domingo, 7 de junio de 2009

The roots of heaven (Las raíces del cielo)

Centrar nuestra mirada en África es como sollozar por el despojo profanado, cuya belleza fue mancillada, y no querer detenerse en observar el brazo ejecutor que siempre la aguarda para herirla. En África, hontanar de vida, una vez dulce y limpio, parece resonar siempre un lamento, una especie de gemido terrorífico que clama por ese tesoro perdido del dios que le concedió su júbilo de Creación, en cuyo seno brotaron las más exquisitas mesuras de la tierra. Y que, mitigando hosquedades, renovaron en ella el mesiánico sueño paradisíaco de los hombres. En sus lechos remotos, entre los azules del mar y de sus ríos inmensos, de sus cielos embriagados de lumbre, esculpidos en selvas, valles y montes de abundancia infinita, jamás se agotaron sus dulzuras, como medidas por una exaltada y protegida eurítmica de indómita monumentalidad, capaz de proponer al mundo una eterna vigilia de emoción misteriosa. Pero los pingües campos de África, el tacto primitivo de su tejido, la bulla regocijada y hermosa de sus criaturas, las preseas consagradas de sus riquezas vírgenes, los desgranados collares de sus selvas, su opulento y titánico templo de Creación, que se derramó en ella con aturdido goce e hizo estremecer a los hombres, muestra hoy sus ciclópeos miembros corroídos. Su paisaje ancho parece leña mordida por el gorgojo, y sus bellas túnicas, como párpados de la aurora, semejan velos fatídicos, andrajosos, entre los que se arropa el gesto cerril y penoso de sus hijos moribundos, la osamenta cercenada de su fauna. África parece estremecerse entre un perpetuo rugir de mar atormentado, entre huracanes arenosos sin fin, aserrada dentro de sus sequedades, de sus selvas, una vez suntuarias, en las que el verdor parece demacrarse en una espantosa desgana de vivir. Y en la que la desidia, la indiferencia de Occidente, las sequías, la pobreza y la feroz rapacidad crean esta vez en ella un designio de suicida. África vive azotada por el más horripilante rescoldo de sediciones. Es un continente cautivo, al acecho de las más crueles voluntades del mundo. Despide un hedor de entrañas abiertas y pisoteadas. Nació del alimento piadoso de la Creación, entre un alboroto de divinidades vivas, relajadas y generosas. En ella habitaron más dioses que hombres. Y hoy los dioses del tiempo la ven pudrirse, resquebrajada, desollándose de reseca, árida y blanca hasta la ceguera, baldía de aguas, devorado su suelo verde, implorante, ardiente como un sepulcro por el que asoman sus millones de calaveras de huesos arrugados. África es hoy morada de Leviathán. Un gigante mutilado con mueca horrible entre sus osamentas, y cuyas ruinas sustituyen su divinidad primigenia.

África cinematográfica
África aparece una vez más en la gran pantalla para exhibirse como un monstruo entrañable en la ingente galería circense del mundo. Toda ella como plasmación del mito de la Bella y la Bestia, para atraernos, a través del siempre soñado y positivo personaje humano, enriquecido con la savia de las fuentes literarias, con su papel de "propiciatorio continente inmolado".

En su misión de profundizar en el conocimiento físico del mundo que nos rodea, la cinematografía, como fundadora excepcional del documental científico, abre así su escenario público no sólo como espejo de la historia o vehículo de información masivo, sino como primera plana colosal, cuyo destino es el de contribuir a que los hombres, de diferentes latitudes y de diversas costumbres, puedan conocerse y comprenderse mucho mejor, limando sus posibles diversidades, y que, en consecuencia, se sientan más solidarios en sus problemas y en sus objetivos, como únicos habitantes racionales de este planeta.

La misión más importante del ser humano debe ser la de mostrarse humanitario e iniciarse en sus experiencias cognoscitivas desde las vidas microscópicas hasta los cuerpos celestes que se mueven en el infinito. Y en esa realidad, fiel y veraz reproducción del mundo físico, la pura aventura analítica de la cámara, a fuerza de veracidad, meticulosa en su filiación expresionista, consigue atraer al público, seduciéndole también con los ambientes y tipos que forman la dominante plástica del mundo animal, y permite a los espectadores contemplar con ojos nuevos el mundo cotidiano, pero ignorado y fascinante, de los fenómenos del reino animal: desde los movimientos protoplasmáticos al ser vivo más deslumbrante y noble que habita la tierra: el elefante.


