
PAUL GAUGUIN


























SAINT-RÉMY




















Tras su ingreso en el hospital psiquiátrico de Saint-Paul-de-Mausole, en las cercanías de Saint-Rémy-de-Provence, el 8 de mayo de 1889, (quedó inscrito en la primera columna del registro nº 4 de los "huéspedes" voluntarios, pag. 142: "Señor Vincent van Gogh, de 36 años de edad, pintor, nacido en Holanda, el Groot-Zaandel, viviendo en la actualidad en Arles") Vincent vive temporalmente presa de alucinaciones, incluso se siente atacado por convulsiones que le hacen rodar por tierra, profiriendo insultos y amenazas. Tras estos terribles períodos en los que parece no recordar nada o querer liberarse de una brutal agresividad latente en su interior, habla también de manera incoherente y, según el doctor Escoffier-Lambiotte, que le había atendido con anterioridad, "Van Gogh manifestaba claramente estados de confusionismo propio del estado mental de los epilépticos". En Saint-Rémy intentó beber petróleo, ingirió el color de sus tubos de pintura, y pretendía dormir sobre el carbón. Cuando le invandían ciertos grados de postración, recobraba la calma y parecía volver a un estado normal, entonces le era permitido salir de su pequeña habitación, tapizada de papel verde gris, en compañía de un guardián. Su necesidad de pintar se hizo patente de nuevo y solicitó de su hermano Théo ocho grandes tubos de color esmeralda, cobalto, anaranjado y ultramar, seis tubos de blanco de zinc, cinco metros de tela y pinceles. En junio, el doctor Peyron, director del centro, cree conveniente que Vincent vuelva a pintar. En su primer cuadro en el centro psiquiátrico capta apasionadamente la campiña circundante, además de un trigal que observa a diario con detenimiento desde su ventana. El 9 de mayo de 1889 escribe a Théo: "Tienes mucha razón al decir que Salles ha estado perfecto en todo; tengo mucho que agradecerle. Quisiera decirte que creo haber hecho bien en venir aquí, primero porque al ver la "realidad" de la vida de los locos o chalados diversos en esta ménagerie pierdo el vago temor, el miedo de la cosa. Y poco a poco llegaré a considerar la locura como una enfermedad cualquiera. Además, el cambio de ambiente imagino que me sienta bien. Por lo que sé, el médico de aquí se inclina a considerar lo que he tenido como un ataque de naturaleza epiléptica..." Y en dicha carta incluye otra para su cuñada Jo: "No deja de ser gracioso que el resultado de este terrible ataque sea que apenas queden en mi mente deseos ni esperanzas definidas... ¿Te has fijado hermana en que lo viejos caballos de tiro tienen grandes y hermosos ojos tristes, como algunas veces los cristianos? Sea como fuere, no somos salvajes, ni campesinos, y tenemos quizás incluso el deber de amar la civilización (así llamada)... Hay gentes que aman la naturaleza, aun estando chiflados o enfermos, tal los pintores; luego están los que aman lo creado por la mano del hombre, y éstos llegan incluso a amar los cuadros. Aunque hay aquí enfermos muy graves, el miedo, el horror que yo sentía antes por la locura, ya se ha atenuado mucho..." 25 de mayo 1889: "Te aseguro que estoy muy bien aquí, Théo, y que por el momento no veo la más mínima razón para cambiarme a una pensión de París o alrededores. Tengo una pequeña habitación empapelada de gris verde... A través de los barrotes de mi ventana diviso un bancal de trigo en un cercado. Cada mañana veo levantarse el sol en toda su gloria. Además de la mía, como hay más de treinta habitaciones vacías, tengo otra habitación para trabajar. La comida es medianeja. Sabe inevitablemente a moho, como en un restaurante de cucarachas en París..." El 5 de julio recibió una carta de su cuñada que le comunicaba entusiásticamente que se hallaba embarazada, y que si el niño era varón se llamaría Vincent. Aquel mismo mes obtuvo permiso del doctor Peyron para ir a Arles a buscar muebles y telas que había dejado en la "casa amarilla", ahora apodada "la casa del loco". Pocos días después, mientras pintaba en la cantera de Glanum acompañado por un guardián, le sobrevino un nuevo ataque, su mirada se extravió, mientras su cuerpo caía hacia atrás con las manos crispadas. Permaneció tres semanas en su habitación atacado por crisis espantosas con amargos períodos de abatimiento y postración. En septiembre, los ataques comenzaron a espaciarse, y Vincent se sintió presa de una nueva fiebre de trabajo. El doctor Peyrón, que había viajado a París, tranquilizó a Théo acerca del estado actual de Vincent. Septiembre de 1889: "Mi buen hermano, no olvidemos que las pequeñas emociones son los grandes capitanes de nuestras vidas, y que las obedecemos sin saberlo... La verdad es que estoy muy satisfecho de que mientras aquí, a veces, haya cucarachas en la comida, en tu casa haya mujer y niño. Por otra parte, es alentador que Voltaire, por ejemplo, nos deje en libertad de no creer en todo aquello que nos imaginamos... Te escribo esta carta poco a poco, durante las pausas que hago cuando me canso de pintar. Estoy luchando con una tela que comencé unos días antes de una de mis indisposiciones, un "Segador". El estudio esta hecho todo en amarillo, con empaste grueso, pero el tema era bonito y sencillo. Porque en este segador (una figura indefinida que, en medio del calor, lucha como un demonio para acabar su tarea) veo la imagen de la muerte, en el sentido que el trigo que va segando podría ser la humanidad. Pero no hay nada triste en esta muerte. Sigue su camino a plena luz del día, mientras el sol lo inunda todo con su puro resplandor dorado..."
AUVERS-SUR-OISE

















