domingo, 30 de octubre de 2016

Proceso a Mariana Pineda -III Parte-

Pepa Flores: Actualidad de Mariana Pineda

La complejidad seductora de sus pasos pone, todavía hoy, un punto de ansiedad en nuestros corazones cinéfilos. Sus ojos azules, bajo el molde perfecto de las cejas, nos siguen observando con toda la fuerza gentil que desprende su belleza. Pepa Flores [ex-Marisol], súbita y definitiva, no deja, pues, de emocionarnos con el impulso aguzado de sus palabras, que vuelan desde sus labios con la misma llama excitante que arde en sus ojos, estimulando al mismo tiempo el discurrir audaz de la exquisita riqueza de textura y delicadeza que privatiza todo su cuerpo. Y así es capaz de integrar al espectador en una especie de magia que concede el ineludible beneplácito a nuestro asombro, porque el espacio pasional de su fuerza dialéctica brilla como un gentil encantamiento sobre la amorfa sordidez del insoportable mundo absolutista que, ficticiamente, rodea su personificación de Mariana Pineda.

Pepa Flores se muestra en verdad como poseedora de uno de los destellos mas subyugantes que jamás se hayan evidenciado en la imagen cinematográfica. Es como si un incentivo sagrado, de una fascinante sutilidad femenina, nos estremeciera al contemplarla entre ese fuego latente que conlleva la interpretación de un personaje en la alegórica crisálida ofrendada por el celuloide. Así, a través de Pepa Flores, nos unimos a esa realidad de sentimientos que, en efecto, cobran una maravillosa y deseable vitalidad de hostilidad y desafío asombrosamente luminoso frente a la insidiosa prepotencia de sus enemigos, irracionales y gesticulantes anfitriones de la arbitrariedad, prisioneros perpetuos del servilismo más vejatorio, y capaces de degradar, con sus actos de fanática intransigencia monárquica [como así fue en realidad], la libre naturaleza del ser humano.

Sabemos entonces que Pepa Flores, al proporcionarnos esa sensación majestuosa de voluntad infalible en sus positivos atributos libertarios, como si se tratara de una reina centelleante, pero casi sobrenatural, dotada de una, ¿por qué no?, santidad retadora en contra de toda tiranía, se transfigura en ese ser semejante a una gema cuya existencia fue capaz de intensificar la agudísima contradicción, radicalmente inefable, que alimentara la más pura de las oposiciones a tan dolorosa laceración como fue la del totalitarismo de Fernando VII. Un reinado ominoso que trató de aniquilar y modificar a su antojo la comunión definitiva del hombre con su libertad, trascendente e intrínseca. Esa libertad que debe nutrir nuestra vital tenacidad luchadora, y la aquiescencia de nuestra más absoluta realidad como seres libres, que es la que sustenta nuestra presencia humana sobre este planeta.

Y al encarnar a Mariana Pineda, Pepa Flores tampoco puede escapar a esta transfiguración idílica, del mito casi elevado a la divinidad, que definió la existencia de la heroica víctima granadina que, sin abandonar jamás su lucha ciudadana, porque para ella "dejar su país era lo mismo que repudiar el mundo", combatió denodadamente por la libertad del pueblo, como entregada antagonista de tan inicuo servilismo como el que presidiera el despótico reinado absolutista del Borbón Fernando VII, personificado en su ciudad natal, Granada, por el extremismo mezquino y fanático de  Ramón Pedrosa Andrade, fatídico "Alcalde del Crimen", que la condujo al patíbulo cuando tan sólo contaba 26 años de edad.


Sin pábulo a la nostalgia, Pepa Flores rehuye su pasada etapa infantil


Cuando la hoy ex-Marisol hablaba, en pasadas décadas, de sus auténticos problemas cinematográficos infantiles, recordaba que, en realidad, durante su niñez, no fue más que un objeto de explotación que ya prefiere olvidar. Sus películas de infancia cubrieron un capítulo del cine español que, en efecto, pese a hallarse tan determinado por su radiante y precoz personalidad, unida a la influencia de sus numeritos folklórico-musicales, llegaron quizás a convertirla en la más famosa  intérprete infantil de la cinematografía hispana. Pero sus películas poseían en realidad una baja calidad y como divertimento tenían éxito precisamente porque, además de ser sancionadas por un exceso de canciones popularmente muy pegadizas, eran casi trágicas y muy tristes, y daban oportunidad por tanto al llanto fácil, sirviendo de catarsis a un público que podía llorar con sus excesivos y mediocres sentimentalismos espontánea y públicamente. "Fue una etapa agotadora, -aseveraría Marisol- y sus historias absurdas se explotaron hasta la saciedad".

