck, dirigida por Richard Fleischer, junto a Orson Welles y Bradford Dillman, vuelve a Francia, e interviene en la serie francesa para televisión "Belphégor". En 1965 contrae un nuevo matrimonio con el actor Michel Piccoli. Y en 1967 sus conciertos en Berlín acaparan audiencias de más de 60.000 espectadores. En Chile, bajo la Dictadura Militar de Pinochet, Juliette Gréco intervino en un famoso concierto donde se opuso abiertamente a la política del nefasto dictador. Uno de sus últimos multitudinarios conciertos tuvieron lugar del 8 al 20 de Enero de 1991 en el Olympia de París.

Esta musa del existencialismo francés jamás se definió a sí misma como una estrella: "No lo soy. Las estrellas existen únicamente en el cielo. El resto somos seres de carne y hueso. Tan sólo creo y amo a esos seres especiales que irradian una atracción especial. Soy contestaria, lo he sido siempre y ello me hace feliz"


África dialogada

Amigos y enemigos de Morel: (Noche en el nightclub. Orsini-Herbert Lom, cazador de elefantes a Minna) "Necesito pasar esta noche en la ciudad. Quiero una habitación. (Minna) Lo siento, no queda ninguna. Le advierto que hablé con Habib. Me aseguró que usted podría ayudarme. ¿Comprende?... Puedo, pero no quiero. ¿Qué tengo yo de malo? Soy bastante mejor que los que están ahí. Tal vez, monsieur Orsini. Pero no me gustan sus ojos, ni su modo de hablar. No. Me es usted desagradable (Minna lo aparta de sí)... (Habib-Gregoire Aslan) Oye, Minna, preciosidad. ¿Qué recado te dio Morel para mí? (Mirada de desprecio en Minna) Dijo que si os sorprendía a ti y a toda esta basura disparando a los elefantes, os mataría. (Comentarios en el nightclub) Y ese lunático de Morel pidiéndome constantemente que firme una petición así de larga para prohibir la caza de elefantes en África... A mí me lo ha pedido también. Es un pajarraco extraño. Ha intentado impedir que coja ejemplares para los circos. ¿Qué espera que haga, morirme de hambre? Por lo visto va a todos con esa historia. (Orsini) A todos menos a mí. Pero yo voy a procurar que mis colaboradores le quiten esa idea. Voy a hacer que esta ridícula petición sea motivo de burla en la comarca. ¿Lo veis? Ja, ja, es un valioso documento... Tu mujer debe ser la primera de su lista negra. ¿Cuántas piezas ha cazado?... Ciento cinco hasta hoy, para ser exactos, sin contar leones, búfalos y otros animales. (Orsini lee la petición de Morel) Pero escuchen esto: El hombre en este planeta ha llegado a un punto en que necesita toda la amistad que pueda encontrar. En su soledad tiene necesidad de todos los elefantes, de todos los pájaros, y de todos los animales. Ja, ja, ja. Esperen, esto es mejor: Es hora de demostrar que somos perfectamente capaces (Entra Morel-Trevor Howard en el nightclub. Minna le sonríe) de conservar este gigantesco y espectacular esplendor que todavía vive en nuestro medio, que probemos que aún hay sitio entre nosotros para la libertad. ¡Libertad!, este tipo necesita una camisa de fuerza. Oigan este párrafo: Nosotros, los firmantes, pedimos la prohibición de la caza en todas sus formas, empezando por la más innoble: la caza de trofeos por placer. (Morel empieza a repartir peticiones) (Orsini) Dígame, amigo, ¿cuántas firmas ha conseguido ya para su petición. ¡Ninguna! (Minna) ¿Me da una?, por favor. Quiero firmar... Gracias, muchas gracias.... Un momento (Forsythe-Errol Flynn, un tanto bebido y balbuciente) Yo también quiero firmar. ¡Tres hurras por los elefantes! Mademoiselle, por favor, quiere ponerme un vasito de whisky. ¡Y quiero brindar por los nobles animalitos. Deme una petición... o cómo se llame eso. Bueno, señor Morel, debo decirle que me ha impresionado lo que ha escrito ahí. Me gusta mucho eso de que necesitamos amistad. ¡Amistad! Me gusta,... (tras firmar) ahí tiene... (Orsini) ¡Vaya, vaya!, su principio resulta impresionante. Esa... (con ironía) dama con su amplia experiencia de la naturaleza humana, según tengo entendido más que del reino animal, y este simpático y valiente militar con su gloriosa hoja de servicios. Dos firmas muy edificantes, debo reconocerlo. (Morel lanza a todos una mirada de desafío y explota) ¡No se puede exterminar una especie animal sólo para fabricar bolas de billar y figuritas de ajedrez! (Sale enfurecido)