Violencia antepuesta a la concepción roussoniana del simple existir

Tratar de sincronizar, aunque siempre con retraso, a la hora europea los temas tabúes, que acabarían pulverizando el monopolio heroico de una sociedad enriquecida por la caza en África, y que con la desenfadada ironía del cazador de trofeos, del comerciante de marfil, del guía turístico, apresados todos ellos en su particular jungla de intereses, se mostraban así plenamente conciliadores con el expolio de tan maravilloso continente, significaba evidenciar una fórmula espectacular de violencia o una manifestación de brutalidad que no admitía paliativos. Se imponía, por tanto, advertir al mundo que uno de los mayores crímenes que gravitaban sobre la humanidad era el atentado contra la Naturaleza y la indiferencia con que aquélla contemplaba el cruel y polémico aniquilamiento de esos paraísos perdidos en los más apartados continentes, entre cuya visión lírica y su concepción roussoniana, sus habitantes "con un sentido social más definido que el de Occidente", no desencadenaban sobre su espectacular y bellísima fauna, símbolos mesiánicos del más soñado de los edenes, los vientos apocalípticos del exterminio.


"Les Racines du ciel : Romain Gary






Prix Goncourt 1956 et grand roman écologiste. S'il faut sauver les éléphants ; n'est ce pas aussi pour sauver l'homme ?










Un francés, Morel, emprende en África una campaña para la defensa de los elefantes amenazados por las inexorables leyes del progreso. Tras la Conferencia para la Protección de la Fauna (Congo, Bukavu, 1953) se constata que "será en vano tratar de imponer a la opinión pública mundial el respeto únicamente por los métodos legales". Morel no teme ni siquiera recurrir a la lucha armada. Ayudado por algunos compañeros, convencidos como él de que el respeto a la Naturaleza no es incompatible con las exigencias del progreso humano, emprende su particular cruzada contra la barbarie y la crueldad bajo todas sus formas, bien que los siempre hábiles e incontrolables conspiradores, a todos los niveles sociales, traten de utilizar su magnífica obsesión y su aparente ingenuidad, basada en la bondad original que se le supone al hombre y la rigurosa concepción sociológica que se aglutina como un tesoro en su corazón y lírico temperamento, para sus propios fines. Ridiculizado y avergonzado, acusado constantemente de preferir las bestias a los hombres, tratado de misántropo y de nihilista, traicionado por unos, ayudado por otros, explotado por un aprendiz de "dictador", y por los agitadores políticos, el "Francés loco amante de los elefantes" se enfrenta a todo y a todos, logra que su imagen sobresalga de la masa anónima perdida en África, su lucha obtiene la máxima veracidad, inmunizándose contra el propagandismo cruel de los cazadores de marfil. Será un protector directo y eficaz en la defensa de la amenaza exterminadora de los elefantes, exponiendo incluso su vida en dicha causa. Atacará la "irracional jungla capitalista y cazadora", ya sea europea o americana, cuyos intereses gananciales se basan en el marfil, y se convertirá en acusador portavoz de una sociedad tan turbia como sanguinaria, tan feroz como implacable, que planea, convertida en atroz ave de presa, sobre la fauna más fascinante que puebla el planeta. Frente al odio racial y religioso, a la demagogia nacionalista, Morel prosigue su incesante campaña por la protección de la Naturaleza, por el respeto de lo que él llama "el margen humano", sean cuales sean los sistemas, las doctrinas y las ideologías que se le opongan. De aventura en aventura, de avatar en avatar, Morel triunfa en su apacible confianza frente a decepciones y ardides, siempre persuadido de que los hombres son lo bastante generosos como para no acabar por desembarazarse de las más extraordinarias y nobles criaturas de la tierra: los elefantes, en su difícil marcha hacia el futuro; y de que jamás habrá de ceder a la totalitaria tentación que se mantiene al margen de lo humanitario, ni al desatinado axioma de que "el fin justifica los medios", ni a la rendición absoluta. Poco a poco, el hechizo que dimana de su magnífica filosofía atraerá sobre él y sus gigantes amenazados una complicidad sonriente y amigable, que, como Morel mismo, "no desesperará". Surgirán sin excepción voluntarios de todos los países, de todas las razas y de todas las opiniones, una sensibilidad popular, solidaria y enternecedora que, tras demostrar que el alma y el corazón humano siempre acaba por acomodarse mal a la barbarie y a la violencia, convergerá armónicamente alrededor de este aventurero de la humanidad, demostrando su repulsa al mundo de la caza, su crítica no menos virulenta a una sociedad sumida en la hipertrofia significativa de sus ambiciones destructivas y exterminadoras para con el paradisíaco planeta que ha sido legado a la especie humana y a cuantos restantes seres vivos y especimenes gozan de la significativa fascinación que supone vivir en él, convirtiéndolo en el más deslumbrante de los habitats de nuestro universo conocido.


