domingo, 2 de octubre de 2011

Lust for life -III Parte- (El loco de pelo rojo)

"Quería que la siguiente producción de Bryna Company -Compañía propia de producción cinematográfica perteneciente a Kirk Douglas y bautizada con el nombre de su madre, Bryna Sanglel- fuera "Lust for life", el best-seller de Irving Stone (1934) sobre Vincent van Gogh. Y quería protagonizarla. Pensé por primera vez en hacerla cuando Jean Negulesco, un director rumano ("Lure of wilderness"), que también era artista, cogió una foto mía, y le dibujó barba y sombrero de paja. El parecido con Van Gogh era sorprendente. Negulesco estaba ansioso por hacer la película y yo también. Anuncié que mi empresa llevaría al cine el libro de Irving Stone. Me llamaron de la Metro. -Adivina una cosa, Kirk. Nosotros tenemos los derechos de "Lust for life"- Así era. MGM los tenía desde hacía años y en 1946 habían estado a punto de filmarla con Spencer Tracy como protagonista. Después de que Norman Corwin escribiera un nuevo guión, la Metro y yo llegamos a un acuerdo. El Productor de la película fue John Houseman y el director Vincente Minnelli. Los tres habíamos trabajado juntos con anterioridad en "The Bad and the Beautiful"... Hacer "Lust for life" fue una experiencia sensacional pero dolorosa. Lo sensacional fue trabajar con Vincente Minnelli, un director nervioso e impaciente con sus actores. Pero yo me sentía como el alumno favorito del maestro. ¿Se debía a que habíamos trabajado juntos y obtenido éxito en "The Bad and the Beautiful"? No lo sé. Pero para mí fue maravilloso recibir miradas de apoyo de un director exigente. Lo doloroso consistió en sondear el alma de un artista atormentado. Van Gogh pintor prolífico como ningún otro, tan sólo logró vender un cuadro mientras vivió. Pero después de su muerte... En 1986, Christie's vendió en subasta "Los girasoles" por más de 40 millones de dólares, el precio más alto pagado nunca por una pintura. Lo compraron los japoneses para reemplazar el que había sido destruido en el bombardeo de Yokohama durante la II Guerra Mundial. En 1987 "Lo lirios" superó al anterior, pues se vendió por más de 50 millones... Van Gogh fue también un escritor excepcional y prolífico, que volcó su corazón en cartas constantes a su hermano Théo. En ellas se puede leer entre líneas los sentimientos de Van Gogh, incluso los celos y la sensación de haber sido traicionado que salieron a la superficie cuando Théo se casó... Visité en el cementerio sus sencillas lápidas: Théo y Vincent, los dos hermanos estaban juntos... Sin duda Van Gogh tenía una personalidad extremadamente compleja y difícil, con impulsos autodestructivos. Pero al mismo tiempo poseía el gran deseo de entregarse. Al principio quiso ser predicador, porque quería darse a Dios y a la humanidad. ¡Qué trágica vida!" (Kirk Douglas 1998).



















"The Ragman's Son" ("El Hijo del Trapero"): Le llamaban Issur y su padre era trapero: "Comencé a escribir este libro hace más de veinticinco años para narrar mi historia y redacté más de cinco milginas. Ahora descubro que la historia es la búsqueda de mí mismo; y el relato, su descubrimiento... La mayor mentira es la que nos decimos a nosotros en las visiones distorsionadas que tenemos de nosotros mismos, empañando algunas partes y realzando otras. Lo que queda no son los datos fríos de una vida sino la forma en que los percibimos. Eso es lo que somos en realidad".








Kirk Douglas: Vincent van Gogh











"Rodamos la película en muchos de los sitios en donde había vivido y trabajado Van Gogh. Me produjo una sensación extraña pisar el puente que él había pintado, visitar la casa amarilla de Arles, estar en Les Beaux. En Auvers-sur-oise, me eché en la cama de su pequeña habitación de encima del bar (hoy café Van Gogh) en la que vivió realmente, me asomé a la ventana y vi lo que él había visto: el ayuntamiento que plasmó con todas las banderas tal como las haa pintado. Pusimos a los campesinos lugareños vestimentas de la época. Parecían salidos de sus lienzos. Cuando iba caminando por la calle, algunos viejos campesinos que conocieron a Van Gogh, se santiguaban después de verme y se decían, impresionados: "Il est retourné".




Me causó mucho dolor estar en la institución para enfermos mentales de San Rémy, donde él mismo se había hecho internar, pasear por el jardín donde había pintado esos cipreses arremolinados que se elevaban hacia el cielo como llamas. Me vi a mí mismo surgiendo en esas masas cromáticas que brotaban de un fuego profundo de sus tripas. Y fue horroroso estar en el campo donde dio las pinceladas de su última pintura -los cuervos en el trigal-, apoyado en el mismo árbol y con un arma en la mano, oír el ruido del disparo. Fue la película más dolorosa de mi vida. Hice esfuerzos titánicos para ponerle final.