El Gobierno persigue a Morel

(Saint Denis-Paul Lukas, representante del Gobernador) "Tenían razón. Veo que no se encuentra solo. (Morel) Un hombre nunca está solo cuando lucha por una causa justa. (Saint-Denis, dirigiéndose ahora a uno de los colaboradores de Morel) Monsieur Peer Qvist, cuando le ofrecimos hospitalidad en África Ecuatorial suponíamos que su objeto era una misión científica. (Peer Qvist-Frederick Ledebur) Y así es. Proteger todas las especies. Las raíces vivientes que el cielo ha plantado en la tierra. Toda mi vida he luchado por su conservación. El hombre destruye los bosques, envenena los océanos, empozoña el aire con radiaciones atómicas. Los océanos, los bosques, las especies animales, la humanidad son las raíces del cielo. Envenene el cielo y sus raíces y entonces el árbol morirá, las estrellas desaparecerán y el cielo será destruido. (Saint-Denis a Watari-Edric Connor, nacionalista africano que lucha contra el dominio colonial francés) ¡Ah, está usted ahí. Creí que era la última persona en el mundo interesada en la protección de los elefantes. (Watari) Monsieur Morel ha señalado con insistencia que los elefantes son el símbolo de la libertad de África. Ellos serán el emblema de nuestras banderas, y cuando tengamos el poder en nuestras manos, les protegeremos. (Saint-Denis a Morel) Se da cuenta de que está siendo explotado con propósitos políticos. (Morel) Me está ayudando. Usted lo ayuda a él. Nos ayudamos el uno al otro. Personalmente me tienen sin cuidado los nacionalistas. Pero nadie prestó el más mínimo interés a mi petición. Ahora que está siendo utilizado políticamente se asustan. Aún están a tiempo de remediarlo. Morel, si se rinde ahora y vuelve conmigo sólo se le castigará con una amonestación o un simple arresto. ¿Le han enviado para que me diga ésto? No valía la pena cansar a su caballo. La Junta de Protección de la Naturaleza se reunirá en el Congo. Cuando la ley prohiba matar a los elefantes, entonces será cuando me rinda. Pero antes no... (Saint-Denis) Se continuará matando, decida lo que decida la Junta. Lo llevamos en la sangre. (Morel siniestramente) Se apunta en el delicado lugar entre el ojo y la oreja. Sólo porque es grande y hermoso. A eso le llaman un buen disparo. Dicen que los elefantes deben desaparecer en la aurora del progreso. Bloquean las carreteras, tiran los postes de telégrafos. No hay sitio en el mundo moderno para tal libertad. Pues yo no lo acepto..."

Amistad

(Minna, tratando de despertar a Forsythe de su modorra alcoholizada) "Dick, despierta... ¿Que ocurre? ¡Ah, eres tú, Minna, cariño! Otro whisky doble, por favor... quiero que me ayudes. Tengo que ver a Morel. ¿Morel? Sí, tú le conoces. Firmaste su petición. ¡Ah, Morel!, te refieres al tipo de los elefantes. Crees que es tan fácil encontarle. Nadie puede... He hablado con alguien que le conoce. Que sabe dónde está. Tengo un mapa. Quiero que me ayudes. Nos necesita. Bueno, cariño, si me lo pides así como voy a negarme."

(Cy Sedgewick-Orson Welles, informador televisivo neoyorkino, convaleciente en el hospital de una perdigonada propinada por Morel) (El Gobernador francés-André Luguet) Monsieur Sedgewick, vengo a expresarle mi profundo sentimiento en nombre del Ministro de Colonias por esta tremenda y desagradable contrariedad. Desgraciadamente, en estos momentos hay un hombre que... Sí, lo sé, Morel. Tengo aquí precisamente un manifiesto dirigido a mí... Ni que decir tiene que el culpable será apresado y recibirá el castigo que merece... (Sedgewick con admiración) Deje a ese hombre en paz. ¿Me ha comprendido? Deje que siga adelante. ¿Entiende lo que le digo, Excelencia? Me es simpático. Nos escupe a todos nosotros y tiene razón. He estado esperando toda mi vida que alguien me escupiera. Por fin una persona se atreve a hacerlo, y sabe una cosa: de pronto me resulta soportable ser hombre. Así que se lo advierto. Déjele usted en paz... Querido monsieur, yo no acepto órdenes de nadie... Escuche Gobernador, mañana regreso a New York y cuando esté allí no sólamente voy a conmover al ingenuo y numeroso público de la televisión con mi historia sobre el hombre que se atreve a escupir a la humanidad en plena cara, sino que si algo le sucede a esa persona, Excelencia, conseguiré que el nombre de su país sea detestado, odiado. ¿Lo ha oído? Haré que su país sea odiado incluso por las generaciones venideras"

Castigo

(Morel y sus seguidores irrumpen, armados, en un baile organizado por el matrimonio Orsini) "¿Qué significa esto? (Morel) Hemos venido a hablar como madame Orsini. Comunicado de la Junta Mundial de Protección a la Naturaleza: Se ha sancionado a madame Orsini, campeona de caza mayor en África Ecuatorial. La acusada ha sido sentenciada a castigo público. La Junta recuerda que no tiene carácter público y que las consideraciones de ideología, doctrina, partido o raza, clase o nacionalidad son completamente ajenas a ella. Apela sólo a los sentimientos y a la dignidad de cada ser humano, sin discriminación, y con la única idea de pedir un nuevo acuerdo internacional sobre la protección de la Naturaleza, empezando por los elefantes, la mayor compañía del hombre en la tierra. Y ahora la sentencia se va a cumplir. Profesor Peer Qvist... ¿Cómo se atrevan ustedes a tocar a mis esposa...? No se acalore, monsieur Orsini. Para evitar cualquier mal entendido he designado al más viejo de entre nosotros para que le propine doce buenos azotes. (Peer Qvist toma a madame Orsini y la azota) ¡Ah, déjeme! ¡Cómo se atreve!, bruto, ... déjeme, ahhh, déjeme en seguida, bestia,... esto es un ultraje! (Morel cuenta) ¡Uno, dos, tres!... ¡Basta ya!,... cuatro, cinco, ... ¡Déjeme, se lo ordeno, Orsini, Orsiniiii!... Seis, siete, ocho. ¡Basta, esto es horrible, ahhh!... Nueve, diez, once... ¡Basta, basta!... Doce. Eso es todo por esta noche. (Salen Morel y sus colaboradores) (Orsini, gritando) ¡Me las pagará, cerdo!"


Grandeza

(Morel, observando junto a Minna, al alba, una inmensa manada de elefantes que se dirigen al lago a beber) "Fíjese Minna, fíjese. Mire, tal vez sea el mayor conjunto de carne viviente que se haya visto jamás en muchos años. (Minna) Usted hablaba de la libertad gigantesca, eh. Ahora lo entiendo. (Morel) Son las criaturas más fuertes de la tierra y ningún animal les teme. Son amigos de los pájaros, las gacelas conviven con ellos. El hombre. Sólo el hombre es su enemigo. Él los persigue, los mata y martiriza, transformando su mansedumbre en odio. Y después los llama fieras. La mayor matanza de elefantes de la historia tuvo lugar aquí hace treinta años, durante una sequía como esta. Los buscadores de marfil aprovecharon la oportunidad y mataron quinientos en un día. Cuando aquello acabó el lago estaba rojo por la sangre. Sangre de infelices animales que se alimentan de las ramas tiernas de los árboles del bosque. Y también de los lirios salvajes del río."



