sábado, 6 de agosto de 2011

Decision before dawn -The End- (Decisión al amanecer -Fin-)

"Decisión before dawn" ("Call it treason") de George Howe: En los últimos meses de la II Guerra Mundial el joven paramédico Karl Maurer de la Luftwaffe (Wehrmacht) es capturado con un compañero en la Francia ocupada por el ejército de liberación estadounidense y recluido en un campo de prisioneros. En el mismo se producen casos de brutalidad y asesinato entre los prisioneros alemanes, muchos de los cuales son requeridos para volver a Alemania y espiar para los americanos. El sargento alemán Rudolph Barth será el primero en aceptar y partir para Alemania junto con el Lt. de comunicaciones americano Dick Rennick. También el joven Karl Maurer acepta la propuesta del ejército estadounidense de ocupación tras el asesinato en el campo de prisioneros del compañero que fue apresado con él. Cinco terribles jornadas a través de su país en ruinas que traen a la luz el horror inhumano, raramente descrito antes, que el propio III Reich genera en suelo alemán. El autor, George Howe, había servido en la OSS (Oficina de Servicios Estratégicos) en la Francia liberada por el ejército americano. Así pudo ofrendar conocimientos inéditos tales como los "cambios de color semanales" efectuado por la Gestapo en sus listas negras -blacklists-, o el acoso constante a que se vieron sometidos los soldados germanos por sus propios compatriotas pertenecientes a la SS. "Decisión before dawn", pese a sus carencias estilísticas, puede considerarse como un modélico "textbook" de los últimos estertores del III Reich.




Anatole Litvak, adapta la novela de George Howe, y ofrenda, a través de la pantalla grande, el testimonio auténtico de la utilización de los German POWs, soldados alemanes capturados en la Europa Liberada, muchos de ellos hijos del desengaño y de la ya inminente derrota, decididos a volver a Alemania como espías del ejército aliado norteamericano.






"Esta historia es verídica. Se cambiaron los nombres para proteger a sus protagonistas, pero los sucesos básicos se dieron hace unos años en las mismas ruinas que quedaron como tristes recordatorios del régimen que hizo sufrir al mundo y destruyó su propio país"







"De todas las preguntas que dejó sin respuesta la última guerra... y probablemente todas las guerras siempre se recuerda una en particular: ¿por qué un espía arriesga la vida, por qué razones? Si el espía gana, lo ignoran. Si pierde, lo fusilan. Pero un hombre sobrevive mientras se le recuerde, y sólo el olvido lo mata. Que los nombres de hombres así permanezcan ignotos, pero que los recuerdos de algunos le den significado a la traición"






8 de diciembre de 1944. Los últimos restos del ejército alemán se hallan arrinconados en el Rhin. Campos de prisioneros "German POWs" en el territorio ocupado de Francia bajo control del ejército estadounidense. Intento por parte de los mandos norteamericanos para hallar soldados alemanes dispuestos a regresar a una Alemania en ruinas en calidad de espías.






Declara el St.Rudolph Barth, alias el "Tigre", ante el Col. Devlin y el Lt. Dick Rennick:


"Soy el sargento Rudolph Barth. Nunca me ha interesado la política. Me obligaron a unirme al Partido... ¿Con qué unidad estaba cuando le capturaron?... Con la 24 o lo que quedaba de ella... ¿Desertó?... No, señor. Me atrapó una de las patrullas mientras visitaba a la esposa de un granjero alsaciano... ¿Desde cuando está en la Wehrmacht?... Desde el 41, por desgracia... ¿Y antes de eso?... En una fábrica de tanques en Hamburgo, y antes en el circo. Cuidaba a dos tigres y un león, una leona para ser exacto... ¿Ha estado en la cárcel?... Sí, señor, en el 36, en Düsseldorf, y en el 42 en Noruega... ¿Cuáles fueron los cargos?... Como civil: robo, y en el ejército... ¿cómo se dice?... Insubordinación. Espero que no me perjudique... ¿Y sus convicciones políticas?... Nunca las he tenido... ¿Por qué quiere trabajar para nosotros?... Porque ganan la guerra. ¿No es una buena razón?... Sea buena o mala, creo que es válida... Al parecer no le importa el desastre general mientras usted se beneficie... Si quiere expresarlo así... Supongo que hace uno años, por la misma razón, gritaba "sieg hail"... No, eso no. Esa estafa nunca me la tragué. Se parecían demasiado a mis gatos para mi gusto. Es peligroso darles la espalda... ¿Trabajaría para nosotros aunque tuviera que arriesgar su vida?... No esperaba que el trabajo fuera seguro ni placentero, ¿por qué contrataría alemanes para eso si su gente corre peligro?... Bien, lo pensaremos"








Llegada del cabo Karl Maurer al German POWs. Monique, encargada de atender a los prisioneros, da instrucciones a Maurer, que es acomodado en la misma habitación de "Tigre".














(Monique) "Sígame, por favor. (En la habitación de acuartelamiento). El suyo es el catre que está junto a la ventana. Usted hará su cama. Me entregará los efectos personales y le daré un recibo por ellos. (Karl) ¿Y mi billetera? Me la quitaron. Tenía fotos de mis padres. Me gustaría quedarme con ellas... Sus documentos personales estarán en el cuartel general hasta que acabe la guerra. ¿Le dijeron que su nombre clave es "Happy"?... Sí... Como verá en esta lista de normas en ninguna circunstancia le revelará su nombre ni su identidad a nadie. Recuérdelo"...



