domingo, 20 de julio de 2008

Morte di un amico (Muerte de un amigo)

Franco Rossi (Florencia, abril 19, 1919-junio 5, 2000) estudió leyes. Pero jamás ejerció, pasando de inmediato al cine como ayudante de Mario Camerini y Renato Castellani, entre otros. En su primer film, 1955, "Il seduttore" contó con el concurso de Alberto Sordi. Fue un director capaz de rematar ese neorrealismo tardío de aquella Italia deprimida, amarga, plena de jóvenes rebeldes "con causa" o "sin causa", vagos, perdedores, barriobajeros, jugadores, atracadores, chulos, y muchos de ellos ansiosos por regenerarse, hallando finales tan amargos como el de esta hermosa película. Rossi conocía bien la realidad europea, que aún arrastraba las secuelas de la posguerra. No nos hará la jugarreta de engañarnos.




Spiros Focas (había obtenido un pequeño papel en "Rocco e i suoi fratelli") y Gianni Garko (que más tarde acabaría especializándose en multitud de spaghetti westerns), aquí jóvenes, desconocidos, y magníficos actores, se la están buscando durante toda la película, y acaban dándose de cara con "La Commare Seca". Es un film melancólico, caracterizado por cierta pasión destructiva, que nos acongoja, porque retrata un tiempo desalentado, la mayor parte improvisado en plena calle. Un tiempo que, aunque así lo creamos, no ha cambiado demasiado. Quizás el escenario, mucho más tecnológico; pero más allá de ese proscenio moderno del hoy por hoy, con sus ordenadores y teléfonos móviles, el desánimo y el "desaliño", cuando no la cultura, andan todavía dando tumbos entre la juventud.



 



Didi Perego fue una actriz relámpago: brilló y se eclipsó con rapidez. En 1959 ganó el premio Cinta de Plata Italiana por su interpretación en "Kapo". Intervino también en "Tutti a casa", 1960, "Qué alegría vivir", 1961, y "Nuit de Varennes", 1982. Había nacido en 1937, y falleció el 28 de junio de 1993. Su papel de prostituta (se parece más a las pelanduscas de Almodóvar que a las de Fellini) es una gozada. Su aparición nocturna y desafiante en el barrio de su "chulito", Gianni Garko, desata fenómenos de histeria colectiva a lo Anna Magnani, y la supremacía fascinante que emana de ella constituye una auténtica revelación, capaz de echar por tierra toda artificiosidad folletinesca. Parece nuestra gran Charo López que se hubiese reafirmado, retrocediendo en el tiempo, en su extraordinaria calidad de actriz (como tantas veces hizo en España), en aquel retardado neorrealismo de Rossi. 






"Morte di un amico" es un film imperdible para todo amante del buen hacer italiano. Toda ella exhala un extraordinario verismo y riqueza de detalles, como gran ejemplo de cine realista. Y en nuestra búsqueda desesperada del mejor cine europeo, da auténtico sentido a nuestra cinefilia, de vena populista, si se saborea en el incomparable idioma de la gloriosa "Bota Mediterránea" que es Italia.








 
¡Saboreable, por ello mismo, tan sólo en italiano! Cualquier tipo de doblaje desvirtuaría por completo este inolvidable alegato agridulce, en irrepetible blanco y negro, del gran Rossi y sus comunicativas ideologías sociales.