John Huston equitativo

Existe un goce de holgura única en la obra ingente de este titán inquieto. En todos sus films permanece una voz, caliente y sencilla, que parece resbalar desde un misterio de silencio hasta crear un recinto o estrado de intimidades en los que se sienten con más pureza los vuelos mansos o huracanados del aire, los olores de la tierra, las mieles de los frutos, las recias tallas de los rostros, el celo pensativo de sus gentes, el latido de los cuerpos que siempre parecen sorprendidos frente a todos los encantos de la tentación, y, no obstante, osan levantarse contra cuanta iniquidad inunda la existencia de los hombres. En su mundo los poderosos jamás se juntarán en revuelta, sino que los más débiles se tornarán fuertes contra los que los escarnecen. Y porque el hombre permite la abominación y consiente en quebrantar la ley, él alzará siempre su grito, y difundirá y propugnará un rumor de lucha a favor de la equidad entre las muchedumbres marginadas o menos afortunadas. Huston se aflige. Pero es la suya una congoja fuerte, henchida de una claridad honesta. Si es maldecido, Huston ríe, pero su risa nunca será siniestra. Remueve la desventura mordiendo sus ataduras. Sus hombres y mujeres jamás se encogen anillados en una rinconada de cobardía. Recogen el terror, pero no se modelan en él. Son capaces de florecer bajo la imperfección y la gloria perversa del ritmo de la vida. Rehuyen la opulencia nacida de la injusticia. Entienden y aman el poder de la armonía que les rodea, y en su discurso cabal hallan el escudo que detiene al enemigo.

Inquieto y apasionado, fue boxeador, periodista, novelista, agregado militar estadounidense en el ejército mexicano, criador de caballos y coleccionista de arte, incluso pintor callejero en París. Actor, redactor en una famosa revista neoyorquina, y uno de los mejores directores cinematográficos de todos los tiempos. Agnóstico, fue capaz de adaptar a la gran pantalla, con una fidelidad textual inigualable, los veintidós primeros capítulos del Génesis, declarando que: "La Biblia es una creación colectiva de los hombres, destinada a resolver provisionalmente y en forma de fábulas cierto número de misterios demasiado inquietantes para el pensamiento de una era no científica"