En cuanto a su adolescente etapa televisiva [sin obviar los tres films juveniles como "Carola de día, Carola de noche" y "La chica del Molino Rojo", en los que también intervino como estrella principal y que ya no triunfaron en taquilla], sus participaciones en la pequeña pantalla, promovidas en todo momento por el espectáculo sistemático de "grandes estrellas musicales", "grandes entrevistas" y "grandes encuentros con cantantes, músicos y actores llegados de otras latitudes", y en las que ella tuvo que aplicarse como anfitriona, fomentando una cierta picardía muy "typical spanish" y una gracia [de la que, en realidad no carecía], por lo general carente de verosimilitud, resulta curioso reconocer que, al profundizar en sus apariciones televisivas como nueva atracción popular en los hogares españoles, las mismas no dejaban de ser comparables, en términos generales de adocenamiento, bien que, por supuesto, muy al gusto pop de la década de los 70,  a la gran eclosión que produjeron en la pantalla grande sus creaciones infantiles, ora tímidas y tiernas, ora cantarinas, metomentodo, y, finalmente, lacrimógenas. Marisol, ya como espléndida adolescente, volvía ciertamente a reaparecer como gran intérprete musical implicada en otra definición de la imagen más concreta como era la del "show business", aunque con resultados no excesivamente distintos a los que se repitieron de forma incansable en sus películas de niñez.

1973: "La corrupción de Chris Miller"
Completamente medida, aunque pasando por todo el film con la tranquilidad que concedía el hacer una obra sin demasiado apasionamiento, dados los encontronazos que ya sufriera durante la década de los 70 el gran Juan Antonio Bardem, y producida por Xavier Armet con exaltada esperanza de que pudiera convertirse en un fantástico taquillazo, Bardem trató de acentúar el maravilloso atractivo juvenil de Marisol dirigiéndola en el irregular thriller sádico-erótico en que se convirtió "La corrupción de Chris Miller", 1973; película con la que tanto Bardem como Armet buscaron para  aquella Marisol veinteañera el primer reconocimiento internacional, acompañándola de la veterana, todavía excitante y malograda actriz norteamericana Jean Seberg. y un desconocido e insulso joven actor inglés llamado Barry Stokes. El film se convirtió en un guignol malicioso, de registros chillones, excesivamente spanglish-british, donde Marisol perdía los estribos más de una vez y la Seberg no se acababa de creer lo que estaba interpretando. Fue uno de los últimos riesgos más peliagudos de un director tan gigantesco como Juan Antonio Bardem, que llegó a rayar en lo olímpico durante la dictadura franquista. Un film al que todavía hoy, tratando con benevolencia a sus personajes femeninos, procuramos encontrar su sentido. Pero dado el tiempo transcurrido, "La corrupción de Chris Miller" se ha convertido en un producto aceptablemente visible, curioso, de un erotismo primario, en el que las crispaciones femeninas de Marisol, bordeando siempre el esperpento pero sin llegar a caer en él, merced a la maestría de Bardem, casi logran ejercer sobre el espectador una fascinación erótica impensable en el recuerdo de la que fue nuestra pequeña actriz folklórica más famosa.