Declara el Cpl. Karl Maurer ante el Lt. Dick Rennick:


"¿Querías verme? ¿De qué se trata?... Le recuerdo de la mañana de mi captura, señor. Creí que quizás usted podría ayudarme. ¿No recuerda a los dos alemanes que fuimos capturados en el bosque de Hagenau?... Ah, sí, ¿cómo está su amigo?... Lo mataron, señor, hace diez días... ¿Lo mataron? ¿Quién?... Lo asesinaron algunos de los otros prisioneros del campo. Lo lanzaron por la ventana. Había dudado de la victoria de Alemania... ¿Por eso viniste?... No, señor. Es que..., pues,... quiero trabajar para ustedes y creí que quizás usted podría... ¿Sabes en qué te metes?... No importa... ¿Incluso si significa pelear contra los tuyos?... Creo que pelear contra ellos ahora es pelear por ellos... ¿No es el asesinato de tu amigo lo que te lleva a hacer esto?... No, señor. Eso fue lo último que ocurrió... Siéntate. No es asunto mío, pero el trabajo que harás aquí no es tan inocente y simple como crees... No creo que haya diferencia alguna entre una y otra forma de pelear. No importa creer en aquello por lo que se pelea... ¿Y tú en qué crees?... No sé exactamente cómo decirlo, pero creo en una vida en la que uno no siempre tiene miedo, en una vida en la que la gente es libre y honrada. Y sé que eso no existirá en Alemania hasta que hayamos perdido... ¿Cómo sabes que podrás serle fiel a esas convicciones? Las cosas cambiarán. Te enfrentarás a los tuyos... No será más difícil de lo que ha sido. No más que pelear por algo que sabía que estaba mal. (Entra el Col. Devlin) ¿Eres paramédico? No peleaste... Estar ahí es pelear... Tienes razón, cabo. Te avisaremos... (Tras la salida de Karl Maurer, Dick Rennick y Devlin deliberan) (Devlin) Parece un buen muchacho. A decir verdad, parece uno de los pocos alemanes de confianza. Y a ti Rennick ¿qué te parece?... Soy un oficial de transmisiones. Lo siento. No tengo ninguna buena opinión sobre ninguno de ellos... Eso no fue lo que me pareció hace un momento. Por tu forma de hablarle parecía que tenías un punto de vista definitivo. ¿Cuál es?... Si quiere saberlo, creo que son un montón de piojos. Si tuviera que elegir, escogería al sujeto del circo. Es un pillo, pero al menos no se engaña sobre el motivo por el que trabajaría para nosotros... Creo que te equivocas con respecto al muchacho. Hay todo tipo de traidores. A mí tampoco me agradan. Pero nuestras opiniones no importan mientras ello sirvan a nuestra causa. Por eso, desde ahora, Rennick, al estar trabajando, tendrás una opinión: la correcta para el trabajo."


Objetivos de espionaje en suelo alemán


Acuartelados en la Francia liberada, el ejército estadounidense no descuida posibles decisiones de rendición por parte del enemigo, dada la política agresiva que el nazismo impone en su propio país. Un disidente al mando del "4º Cuerpo Blindado", situado en la ribera este del Rhin, envía emisarios a Suiza informando que se hallan dispuestos a rendirse en cuanto reciban contacto con las tropas norteamericanas. La primera de las llamadas "misiones turísticas" de acercamiento, encomendadas a Barth, el "Tigre", y a un compañero, Freddy, fracasa. El regreso de Barth sin Freddy, presuntamente asesinado por los alemanes, promueve la desconfianza del Lt. Dick Renny. Al mismo tiempo, el G2 estadounidense sospecha que elementos del 11º Cuerpo Blindado (11th Panzer Corps) se disponen a perpetrar en el territorio ocupado por el ejército aliado una próxima y desesperada ofensiva, sin que se conozca el lugar exacto en que se iniciará el nuevo ataque alemán. Barth y Rennick deberán acuartelarse en Neckarstrasse, 18, Mannheim, ciudad natal de "Tigre", para contactar con los disidentes y propiciar la rendición. Maurer se encargará de recorrer varias ciudades alemanas, averiguar en un plazo de cinco días la situación del 11º Cuerpo Blindado, y volver por todos los medios posibles con la información a la Francia liberada para informar al ejército estadounidense e iniciar una inmediata contraofensiva.







Monique y Karl conversan antes de la misión en el comedor del German POWs:














"(Karl) ¿Podría darme una taza de café?... (Monique) Claro... (Karl ha oído hablar de una misión anterior fallida cuyo nomble en clave era "Rojo") ¿Quién era "Rojo"?... Un muchacho que se equivode ubicación. No saltó cuando se encendió la luz verde. Aterrizó a 32 kilómetros de su blanco, no muy lejos de unos barracones de la SS, y su paracaídas se enredó en un árbol. No es frecuente. No tiene que asustarse... No me da miedo... bueno saltar... ¿A qué tiene miedo? (Karl no contesta) Lo siento, no era mi intención ser preguntona... Descuide, no me molesta... (Monique confiesa haber pertenecido al cuerpo de paracaidistas) ¿Sabe?, yo hacía el mismo trabajo, y me dio miedo la primera vez que salté. Quizás de un modo distinto, pero por eso creo saber lo que le preocupa... ¿Sí? ¿Qué es?... Le da miedo tener que enfrentarse a los suyos ¿no?..."



