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miércoles, 24 de junio de 2026

The Sheltering Sky (El cielo protector) -Final-


 


Seguimos insistiendo en el hecho de que llegar a entender a Bowles es un auténtico reto. Pero Bertolucci lo encaró a la perfección al cerrar un tanto los ojos a los fantasmas de Bowles, y se recreó en ese universo grandioso, casi terrorífico, en el que se acumulan, con la creciente confianza que en sí mismo posee el gran Bernardo, los estallidos de un flamante "bing-bang" de culturas: la americana —intelectual y snob-, y la árabe —primitiva, humilde, y, por ello, más auténtica—. Y asimismo inició este gran road-movie de los protagonistas alcanzando con ello un ejercicio creativo, deslumbrante, y de una audacia sorprendente por la belleza de esos paisajes únicos. Desde "Lawrence de Arabia" de David Lean, jamás la paisajística anaranjada del desierto había sido fotografiada con tanta magnificencia.

 


Todo resulta ambiguo. Pero los tú a tú son tan agradecibles como líricos. Las mentiras y los deseos que recorren el film están provistos de un irresistible orientalismo que te atrapa sin remedio, pero en el que, conmocionados por las inestables actitudes de sus protagonistas, no vemos ningún Shangri-La en el que todo pueda ser felicidad. ¿Era eso lo que pretendía demostrarnos Mr. Bowles? Probablemente. Pero este "Cielo Protector" retratado por Bertolucci, a pesar de todos los pesares, nos  sigue pareciendo un film inclasificablemente magnífico.
Maestro, duro y seco, brillante y glorioso. ¡Será tan eterno como esa ciudad de El Gaa en la que Malkovich, arropado por los compases inquietantes de Ryuichi Sakamoto y los tradicionales Akeula "Drums y Tubas" acentúadores del horror que se avecina, nota con una convicción contagiosa los primeros síntomas de la enfermedad que lo llevará a la más tremebunda de las muertes! Esas noches agónicas azotadas por el viento arenoso, los gritos de Malkovich, las frustraciones de la Winger en una busca desesperada del remedio rápido, se dosifican tan sabiamente, que acabamos por dar las gracias, pese al horror del momento, a Bernardo Bertolucci por el calor que rezuman sus grandísimos intérpretes. Y así seguimos, saboreándola sin prisas, deseando quizás que no acabe.
Y cuando a Debra Winger (la última gran interpretación de su meteórica carrera), tras la muerte (impactante, verdadero puñetazo en el estómago, con el que un siempre espléndido Malkovich nos pone un nudo en la garganta) de su marido se le cierra la ventana de la noche. se auto inmolará como un testimonio tardío de ese amor absoluto al que incomprensiblemente renunció, arrastrándose hasta las arenas movedizas de un nuevo y verdadero desierto inconmensurable que, definitiva y humillantemente, se abre otra vez ante ella.


















 
 




















¡¡John Malkovich al podium de los más grandes!! Bernardo Bertolucci respira de nuevo grandeza por todos los poros de su cine!! Reivindicable de punta a cabo. 
 











 


 

 

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