Una figura solitaria, en su patria o fuera de ella, reflejo de las inquietudes ecológicas que deberían latir en el acervo cultural humano, irrumpirá en una nueva matización psicológica, estremecedora, capaz de proscribir la violencia, tantas veces furibunda, errática y carente de sentido, a la que se entrega ese eterno coloso con pies de barro que es el hombre. Inspiración siempre realista, aun a través de una positiva aportación artesanal, de un gran creador de atmósferas inquietantes y amenazadoras, John Huston, premiando las retinas de los espectadores con la audacia plástica de los escenarios exteriores, que siempre abren una inconmensurable dimensión imaginativa y subjetivista a la producción cinematográfica. Un homenaje meritorio al más voluntarioso reflejo moral del hombre, que, acentuado por cierto extremismo de las soluciones formales, se orienta hacia el estudio naturalista del humanismo, proscribiendo cuanta sordidez puede promover esa tentación de lo irracional que también late soterrada en la tradición cultural de Occidente.


Plenitud sonora de un gran sound-track de Malcolm Arnold, que parece despuntar con el alba y alcanzar el mayor calor vital con los liberadores atardeceres africanos. Y que enriquece como un nuevo ornamento expresivo este canto profético a la libertad en el planeta, acompañando de manera profética la estructura narrativa que converge en la Naturaleza, y en el sentido liberador y rebelde de su protagonista principal.

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viernes 22 de mayo de 2009

Daisy Miller (Una señorita rebelde)

"Daisy es el prototipo de todas aquellas jóvenes turistas americanas capaces de desconcertar continuamente a sus enamorados europeos con una inocencia siempre puesta en tela de juicio, dado que se hallan dispuestas a soñar con sus Giovanellis europeos y desean hallarse junto a ellos bajo la luz de la luna. Y en lo que al varón estadounidense concierne, hay que decir que éste siempre fracasa en su comprensión por esa ingenuidad de la joven americana, candorosa por definición, tan mítica como inocente. Y que dicha pureza no sufre el menor desdoro por nada de cuanto diga o haga... Daisy Miller hizo cuanto le apetecía para satisfacción de ella misma y disgusto de los demás"


Siempre nos aguardará un consuelo de ilusión. Los que entienden la belleza prefieren la palmera solitaria en nuestros eternos jardines cerrados, aunque se hallen afincados en el entono únicamente participativo de la rigidez intolerante de la alta sociedad. Penitencias que se contuvieron en la delicia opaca de una agónica contrición con respecto al comportamiento humano. La sociedad Victoriana decimonónica habló siempre con el ardor, cifra y pompa de sus títulos. Y poseyó su ángel con espada. Ángel fácil al cabo, de buena vida, reflejado en mil medallones que recordaban a su portadores, sobriamente, aunque a través de un mundo artesonado por un ambiente barroco y la lumbre gozosa del lujo, su tributo constante a los elogios protocolarios. Una sociedad capaz de morir avenida a sus errores, sin perder una sonrisa, pero exhibiendo la imaginería, siempre confortadora en sus noches de angustia e incomprensión, de su ángel armado. Su precioso mancebo intolerante multiplicado en sus salas, en sus dormitorios, en sus libros, en sus diócesis, o en el primor reconfortante, dispendioso, murmurador y cerrado de sus fiestas palaciegas. Ningún otro ángel hallaría su monasterio en la complaciente igualdad que tan sólo concedía su especial audiencia a esos oratorios ungidos por la firma de un rey o una reina. Los mismos que solemnizaban toda fórmula de intimidad etiquetada y ritual, sancionadora de los preceptos intransigentes de aquella sociedad encumbrada donde hombres y mujeres, como viejos caudillos de un vasallaje que los envolvía en incomprensibles arrebatos de superioridad, espiaban, no obstante, otros entusiasmos repentinos para contenerlos. Y desconfiaban del fortuito tumulto juvenil, dejaban un suspiro de desprecio en sus ceremoniosas fiestas, y, tras excluirse de la menor confirmación de sus propios deseos ocultos, acababan desfalleciendo de miedo ante los preceptos que iluminar pudiesen de venturosas y novedosas eficacias nuestra humana libertad de acción. Una luz capaz al fin de atravesar la tierra, y caer sobre nuestra frente como una bendición, probablemente frente a una graciosa cabellera de ángel femenino, devolviéndonos los colores de una nueva salud que, esta vez, se mostraba incapaz de contener cualquiera de sus inesperados entusiasmos.


"Tour de force"

Por primera vez el elemento psicológico del drama, que viviera grandes y trágicas leyendas amorosas, entre atmósferas poéticas e inquietantes gracias a rigurosas y magistrales composiciones plásticas, utilizando para su acepción más epidérmica la influencia determinante de la literatura y del enérgico estimulante romántico que para Europa significara el siglo diecinueve, realiza un auténtico tour de force en abierta oposición al tono moralizante, subjetivo e intimista, que conllevan esas conmociones perturbadoras de cuanto estigma pasional, destructivo, infatigable y extremista suele secundar la más exacerbada expresión del amor.