El Col. Devlin cita a Monique para recabar su opinión sobre las misiones encomendadas a Barth y Maurer:











"Cuéntanos de "Tigre", Monique. ¿Notaste algo recientemente de lo que debamos enterarnos?... No, no ha cambiado. Como siempre, no congenia con los demás y es difícil, pero nada más... ¿Qué opinarías de enviarlo a otra misión?... Yo lo enviaría si quisiera deshacerme de él... Bien, ¿y "Happy"?... Creo que en muchos sentidos es el mejor de todos... ¿Por qué?... Pues, porque es el primer alemán que conozco que cree en lo que hace... ¿Crees que está listo para ir? (Monique duda) ¿Qué ocurre, Monique?... Hay sólo una cosa que podría resultar difícil para él, quizás porque es joven y honrado. Podría empezar a dudar una vez que vuelva a su patria... Sí, esta misión es difícil, creo que sería mejor esperar. (Devlin se acerca a la ventana, para apartarse del resto de los allí presentes) Ven un momento, Monique. Mira, nos conocemos desde hace mucho. El trato que hicimos en Argelia antes de venir a Francia fue que siempre serías sincera conmigo, ¿verdad?... Sí... Entonces quiero preguntarte algo. Sé que lo que dijiste de "Happy" es cierto, pero creo que hay algo que omitiste... ¿Qué?... ¿Estás enamorada de él?... Es un "boche", señor, como todos los demás. Tenemos mucho que olvidar antes de poder amarlos. ¿Puedo irme?... Sí, claro..."




































Las enseñanzas históricas de las guerras deben repetirse hasta la expiación. Barth y Rennick se lanzarán en paracaídas cerca de Mannheim. Karl Maurer, igualmente lanzado en paracaídas en Altenmarkt, se dirigirá a campo traviesa por entre la nieve hasta Munich. Viaja con nuevo nombre: Karl Steiner, paramédico de la Luftwaffe, nº L43587, de regreso a su unidad del hospital de Bad Reichenhall. Una odisea que desembocará también en Mannheim, pasando por Nuremberg, Argsburgo, Ulm, y Stuttgart, tratando de sortear todos los "kontroller" que la Wehrmacht mantiene en territorio alemán. Un delirio de penalidades, ciudades continuamente bombardeadas, clamores de horror a los que se halla sometida toda Alemania. La arrogancia germana, desde su protesta silenciada y encubierta angustia, se retuerce en cada rincón del país en un incesante clamor de pánico, de dolor y desengaño. Pero la sonrisa del menosprecio por el enemigo, la arrogancia de los hijos de la SS y de la Gestapo suelen ser de una ceguera insoportable. Heinz Scholtz, enviado especial de las Waffen SS, compañero inesperado e indeseable de Karl en el tren de Nuremberg, promueve ante el joven espía el orgullo y la dureza de las virtudes insultantes del soldado alemán: "(Sholtz habla con Karl en el albergue en que se han hospedado y que acoge a los últimos combatientes de la Whermacht, después de que un grupo de jóvenes alemanas -"Soldier Varieté"- hayan cantado una melodía que una vez "interpretaran en el París ocupado") ¿Conoces París, Karl?... No, la única parte que conozco de Francia es Alsacia... ¿Alsacia? (expresa sorpresa y malestar Scholtz)... (Karl) Sí, estuve allí con mi unidad hace unos meses. (Scholtz explota) ¡Ningún alemán de verdad considera Alsacia parte de Francia. Es tan alemana como Renania o el Sarre!... (Karl no esconde su repugnancia) La recuerdo como Francia porque se la quitamos a los franceses... ¡No se la quitamos! ¡La recuperamos! Tomamos lo que nos pertenecía, y quizás más. ¡Lo hicimos y volveremos a hacerlo!..."







Hilde, componente de las "Soldier Varieté", presentada a Karl por Scholtz

























"(La joven propone a Karl) ¿Quiere bailar?... No, gracias. Creí que no se debía bailar hoy en día... (Hilde ironiza también) Tampoco se debe beber vino, pero eso no le molesta. Debe tener conexiones. ¿Qué tal si me consigue una copa?... Tómela, no tengo sed (le ofrece Karl) (La radio emite un comunicado) "Interrumpimos esta transmisión con noticias de última hora. En el frente occidental, en los alrededores de Munich..." ¡Apáguenlo! (gritan los soldados), ¡queremos música! (La radio sigue con sus partes poco halagüeños para el ejército alemán) (Hilde a Karl) ¿Le interesa eso?... (Karl la observa) Y a usted, ¿le molesta?... No, sólo me aburre. ¿Quién quiere enterarse hoy en día... (Sigue el comunicado de la Kommandantur de Munich) "El paracaidista enemigo reportado ayer cerca de Altenmarkt sigue suelto. Se cree que tiene botas de la Luftwaffe (Karl tratará de ocultar las mismas debajo de la mesa en que se sienta junto a Hilde) según lo indican sus huellas en la nieve cerca del paracaídas enterrado"...


