En octubre de 1889, Théo envía a Vincent 150 francos, al tiempo que le anuncia con gran euforia que muchos de sus cuadros han sido mostrados a Isaac Israëls, a Veth, pintor y escritor holandés, y, muy especialmente a Van Rysselberghe, que se hallaba en el famoso grupo de los "Veinte de Bruselas" que, tras haber examinado los cuadros de Vincent que permanecían todavía en la tienda parisina de Tanguy, se había mostrado muy interesado por su obra pictórica. Dicho grupo había confirmado su deseo de exponer en "El Salón de Independientes de Bruselas" gran parte de la obra de Vincent van Gogh. El pintor y crítico de arte Isaäcson había alabado con sus "cartas parisinas" la obra de Vincent en varios periódicos. Théo informó a Vincent que, finalmente, en la Exposición, Anna Boch, hermana del pintor Boch, adquirió uno de sus cuadros, "El viñedo rojo", por 400 francos. Vincent empezó a vivir nuevos momentos de angustia, atormentado por la posibilidad de recaer en alguna de sus crisis. Además, las buenas nuevas de que se hizo portador Théo con respecto a un posible reconocimiento de su trabajo le habían confundido y arrastrado al borde de un inmediato vértigo. Escribió a su hermana Wilhelmine: "Saber que mi trabajo puede acabar por conseguir cierto éxito me produce una sensación terrorífica: puedo acabar siendo castigado por ello. Así es como son las cosas casi siempre en la vida de un pintor: él ansiado éxito es la peor cosa que puede sucederle" El 1 de febrero de 1890 nacería su sobrino. Vincent se sintió embargado por el júbilo y empezó a pintar una de sus más famosas telas, que llevaría consigo en su siguiente viaje a París como regalo al pequeño recién nacido: "Ramas de un almendro en flor contra un cielo azul". No obstante, tras la exultación del nacimiento del hijo de Théo y Jo, inesperadamente Vincent tuvo una nueva y arrasadora crisis que abatieron su ánimo dejándole postrado en cama durante dos meses. Tras recuperarse, en el afligido pintor se desata una irresistible avidez por abandonar definitivamente el Midi, lo que él llamaría "la locura del sur", y suplica a Théo que lo aparte de allí. Y "aunque sea para peor", el cambio se instala en su mente de forma obsesiva. Théo le halla un refugio en Auvers-sur-Oise, pequeña población cercana a París, y situada entre Pontoise y Valmondois. Y el 21 de mayo Vincent se traslada a la misma, hospedándose en el Café Ravoux. Antes, se detiene unos días en París, para conocer a Jo y a su sobrino y ahijado. En Auvers, Vincent será tratado por el Doctor Gachet, entusiasta de la pintura y pintor aficionado él mismo. el 4 de junio de 1890 escribe a Théo: "Me pareció en verdad tan enfermo y descorazonado como tú o yo (refiriendose al Doctor Gachet); y es de mi edad, y perdió hace algunos años a su mujer. Pero sigue siendo médico y su profesión y su fe lo sostienen, sin embargo. Nos hemos hecho muy amigos. Ahora trabajo en su retrato, la cabeza cubierta con una gorra de plato blanco, y el rostro muy rubio, muy claro; las manos también de encarnación clara; una levita azul y un fondo azul cobalto. Está acodado en una mesa roja, sobre la cual hay un libro amarillo y una digital con flores púrpura. Está en la línea de mi autorretrato, que cogí al venirme para aquí. Gachet se ha convertido absolutamente en un fanático de ese retrato y quiere que haga para él uno idéntico. Se ha enamorado también del último retrato de