Interpretar a Vincent van Gogh trastornó mi concepto de lo que significa actuar. Para mí, actuar es crear una ilusión, mostrar una gran disciplina, no perderme en el personaje que estoy representando. El actor nunca debe perderse en el personaje que interpreta; el público es el que se pierde. Cuando estás representando el papel, tratas de pensar como ese personaje. Una vez terminada la representación, vuelves a ser tú mismo. Es uno quien debe controlarlo todo... Pero estuve a punto de perderme en el personaje de Van Gogh. Mientras duró la filmación, usaba zapatos pesados como los que solía llevar él. Siempre dejaba uno desatado, para sentirme desaliñado, desequilibrado, con el riesgo de tropezar. El zapato quedaba suelto, lo que le daba a Van Gogh -y a mí- el aire de andar arrastrando los pies. Mi mujer siempre decía que me llevó largo tiempo salirme de ese personaje. Todas la noches, cuando volvía a casa al terminar la jornada e incluso después de acabado el rodaje, me oía llegar con los andares de Van Gogh.



Sentía que me estaba pasando de la raya, que me estaba metiendo en el pellejo de Van Gogh. No sólo me parecía a él, sino que tenía la misma edad que tenía él cuando se suicidó. A veces tenía que obligarme a no levantar la mano y tocarme la oreja para ver si seguía en su sitio. Fue una experiencia aterradora. Por allí acampa la locura. Nunca he dicho esto antes; son cosas que no quiero reconocer ante mí mismo y en las que prefiero no pensar. La memoria me lleva a hacer una mueca de dolor. Nunca podría volver a interpretarlo. Durante mucho tiempo, después de terminada la película, no quise verla. Tenía que quitarme a Van Gogh de mi organismo. Quizá por este motivo acepté que me afeitaran la barba en el programa televisivo de Perry Como: necesitaba que un ritual público me ayudara a liberarme del personaje.




Marc Chagall se sintió conmovido por "Lust for life". Me envió su autobiografía, "Ma vie". Quería que yo protagonizara la película. Soy un gran admirador de la obra de Chagall y tengo cuatro telas suyas. En mi habitación, estoy rodeado por más de veinte litografías de su serie de aguafuertes para la Biblia. Me encanta su enfoque infantiloide: flores flotantes, animales y figuras sensuales. Conocí a Chagall en el sur de Francia, en el Hôtel du Cap. Desde cierta distancia, lo observé pintar bajo una sombrilla, sobre las piedras, cerca del mar. Mi mujer arrancó la foto de una de sus pinturas del libro que estaba leyendo y se acercó a pedirle que me la autografiara. Chagall se la llevó a su habitación. Al día siguiente, me devolvió la página del libro. Había ampliado la pequeña pintura con flores y figuras flotantes. La tengo colgada junto a la cama... Chagall nos invitó a su casa de la montaña. Nos llevó a recorrer las paredes de toda la vivienda, llenas de pinturas. Una de ellas me fascinó especialmente. Una escena de cocina, con una mujer grandota y rolliza dominándolo todo. A su lado había un hombre menudo, con bigote. Señalé a la mujer. -¿Quién es?-... -Ah, es mi madre-dijo con orgullo... -¿Y éste?-señalé al pequeñajo. Lo descartó con un gesto: -Es mi padre-... Comprendí a Chagall (La relación de Kirk Douglas con su padre durante su infancia y adolescencia había sido muy dura y traumática) Pero después de Van Gogh, nunca quise representar otro pintor."