(Karl abandona el salón del albergue y se refugia en su habitación. Unos minutos después, llama Hilde) Dejó sus cosas en la mesa. ¿Quiere que me vaya? No le agrado, ¿por qué no lo dice?... (Karl la observa con cierta tristeza) Lo que pasa es que siento lástima por ti... (Hilde se irrita, sintiéndose insultada) ¿Siente lástima por mí? (Trata de abofetear a Karl) ¿Quién se cree? He conocido a muchos hombres y ellos no me menospreciaron. Conozco a los de su tipo. El alemán "Bürger", puro y honrado. Le enseñaron a guardar distancia, a tener las manos limpias. Pues, ahora estás sucio, como el resto de nosotros... Anda, váyase... (Hilde se sigue torturando) ¿Y quiere que le diga algo, amé a un hombre que era tan decente como usted se cree. Es más, él me amaba. Pero lo mataron en Noruega. Y cuando estaba encinta su familia me rechazó. Como si fuera una desconocida. Conseguí un trabajo. No es motivo de orgullo, pero nos mantuvimos vivas. Y luego, un día, mataron a mi hija. Hubo un ataque aéreo, y cuando llegué a casa esa noche después de trabajar, no quedaba nada de la calle conde vivía. Desde entonces no me importó lo que pasaba. Simplemente odiaba, ¡odiaba a todos! Pero, principalmente, a mí misma. ¿Por qué? ¿Quiere saber por qué? Porque tenía hambre. Hambre de un poco de amabilidad y de amor, y no sé... Quizás todo fue culpa mía. En fin, aquí estoy, ¡sucia, abatida y sola! Hay miles y miles como yo. Ahora ya me conoce. ¿Está satisfecho?... Tome, beba esto (le ofrece una bebida Karl, mientras Hilde se siente abochornada) Lo siento, no pude evitarlo. (Entra Scholtz) ¿Qué pasa, Hilde? ¿Ocurre algo malo? ¡Sal!...


























(A la mañana siguiente, cuando abandonan el albergue de la Wehrmacht, Hilde pide a Karl que salga con ella a la calle trasera antes de tomar el camión de transporte militar) Karl, no es asunto mío lo que usted sea ni lo que haya hecho... (Karl la observa intrigado) Pero, ¿de qué habla?... (Hilde) Sé que es difícil que crea que digo la verdad. Pero debe confiar en mí. Debe hacerlo... ¿Qué pasa?... Anoche ¿sabe quién me envió a su habitación?, Scholtz. Me ordenó que lo vigilara. Tenga mucho cuidado con él. Gracias, cabo, por ayudarme... (En aquel instante, Scholtz interrumpe la conversación con Hilde, para despedirse de Karl con falsa actitud amistosa. Hilde se dirige al camión) Oye, Karl, tengo que volver a Nuremberg. Pero ese camión va para donde tú vas. Está arreglado. El conductor sabe de ti. Lamento lo de anoche. Bebí un par de más. Que tengas buen viaje (Scholtz, ante la mirada desconfiada de Karl y preocupada de Hilde, habla con un integrante del camión. Ambos sonríen observando a Karl. Scholtz se aleja por fin en su motocicleta y el desconocido sigue observando a Karl cuando éste sube al camión. Una vez en marcha, Karl se acerca a Hilde y habla con ella, siempre bajo la mirada inquisitiva del desconocido que no puede oírles) (A Hilde) ¿No dijiste que fue Scholtz el que te ordenó vigilarme?... Sí, sí lo hizo... ¿Por qué me lo contaste?... No estoy segura del motivo. Pero anoche, por primera vez, hiciste que me diera cuenta de lo que me sucedía. De que no puedo seguir así. De que hay alguna razón... (Karl la interrumpe) Muy bien. Supongamos que dices la verdad, que Scholtz sospecha de mí. Eso no prueba que él tiene razón... No me importa si la tiene o no. Sólo sé que andan tras de ti. Mira, Karl, conozco a esta gente. Los conozco muy bien. Si necesitas dinero, toma, tengo este anillo (le ofrece Hilde). Puedes venderlo... Hilde, ¿conoces a ese hombre de allí?... ¿Cuál?... El del rincón, con lentes... No... ¡Alto! (El camión se detiene) ¿Qué ocurre?... ¡Bajen todos!, digo, salvo las damas. (Hilde insiste, antes de que Karl desaparezca) Karl, ten cuidado. No te mentí... Lleven a las mujeres a la aldea y que inspeccionen el camión. (Los hombres se mantienen en formación para el control de documentos. El jefe el "kontroller" observa a Karl) Hay un paramédico allá atrás. ¡Estoy hablándole a usted! Avance. ¿A qué unidad va?... Antiaéreo, de la 15º División de Infantería... Muy bien. Llévenlo con el coronel..."




















































Maurer, como paramédico, en su recorrido inquietante por las ciudades alemanas, es destinado por los "kontroller" al cuidado durante una noche del Coronel von Ecker, que padece una afección cardíaca. Última noche antes de la ofensiva de la 11th Panzer de la que el Oberst se halla al mando. Von Ecker acaba de condenar a la horca a un desertor del ejército alemán, capturado cuando trataba de salvar a su esposa e hijos de un bombardeo. Von Ecker padece un ataque durante la noche y Karl le salva de la muerte mediante su oportuna intervención. Karl Maurer ha logrado la información de la localización exacta de la 11th Panzer hojeando documentos y mapas que se hallan sobre el escritorio de von Ecker. A la mañana siguiente, el coronel se muestra agradecido por la ayuda ofrecida por el joven cabo Karl "Steiner" durante su ataque cardíaco: "Sabe, cabo, tuve un sueño. Soñé que usted era el desertor al que sentencié, y que quería darme un tiro. Había olvidado que la gente así es demasiado débil. Nunca tendrían el valor para matar aunque fuera para salvarse. (Karl contesta fríamente, recordando que tuvo la vida de von Ecker en sus manos) A veces se necesita más valor para no matar... Habría preferido que no me contestara de ese modo. Pero esta noche me ha salvado la vida, por si sirve de algo. Así que en lugar de castigarle me gustaría hacer algo por usted. ¿Qué tal una semana de permiso? Eso le gustaría... Gracias, señor, pero tengo mi deber en el frente. Sólo hay una cosa... Sí, ¡qué cosa?... Quizás es una tontería de mi parte, pero preferiría que fuera piadoso con el desertor y lo mandara a prisión... Cabo, su profesión es salvar vidas, incluso las indignas. La mía es quitarlas, incluso las dignas. Sé que es una locura afirmar que podemos hacer retroceder al enemigo. Pero dentro de una hora, frente a mi División, lo afirmaré. Lo haré porque creo que la 11 Panzer debe pelear hasta el fin,... a toda costa. Por ese motivo, ahora más que nunca, debo mantener la disciplina de mi División. Y por esa razón debe morir ese hombre"...



