Su primera película fue también su primera obra maestra: "El halcón Maltés". Humphrey Bogart, Mary Astor, Peter Lorre y Sydney Greenstreet reforzaron las dimensiones inusitadas de esta genial trama detectivesca, llevando hasta las últimas consecuencias el ambiente sórdido de conflictiva psicología basada en el juego de la mentira y de la verdad, como inigualable sintaxis visual de la novela policíaca (Dashiell Hammett) en su elemento más convincente y casi hechizante. Walter Huston, su padre, consiguió su único Oscar dirigido por su propio hijo, en el pseudo-western "El tesoro de Sierra Madre". Dignificó la revuelta cubana contra el dictador Gerardo Machado convirtiendo a John Garfield y Jennifer Jones en sugestivos activistas, figuras solitarias sumidas en un romanticismo negro y desatadas pasiones revolucionarias como pocos directores norteamericanos se habían atrevido a abordar todavía en la absorbente "Éramos desconocidos". Fue significativa y magnífica su incursión en el mundo pictórico-bohemio de Toulouse-Lautrec al rodar "Moulin Rouge" con José Ferrer, ganador también de un Oscar. Adaptó modélicamente "Moby Dick" de Herman Melville, con Gregory Peck, en una de sus mejores interpretaciones, y un mesiánico Orson Welles. Transformó a un Montgomery Clift (ya abocado hacia la autodestrucción, inmerso en el repudio artístico a que se había consagrado en sus últimos años, tan lejano a la limpia modelación de su juvenil imagen primeriza), en un memorable "Freud", probablemente su última gran creación como protagonista absoluto. Adentrándose en el oscuro mundo de los predicadores religiosos, convirtió en un auténtico y conflictivo detonante cinematográfico su adaptación de la obra de Flannery O´Connor, "Sangre Sabia", con uno de los más grandes evocadores del fatalismo, el desorbitado Brad Dourif. Atrapado por los mosquitos, entre un calor intenso y todo tipo de enfermedades, fue capaz de demostrar hasta dónde podía llegar, rodando en el Congo, con Humphrey Bogart y Katharine Hepburn, otra de sus obras maestras: "La reina de África". Idénticas penalidades sufrieron en el Chad Trevor Howard (papel que rechazó William Holden), Errol Flynn y Juliette Gréco durante el rodaje de "Las raíces del cielo", de la novela de Romain Gary, donde su inconformismo y sus códigos de censura en contra de la matanza indiscriminada de elefantes en África, fue mostrado, quizás más artesanalmente que en otras realizaciones suyas, aunque sin falseamientos ni retoques, de forma tan aleccionadora como un profético episodio bíblico, dado el terrorífico drama de exterminio animal que, por medio de la ignominia de los cazadores de marfil, desangraba al siempre martirizado continente africano. Fue decisivo su film "Fat city", quizás una de las más penetrantes visiones que el cine ha ofrecido sobre el alcoholismo y el miserable mundo del boxeo en Norteamérica. Stacy Keach y Susan Tyrrell ofrendaron en sus interpretaciones nuevos aspectos creadores de un talento insospechado. La aventura colonial de Rudyard Kipling halló en su versión de "El hombre que pudo reinar" una de las más exuberantes vitalidades, y una trayectoria a la inversa sobre la automutilación que el heroísmo puede ejercer sobre los perínclitos semidioses de la épica, en este caso los excelentes Sean Connery y Michael Caine. El cine negro halló en él muchas de sus más inteligentes meditaciones a través de "La jungla de asfalto", con un inolvidable Sterling Hayden, una sorprendente y enternecedora Jean Hagen, y el estimulante hechizo de una recién llegada Marilyn Monroe, y "El honor de los Prizzi". Abordó, junto con imágenes que tienen la autenticidad de un documental, un guión del dramaturgo Arthur Miller, la caza de caballos salvajes cuya carne acabará convirtiéndose en un triste monopolio de alimentos enlatados para perros, examinando atentamente una de las crisis más veraces de la vida cotidiana, capaz de abocar hasta el suicidio a grandes estrellas de Hollywood, como Montgomery Clift o Marilyn Monroe, de quien obtuvo la más degustable, fascinante y creíble de sus interpretaciones, pese a la visión sombría y tempestuosa que acompañó todo el rodaje del film (tras la absurda muerte de la actriz aseguró: "Marilyn no fue asesinada por Hollywood. Fue una adicta a los somníferos, resultado del maleficio endiosado de los médicos en Norteamérica) Convirtió al más varonil de los mitos vivientes estadounidenses, Marlon Brando, en homosexual y cobarde, a la incandescente y bellísima ventila-hombres Elizabeth Taylor, en un arquetipo perfecto de la atrasada mental, sin la menor personalidad ni originalidad (una de las más convincentes recreaciones interpretativas de la Taylor), e hizo deambular, entre la amodorrada y machista sociedad militar acuartelada, a una tan sensible como etérea, tan nostálgica como imborrable Julie Harris, en la mejor adaptación jamás llevada a cabo de una novela de la inquietante Carson McCullers: "Reflejos en un ojo dorado", consiguiendo estructurar un final apasionante, caprichoso y loco al abordar el siempre apasionante tema de los desmanes instintivos que pueden desembocar en un turbio asesinato. Al acometer el western con "Los que no perdonan" creó una deslumbrante concentración dramática y una opresión ambiental que se movió a través del drama fatalista y se prolongó vigorosamente desde la consabida odisea vivida por los granjeros americanos hasta la tragedia expropiadora y vejatoria en que se vieron inmersos los pueblos indios. Creó su humanismo más polémico, resistiéndose al encasillamiento formulario de la aventura medieval, a través de una fantástica historia de amor, casi surrealista, y de una extraordinaria calidad estética, en "Paseo por el amor y la muerte". Convirtió en retablo de maravillas uno de los más soberbios espectáculos del alcoholizado dramaturgo Tennessee Williams, "La noche de la iguana", cerrada unidad, marginal e insólita, de caracteres y convivencia entre un abanico desafiante de las más desaforadas, conflictivas y, finalmente, poéticas concepciones vivenciales, desparramando remordimientos entre el calor abrasante del Puerto Vallarta mexicano, potenciadores de una de las más agobiantes e implacables angustias sensuales en las que se ven inmersos sus tres personajes señeros. Tres perturbadoras interpretaciones que ocuparán ya por derecho propio un lugar preeminente en la historia del Séptimo Arte: las de Richard Burton, Ava Gardner y Deborah Kerr, que logran alcanzar, a través de la mágica visión hustoniana, el más idolatrado límite de su madurez y evolución creadora frente al podium de la cámara. En su último film, "Los muertos", adaptación de la novela corta de James Joyce, Huston nos brindará un mágico testamento desenfrenadamente elegíaco y barroco.