Florilegio interpretativo






Kirk Douglas vive su Van Gogh, como nos confiesa en su autobiografía, a costa de sí mismo. Es la suya una voluntad intrépida, profunda, fiera y triste por hacerse con el personaje que interpreta. Su naturalidad se zahonda tan vehementemente en el parentesco con el pasado del gran genio de la pintura que no deja de retorcerse en una continua pesadumbre. Aflicción desnuda y ardiente que jamás esconde su secreto. Tanto es así, que Douglas se convierte ante la mirada atónita del espectador en un secreto insaciablemente escarbado, sangrante y desplegado como un cadáver a lo largo de su corazón atormentado. Frente a la cámara, los designios fervorizados de Van Gogh adquieren un nuevo vínculo con los ojos de Douglas; una revelación que se ha ido urdiendo en lo oscuro de la voluntad del protagonista, y que recorre la pantalla como sobrecogida por el milagro de una auténtica reencarnación. Así, es capaz de sutilizar, como una evidencia por completo latente en sí mismo, el sentimiento de la soledad más dolorosa; de tentar la tierra guiado por la misma grandeza que acompañara a Vincent van Gogh; de convertirse en la misma imagen temperamental, ágil, profusa y angustiada por el alimento que lo enferma, y de exprimir toda su sensibilidad abriéndose al paisaje convulso, a la noche apretada bajo el cielo estrellado, y al astro ardiente que lo enloquece. Vincent van Gogh, pese a todo, sigue avanzando en la pantalla grande predestinado de nuevo, pero orgullosamente, entre cipreses, caminos, aldeas, labriegos, caminantes, y seduciendo al actor que lo interpreta hasta lograr que lo devore la misma llama ardiente que consumiera su existencia como artista fracasado. Y Kirk Douglas lo exalta en la perfección de su caracterización, explora la fiereza de su virtud amarga y huraña, halla todos sus matices temperamentales como una luz cegadora en un prisma, y se forja en su mismo sacrificio irremediable. Tanto es así, que Kirk Douglas acabará por ofrendarnos uno de los mayores fenómenos osmóticos que se recuerdan en el Séptimo Arte frente a la fidelidad al mundo real que tantas veces abre sus cicatrices incurables en el hombre. Actor que se alzaría como un verdadero coloso cinematográfico en una interpretación afectiva y objetiva de esa realidad a través de la mano del ígneo expresionismo cinematográfico de un Vincente Minnelli que jamás se aventura a distorsionar contornos ni colores. Kirk Douglas es dominado y domina; y se convierte en víctima propiciatoria de su propia interpretación como quizás jamás pudo hacerlo ningún otro actor. El genio torturado de Van Gogh y su angustioso desequilibrio social se transforma de nuevo en una actitud estética que por medio del voluntarioso reflejo moral que irradia la actuación de Kirk Douglas, nuestro intérprete irrepetible, recaba por segunda y quizás por última vez la materialización del drama interior que originan las pasiones humanas, muchas de las cuales acaban sellándose en un sacrificio irremediable, y en el azote implacable de una voluntad incapaz de renunciar a la seducción exquisita que entraña el siempre ingrato misterio de la belleza. Mucho se ha escrito sobre ella, la siempre enigmática esencia de la belleza, inmisericorde gloria de la vida que, a través de formas y colores, puede llegar a encorvarnos, al cabo, en el silencio grande y mucho más agradecido de la eternidad.












"La insoportable veleidad del Oscar": "... and the winner is..."








"Se acercaba la hora de los premios de la Academia. Fui nominado por tercera vez por "Lust for life". Las dos candidaturas anteriores fueron por "Champion" ("El ídolo de barro") y por "The Bad and the Beautiful" "Cautivos del mal"), que también había hecho con Minnelli y Houseman. Todo el mundo quiere ganar un Oscar. Es un premio significativo, porque te lo otorgan tus pares. Son tus colegas los que dicen" "Mereces ese honor". No puedes predecir cuándo te nominarán ni cuándo te entregarán una estatuilla. Pero cuando me nominaron por "Lust for life", todos me decían que no podía perder..., la tercera es la vencida. Además todos insistían en que no tenía rival. Y uno cree lo que quiere creer. Mike Todd (productor de "Around the World in Eighty Days") me garantizó que vencería, como si se hubiera filtrado información de Price Waterhouse, la empresa contable que sumaba los votos. No necesitó insistir mucho para convencerme. Y la prensa también debió de hablar con Mike Todd, pues tenía la certeza de que el premio estaba en mis manos. La noche de la entrega de los Oscar, vi como mínimo cincuenta fotógrafos en el vestíbulo del Hotel Wierjahzeiten (Douglas se hallaba en Múnich, Alemania, adonde había viajado para los preparativos del rodaje de "Path of Glory" que dirigiría Stanley Kubrick), cuando subí a mi habitación. Todos esperaban pacientemente para captar la sonrisa triunfal cuando desde Estados Unidos se transmitiera la noticia de que había sido merecedor de un Oscar. Me resultó difícil dormir esa noche. Ensayé la expresión de sorpresa al despertar de un sueño profundo y enterarme de que había ganado un Oscar. Rondaban mi cabeza visiones de las estatuillas, como si fuera un crío en Nochebuena.



Cuando desperté de verdad, la expresión de sorpresa fue real: no había ganado. Le dieron el premio a Yul Brynner por un musical: "The King and I" ("El Rey y yo"). Los fotógrafos y periodistas, cansados después de haber estado toda la noche despiertos, se retiraron a primera hora de la mañana, dejando el vestíbulo totalmente desierto. Estaba solo... sin Oscar ni familia. Llamaron a la puerta. Un desconocido me dio un paquete y se marchó, Menos mal: un regalo. Un Oscar, con la siguiente inscripción: "A Daddy, que para nosotros siempre merece un Oscar. Stolz y Peter" (esposa e hijo de Douglas). Stolz era mi apodo para Anne, mi esposa. Significa "orgullosa". Dejé el Oscar junto a la cama del hotel, me lo llevaba a todas partes. Algún día, si me dan un Oscar de verdad, se lo regalaré a Anne.


