viernes, 21 de diciembre de 2007

Where danger lives (Donde anida el peligro)

Robert Mitchum, doctor comprometido y mesurado al principio de la película, y desorientado después por el varapalo que recibe, se deja atrapar (como le pasaba siempre: "Angel Face" y Jean Simmons, "No serás un extraño" y Gloria Grahame, "Retorno al pasado" y Jane Greer, etc. etc.) por la madeja que la arañita de ojazos en relieve y carita de santísima inocente (pero de perversos sentimientos encubiertos) Faith Domergue le teje.



Mr.Mitchum era una especie de investigador (de emociones las más de las veces) algo malhadado que, en su contacto con la vida negrísima de esas ciudades tan apetecibles (en sus nocturnidades con olor a café y a hot dogs) para sus encuentros amorosos, siempre acababa desintegrado (de la existencia) por rarezas sensualistas del género femenino. "Un solo ante el peligro", que para nuestro placer cinéfilo, daba al traste con todo, tras verse envuelto, por lo general, en un cúmulo de situaciones difícilmente salvables. A veces acertaba, y la aventurilla le salía bien. Pero cuando alguna comehombres de fama hacía presa en él, todo resultaba en plan comic negro, mágico, nostálgico y absolutamente espléndido. La evidente modestia de cuantos proyectos caían en manos de John Farrov acababan casi siempre también por convertirse en placeres de orgasmo.









 John Farrow







and family














El cine del "papi" John Farrov durante las dos décadas que se mantuvo en el candelero, tuvo clientela asegurada, porque, realmente, era un fenomenal artesano en cuanto a grandes manifiestos de conducta se refiriese en aquellos EEUU de sombrero y gabardina, o de aventuras delirantes ("Hondo" "Botany Bay", ¡y tantas, tantas otras!).









La Domergue está impecable; su rostro era un festín que se prodigó poco por culpa del entrometido y mujeriego Howard Hugues, fagocitador de hermosas hembras a las que no dejaba comprometerse en exceso con los oropeles hollywoodenses (la misma jugarreta que nos hizo con Jean Peters, a la que tanto adorábamos). El Mitchum, como ya más o menos se indicó, siempre produce nostalgia, y por eso no nos cansamos de saborear el gran cúmulo de films en los que, por suerte, anduvo enfrascado, ya fuera para bien o para mal. No os perdáis, pues, este "Where danger lives" porque es extrañamente morbosa, huele ¡y sabe! al negro cenagoso (¡cuán degustable!) del gran cine B, con sus perfumes de apetecible estercolero humano. Y el ritmo y la resolución, con final trágico y atípico a lo Preminger, es irreprochable.













Un amor fou con algo de "Gun Crazy". ¡Ah!, pero hay que saborearla en inglés, como debe ser, porque con los doblajes televisivos que corren por ahí, devoradores de toda personalidad, músicas originales incluidas, hasta los dioses del Olimpo, que eran unos guasones y no se asombraban por nada, tiritarían.


¡¡Gran cine negro de serie B, disfrutable ahora y siempre, por los siglos de los siglos!!