"Daisy Miller" parece adelantarse a la distancia de los tiempos. En lo más oscuro de su voluntad, que se resiste a acatar la obstinación de aquel rancio dogma moral, tan irracional como absurdo, impuesto por la alta Sociedad Victoriana en casi toda Europa, ama, y seguirá amando después de la muerte. Pero, antes, su pasión, su virginal concepto de la libertad, siempre pura en sus deseos y en su promesa de vida auténtica, iluminará de vehemencia y exaltación los anquilosados principios de unas conciencias que rehuyen despavoridas, intolerantes, la caricia de unos ojos que prefieren observar un mundo redimido de sus retorcidos apartamientos de superioridad, de su firmamento melancólico cuyo único brillo semeja un paño de funeral, y de sus dolorosas mortificaciones que se revuelcan en los retablos agónicos y peligrosos de la hipocresía más altanera en cuanto a sus propias emociones se refiere.

Frente a esos relojes decimonónicos, cuyas campanadas suenan más a lloros de mujeres revolcadas de contrición y lástima ante el gesto desdeñoso de sus envarados caballeros, que a alegrías de una preciosa claridad interior, ungidas por el más libre de los alborozos, que jamás blande la vieja espada envidiosa y vindicativa de la insignia jerárquica, y se condecora a sí misma con una liturgia menuda, ingenua, amorosa y adolescente, se alzará una nueva doctrina del comportamiento femenino que ha aprendido a conocer el valor de la insignificancia que conlleva la oscura virtud social de las clases preponderantes. Y la luna que brillará sobre esa noche Victoriana, luna grande capaz de adueñarse de todas las magnificencias de una juventud que palpamos en el corazón como una mano de excelsa suavidad; luna que ondula en el silencio de una pasión que no se sonroja de la delicia de sus sentimientos; una luna, al cabo, toda belleza, que esconde mieles de rosas, lejos de tantos rígidos y huecos terciopelos negros, y en la que estaban ahí amasados (ante los ojos atónitos, desorientados, y por ello mismo inmisericordes, de Mr. Frederick Winterbourne, -agónico, perplejo y casi amortajado galanteador de la desprendida "señorita rebelde"-, siempre tan ciegos, tan espesos y no menos rancios y asustadizos que las ligaduras de su bullonado estatus social), los dedos de alabastro, los virginales cabellos de diosa, el rostro radiantemente bello de Daisy Miller.


El novio italiano de Daisy

(Mr. Winterbourne) "Le acompaño a casa... (Annie "Daisy" Miller) ¡Oh, no!, voy a ver a señor Giovanelli. ¿Tiene que ir? Claro, me está esperando. No le ayudaré a buscarlo. Lo encontraré. ¿No me ira a dejar? Verá, ¡ahí está!, apoyado en el árbol. ¿No le parece atractivo? (Mr.Winterbourne, escandalizado) ¿Pretende hablar con eso? No me comunicaré por señas (ríe Daisy) ¡Iré con usted! Se está poniendo autoritario. Quería expresar lo que pienso. Nunca he permitido que ningún caballero me dé órdenes. Debería escuchar a un caballero alguna vez, al adecuado. (Aparece Ms. Walker en su coche) Buenas tardes, Ms. Walker, ¿qué la trae por aquí? Esa joven no debería hacer lo que hace. Pasear con dos hombres. La ha visto mucha gente. No está bien armar escándalo, ni que ella se eche a perder. (Mr. Winterbourne comprensivo) Es inocente. (Ms. Walker encendida) ¡Es imprudente! ¡Quién sabe hasta dónde puede llegar! ¿Ha conocido a una persona más estúpida que su madre? Permite que su hija... (Se acercan Daisy y su acompañante) Hola. Me complace presentarle al Sr. Giovanelli. Ms. Walker, quien amablemente le ha invitado a su fiesta. Suba y pasee conmigo. Me encanta estar donde estoy. ¡Quizá, pero no es costumbre aquí! Si no paseara, me moriría. Pasee con su madre. Ella jamás ha dado diez pasos seguidos. No soy una niña. Ya tiene edad para ser razonable y no ser tema de conversación. ¿Qué quiere decir? Entre en mi coche y se lo explicaré. Creo que prefiero no saberlo. ¡Pero debería!, ¿o prefiere ser considerada una insensata? ¡Por Dios!, ¿Mr. Winterbourne quiere que suba al coche? ... Creo que debería. ¡Qué idea tan anticuada! Si esto es inadecuado, yo también. No debería hacerme caso. Adiós, disfrute del paseo Ms Walker. (Mr. Winterbourne recriminando a Ms. Walker) Eso no ha sido muy conveniente. Sólo he querido ser sincera. Sólo ha conseguido molestarle. Si pretende ponerse en evidencia, cuanto antes lo sepa, mejor. Su intención no era mala. Eso pensaba hace un mes. ¿Y qué es lo que ha hecho? ¡Todo lo que aquí no se hace! Sentarse en esquinas con misteriosos italianos. Bailar toda la noche con uno sólo. Recibir visitas muy tarde. La madre desaparece... El hermano se acuesta a las dos. ¡Hará lo que ve! Cuando un caballero va a buscarla, los criados del Hotel se ríen. No debería hacer caso de los criados. Su única falta es tomar a Giovanelli por caballero, un mal imitador. ¡Exactamente! Una especie de artista mediocre. No lo conoce. ¡Es indiscreta por naturaleza. ¿Cuánto hacía que la conocía! Dos días. ¡Y el comentario sobre su viaje a Ginebra! Los Miller nunca han sabido nada sobre el buen gusto. Aunque, por otra parte, Ms. Walker, tal vez hayamos vivido demasiado tiempo en Ginebra. No debería... ¿El qué? ¡Animarla!, flirteando con ella. Dando pie a que siga exponiéndose. ¡Déjela!... No sé hacer algo tan inteligente. Me gusta mucho. Pues no la deje provocar un escándalo. No hay nada escandaloso en mis intenciones. He dicho todo lo que debía. si desea volver con ella..."