Pese a todo, mi "traumática" interpretación como el "genial pintor loco de pelo rojo" obtuvo el Premio de la Crítica, junto con Ingrid Bergman que consiguió ambos por "Anastasia"











Nacido Issur Danielovitch -apodado Izzy Demsky- (Kirk Douglas), el 9 de diciembre de 1916 en Amsterdam, New York, hijo de los inmigrantes analfabetos y rusos judíos Herschel "Harry" Danielovitch (Moscú, 1884) y de Bryna "Bertha" Sanglel, hija de una familia de granjeros ucranianos. Su padre había huido de Rusia hacia 1908 con objeto de evitar ser reclutado por el ejército zarista para luchar en la guerra ruso-japonesa. Su madre se quedó trabajando en una panadería para ahorrar el dinero que la llevaría a Estados Unidos dos años más tarde. Según cuenta Kirk: "Quería que todos sus hijos nacieran en esta maravillosa tierra nueva, cuyas calles creía pavimentadas de oro... literalmente. Pero ser hijo de inmigrantes analfabetos en la ciudad de Amsterdam -habitada por blancos anglosajones y protestantes-, 45 kilómetros al noroeste de Albany, significaba ser un "Don Nadie" y tener que vivir en el East End, el lado opuesto al Market Hill habitado por los ricos, significaba vivir en 46 Eagle Street, una ruinosa casa de dos plantas, con tablillas grises, la última al fondo de una calle empinada junto a las fábricas, las vías férreas y el río Mohawk". Mis padre pertenecían al grupo de los afortunados, dichosos de escapar a los progromos de Rusia, donde jóvenes cosacos estimulados por el vodka consideraban un deporte galopar al gheto y abrir unas cuantas cabezas judías. Mi madre vio matar así, en la calle, a uno de sus hermanos...


De una forma u otra, Herschel y Bryna Danielovitch fueron a parar a Amsterdam, en New York, y se dedicaron a tener hijos. En 1910, 1912, y 1914 nacieron mis hermanas Pesha, Kaleh y Tamara. Luego yo, Issur, en 1916. Después otras tres chicas: las gemelas Hashka y Siffra en 1918, y por último Rachel, en 1924, cuando mi madre tenía cuarenta años... Danielovitch" significa "hijo de Daniel", por lo que supongo que el padre de mi padre tenía ese nombre, aunque no lo sé con certeza. Más adelante, a todos nos llamaron "Demsky"... Pienso en mi vida como en una piedra arrojada a un estanque de aguas tranquilas. Las primeras ondulaciones son la seguridad de la cocina, que siempre fue un refugio para mí. Recuerdo también mi primer día de clase, el primer viaje real fuera del hogar. No muy lejos de casa tropecé y caí en un charco de barro. Mis hermanas me llevaron al parvulario, en la Fourth Ward School, a la que llamábamos "Fort Wart" ("Fuerte Verruga"). Me dejaron en la puerta y la maestra me cogió de la mano. Tuve que hacer la transición del yiddish-inglés que mis padres chapurreaban en casa al inglés que se hablaba en la escuela. En la escuela dejé de ser Issur Danielovitch. Todos me conocían ya por "Demsky". Así fue como aquel pequeño Issur Danielovitch -con su serenidad, timidez y ensoñación, su pasividad y sensibilidad y fe en los ángeles ("Los ángeles hacen el pan", contaba mi madre y yo creía en todo cuanto me decía)-, que estaba aprendiendo a aprender, salió a enfrentarse al mundo en Amsterdam, que, con poco más de 31.000 habitantes, era una de las principales ciudades industriales del mundo. Sus tres inmensas fábricas de alfombras, estaban a la cabeza de Estados Unidos...