Humphrey Bogart, José Ferrer, Clark Gable ("Vidas rebeldes"), Burt Lancaster, Audrey Hepburn ("Los que no perdonan") Robert Mitchum ("Sólo Dios lo sabe") Albert Finney ("Bajo el volcán"), Katharine Hepburn, Kathleen Turner ("El honor de los Prizzi") y su propia hija, Anjélica Huston, ganadora del Oscar a la mejor secundaria por dicho film, revalorizaron también la importancia del actor al formar parte de los conflictos pasionales y de los sentimientos que los ligó al marco seductor, inconformista, culminante, magistral de este austero, sensual, nostálgico, poético, violento y populista director cinematográfico norteamericano. Abnegado apóstol de un estímulo creativo tan inteligente como poco común, y que, al margen de los particulares contenidos estéticos, definió su cinematografía como una búsqueda del particular aspecto poético de las cosas y de los ambientes, o crispado, quizás dotados de un romanticismo exasperado, de los seres humanos.

Nació el 5 de agosto de 1906 en Nevada, Missouri y falleció el 28 de agosto de 1987 en Middletown, Rhode Island, USA, de un enfisema.


Zoótropo mágico: actores, personajes


Trevor Howard: Nacido el 29 de septiembre de 1913 en Clifftonville, Kent, UK-Fallecido el 7 de enero de 1988 en Bushey, UK. Una presencia en la gran pantalla capaz de echar por tierra todas las convenciones y artificiosidad que pudieran conllevar los relatos cinematográficos. Ilustra magistralmente su personaje de Morel, concediéndole una apasionada óptica humana capaz de recuperar la perdida pureza épica de la más honorable actitud filantrópica en defensa de la Naturaleza contra el genocidio animal perpetrado en África.

Errol Flynn: Nacido el 21 de junio de 1909 en Hobart, Tasmania, Australia- Fallecido el 14 de octubre de 1959 en Vancouver, Canadá. "Cobro, pero me esfuerzo siempre en economizar mis medios", frase que se atribuye a este poco aspirante a actor que acabó convirtiéndose, con su primer film "Captain Blood", 1935, de Michael Curtiz, en uno de los más indiscutibles sex-symbols masculinos de todos los tiempos. Mito, pues, de escasa vocación, fue capaz de abrirse y cerrarse las puertas del estrellato cinematográfico en su período de mayor esplendor. Fue portavoz de un ideal romántico basado en la indisciplina, aunque impulsiva y aventurera. Irrespetuoso con las normas morales de Hollywood, fue el perfecto héroe históricamente necesario en un arte popular y de masas como era el cine. Pero sus interpretaciones, como posibilitadas por fugaces rayos luminosos, capaces de encandilar a millones de espectadores, y que se desarrollaron a remolque de cualquier intelectualidad, vivieron una intensa y confusa reacción de banalidad frente al cine-mercancía y al cine-alienación en que él ejerció su mayor influencia. Fue la suya una existencia turbulenta y disipada. A finales de los 50, ya en sus últimos años, el alcoholismo, el sexo y las drogas minaron su vida, plagada de escándalos y persecuciones fiscales. Tres veces divorciado. Sus postreras apariciones cinematográficas, "Fiesta", 1957, y "Las raíces del cielo" (donde todavía se muestra capaz de infundir vida, dotándolo de su magnetismo inolvidable, al alcohólico, atormentado y desprendido Major Forsythe), 1958, captan a la perfección la materialización decadente, bien que estremecedoramente hipnótica, de este jerarca supremo de la insubordinación interpretativa, capaz de reinar en el terreno de la fantasía romántica sin fronteras, y que, todavía hoy, permanece como una de las más inquietantes y atractivas leyendas de la era dorada de Hollywood. "Tuvo el mundo entero en la palma de sus manos, y no supo aprovecharlo": Irving Rapper, director cinematográfico.

Juliette Gréco: Nacida en Montpellier, sur de Francia, el 7 de febrero de 1927. Cantante y musa indiscutible de la vida bohemia del Barrio Latino Parisiense y de Saint-Germain-des-Prés. A los 16 años fue apresada por la Gestapo durante la invasión alemana en París. Ayudada por la actriz Hèléne Duc, estudió arte dramático e intervino en algunas obras de la Comédie Française. Auténtica leyenda del club Le Tabou, que abrió sus puertas en 1947, punto de encuentro de jóvenes bohemios, y frecuentado también por Boris Vian y Jean Cocteau. Raymond Queneau escribió para ella la extraordinaria "Si tu t'imagines" y Jacques Prévert ""Les feuilles mortes". Intervino en 1949 en "Orphée", dirigida por Cocteau. Su triunfo en el Olympia Music-Hall de París, en 1954, fue igualmente legendario. Obtuvo le "Grand Prix" con la canción "Je hais les dimanches", escrita por Florence Véran y Charles Aznavour.

Recibió ofertas de Hollywood. Un fugaz affair amoroso con Darryl F. Zanuck, gran magnate de la 20Century Fox la conduce directamente a intervenir en "Las raíces del cielo", 1958, en el papel de Minna, como regentadora de un nightclub en el África Ecuatorial Francesa; interpretación a la que concede cierto etéreo y oscuro misticismo erótico, aunque todo su provocativo erotismo carnal se desplace luego hacia una pública defensa y entrega de platónica relación con Morel, uniéndose a él en su humanitaria cruzada en defensa de los amenazados elefantes.