Alemania se estrella en el mismo feroz ímpetu de cuanto horror ha desatado el III Reich en toda Europa. En consecuencia, la guerra y su absurdidad presta de nuevo su servicio a la historia con esa solemnidad malparada a causa de las muchas barbaridades que el óbolo de los errores y horrores depositan en ella. Los grandes lamentos sin esperanza siguen prorrumpiendo, dispuestos siempre a renovarse a expensas de entusiasmos patrióticos, tipo cruzadas, arrastrados por la locura del poder, predisposición hereditaria de líderes sanguinarios y caprichosos que definen los siglos borrascosos del mundo de los hombres, avivando sus pasiones más nefastas, y dejando tras ellos una humanidad tan consternada y afligida como petreles apocalípticos perdidos en las tormentas. Karl Maurer, "Happy", ha vivido así, como espía, la última fase convulsiva de una Alemania ya prácticamente derrotada y destruida. Atrapado en un bombardeo de carretera, un oficial de la Gestapo tratará de asesinarlo. Las bombas aliadas le salvarán de nuevo. No obstante, descubre que su nombre ficticio, Karl Steiner, se halla en la lista negra de su perseguidor, y, por supuesto, de los "kontroller". Acosado por los soldados de la Vehrmacht en la ciudad de Mannheim, entre ruinas y los incesantes bombardeos norteamericanos, trata de alcanzar el refugio de Rennick y Barth. Mannheim es ya una ciudad cegada por el pánico. A cada paso resuena una especie de plañido que descubre nuevos terrores. Semeja un inmenso peñasco abatido por las rugientes olas de la guerra.















































































En la profundidad ruinosa, entre el fuego y los edificios convertidos en vertederos, aparece la imagen descolorida y aterrorizada de una mujer, una imagen de superviviente que desfallece en el dolor, despojo dañado como todo el pueblo alemán que únicamente halla la recompensa del horror en que los ha sumido la tragedia del III Reich. Karl acude a ella: "¡Fraülein!... (La mujer se siente sobrecogida creyendo que Maurer se trata de uno de los esbirros de la Vehrmacht que patrullan las calles derruidas de Mannheim) Lo siento. Sé que no debería salir, pero mi hijo resultó herido. Tengo que conseguir yodo. No me entregue, por favor. Mire, tengo dinero... (Karl extrae de su macuto de paramédico lo que la mujer necesita) Tome, yodo y vendas. Será mejor que desaparezca ya... (La mujer se muestra agradecida y llorosa, pero aún ruega al soldado) Créame, es tan sólo para mi hijo. No me entregará, ¿por favor? ¿Lo promete?... No tenga miedo. Váyase... Qué Dios le bendiga... Espere un momento. Busco Neckarstrasse, 18... Es la segunda calle, a la derecha... Gracias". La calle se halla casi por completo desaparecida. Tan sólo parece conservarse milagrosamente un rótulo indicativo. Pero el edificio que sirve de refugio a Rennick y Barth se halla en pie. Maurer se encuentra con ellos tras recorrer penosamente el interior semiderruido. Los contactos con el "4º Cuerpo Blindado" y su posible rendición han fracasado. Rennick, Barth y Maurer se proponen huir de Mannheim atravesando las heladas aguas del Rhin. Una huida que puede determinar la victoria del espionaje llevado a cabo por Karl Maurer. Contra ellos se abre de inmediato la violencia de los últimos contingentes del ejército de la Vehrmacht que controla la frontera del Rhin. Da comienzo la sistemática persecución de los huidos. Barth, el "Tigre", expondrá definitivamente que su lealtad, postura siempre sospechosa, no definirá jamás al género humano como una sola familia. Sus actos de manifiesta traición hacia sus compañeros quedarán abatidos en el camino de huida. Los equívocos han concluido. En cuanto a Rennick y Maurer que encarnan la auténtica causa de la libertad, es obligado encaminarlos hacia un sentimiento de conductas gloriosas, aun a costa de resultar patrioteras. Pero no hay otra manera de ensalzar a los hombres y a sus actos más atrevidos y útiles cuando se enfrentan a las atrocidades que propugnan las guerras.




Tras la cámara








Anatole Litvak: Mikhail Anatol Litvak, nacido en Kiev, actual Ucrania, el 10 de mayo de 1902, en el seno de una familia judía. En su adolescencia, atraído por los escenarios, consigue trabajar en un teatro de San Petersburgo, al tiempo que cursa estudios de Arte Dramático. Se traslada a Alemania en los años 30. Filma allí sus primeras películas: "Dolly macht Karriere" y "Nie wieder Liebe", 1930-31. Se halla instalado en Inglaterra y luego en Francia tras la subida del "Nazismo". Ya lejos de Europa, en 1940, es contratado por la Industria de Hollywood, realizando "All this and heaven too", nominada al año siguiente al Premio de la Academia.