Mi padre, que en Rusia había sido tratante de caballos, consiguió un pequeño carro y un caballo, y se hizo trapero. Compraba trapos viejos, trozos de metal y chatarra por uno, cinco o diez centavos. Recoger las cosas que otros habían tirado era una forma horrible de ganarse el pan. El trapero ocupaba el peldaño más bajo de la escala social y yo era el hijo del trapero... Mi padre era un gran bebedor y pasaba la mayor parte del tiempo en bares, casi siempre enzarzado en alguna pelea. ¡Mi pobre padre! ¡Pobre Harry! ¿Por qué era trapero? Tenía, pese a todo, una personalidad formidable, sabía hipnotizar con su forma espectacular de contar historias. Habría sido un actor maravilloso. Era igual que un personaje de película que yo representaría más adelante... Le quería pero también le detestaba. Era fuerte. Era un hombre. Oía su vozarrón rugiente, entreteniendo a sus compinches borrachines con alguna historia que le había ocurrido en Rusia. Ése era el mundo de los hombres. No se permitía la entrada a mujeres ni tampoco la mía. Yo seguía esperando a que mi padre me llevara al mundo de los hombres... Yo ganaba dinero trabajando en cualquiera de las cosas que puede hacer un chico: hacía recados. Conseguí un carrito; compraba golosinas y gaseosas al por mayor y vendía la mercancía a través de las ventanas de las fábricas. Las dos gemelas, Hashka y Siffra -ya Ida y Fritzi- me ayudaban. Una vez que encontré unas monedas en el armario de la cocina, salí corriendo y compré un helado de cucurucho..., uno para mí y otro para cada uno de los chicos que se acercaron a la heladería, hasta que se esfumó todo el dinero. Mi padre me molió a patadas... En nuestra calle pululaban todas las nacionalidades imaginables; era una especie de Sociedad de Naciones en pequeño: italianos, polacos, irlandeses, rusos, alemanes, ingleses, lituanos y probablemente muchos más... Una vez en que yo estaba solo en casa, cogí cerillas, y con ellas en la mano, di vueltas quemando pequeños trozos de papel que había en el patio, repleto de canastas (por aquel entonces, mi padre vendía también fruta y verdura en canastas) y chatarra. Uno de ellos prendió las canastas. Ardieron en un mar de llamas y todo el costado de la casa comenzó a incendiarse. Corrí calle arriba, hasta la casa de un tío mío, Morris, donde estaba mi padre, y grité que la casa se incendiaba. "Pa" saltó sobre el carro y bajó deprisa hacia casa. Cuando llegó, los vecinos habían apagado las llamas. ¡Me dio una soberana paliza! Siempre he sospechado que no fue un accidente sino algo subconscientemente premeditado por mi parte. En verdad, quería destruir la casa. Cuando me sacaron de la cama de mi hermana mayor, me pusieron a dormir solo en la sala, en un sofá duro. Tenía miedo. Solo, salvo por los vagabundos lúgubres y sucios, desarraigados y anónimos, que caían rodando de los trenes por la noche y se asomaban a la ventana de la sala. Me aterrorizaban."


"I was dying to get out. In a sense, it lit a fire under me"



"Con frecuencia, en las tardes invernales, me reclinaba en la valla delantera de la casa. Era hermoso apartarse del barullo de dentro. Miraba los montículos de nieve en las cunetas, de color azul oscuro bajo la luz que llegaba desde las ventanas de la fábrica. Recostado allí, con la cara aterida de frío, soñaba. Cuando fuera mayor, ¿dónde estaría? ¿Qué sería? Soñaba con lugares remotos y me preguntaba qué estaría haciendo la gente en ese preciso momento, la gente que conocería más adelante... Encontré un perro mestizo, mezcla de doberman y podenco, al que puse el nombre de Tiger. Era un amigo grande y poderoso, del sexo masculino. Nos queríamos. Nunca olvidaré mi regreso a casa desde la escuela. Desde lejos veía su cabeza junto a la puerta, esperándome. En cuanto me veía salía disparado calle arriba, me tiraba al suelo y me lamía la cara mientras yo reía. Era un protector de primera. Cuando jugaba, si algún chico me gritaba o hacía gestos amenazantes, Tiger gruñía, dispuesto a saltar para ayudarme. Durante el invierno lo ataba a mi "trineo"... Cuando un día alguien dijo que creía que lo habían atropellado, no pude creerlo. Encontré a Tiger tendido en la cuneta, manando sangre por la boca. Muerto. Quedé completamente indiferente, paralizado, por la pérdida de mi mejor amigo. No sentí nada, no derramé ni una sola lágrima. Treinta años después, en el diván de un psiquiatra, conté esta historia y prorrumpí en sollozos... Las historias de la Biblia me asustaban. Jehová me parecía un viejo cruel. Le tenía miedo y no me gustaba nada. Huelga decir que nunca compartí este pensamiento con nadie. Es bastante duro ser judío, pero serlo en Amsterdam era muy duro. Ningún judío trabajaba en la fábrica de alfombras. Ningún judío trabajaba en el periódico local. Ningún chico judío repartía el periódico. En todas las esquinas los chicos te pegaban. ¿Por qué? ¿Quién se lo enseñó? ¡Sus padres! Nunca olvidaré la primera vez que un grupo de críos me atacó a puñetazos, gritando: -¡Tú mataste a Jesucristo!- Corrí a casa, sangrando por la nariz. -"Ma", ¿por qué hicieron eso? Dicen que maté a Jesucristo. ¡Si ni siquiera sé quién es!"- Una forma de vida horrible. Recuerdo que mi madre siempre me decía, con tono sereno. "-Como judío, siempre tendrás que ser el doble de bueno para salir adelante en la vida"- Casi todos los judíos son solitarios. Pienso que todos tienen cicatrices ocultas. Creo que todos atraviesan un período en el que odian ser judíos... Siempre quise ser actor, creo que desde la primera vez que recité en el parvulario una poesía sobre el "Petirrojo de la primavera". En segundo grado hice el papel de zapatero en "El zapatero y los duendes" Fue todo un acontecimiento... Mis hermanas querían mejorar nuestras condiciones de vida. Salían con chicos y deseaban algo mejor. En la cocina de 46 Street hubo amargas discusiones. Mi padre no quería mudarse. Ahora "Ma" y mis hermanas le amenazaban con mudarse a otra calle, a una casa mejor. Ojalá "Pa" hubiese dicho: "Quédate conmigo, hijo" Pero no dijo nada. Salió de casa hecho un cisco, en dirección al bar. Abandoné a "Pa" dando vueltas por la cocina, y partí con mis seis hermanas y mi madre. Me sentía como si hubiesen vuelto a circuncidarme. Desde ese día y hasta que me fui de Amsterdam, luché denodadamente por respirar.