Tras interpretar "Crack in the mirror" (un remake de "The rope" de Alfred Hitchcock), 1960, también para Zanuck, junto a Orson Welles y Bradford Dillman, y "The big gamble", 1961, con Stephen Boyd, ambos films dirigidos por Richard Fleischer, vuelve a Francia, e interviene en la serie francesa para televisión "Belphégor". En 1965 contrae un nuevo matrimonio con el actor Michel Piccoli. Y en 1967 sus conciertos en Berlín acaparan audiencias de más de 60.000 espectadores. En Chile, bajo la Dictadura Militar de Pinochet, Juliette Gréco intervino en un famoso concierto donde se opuso abiertamente a la política del nefasto dictador. Uno de sus últimos multitudinarios conciertos tuvieron lugar del 8 al 20 de Enero de 1991 en el Olympia de París.

Esta musa del existencialismo francés jamás se definió a sí misma como una estrella: "No lo soy. Las estrellas existen únicamente en el cielo. El resto somos seres de carne y hueso. Tan sólo creo y amo a esos seres especiales que irradian una atracción especial. Soy contestataria, lo he sido siempre y ello me hace feliz"


África dialogada

Amigos y enemigos de Morel: (Noche en el nightclub. Orsini-Herbert Lom, cazador de elefantes a Minna) "Necesito pasar esta noche en la ciudad. Quiero una habitación. (Minna) Lo siento, no queda ninguna. Le advierto que hablé con Habib. Me aseguró que usted podría ayudarme. ¿Comprende?... Puedo, pero no quiero. ¿Qué tengo yo de malo? Soy bastante mejor que los que están ahí. Tal vez, monsieur Orsini. Pero no me gustan sus ojos, ni su modo de hablar. No. Me es usted desagradable (Minna lo aparta de sí)... (Habib-Gregoire Aslan) Oye, Minna, preciosidad. ¿Qué recado te dio Morel para mí? (Mirada de desprecio en Minna) Dijo que si os sorprendía a ti y a toda esta basura disparando a los elefantes, os mataría. (Comentarios en el nightclub) Y ese lunático de Morel pidiéndome constantemente que firme una petición así de larga para prohibir la caza de elefantes en África... A mí me lo ha pedido también. Es un pajarraco extraño. Ha intentado impedir que coja ejemplares para los circos. ¿Qué espera que haga, morirme de hambre? Por lo visto va a todos con esa historia. (Orsini) A todos menos a mí. Pero yo voy a procurar que mis colaboradores le quiten esa idea. Voy a hacer que esta ridícula petición sea motivo de burla en la comarca. ¿Lo veis? Ja, ja, es un valioso documento... Tu mujer debe ser la primera de su lista negra. ¿Cuántas piezas ha cazado?... Ciento cinco hasta hoy, para ser exactos, sin contar leones, búfalos y otros animales. (Orsini lee la petición de Morel) Pero escuchen esto: El hombre en este planeta ha llegado a un punto en que necesita toda la amistad que pueda encontrar. En su soledad tiene necesidad de todos los elefantes, de todos los pájaros, y de todos los animales. Ja, ja, ja. Esperen, esto es mejor: Es hora de demostrar que somos perfectamente capaces (Entra Morel-Trevor Howard en el nightclub. Minna le sonríe) de conservar este gigantesco y espectacular esplendor que todavía vive en nuestro medio, que probemos que aún hay sitio entre nosotros para la libertad. ¡Libertad!, este tipo necesita una camisa de fuerza. Oigan este párrafo: Nosotros, los firmantes, pedimos la prohibición de la caza en todas sus formas, empezando por la más innoble: la caza de trofeos por placer. (Morel empieza a repartir peticiones) (Orsini) Dígame, amigo, ¿cuántas firmas ha conseguido ya para su petición. ¡Ninguna! (Minna) ¿Me da una?, por favor. Quiero firmar... Gracias, muchas gracias.... Un momento (Forsythe-Errol Flynn, un tanto bebido y balbuciente) Yo también quiero firmar. ¡Tres hurras por los elefantes! Mademoiselle, por favor, quiere ponerme un vasito de whisky. ¡Y quiero brindar por los nobles animalitos. Deme una petición... o cómo se llame eso. Bueno, señor Morel, debo decirle que me ha impresionado lo que ha escrito ahí. Me gusta mucho eso de que necesitamos amistad. ¡Amistad! Me gusta,... (tras firmar) ahí tiene... (Orsini) ¡Vaya, vaya!, su principio resulta impresionante. Esa... (con ironía) dama con su amplia experiencia de la naturaleza humana, según tengo entendido más que del reino animal, y este simpático y valiente militar con su gloriosa hoja de servicios. Dos firmas muy edificantes, debo reconocerlo. (Morel lanza a todos una mirada de desafío y explota) ¡No se puede exterminar una especie animal sólo para fabricar bolas de billar y figuritas de ajedrez! (Sale enfurecido)