Junto a Frank Capra, Litvak que se halla al servicio de United States Army durante la II Guerra Mundial, realiza sus famosos films series "Why we fight". Durante la contienda se convierte en pieza clave de la "Army's photography division", merced a su conocimientos idiomáticos del ruso, alemán y francés. Dicha división filmará un documento memorable sobre el D´Day, desembarco en Normandía.




Tras el final de la guerra, vuelve a Hollywood. En 1948 vuelve a ser nominado al Oscar como Mejor Director por "The snake pit"· En 1951 su impactante "Decision before dawn" recibe otra nominación como Mejor Película.












Regresa a Europa en la citada década de los 50. Filma en París, producida por 20th Century Fox, con Ingrid Bergman (ya separada de Roberto Rossellini), Yul Brynner y Helen Hayes, el que sería su film europeo más recordado "Anastasia", una espectacular ficción sobre la posible supervivencia de una de los Romanov, la Gran Duquesa Anastasia, hija del zar Nicolas II. En 1961 realiza "Goodbye again", de nuevo con Ingrid Bergman, acompañada de Yves Montand y de Anthony Perkins, nominada a la Palme d'Or en el Festival de Cannes.






En 1937 contrajo matrimonio con la temperamental Miriam Hopkins, de la que se divorciaría dos años más tarde. Ya en Europa, se casaría con la diseñadora de vestuario Sophie Steur, que trabajó para él en diversos films. Fallece a la edad de 72 años en París, distrito de Neuilly-sur-Seine, el 15 de diciembre de 1974.







Su película de 1939 "Confessions of a Nazy spy", con Edward G. Robinson, realizada poco antes de que estallase la II Guerra Mundial, fue uno de los primeros "puyazos" lanzados por el cine norteamericano contra Alemania. Joseph Goebbels, el íntimo amigo de Adolf Hitler, y temido y fanático primer Ministro de Propaganda de la Alemania Nacional Socialista, sufre uno de sus mayores berrinches con el visionado de la película de Litvak. El siniestro orador nazi declara "abierto el fuego entre el cine alemán y las cinematografías aliadas" y decide boicotear, de acuerdo con el doctor Frank von Hippel (jefe por entonces del departamento de cine germano) toda la producción americana en Alemania.



Anatole Litvak supo atrapar un subjetivismo y relativismo moral inquietante. Sus elementos estilísticos jugaron, al igual que hicieran otros grandes directores, y muy especialmente Orson Welles, con ángulos atrayentes, casi insólitos, de la cámara, y sus efectos de luz crearon atmósferas inquietantes en los que dominaron sórdidos catálogos de la historia de la psicología, ya fuera criminal o de compleja clave psicoanalítica (que hacía furor por aquella década de los 40), como demostró al situar en un manicomio de mujeres (fue rodada en Camarillo State Mental Hospital de California) su ""The snake pit", 1948, con una espléndida Olivia de Havilland. El film promovió importantes y beneficiosos cambios y reformas que aliviaron y salvaron a pacientes en progresiva decadencia en estas "mental institutions" de Norteamérica. Espíritus torturados ("City of conquest",1940), aportaciones inusuales a una nueva visión del ámbito bélico ("Decision before dawn", 1951, "The night of the generals", 1967), ambientes turbios enfocados desde el interior más escéptico y pesimista de la criminalidad, dotados de inolvidables penumbras nocturnas ("Out of the fog", 1941, "The long night", 1947, "Sorry, wrong number", 1948), y síntomas decadentes, conflictivos, frente a frente en la cultura occidentalizada ("The journey", 1959, "Anastasia", 1956) fueron elementos integrantes que dotaron de una intensidad notable la inspiración cinematográfica de Anatole Litvak.












Oskar Werner: Cpl. Karl Maurer "Happy". Nacido Oskar Josef BschlieBmayer en Gumpendorf, Viena, el 13 de noviembre de 1922. La verdadera cultura con respecto al mundo de la fantasía se acumula en los años de su infancia, no obtenida en la escuela sino a través de la imaginación de su abuela, quien se encarga de su crianza e introduce en la vida de su nieto un primer hálito de ensueños embelesándolo con sus historias acerca del Burgtheater, el Teatro Nacional Austriaco, donde, a la edad de 18 años ingresaría el joven Oskar, aceptado por Lothar Müthel, actor y director del mismo nacido en Berlín. Sus primeros pasos en el escenario como simple extra muestran en él atractivas dotes como futura gran promesa en la interpretación, y en octubre de 1941, ya como Oskar Werner, hace su debut oficial como actor principal.



Reclamado por el ejército alemán en diciembre de 1941 es reclutado por la Wehrmacht. La primacía pacifista de Werner, opuesta por completo al nazismo, suscita en él un rechazo total al militarismo imperante. Finge una caída de caballo, y es trasladado al Eastern Front en calidad de soldado raso donde es objeto de vejaciones: limpieza de letrinas, etc. En 1944, secretamente, contrae matrimonio con Elisabeth Kallina, cuyo origen se halla emparentado con familia judía. Nace su hija Eleonore. Poco después Oskar deserta de la Wehrmacht, y huye con su esposa e hija refugiándose en Wienerwald o Wienna Woods, zona forestal situada en la provincia de Lower Austria, junto a Northern Limestome Alps, donde permanecerán ocultos hasta el fin de la II Guerra Mundial.