Probablemente, al igual que siempre hizo mi padre, sentía una necesidad apremiante por expresarme físicamente. Así, aunque trabajaba duro para mantenerme, me inscribí en uno de los deportes más importantes, la lucha libre. Dicha experiencia me resultó beneficiosa cuando rodé "Champion" ("El ídolo de barro"), dirigida por Mark Robson en 1949, mi primer y más inesperado éxito cinematográfico, por el que recibí también mi primera nominación al premio de la Academia"





"En esta fotografía con mis padres, me sorprendió ver que era más alto que "Pa". Siempre me había parecido, como hombre de nutrida familia, un ser descomunal".












... En la década de los 30, Izzy Demsky se halla dispuesto. Cuanto más vacilan los ánimos en torno a él, más se reafirma en su revalorización moral respecto a la cultura y a su instrucción. Consigue un préstamo (que paga trabajando de jardinero y de botones en un hotel) e ingresa en St. Lawrence University. En la American Academy of Dramatic Arts de New York su talento como gran promesa en el mundo de la interpretación halla su primer eco, y recibe una beca para seguir estudiando. Dos de sus compañeras de clase serían la joven Betty Joan Perske (futura Lauren Bacall) y la también la prometedora actriz Diana Dill, con la que contraería matrimonio cuando se hallaba alistado en la United State Navy, el 2 de noviembre de 1943, tras descubrirla de nuevo en la portada de Life. ("¡Eh, yo conozco a esa chica!"-cuenta Douglas, cuando vio por casualidad la foto de Diana, con su blusa a cuadros y su parasol a conjunto en la portada de la citada revista- "Nos casó el capellán naval"). En el verano de 1939, trabajando en el pequeño teatro Tamarack Playhouse, situado en Lake Pleasant, New York, alguien le sugiere que cambie su apellido por Douglas, y, en su búsqueda de un nombre que se adapte a la eterna "D" que le ha acompañado durante toda su vida, un compañero le sugiere Kirk. "Me gustó el sonido curruscante de la "k" (aseguraría el actor, sin saber que Kirk era un nombre escocés que significa Iglesia Presbiteriana) Kirk Douglas debutaría ese año en Broadway en la obra "Spring again" como joven telegrafista cantante.



"Nunca supe distinguir un Messerschmitt de un Mercedes"



"De pronto Pearl Harbor. Nos conmocionó a todos el hecho de que los japoneses atravesaran el Pacífico y bombardearan Pearl Harbor, hicieran volar a nuestros hombres y destruyeran nuestra flota... Los actores formaban unidades para montar en escena "This is the Army". Me presenté a las fuerzas aéreas. La fuerza aérea me consideró viejo, demasiado maduroi y racional a los veinticinco años de edad. Entretanto, me halagaba que Guthrie McClintic se interesara personalmente por mí. Ese otoño dirigiría a Katherine Cornell, la gran dama del teatro, con un elenco de primeras figuras en "The Three Sisters" de Chéjov. Logré intervenir en un pequeño papel, luciendo guerrera blanca, en la representación teatral de dicha obra con Katherine Cornell, Judith Anderson y Ruth Gordon-, estrenada el 21 de diciembre de 1942 en el Ethel Barrymore Theatre de Broadway".