Tras "Proceso a Mariana Pineda", Pepa Flores interpretaría "Caso Cerrado", en 1985, para la pantalla grande, junto a Patxi Bisquert, dirigida por el recién llegado y efímero director cinematográfico Juan Caño Arecha [que reaparecería en TVE en 2007 con el documental "Antonio Gades, la ética de la danza" y en  2013 con "Genet en el Raval"]. Sin embargo, pese al excelente guión de su director Juan Caño y de Gonzalo Goicoechea, y la no menos excelente presencia en el film de Pepa Flores, la película chocaría, por desgracia y definitivamente, con un muro de silencio por parte del público español, que condenó el film en taquilla. Y aunque las críticas al mismo fueron igualmente desfavorables, "Caso cerrado" se sigue erigiendo [para quien tenga curiosidad por recuperar su visionado] en un film crítico, casi modélico como crónica insólita -nunca antes tratada por ningún film español- de ciertos valores sociales y religiosos como fueron la "objeción de conciencia" y " el judaísmo", y en el que todas las capacidades acreditativas de nuestra libertad como seres humanos vuelven a componerse y a descomponerse más y peor, o mejor... para no llevarnos, finalmente, a la desesperanza.

"César, un ejecutivo segoviano de religión judía, expone sus ideologías como objetor de conciencia y se muestra inflexible a la hora de aceptar llevar a cabo el obligado servicio militar. Frente a esa situación social difícilmente salvable, el joven sufrirá las represalias por su objeción, que también afectará a su matrimonio con Isabel y a su trabajo. Sueños que se desvanecen tras el encarcelamiento de César, y una carga de profundo interiorismo moral, muy bien dosificado por Juan Caño Arecha". Y pese a que Pepa Flores y el resto de sus excelentes intérpretes como Patxi Bisquert, Encarna Paso, Isabel Mestres, Santiago Ramos, Lola Gaos y un todavía casi desconocido Antonio Banderas, se entregaron con enorme fuerza a sus papeles, fue muy mal aceptado y comprendido por el tan esperado renacimiento cinematográfico español de los 80.


"Caso cerrado" supuso así una seductora conclusión de un talante y de un talento como fue el de nuestra inolvidable actriz Pepa Flores, que en efecto optó por retirarse irrevocablemente del espectáculo y de la vida pública.

"Juan Caño, gran amigo y artista, me convenció, después de haber dado vida en TVE a "Mariana Pineda", para que protagonizara "Caso cerrado", y acepté [como hice con Mariana] porque la película planteaba cuestiones que siempre he considerado ético defender, como son la connivencia entre Justicia, Finanzas y Policía en contra del individuo y la Libertad", confesaría Pepa Flores. Declaraciones que recogería el periodista Javier Barreiro en su libro: "Marisol frente a Pepa Flores"


Triste e injusto destino de Mariana Pineda: Pepa Flores unifica y actualiza el notable impacto regenerador de su personaje














































Es evidente que, como atracción popular, el planteamiento de cualquier serie [en este caso para Televisión] o film histórico debe fomentar  en todo momento el llamado "sistema de estrellas". Y al tratar de plasmar en la pantalla cualquier figura heroica, al igual que en el cine de aventuras, es difícil ejercitarse en su esplendor -ya sea para el bien o para el mal- sin en ella no confluye una definición lo más concreta o verosímil posible, capaz de estimular el ansiado interés del espectador más reticente a este tantas veces acartonado y de falsete cine de género. Además, para los valores a defender en las películas históricas no basta la inspiración -por más sugestiva que ésta sea- sino que su trascendencia como gran espectáculo capaz de recibir el aplauso fervoroso del público exige ante todo la imposición crematística más ingente por parte de las productoras. Así el rodaje de "Proceso a Mariana Pineda" fue producido por Berango Internacional Films para TVE, bajo la dirección del realizador Rafael Moreno Alba, que dividió la serie en cinco capítulos de una hora cada uno. El presupuesto global de la película,  filmada en formato de 35 milímetros y color, [para que de nuevo fuese posible echar mano de aquel necesario "sistema de estrellas", -ya que, aparte de Pepa Flores, intervinieron en la serie actores tan renombrados como Germán Cobos, -su mejor papel ante las cámaras- Carlos Larrañaga, Manuel Galiana, Rafael Alonso, Tony Isbert, Conrado San Martín, Antonio Iranzo, José María Caffarel, José Vivó, Raúl Fraire, Valentín Paredes, Enrique San Francisco y una jovencísima Rosario Flores, capaces de determinar con sus excelentes interpretaciones, en su plenitud más verosímil, las circunstancias históricas que rodearan a tan irrepetible personaje] se acercó mucho a los 150 millones de pesetas, con un tiempo total de trabajo inicialmente previsto de unas 15 semanas.