la arlesiana... Espero enviarte su retrato muy pronto. Vivo al día y el tiempo es muy hermoso. Espero que no sea desagradable encontrarse de nuevo con uno mismo después de una larga ausencia. Y también espero que esta sensación que tengo de ser mucho más dueño de mi brocha que antes de ir a Arles, perdure. (Vincent, en Auvers, pintó en sesenta y nueve días setenta cuadros, treinta y cinco dibujos y un aguafuerte). Gachet dice considerar muy improbable que "eso" vuelva, y que las cosas están yendo muy bien. Yo siempre le dije a Peyron que volver al Norte me libraría de ellas". 30 de junio de 1890: "Mi querido Théo y querida Jo: acabo de recibir la carta en la cual dices que el niño está enfermo; me gustaría mucho ir a veros, pero me retiene el pensamiento de que sería aún más impotente que tú en el presente estado de ansiedad; siento cuán terrible debe de ser y me gustaría poder ayudarte... ¿Qué puedo decir del futuro? Lo que sea sonará. Trato de hacer lo mejor que puedo, pero no te oculto que no me atrevo a seguir contando con la salud necesaria. Si mi enfermedad vuelve, ya puedes olvidarme. Sigo amando mucho el arte y la vida... Pero mejor no digamos nada... Me llegó una carta de Gauguin bastante melancólica, donde habla vagamente de estar decidido a instalarse en Madagascar; y digo vagamente porque uno se da cuenta de que, en realidad, no sabe qué pensar" El 14 de julio Théo escribió a Vincent: "Si todos podemos gozar de una buena salud que nos permita emprender lo que poco a poco es realmente la mayor de las necesidades, ten por seguro que todo irá bien..." Théo, temeroso de que los mecanismos psíquicos de Vincent aumentaran la confusión y ansiedad que percibía en los últimos escritos de su hermano, trató de aplacar a Vincent con palabras un tanto imprecisas pero afectuosas en todo momento. Viajaría con Jo y su hijo a Leyde, y de allí iría solo a Auvers para encontrarse con él. En su escrito le adjuntó un billete de 50 francos. Aquel 14 de julio de 1890 Vincent pintó la alcaldía de Auvers y su plazoleta empedrada. El domingo 27 de julio el calor arreciaba. Vincent abandonó el Café Ravoux después del almuerzo, con mirada delirante. Dada la alta temperatura del día, las calles de Auvers aparecían semi desiertas. Un campesino le vio pasar por el camino de Chapouva, en la carretera de Pontoise, rumbo a la campiña, y le oyó murmurar después, mientras pintaba el que se supone fue su último cuadro "Cuervos sobre un trigal": "¡Es imposible, es imposible!" ... Se disparó un tiro en el pecho. Théo acudió horrorizado a Auvers, aunque en ningún momento imaginó la gravedad de su hermano herido. Frente a su cama se mostró lloroso, aunque insistió en convencer a Vincent de que se salvaría. "No llores,... lo hice por el bien de todos", trató de consolarlo el moribundo, luego entrecortadamente murmuró: "Théo,... quiero ir a casa" Murió el día 29, a la una y media de la madrugada. "El loco de pelo rojo" expiró sin un grito. Tenía treinta y siete años. Fue enterrado el día 30, a las tres de la tarde. Además del doctor Gachet y Théo, asistieron al sepelio, llegados apresuradamente de París, Tanguy, Laval, André Bonger, hermano de Jo, Lucien Pissarro, hijo de Camille, Lauzet y Émile Bernard. La municipalidad de Auvers-sur-Oise se encargó de la inhumación del cuerpo de Vincent van Gogh. La iglesia se había negado a enterrar al suicida "loco"





