Henry James

Novelista, crítico y dramaturgo norteamericano (New York 1843- Londres 1916). Narrador introvertido, su novelística adolece de una mesura versátil, no excesivamente compleja, bien que las psicologías descriptivas de sus personajes le concedan a sus tramas un profundo y agradecible contenido humano, siempre dotados de gran intelectualismo y muy alejados del rompecabezas que crear pueda el caos de la acción. Establecido en Inglaterra a partir de 1875, consigue publicar en 1878 su novela corta "Daisy Miller" en una revista. Tras el éxito popular que la misma alcanza, aparece ya como volumen en 1879.



Henry James utiliza la historia de Daisy como tema de discusión sobre las idiosincrasias Europeas y Norteamericanas, y su proximidad en cuanto a los prejuicios que laten en ambas culturas. En una de sus cartas, Henry James expresa que la indisciplinada señorita Miller es una víctima de una "social rumpus" ("ruptura social"), que planea tanto sobre su propio pensamiento como bajo su propia e inocente atención. La joven Daisy es una flor en plena lozanía, sin inhibiciones y en la primavera de su vida. Ofrece un tajante contraste con Winterbourne, un joven norteamericano que estudia en Suiza (y en el que queda también reflejado una especie de autorretrato juvenil del propio Henry James y su jamás desmentida sexofobia), contaminado por la cultural preeminencia petulante de la aristocracia Europea, que dicta sus rígidas normas de comportamiento, y cuya sugestión le lleva a extremar su rigurosidad puritana, apartándole de la promiscuidad en que se desenvuelven otros compatriotas suyos, símbolos, como la misma Daisy Miller, enfebrecida e ingenua turista estadounidense, del desprejuicio y la puridad de la nueva Norteamérica.

Y en defensa de esa atmósfera de inclemente moralidad, representada por la aristócrata Mistress Walker y la propia tía de Winterbourne ("Esa Anne Miller que corretea por ahí, día tras día, hora tras hora, como durante la Edad de Oro. No me imagino nada más vulgar que eso") capaz de mofarse de la baja extracción de aquellos "cándidos, bien que adinerados, turistas estadounidenses", se mostrará más ambivalente en su salvaguarda de las conveniencias sociales y dubitativo ante el error que conllevar pudiera cualquier trato excesivamente amistoso o afectivo con sus compatriotas, y muy en especial con la emancipada familia Miller. Las flores como Daisy Miller mueren en invierno..., o perecen, lisa y llanamente, atrapadas por la Fiebre Romana ("la endémica malaria padecida por muchos ciudadanos romanos durante el siglo XIX"), tras haber acaparado la atención y admiración, únicamente, de sus gentiles galanteadores extranjeros.

Enfermo de amor

(Daisy) "Hola, Mr. Winterbourne. ¿Se sentirá solo? ¿Por qué? ¿No encuentra con quién pasear? No tengo la suerte del Sr. Giovanelli. ¿Piensa que he salido mucho con él? Como todo el mundo. Sólo fingen estar sorprendidos. Pero la verdad es que no les importa nada de lo que hago. Resulta que sí. No le invitan a salir. ¿No lo ha notado? Lo que he notado es que usted es tan rígido como un palo. Ni la mitad que muchos otros. Debería usted verlos. ¿Qué harían? Le harían el vacío. ¿Sabe lo que significa? (Daisy entristecida por primera vez) ¿Lo que hizo Ms. Walker la otra noche? No creo que dejara usted a las personas ser tan antipáticas conmigo. Pensé que iba a decir algo. ¡Sí!... ¿Sí? Quiero decir que... ¿Sí? su madre dice que cree que usted está prometida. Bien, eso creerá. Ya que lo menciona, ¡lo estoy! ¿No lo cree? ¡Por supuesto que no! (Daisy se aleja con Giovanelli) ¡No, no se lo cree! Pero, si lo cree, ... ¡no, no lo estoy!..."

En el Coliseo

(Charles, compañero de Winterbourne, habla con él) "Hoy he visto a Miss Miller. ¿Dónde? En el Palacio Doria. ¿Estaba sola? No. Con ese italiano que siempre lleva un ramo de flores en la solapa. Es muy bonita... ¡Sí!, y un misterio. ¿Cómo dice? No sé si llamarla imprudente o... ¿Inocente? Sí, supongo. Sin duda es usted todo un galán. Parece que siempre está con él y no en los ambientes más selectos. Será simplemente una chica americana y punto... Sea lo que sea que no he entendido sobre ella, ya es demasiado tarde. Se ha dejado llevar por Giovanelli. No creo que haya perdido nada. Anímese, será un buen verano. Nos veremos en la Ópera.

(Winterbourne penetra en el Coliseo. Risas. Aparecen Daisy y Giovanelli) Nos mira como miraban los leones a los cristianos. Esperemos que no sea por hambre. (Giovanelli) Primero yo, y usted de postre. Pero si era Mr Winterbourne. (Frederick hace ademán de irse) ¿Me deja con el saludo en la boca? ¿Cuánto tiempo lleva aq? Pues... toda la noche. Ya veo... Nunca había visto nada tan curioso. No pensará que es curioso un ataque de malaria. Así es como se coge. (Giovanelli) No temo por mí mismo. Lo digo por la señorita. Ya le he asegurado que era una indiscreción... ¡Bah!, nunca enfermo. Tengo una salud de hierro. Quería ver el Coliseo a la luz de la luna. Lo hemos pasado de maravilla. Si hay riesgo, Eugenio tiene unas pastillas. Le aconsejo que se tome una lo antes posible. Tiene mucha razón. Iré a ver si están los cocheros. (Daisy y Winterbourne se quedan solos) Me enloquece el Coliseo. ¿Por qué está siempre tan serio? ¿Creyó de verdad que estaba prometida?... No importa lo que creí el otro día. Bien, ¿qué cree ahora? Creo que no importa si está prometida o no. (Aparece Giovanelli) Deprisa, si llegamos a casa antes de las doce, estamos a salvo... No olvide las pastillas de Eugenio. (Daisy con tristeza) ¡Me da igual tener la fiebre romana o no!...