PEPA FLORES















Entrevistada tras el estreno de la serie, nuestra nueva Pepa Flores, que, por fortuna para el telespectador, se convirtió en figura señera y magistral protagonista de este "Proceso a Mariana Pineda", no dudó en describir con minuciosidad, a través de pequeños detalles, su estado de ánimo al construir con la mayor objetividad posible el que sin duda había sido, ya como actriz superlativa, su más importante y decisiva interpretación dramática: "Como quiera que la figura histórica de Mariana marcó un hito que todavía permanece vivo, yo he intentando a nivel personal interpretar un personaje que en todo momento resulte creíble, humano y real a los ojos de los espectadores de hoy, procurando acercarlo a la sensibilidad actual para que no se quede aislado y distante". No obstante, tras referirse a sus públicas diferencias con TVE [después de haber padecido en su adolescencia  las presiones de empresarios y directores que no dudaron -una vez acabado el tiempo en que brilló como actriz infantil- en encasillarla en aquel flamante cambio de imagen adolescente que requería ahora como juvenil, pizpireta y cantante Marisol, a fin de que también encajara a la perfección en el recién llegado engranaje de "ambiente musical televisivo", y merced a lo cual las altas ambiciones gananciales de sus citados empresarios no llegaran a sufrir así la menor merma], la consecuencia lógica fue que Pepa Flores reconociera: "No tengo el menor recato en decir que la televisión no me gusta absolutamente nada, que no estoy de acuerdo con su línea actual y que, por lo tanto, no me presto de momento a colaborar con ella". Pepa Flores justificó su participación como protagonista principal en la serie por el hecho de que a ella la había contratado una productora privada -la citada Berango Internacional Films-, aparte de que admiraba la figura de Mariana Pineda. "Nos hemos basado en la documentación auténtica del proceso que la condujo al garrote. Precisamente yo creo que los problemas que impulsaron a Mariana en su lucha siguen existiendo todavía hoy en nuestra sociedad, a pesar del siglo y medio transcurrido desde su muerte, y esa fue una de las razones principales que me decidieron a aceptar el papel. Habría sido incapaz de interpretarlo -manifestó-, si no me sintiera desde hace tiempo ligada al personaje. Como andaluza que soy, yo conocía la historia de Mariana Pineda desde pequeña, porque mi madre nos contó muchas veces en casa el romance". Quizás debido a ese cariño y admiración que Pepa Flores siente por la figura de Mariana Pineda, la "desidia e indiferencia" que la actriz ha notado en Granada hacia la memoria de la heroína local la escandalizaron hasta el punto de llegar a expresar su tremenda desilusión: "A mí, por lo menos, -dijo-, me ha dado la impresión de que en Granada no se conocen suficientemente la vida y la importancia histórica de Mariana, aunque quizá la culpa de estos hechos la tengan los muchos años de ocultación del tema que hemos padecido en épocas anteriores. El caso es que me llevé una gran decepción cuando, después de buscar con gran entusiasmo la tumba de Mariana en la catedral, donde apenas nadie sabía el lugar exacto en que estaba enterrada, pude comprobar horrorizada que se halla en una especie de alcantarilla que pasa completamente inadvertida en el templo. Fue una visión que me hizo mucho daño. E insisto en esto porque me sentí totalmente avergonzada al observar con cuanta falta de benevolencia -a excepción de nuestro extraordinario Federico García Lorca- la vida de esta heroína legendaria ha sido tratada por nuestra historia. Y con la esperanza de haber podido aportar [mediante la serie de Rafael Moreno Alba] un pequeño granito de arena para mejorar la visión de nuestra extraordinaria heroína liberal, creo -añadió Pepa Flores-, y así deberíamos desearlo todos los españoles, que el recuerdo de esta gran mujer y los restos inhumados en la catedral de Granada merecen ser tratados de otra manera más digna. La actitud que en vida mantuvo Mariana Pineda responde a una problemática histórica que, desgraciadamente, no ha perdido aún actualidad, y no sólo en lo que se refiere a la actitud política del liberalismo republicano que la heroína granadina defendió y pagó con su vida, sino incluso a la cuestión feminista, tan en auge en los últimos años".