En 1941 es alistado en la United State Navy, poco después de la entrada de Norteamérica en la II Guerra Mundial. "El Ejército producía oficiales en tres meses: prodigios de noventa días", escribe Douglas. Le resultó complicado aprender asignaturas que nunca le interesaron: navegación, artillería, control de desperfectos... No logró nunca especializarse en identificación aérea, aunque durante tres años intervino como Alferez Naval en diversas acciones de guerra. En 1944 enfermaría "de muerte", sufriendo intensos dolores de estómago y fiebres. Se le diagnosticó una amebiasis, y en junio de 1944 le fue concedida una "baja honorable" en la Marina. Con su paga de tres meses más la indemnización partió hacia Los Ángeles, donde coincidió con Lauren Bacall, ya contratada por Hollywood para interpretar "To have and have not" ("Tener y no tener") junto a Humphrey Bogart. "Cenamos en Frascati's -escribió Douglas- Ella llevó consigo el guión. Estaba encantada. Buscó una página y dijo: -Aquí voy hasta la puerta, me vuelvo a mirar a Bogart y digo "si quieres algo, silba". ¿Sabes silbar? Basta con que juntes los labios y soples". El papel parecía perfecto para ella. Lo mismo opinaron los cinéfilos. Y Humphrey Bogart. Al día siguiente partí rumbo a la Costa Oeste para reunirme con mi mujer y mi futuro heredero. Y también para ver si conseguía trabajo en la vida civil".


"Diana quería que nuestro hijo se llamara como yo: Kirk Douglas Jr. No me gustó esa idea. Es un diminutivo que convierte a una persona en el descendiente de alguien, sin llegar a ser nunca él mismo. cuando veo el éxito que tiene ahora mi hijo, me estremezco al pensar lo horrible que habría sido para él ser el segundo Kirk Douglas. Me resistí a llamarlo así y acordamos que el segundo nombre de Michael fuese únicamente la inicial "K": Michael K. Douglas" (Nació el 25 de septiembre de 1944).





"Después de que naciera Joel, nuestro segundo hijo, la relación con Diana empezó a ponerse difícil" (El divorcio se produjo en 1951). Tras diversos trabajos en radio, e incluso en empleos de comercial, consigue un importante papel en la obra teatral "The wind is Ninety", junio de 1945: "Yo interpretaba al "Soldado Desconocido" de la primera guerra y Wendell Corey, a un piloto de caza de segunda que había muerto en combate. Wendell interpretaba haciendo caso omiso de mí, como si ni siquiera estuviera en el escenario con él. Si Wendell era antipático a la cara, lo era más a mis espaldas. La gente me contaba algunas cosas que decía sobre mí ese hijo de pastor protestante, por ejemplo "judío asqueroso". Llegamos a Hollywood en la misma época e hicimos juntos una película, "I walk alone". Wendell se volvió cada vez más reaccionario, además de alcohólico. Murió en 1968".


Ayudado por su amiga Lauren Bacall, que insistiría al productor Hal B. Wallis para que le concediera su primer papel cinematográfico, interviene junto a Barbara Stanwyck en "The strange love of Martha Ivers", 1946, dirigido por el prestigioso Lewis Milestone. A partir de ahí, Douglas logra imponer su imagen como individuo enigmático, poco acomodaticio, sombrío, de mal pelaje", "gangster", airado, rudo y hasta bribón "Champion":"Filmar "Champion" fue una experiencia maravillosa. Mi coestrella era Marilyn Maxwell, que más adelante cantó muchos años con Bob Hope. Murió de un ataque al corazón antes de cumplir los cincuenta años. Hay una escena en la película donde Marilyn se entera de que estoy a punto de dejarla por otra chica. Se pone furiosa y amenaza con ponerme al descubierto como el sinvergüenza que soy. En el guión tenía que empujarla contra el espejo, diciendole: "te destruiré". Esa escena me fastidiaba. Hacerle eso a una chica me parecía exagerado. En la versión definitiva, le aplasto los dedos en la curva del codo. Después se los acaricio tiernamente y digo: "No, no harás eso. Te comportarás como una niña buena". Y en seguida digo: "Porque de lo contrario te despacharé al hospital para que pases allí una buena temporada" Esa escena fue un momento muy convincente de la película. No supe cuán conveniente era hasta que un día de 1987, en que la gran Shirley McLaine se acercó a mí riendo y me cogió la mano: "Tienes que saber, Kirk, que eres responsable de que me haya hecho actriz"... ¿Sí?... Sí. cuando mi hermano Warren y yo vimos "Champion", interpretamos aquella escena. La repetimos muchas veces... ¿Qué papel interpretabas tú?... Shirley soltó una carcajada".