El Gobierno persigue a Morel

(Saint Denis-Paul Lukas, representante del Gobernador) "Tenían razón. Veo que no se encuentra solo. (Morel) Un hombre nunca está solo cuando lucha por una causa justa. (Saint-Denis, dirigiéndose ahora a uno de los colaboradores de Morel) Monsieur Peer Qvist, cuando le ofrecimos hospitalidad en África Ecuatorial suponíamos que su objeto era una misión científica. (Peer Qvist-Frederick Ledebur) Y así es. Proteger todas las especies. Las raíces vivientes que el cielo ha plantado en la tierra. Toda mi vida he luchado por su conservación. El hombre destruye los bosques, envenena los océanos, empozoña el aire con radiaciones atómicas. Los océanos, los bosques, las especies animales, la humanidad son las raíces del cielo. Envenene el cielo y sus raíces y entonces el árbol morirá, las estrellas desaparecerán y el cielo será destruido. (Saint-Denis a Watari-Edric Connor, nacionalista africano que lucha contra el dominio colonial francés) ¡Ah, está usted ahí. Creí que era la última persona en el mundo interesada en la protección de los elefantes. (Watari) Monsieur Morel ha señalado con insistencia que los elefantes son el símbolo de la libertad de África. Ellos serán el emblema de nuestras banderas, y cuando tengamos el poder en nuestras manos, les protegeremos. (Saint-Denis a Morel) Se da cuenta de que está siendo explotado con propósitos políticos. (Morel) Me está ayudando. Usted lo ayuda a él. Nos ayudamos el uno al otro. Personalmente me tienen sin cuidado los nacionalistas. Pero nadie prestó el más mínimo interés a mi petición. Ahora que está siendo utilizado políticamente se asustan. Aún están a tiempo de remediarlo. Morel, si se rinde ahora y vuelve conmigo sólo se le castigará con una amonestación o un simple arresto. ¿Le han enviado para que me diga esto? No valía la pena cansar a su caballo. La Junta de Protección de la Naturaleza se reunirá en el Congo. Cuando la ley prohiba matar a los elefantes, entonces será cuando me rinda. Pero antes no... (Saint-Denis) Se continuará matando, decida lo que decida la Junta. Lo llevamos en la sangre. (Morel siniestramente) Se apunta en el delicado lugar entre el ojo y la oreja. Sólo porque es grande y hermoso. A eso le llaman un buen disparo. Dicen que los elefantes deben desaparecer en la aurora del progreso. Bloquean las carreteras, tiran los postes de telégrafos. No hay sitio en el mundo moderno para tal libertad. Pues yo no lo acepto..."

Amistad

(Minna, tratando de despertar a Forsythe de su modorra alcoholizada) "Dick, despierta... ¿Que ocurre? ¡Ah, eres tú, Minna, cariño! Otro whisky doble, por favor... quiero que me ayudes. Tengo que ver a Morel. ¿Morel? Sí, tú le conoces. Firmaste su petición. ¡Ah, Morel!, te refieres al tipo de los elefantes. Crees que es tan fácil encontrarle. Nadie puede... He hablado con alguien que le conoce. Que sabe dónde está. Tengo un mapa. Quiero que me ayudes. Nos necesita. Bueno, cariño, si me lo pides así como voy a negarme."

(Cy Sedgewick-Orson Welles, informador televisivo neoyorkino, convaleciente en el hospital de una perdigonada propinada por Morel) (El Gobernador francés-André Luguet) Monsieur Sedgewick, vengo a expresarle mi profundo sentimiento en nombre del Ministro de Colonias por esta tremenda y desagradable contrariedad. Desgraciadamente, en estos momentos hay un hombre que... Sí, lo sé, Morel. Tengo aquí precisamente un manifiesto dirigido a mí... Ni que decir tiene que el culpable será apresado y recibirá el castigo que merece... (Sedgewick con admiración) Deje a ese hombre en paz. ¿Me ha comprendido? Deje que siga adelante. ¿Entiende lo que le digo, Excelencia? Me es simpático. Nos escupe a todos nosotros y tiene razón. He estado esperando toda mi vida que alguien me escupiera. Por fin una persona se atreve a hacerlo, y sabe una cosa: de pronto me resulta soportable ser hombre. Así que se lo advierto. Déjele usted en paz... Querido monsieur, yo no acepto órdenes de nadie... Escuche Gobernador, mañana regreso a New York y cuando esté allí no solamente voy a conmover al ingenuo y numeroso público de la televisión con mi historia sobre el hombre que se atreve a escupir a la humanidad en plena cara, sino que si algo le sucede a esa persona, Excelencia, conseguiré que el nombre de su país sea detestado, odiado. ¿Lo ha oído? Haré que su país sea odiado incluso por las generaciones venideras"