En 1948, de vuelta a Burgtheater, interviene en algunas representaciones y en otras producciones de Raimund Theater. Debuta ese mismo año en el cine con el film de Karl Hatl, "Der Engel mit der Posaune", y en 1949 interpreta al sobrino de Ludwig van Beethoven en "Eroica", dirigido de nuevo por Hatl. Anthony Bushell, director inglés, contrata a Werner y efectúa un remake de su primer film con el mismo título en inglés "The angel with the trumpet", 1950. Ese año tiene lugar su divorcio de Elisabetha Kallina. Tras intervenir en algunos films alemanes, es llamado a Hollywood, finalmente, por 20th Century Fox como protagonista del controvertido y conmovedor espía Karl Maurer en "Decisión before dawn", de Anatole Litvak, idóneo vehículo interpretativo para un Oskar Werner que vuelve a mostrar ante las cámaras, con efectistas resonancias autobiográficas, el pacifista alegato antimilitarista que mantuviera contra el nazismo en la pasada contienda. Las actitudes meramente especulativas que esgrime la Meca del Cine y las imposiciones expuestas por la contratación exigida por 20th Century Fox promueven serios encontronazos con el carácter inconformista, controvertido, y en el que flamea un absorbente contenido ideológico, ferozmente individualista del actor, poco acorde con las reaccionarias compañías hollywoodenses. Oskar Werner regresa a Europa, y se instala en Triesen, Liechtenstein. En los escenarios teatrales europeos hace gala de su buen hacer interpretativo con obras como "Hamlet", "Danton's death", "Becket", "Henry IV" y "Torquato Tasso". Contrae nuevo matrimonio en 1954 con Anne Power, hija de la actriz francesa Annabella e hijastra del que fuera famoso actor norteamericano Tyrone Power.



A partir de 1955, pone fin a su inactividad cinematográfica al ser requerido por Max Ophüls para su espectacular "Lola Montes". Su mayor reconocimiento internacional lo alcanza en "Jules y Jim", 1962, dirigido por François Truffaut. Su aparición en la pantalla alcanza nuevos detonantes de innegable calidad con sus apariciones extraordinarias en "Ship of fools", 1965, dirigido por Stanley Kramer, interpretación que le valdría ser nominado a Academy Award for Best Actor, y con la que ganó el New York Circle Critics Award, tras ser nominado también al premio Bafta y al Golden Globe Award, galardón que conseguiría con su siguiente película como Fiedler, espía judío de la Alemania Oriental, en la memorable recreación cinematográfica de la novela de John le Carré, dirigida por Martin Ritt en ese mismo año 1965, "The spy who came from in from the cold".



En 1966, de nuevo con François Truffaut, interviene en la futurista fantasía "Fahrenheit 451", junto a Julie Christie, como Guy Montag, el taciturno y atormentado bombero quema-libros; film de culto nacido del grandeur literario de Ray Bradbury. Tras "Interlude", de Kevin Billington, 1968, film aquejado de cierto languidecimiento y que pasará desapercibido, interviene ese mismo año en "The shoes of the Fisherman", de Michael Anderson, novela de Morris West, y ofrenda una espléndida interpretación del sacerdote atormentado, inspirado en Pierre Teilhard de Chardin, filósofo, paleontólogo y sacerdote jesuita francés, autor de "The phenomenon of man".
















Hasta 1976 no vuelve a las pantallas. Interviene en "Voyage of the damned", de Stuart Rosenberg, por cuya actuación es nominado al Golden Globe.













Su carrera acabará truncada por el alcoholismo. Asimismo, Oskar Werner vive inmerso en constantes crisis nerviosas que desembocan en profundas depresiones. Aparece por última vez en el escenario en 1983 con "The prince of Homburg". Su postrer aparición, diez días antes de su muerte, tendría lugar en el Mozart Hall de Salzburgo. El día 22 de octubre de 1984 cancela una entrevista en el Hotel Europäischer Hof en Marburg, Alemania. Se siente repentinamente enfermo, y a la mañana siguiente es hallado cadáver en su habitación a causa de un ataque cardíaco. Su amigo y gran mentor europeo, el director François Truffaut, fallecería también dos días después.



Oskar Werner, excepcional y conmovedoramente, reviste a su espía Karl Maurer de "Decisión before dawn" de un matiz crítico, (entre imágenes que poseen la autenticidad de un documental), intimista, que se inserta, cual auténtica ascensión espiritual del protagonista, sin estridencias, en un mundo caótico y cruel del que se niega a formar parte como hacen sus compatriotas, convertidos en auténticas marionetas articuladas por la explosión de violencias que supuso para Europa en infierno nazi.




Hildegard Knef: Hilde. Nacida Hildegard Frieda Albertine Knef, el 28 de diciembre de 1925 en Ulm, Alemania. En 1940, a la edad de 14 años, se inicia en el arte de la interpretación. Durante el III Reich intervino en varias producciones alemanas. Tras la ocupación rusa sufrió vejaciones por parte del ejército aliado: fue obligada vestirse con ropas de hombre, fue rapada y enviada poco después a un POWs, campo de prisioneras de guerra.





Tras las vicisitudes sufridas, rehabilitada su filiación política, consigue reintegrarse a su carrera artística e interviene en el film "Die mörder sind unter uns" ("The murderers are among us"), película realizada por el director alemán Wolfgang Staudte en 1946, y producida por la empresa soviética DEFA-Studio für Spielfilme en East Germany. En su siguiente película "Die Sünderin" ("The sinner"), dirigida en 1950 por Willi Frost, Hildegard Knef ofrenda el primer desnudo integral en la pantalla. Al escándalo que el mismo provoca y a las airadas protestas con que la Iglesia Católica decide anatematizar el film, la Knef respondería: "No puedo llegar a entender todo este alboroto, cinco años después de Auschwitz".