Entre 1950 y 1960, Kirk Douglas se convierte en el actor más rentable del box-office. "Along the great divide", Raoul Walsh, "Ace in the hole", Billy Wilder, "Detective Story", William Wyler, todas ellas rodadas en 1951, "The big sky", Howard Hawks, "The Bad and the Beautiful", Vincente Minnelli, ambas de 1952, "20.000 leagues under the sea", Richard Fleisher, 1954, The Racers", Henry Hathaway, "Ulisse" (rodada en Italia con Mario Camerini), la inolvidable "Man without a star", su mejor western dirigido por King Vidor, todas de 1955 "Lust for life", Vincente Minnelli, 1956, "Gunfight at the O.K. Corral", John Sturges, "Paths of Glory", implacable visión crítica de la I Guerra Mundial, Stanley Kubrick, ambas de 1957, "The Vikings", Richard Fleisher, 1958, "Last train from Gun Hill", John Sturges, 1959, "Strangers when we meet", junto a la excepcional e irrepetible Kim Novak, musa de su director Richard Quine, y la sutil, convulsa y genial "Spartacus", 1960, de nuevo con Stanley Kubrick, tras ser despedido Anthony Mann, "Two weeks in another town", en la que Vincente Minnelli retoma al Douglas protagonista de "The Bad and the Beautiful", 1962, "Seven days in may", John Frankenheimer, 1964, de una filmografía de casi 80 films determinan la importancia de un actor "hecho-para-el-cine", que aureolean a Kirk Douglas como a uno de los mitos más profundamente imaginativos, "heroicos a secas", ágiles, fuertes, caballerosos, villanos, turbulentos e implacables, jamás asentado en la consagración de las estrellas-arquetipo, del Séptimo Arte (al margen de que casi todas sus películas lograran conseguir en sus fechas de estreno y sucesivas proyecciones internacionales una de las mayores rentabilidades comerciales de todos los tiempos). Actor que se debate también en un perpetuo duelo y forcejeo moral entre Eros y Thanatos, entre el deseo y la frustración, y que añadiría capítulos gloriosos a casi todos sus personajes, muchos de ellos extraordinariamente antinómicos, agudamente atractivos, en infinidad de veces sustentados por las más graves contradicciones internas. Douglas fue capaz también, como productor independiente de Bryna Company de condicionar y de revisar guión tras guión, aceptando tan sólo aquellos que encajaran con el arquetipo ideal que únicamente la pantalla grande pudiera divulgar, a fin de franquear el, ¿por qué no?, siempre deseado umbral de la inmortalidad artística, perpetuando el mito.







El 29 de mayo de 1954 volvió a contraer matrimonio con Anne Buydens, su actual esposa. Cuatro hijos nacieron de ambas uniones: Michael, Joel, Peter, y Eric (fallecido en 2004). En las páginas finales de su autobiografía Douglas escribe: "Dentro de unos años, tal vez mi nieto Cameron vea mis películas. ¿Qué pasará? ¿Se reirá? ¿Le gustarán mis payasadas en "20.000 Leagues under the sea"? ¿Le conmoverá el pobre agente de "Detective Story", que era incapaz de afrontar sus problemas? ¿Se aburrirá oyéndome como Van Gogh cuando se desahoga con Gauguin en "Lust for life"?: "Paul, si miras hacia atrás, verás que gran parte de nuestra vida se ha desperdiciado en soledad. Todos necesitamos amigos"... De todos los personajes que he interpretado, el que más quiero es John W. Burns, en "Lonely are the Brave". Es el más próximo a Issur: "Soy un solitario hasta los huesos"... El 9 de diciembre de 2010 Kirk Douglas cumplió 94 años.



"Estoy agradecido a todos mis amigos. En realidad se tienen muy pocos y se vuelven mucho más importantes a medida que envejeces. Cuando era un chico con seis hermanas, una de mis fantasías que acariciaba de noche, antes de dormirme, era la de tener un hermano mayor. A veces me daba un poco de dinero, o un consejo. O una palmada en la espalda. ¡Qué maravilloso es tener un hermano!... (Cuando escribió su autobiografía contaba 70 años): "Tengo setenta años, voy andando a paso ligero hacia mi despacho de Beverly Hills. El sol de California entibia mi piel... Cruzo Wilshire Boulevard, saludo con la mano a unos obreros de la construcción. Respondo a la llamada de un taxista que pasa: "¡Hola, Spartacus!"... Creo oir una voz tímida que dice: "Mr Douglas", pero sigo caminando. La voz tímida se hace más fuerte: "¡¡¡MR. DOUGLAS!!!" Me detengo, me vuelvo y veo a una jovencita rubia, alta, bonita, con pantalones cortos. Puedo dedicarle un minuto de mi tiempo a esta admiradora que quiere un autógrafo. Al fin y al cabo, he durado más de cuarenta años en Hollywood, donde las estrellas se encienden y se apagan. No está mal para el hijo de un trapero... La jovencita me mira con ojos adoradores. Meto tripa, saco pecho, tenso el bíceps. Y con voz aterciopelada, dice: "¡Vaya! ¡El padre de Michael Douglas!".

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