(En la Ópera, días después. Comentarios)... Muy enferma, he oído. ¿Está en el hospital? No, la cuida su madre, pero la han visto varios médicos. No me sorprende. (Winterbourne, intrigado, a Charles) Charles, ¿qué sabe de Daisy Miller? Ah, es verdad, no sabe. ¿Saber qué? La muy tonta ha cogido la malaria. Dicen que está muy mal. (Winterbourne sale corriendo) ¡Freddie!, adónde vas?. ¡Freddie!..."


Peter Bogdanovich

Nacido en Kingston (New York) el 30 de julio de 1939. Su padre fue un pintor y pianista servio, y su madre descendía de una rica familia judío-austriaca, que emigraron a Estados Unidos huyendo de la Alemania Nazi. Estudió con Stella Adler, famosa profesora de arte dramático. Influenciado por los críticos franceses, escribió para Cahiers du Cinema, especializándose como comentarista de los films de François Truffaut. En 1968 dirige su primera película "Targets". Su segunda película "Voyage to the Planet of Prehistoric Women" del mismo año queda definitivamente relegada en el olvido. Inicia de nuevo su etapa de periodismo como comentarista cinematográfico y se granjea la amistad del legendario Orson Welles.

Cuando en 1971, a la edad de 32 años, rueda "The last picture show", es recibido por la crítica como el nuevo "Wellesian wunderkind" ("el nuevo chico prodigio Wellesiano"). El film recibe ocho nominaciones a los Premios de la Academia, en el que se incluye a Bogdanovich como Mejor Director. Ben Johnson y Cloris Leachman se alzaron con los dos Oscar a los mejores actores secundarios. Cybill Shepherd, modelo de 19 años, interpreta el papel principal de la película, y mantiene un tórrido romance amoroso con Bogdanovich que se divorciaría de su esposa, la diseñadora Polly Platt.




Los mayores éxitos cinematográficos de este joven realizador se suceden en la década de los 70: "What's up, Doc",1972, con Ryan O'Neal y Barbra Streisand, "Paper Moon", 1973, de nuevo con O'Neal y su hija, la jovencísima Tatum, que recibe al Oscar de la Academia a la mejor actriz secundaria, y "Daisy Miller", 1974, de nuevo con Cybill Shepherd y el malogrado actor juvenil Barry Brown, magnífica adaptación de la novela de Henry James, que, no obstante, recibe una fría acogida por parte de la crítica (pese a todo, será elegida como una de los "1000 Best Movies of all time" por los críticos del New York Times, y Bogdanovich siempre la considerará, entre todos sus trabajos, como "su pieza personal favorita") . Se sucede un nuevo fracaso al dirigir "At long last love", 1975, musical de Cole Porter, en la que Cybill Shepherd interpreta con su propia voz las canciones de Porter. El famoso "affair" con la actriz finalizará en 1978.

En 1981 rueda "They all laughed", una de las últimas apariciones de la la legendaria Audrey Hepburn, y en la que hace su debut Dorothy Stratten, bellísima "1980 Playboy Playmate of the Year", de la que Bogdanovich acaba enamorándose. Casada con Paul Snider, su patrocinador, hombre de carácter agresivo e inestable, morirá aquel mismo año asesinada por Snider, quien, tras el crimen, acabaría suicidándose. La historia de Dorothy Stratten será llevada a la pantalla en 1983 con el título de "Star 80", por Bob Fosse, y en cuyo film el mismo Bogdanovich se interpretará a sí mismo, con el nombre ficticio de Aram Nicholas. Su reputación será objeto de todo tipo de habladurías y murmuraciones cuando contrae matrimonio, en diciembre de 1988, con la joven de 19 años, Louise Stratten, hermana de la fallecida Dorothy, de la cual se divorciaría en 2001. En 1999 dirige una secuela de su película de mayor éxito "The last picture Show", que recuperará a los personajes del su antecesora, y que, bien recibida por la crítica, se estrena con el título de "Texasville", esta vez rodada en color, y de nuevo con Cybill Shepherd. Tras la misteriosa muerte de Natalie Wood, realiza, en 2004, un famoso docudrama para la ABC TV: "The mystery of Natalie Wood".

Retirado de la dirección cinematográfica, en la actualidad aparece como presentador en el programa "The Essentials" en TCM. "The last picture show" pasó a formar parte en 1998 del registro nacional de cinematografía en USA por la "Junta Nacional de Preservación de la Librería del Congreso", reivindicada como uno de los clásicos más preeminentes de la década de los 70, honor con el que únicamente se distingue a los films más sobresalientes y representativos dentro del panorama cultural del Séptimo Arte.

Cybill Shepherd

Nacida el 18 de febrero de 1950 en Memphis, Tennessee USA. Bella y famosa modelo (elegida "Miss Teenage Memphis 1966") se convierte en "Model of the year" en 1968. Debuta brillantemente en "The last picture show" 1971, de Peter Bogdanovich, iniciando una relación sentimental con el joven director cinematográfico. Su segunda película será "The heartbreak kid", 1972, dirigida por Elaine May. En la misma, su interpretación adolece de ciertas improvisaciones poco acertadas, alentadas por su directora.

En su siguiente film, de nuevo con Bogdanovich, "Daisy Miller", 1974, como la epónima heroína de la novela de Henry James, la Shepherd adquiere ante la cámara su más grácil liviandad (pese a que los críticos de la época se ensañen con el film considerándolo un auténtico desatino, de frívola e inaceptable perspectiva en cuanto a lo que el exilio turístico americano pudo significar en aquella provecta Europa del diecinueve).