Castigo

(Morel y sus seguidores irrumpen, armados, en un baile organizado por el matrimonio Orsini) "¿Qué significa esto? (Morel) Hemos venido a hablar como madame Orsini. Comunicado de la Junta Mundial de Protección a la Naturaleza: Se ha sancionado a madame Orsini, campeona de caza mayor en África Ecuatorial. La acusada ha sido sentenciada a castigo público. La Junta recuerda que no tiene carácter público y que las consideraciones de ideología, doctrina, partido o raza, clase o nacionalidad son completamente ajenas a ella. Apela sólo a los sentimientos y a la dignidad de cada ser humano, sin discriminación, y con la única idea de pedir un nuevo acuerdo internacional sobre la protección de la Naturaleza, empezando por los elefantes, la mayor compañía del hombre en la tierra. Y ahora la sentencia se va a cumplir. Profesor Peer Qvist... ¿Cómo se atrevan ustedes a tocar a mis esposa...? No se acalore, monsieur Orsini. Para evitar cualquier mal entendido he designado al más viejo de entre nosotros para que le propine doce buenos azotes. (Peer Qvist toma a madame Orsini y la azota) ¡Ah, déjeme! ¡Cómo se atreve!, bruto, ... déjeme, ahhh, déjeme en seguida, bestia,... esto es un ultraje! (Morel cuenta) ¡Uno, dos, tres!... ¡Basta ya!,... cuatro, cinco, ... ¡Déjeme, se lo ordeno, Orsini, Orsiniiii!... Seis, siete, ocho. ¡Basta, esto es horrible, ahhh!... Nueve, diez, once... ¡Basta, basta!... Doce. Eso es todo por esta noche. (Salen Morel y sus colaboradores) (Orsini, gritando) ¡Me las pagará, cerdo!"


Grandeza

(Morel, observando junto a Minna, al alba, una inmensa manada de elefantes que se dirigen al lago a beber) "Fíjese Minna, fíjese. Mire, tal vez sea el mayor conjunto de carne viviente que se haya visto jamás en muchos años. (Minna) Usted hablaba de la libertad gigantesca, eh. Ahora lo entiendo. (Morel) Son las criaturas más fuertes de la tierra y ningún animal les teme. Son amigos de los pájaros, las gacelas conviven con ellos. El hombre. Sólo el hombre es su enemigo. Él los persigue, los mata y martiriza, transformando su mansedumbre en odio. Y después los llama fieras. La mayor matanza de elefantes de la historia tuvo lugar aquí hace treinta años, durante una sequía como esta. Los buscadores de marfil aprovecharon la oportunidad y mataron quinientos en un día. Cuando aquello acabó el lago estaba rojo por la sangre. Sangre de infelices animales que se alimentan de las ramas tiernas de los árboles del bosque. Y también de los lirios salvajes del río."



Una figura solitaria, en su patria o fuera de ella, reflejo de las inquietudes ecológicas que deberían latir en el acervo cultural humano, irrumpirá en una nueva matización psicológica, estremecedora, capaz de proscribir la violencia, tantas veces furibunda, errática y carente de sentido, a la que se entrega ese eterno coloso con pies de barro que es el hombre. Inspiración siempre realista, aun a través de una positiva aportación artesanal, de un gran creador de atmósferas inquietantes y amenazadoras, John Huston, premiando las retinas de los espectadores con la audacia plástica de los escenarios exteriores, que siempre abren una inconmensurable dimensión imaginativa y subjetivista a la producción cinematográfica. Un homenaje meritorio al más voluntarioso reflejo moral del hombre, que, acentuado por cierto extremismo de las soluciones formales, se orienta hacia el estudio naturalista del humanismo, proscribiendo cuanta sordidez puede promover esa tentación de lo irracional que también late soterrada en la tradición cultural de Occidente.


Plenitud sonora de un gran sound-track de Malcolm Arnold, que parece despuntar con el alba y alcanzar el mayor calor vital con los liberadores atardeceres africanos. Y que enriquece como un nuevo ornamento expresivo este canto profético a la libertad en el planeta, acompañando de manera clarividente la estructura narrativa que converge en la Naturaleza, y en el sentido liberador y rebelde de su protagonista principal.