AUVERS-SUR-OISE



















Carta incompleta dirigida a Paul Gauguin, hallada entre los papeles de Van Gogh



Monja (refiriéndose a la pintura): "Muy hermosa"

.... Pero el labrador es imaginario. En este campo no hay nadie."

Vincent: "Es un hombre cualquiera luchando bajo el sol para terminar su trabajo"

..."Es la imagen de la muerte"

Monja: "No parece una muerte triste". Vincent: "No, no lo es, hermana"

"Ocurre en pleno día"

... "con el sol inundándolo todo con una luz de oro puro"

Anthony Quinn (Oscar Best Actor in a Supporting Role)
Paul Gauguin

James Donald
Théo van Gogh

Pamela Brown
Christine Hoornick


Everett Sloane - Niall MacGinnis
Doctor Gachet - Roulin (postman)


Jeannette Sterke - William Phipps
Kee Vos - Émile Bernard


Lionel Jeffries - Toni Gerry
Doctor Peyron - Johanna Bonger
La genialidad no se cierne sobre la vida de los hombres como una "promesa", sino como una "llamada". En el genio, con la visión del tiempo, suele privar muchas veces lo poético y lo romántico sobre lo realista. Pero siempre posee una presencia turbadora, un perfil trágico que, aunque naturalmente inmerso en la excepcionalidad social, se ve acompañado generalmente por la aplastante inflexibilidad del destino. Asistir a la tragedia de un hombre como Vincent van Gogh es, por tanto, como enfrentarse al más axiomático de los determinismos pesimistas. Pero una vez aceptado el detonante sistemático de la tragedia, que dilucida y seguirá dilucidando tantas ruinas humanas, no debemos rechazar la realidad del "genio incomprendido" en su dinámica dialéctica. El tiempo, en efecto, aporta un atento replanteamiento fetichista de su nacimiento y muerte, primero a través de la literatura, y hoy por medio de la funcionalidad expresiva de la cinematografía. Y nosotros, lectores y espectadores, nos erigimos en médicos ansiosos de auscultar uno de esos corazones "gigantescos" como el de Vincent van Gogh, cien años atrás atrapado en el más ingrato de los momentos artísticos. Y así, como no pudo ser en su momento, entregarnos a una nueva tarea urgente a la que debería asociarse toda la humanidad como a una gesta épica: la de "mimarlo y mitificarlo" valiéndose de todos los medios. "Lust for life", material impresionado que nos ofrenda el Séptimo Arte se erige, pues, en una consecuencia lógica de dicho imperativo. Desarrollo y esplendor del ojo analítico de la cámara cinematográfica. Imágenes fascinantes y conmovedoras que conceden su estímulo más enérgico y poético a una nueva página de la historia del genio.