"Daisy Miller", a través de Cybill Shepherd, enamorada e irónica, romántica y barroca, agridulce y libre, resplandeciente y conmovedoramente hermosa, frente a los conceptos morales y amorosos de la encopetada Sociedad Victoriana decimonónica y sus puritanas conciencias, se convierte a los ojos del espectador y de sus admiradores en un testimonio de impresionante fuerza expresiva, prefigurando en su viraje moral un nuevo y atractivo tipo romántico (adelantándose así a un género que hallaría sus mayores resonancias en los importantes ciclos costumbristas que más tarde llegarían de mano de Ismael Merchant y James Ivory). Cybill Shepherd impone, por medio de uno de los más brillantes ejercicios de estilo interpretativo, la más fascinante faceta de su personalidad, resaltada, al igual que sucediera en "The last picture show", con particular eficacia por la magnífica dirección de Peter Bogdanovich. Libre y desenvuelta, erótica y excitante, seductora y misteriosa, la Shepherd crea el arquetipo acelerado de un nuevo mito erótico, soliviantador y proscrito del reaccionario y caballeresco universo masculino incapaz de aceptar la menor osadía de liviandad en la mujer (pergeñado también en la misoginia novelística de Henry James), que no se avendrá tampoco a admitir aquel otro atavío mítico que revistiera a personajes tan irreales y distantes como las divas de antaño, y cuyo puritanismo restrictivo quedó vinculado a la fuente bautismal, siempre al acecho de los sacrilegios, de aquellos santuarios que gestaron sus rebuscadas, asépticas, ponderadas, y tranquilizantes estampas confiándolas al misterio tradicionalista de aquella inmaculada sociedad de matriarcal procedencia virginalmente romántica.

Annie "Daisy" Miller - Cybill Shepherd, muchacha-que-quiere-vivir-su-vida lejos del desdeñable capítulo de una sociedad engañosamente confortable (intolerantemente excitada por una imaginación erótica, y siempre encubierta por las más rebuscadas e insostenibles argucias freudianas), exigirá a los dioses del Olimpo que la bajen a la tierra, y la conviertan en un auténtico ser humano.

Y así recreada por Bogdanovich, frente al atosigante y represivo andamiaje moral propuesto por la sexofobia de Henry James, sin reservas ni complejos, Cybill Shepherd se integra, de manos del joven director, en la estética audiovisual del Séptimo Arte como un nuevo fenómeno del cine literario, para permanecer en nuestro recuerdo como un auténtico, inolvidable y triunfante mito de la década de los 70.

"At long last love", su siguiente película en 1975, musical de dudosa calidad, fracasa estrepitosamente. En 1976 interviene en "Taxi Driver", de Martin Scorsese, contrariando los deseos de su productora Julia Phillips, que prefería a Farrah Fawcett. Su compañero en el film, Robert De Niro tachó la interpretación de la Shepherd de incompetente y odiosa. No obstante, su trabajo fue celebrado por la crítica como su "primer éxito" en cuatro años. Un nuevo fracaso, "The lady vanishes", 1979, desastroso remake del clásico de Alfred Hitchcock, la apartan casi definitivamente de la gran pantalla. Tras su ruptura con Bogdanovich, vuelve a su ciudad natal, Memphis, donde se casa con David Ford (del que se divorciaría en 1982), y da a luz un hijo.

Su popularidad, deslindada de la industria cinematográfica, asciende de nuevo verticalmente tras rodar la serie televisiva "The yellow rose", en 1983, y alcanza por fin una nueva edad adulta por medio de la siguiente serie detectivesca "Moonlighting", en 1985, en compañía de la futura superestrella masculina, Bruce Willis (a quién Cybill Shepherd no se reprime en considerar públicamente como a uno de los "más detestables y odiosos compañeros artísticos de su vida") que se convierte en uno de los puntales de audiencia frente a la pequeña pantalla. En 1987 contrae nuevo matrimonio con Bruce Oppenheim. Tienen dos hijos. El divorcio llega en 1990. Bogdanovich la requiere en ese año, 1990, para "Texasville", segunda parte de la excepcional "The last picture show". Aparece de nuevo en TV, 2003, con éxito, en la serie: "The story of Martha Stewart". En 2000 había publicado su autobiografía: "Cybill Disobedience: How I Survived Beauty Pageants, Elvis, Sex, Bruce Willis, Lies, Marriage, Motherhood, Hollywood and the Irrepresible Urge to Say What I Think", by Cybill with Aimee Lee Ball.

Barry Brown

Nacido el 15 de abril de 1951 en San José, California. En su árbol genealógico se agrupaban orígenes sicilianos, irlandeses y escoceses. Aparece por primera vez en la pantalla en 1958, rol no acreditado en el film "In love and war", con su hermana Marilyn, también actriz. Como actor infantil había actuado en dos espectáculos musicales, uno junto a Van Johnson en "Bye, bye Birdie" y otro en "The music man" con Forrest Tucker, ambos en San Francisco, 1963. A los 14 años sus apariciones en el escenario se prodigan, mientras estudia en la Laurence Merrick Academy. En 1967, el joven Barry abandona sus estudios de Arte Dramático, y escribe, produce y dirige su obra teatral "Flowes farts", luego rebautizada como "Charity". Sus representaciones en Los Ángeles reciben favorables críticas.

Debuta oficialmente en 1970, junto a Jeff Bridges, en "Halls of anger". Aparece en televisión en el rol de Henry Wheeler, con Cliff Robertson y Robert Duvall en la serie "The great Northfield Minnesota raid". Y de nuevo junto a Jeff Bridges, irrumpe en la gran pantalla con una excelente interpretación, como Drew Dixon, en el drama enclavado en la Guerra de Secesión, "Bad company", 1972.

Tras incansables búsquedas de actores jóvenes, Peter Bogdanovich elige a Barry Brown, en 1974, como actor principal para su film "Daisy Miller". Barry Brown lee todas las obras de Henry James y muchas biografías del autor a fin de prepararse para su papel de Frederick Forsyth Winterbourne. Peter Bogdanovich reconocería en algunas de sus declaraciones, extras aparecidos en el DVD del film, que el joven Brown salvó con enorme naturalidad y probado tesón los escollos que representaban el serio desarrollo de la compleja personalidad de Winterbourne, reconciliando excepcionalmente los ambivalentes sentimientos que propugnan su desconcertadora conducta con respecto a la atracción que sobre él ejerce la desenvuelta y desconcertante Daisy Miller. "Fue uno de los pocos actores jóvenes americanos atraídos por la lectura, y al que, por supuesto, podías considerar capaz de leer un libro", reconoció Bogdanovich.

En 1973 fue muy celebrada su interpretación en los escenarios como el joven Edmund en "Long day's journey into night" de Eugene 0'Neill junto a Gerladine Fitzgerald. Una de las últimas apariciones del joven Barry tuvo lugar en televisión en 1977, en la mini serie "Testimony of two men". A partir de ese año su carrera cae en punto muerto, fruto de su carácter depresivo e insatisfecho. No en vano sus ídolos son Montgomery Clift, James Dean y Bela Lugosi. Emprendido el doloroso camino que lo arrastra hasta el alcoholismo, se aboca morbosamente en obsesivas lecturas de cuantas necrológicas aparecen publicadas en los principales diarios estadounidenses (imagen del joven Brown reproducida fotográficamente por Bogdanovich en las primeras secuencias de "Daisy Miller"). Su postrer aparición cinematográfica tiene lugar en 1978, en el film de terror, dirigido por su amigo Joe Dante, que crearía exclusivamente para él un pequeño papel como guía de la selva, en su fallida "Piranha".


Era famosa su afición por los films de terror y ciencia ficción de serie "B": "Cuando crecía en San José, y vivía enganchado a los films de terror, no existían otros clásicos para mí. Por 10 centavos la docena me apresuraba, junto a otras compañías infantiles, a gozar repetidamente de ellos. En mi mente ""La criatura de la Laguna Negra" era mi exclusivo clásico de horror, aunque también consideraba como mi gran favorita "La invasión de los ladrones de cuerpos", a las que tendría que añadir "Tarántula", "La criatura con el cerebro atómico", "La invasión de los Platillos Volantes", "Los muertos-vivientes y el sueño negro". Adoraba a Bela Lugosi, y, os lo creáis o no, a Tor Johnson" (Publicado por "Cult Movies Magazine)

Tras un breve matrimonio (4 de marzo de 1972, con Jennie Vlahos, de la que se divorciaría en mayo de aquel mismo año) Barry Brown se suicidaría de un disparo en 27 de junio de 1978 en su casa de Silver Lake, California. Fue incinerado, y sus cenizas, de acuerdo con sus deseos, fueron esparcidas sobre el Checo River, en Oregon.



Cloris Leachman: Mrs. Ezra Miller. Absolutamente insólita. Charlatana y enfermiza. Desbordante y convincente, resume a la perfección el moderno espíritu de materna libertad que estructura el film: "Daisy habló de usted el otro día, Mr. Winterbourne, y muy bien. Casi nunca sabe lo que dice, a causa de la fiebre. Pero, esta vez, creo que sí. Me pidió que le dijera que nunca fue la prometida del Sr. Giovanelli. Yo me alegro. No le hemos vuelto a ver desde que está enferma. Pensé que era un caballero, pero no ha sido nada cortés. Dicen que temía que yo no aprobara que estuviera con ella. Debería saber que soy una dama y no me escandalizo. Bueno, Daisy quiere que usted sepa que no está prometida. Me lo dijo tres veces: Díselo a Mr. Winterbourne. Y dijo que le preguntara si recordaba su visita al castillo de Chillon, en Suiza."




Eileen Brennan: Mrs. Walker. Un rostro capaz de suscitar en el espectador una actitud mental semejante a la de las peores convenciones morales que asolaban la Europa decimonónica. Con extraordinario verismo y riqueza de detalles, la Brennan, "grande cocotte" encubierta de Roma, refleja a la perfección las hipócritas y soterradas inquietudes sociales impuestas en el complejo acervo cultural de la Sociedad Victoriana.




James McMurtry: Randolph Miller boy. Portentoso sujeto dramático, agitado acróbata infantil cuyos desplazamientos, siguiendo a los principales intérpretes, espiando sus gestos, y aniquilando los actos absurdos de sus adultos, crea una de las experiencias más inolvidables de observador fantasmagórico atrapado por la "desencadenada cámara". Particularmente notable será el acusado realismo con que el pequeño Randolph encauza sus sentimientos de despecho y de odio hacia el remilgado y confuso Forsyth Winterbourne, cuando sean sus ojos acusadores los que sustituyan la interioridad recriminatoria, esta vez cobijada en el silencio más despectivo, contra el automatismo un tanto conflictivo y siempre desconcertado que acomete de continuo la perpleja presencia de Mr. Winterbourne.

Duilio del Prete: Sr. Giovanelli: "Era la joven más bella que nunca vi. Y la más amable. La más inocente. (Winterbourne) ¿Por qué diablos la llevó a aquel lugar?... Yo no temía por mí mismo. Ella... ¿Sí?... Ella hacía lo que quería.





(Mr. Frederick Winterbourne. Voz en off) "Me pesa en la conciencia. He cometido una injusticia con ella... Creo que habría... apreciado mi cariño. Llevo demasiado tiempo en el extranjero"





Peter Bogdanovich despliega un inmenso esfuerzo material y un respeto minucioso para captar las excelencias del relato de Henry James. Particularmente sensible, se apasiona hasta tal punto con "Daisy Miller" que es capaz de sustraerse al éxito, sin falsear lo más mínimo la compleja realidad del legado moral engendrado por el puritanismo, y que acabarán condicionando la felicidad o la infelicidad de ambos protagonistas. Dos polos que se subliman en una de las culminaciones dramáticas más poéticas y tristemente atenazadas por la concepción disparatada y destructiva de una deformada y subjetivista realidad social, que fue capaz de arrasar las emociones más primitivas del ser humano convirtiéndolas en máscaras de rasgos desgarrados y hermético romanticismo.

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