David O. Selznick, siempre atento a los reclamos cotizables de probables personalidades cinematográficas que, provenientes de Europa, puedan prefigurar nuevas y brillantes eclosiones artísticas en Hollywood (como ya sucediera con Ingrid Bergman, Vivien Leigh y Alida Valli), invita a la temperamental actriz alemana para que se traslade a la Meca del Cine y acepte un contrato con su Studio, tras el cual se no se descartan las consabidas presiones comerciales que los mismos implican en Norteamérica. La primera imposición sería la de un drástico cambio de nombre artístico: Gilda Christian. Asimismo, O. Selznick, por imperativos de posguerra, pretende que la nacionalidad de su futura Gilda Christian se sitúe en Austria en lugar de Alemania. Hildegard Knef rehusa definitivamente el ofrecimiento de O. Selznick.


Varios años después, tras contraer matrimonio con Kurt Hirsch (alemán nacionalizado en EE.UU.), cambia su apellido Knef por Neff, y las puertas del estrellato se abren para ella al intervenir en el musical de Cole Porter "Silk Stockings", 1955, en Broadway, como Ninotchka (inspirada en el film de Ernst Lubitsch de 1939, que interpretara Greta Garbo).









En 1963, Hildegard Knef inicia una espléndida carrera como cantante y compositora de sus propias canciones. Su voz profunda, de una calidez etérea, apta para un público que muchos determinarían como "minoría selecta", adherida a un peculiar estilo de sensibilidad germana, se convierte en una especie de retorno nostálgico a los viejos orígenes del afamado Cabaret alemán de preguerra. Su vuelta a Berlín tras la reunificación aglutina una masiva admiración por parte de sus fans en toda Europa. Hildegard Knef, entre 1960 y 1970, se convierte en un espumeante milagro de posguerra en lo que al mundo de la canción alemana se refiere. Un auténtico impacto internacional que penetra la coraza de prejuicios que aún parece envolver protectoramente a la sociedad alemana, y cuyas canciones, de las que suele ser la propia autora, plasman el nuevo clima renovador del país causante de la II Guerra Mundial. Su canción "Fur mich soll's rote Rose regnen" ("Red roses are to rain for me") se convertirá en uno de sus mayores triunfos. Sobresalen también sus inolvidables versiones de "Mackie Messer" ("Mack the knife") e "Ich hab noch einen Koffer in Berlin" ("I still haver a suitcase in Berlin"). La impactante "chanteuse" alemana vendería más de tres millones de discos.


De la "noche del nazismo", Hildegard Knef, testiga observadora de los terribles desmanes vividos en Europa y en su país natal, nacería también una escritora. Su autobiografía "Der geschenkte Gaul-Bericht aus einem Leben" ("The gift horse-Repor of life"), publicada en 1970, no pasa, sin embargo, de ser un ingenuo "recuento" o repaso de su vida en la Alemania natal durante y después de la II Guerra Mundial. Con "Das Urteil" ("The veredict"), escrito en 1975, alcanzaría más notoriedad como escritora que con su poco creíble autobiografía.





Su carrera cinematográfica en EE.UU. y Europa ofrecieron algunas interpretaciones aisladas que mostraban hasta que punto el nutrido plantel de estrellas alemanas (Curd Jurgens, Maria Schell, O.W Fisher, Romy Schneider, Marianne Koch, Gert Froebe, Nadja Tiller, Maximilan Schell, Elke Sommer, y, por supuesto, Hildegard Knef), que pasearon su rostro a lo largo de una incontable retahila de coproducciones bipartitas y tripartitas, manifestaron ante el mundo del Séptimo Arte que este mismo vagabundeo apátrida había dejado una brecha insalvable en la cinematografía de la rehabilitada Alemania: un cine totalmente desarraigado, sin personalidad ni originalidad.


Hildegard Knef interpreta dos importantes films norteamericanos en 1951: "Decision before dawn", dirigida por Anatole Litvak, y "Diplomatic courier", de Henry Hathaway, junto a una de las estrellas más populares del momento: Tyrone Power. Su siguiente película hollywoodense "Night without sleep", 1953, realizada por Roy Ward Baker eclipsa la meteórica personalidad alcanzada por sus dos predecesoras.








"The snows of Kilimanjaro", 1952, de Henry King, la sitúa entre la tradición hollywoodense del llamado "erotismo mórbido" Ya en Europa interviene como actriz secundaria en la crepuscular "The man between", del prestigioso Carol Reed. Billy Wilder apunta hacia los lejanos objetivos míticos del divismo y la convierte en una nueva y encubierta Gloria Swanson en su producción de 1978 "Fedora".






Fallecería a causa de un enfisema, en Berlín, a la edad de 76 años, el 1 de febrero de 2002.







Hildegard Knef por medio de su Hilde de "Decision before dawn" aporta como novedad una conmovedora capacidad autocrítica, su alejamiento apasionado de todo el absurdo didactismo ejemplarista con que el III Reich oprimió la capacidad intelectiva de su propio pueblo, una gran libertad formal en cuanto a la exposición de su repugnancia por el esquematismo psicopático con que el nazismo embruteciera mentalmente a toda Alemania, y una inolvidable crisis de conciencia que halla su máxima expresión frente a una ocasional aventura amorosa con el misterioso cpl. Karl Maurer que jamás llega a materializarse. Fue un hermoso e inolvidable retrato crítico de esos hijos atrapados por el caos nefasto de la más cruel de las contiendas mundiales.














Richard Basehart - Gary Merrill


Lt. Dick Rennick - Col. Devlin













Hans Christian Blech - Dominique Blanchar


Sgt. Rudolph Barth "Tiger" - Monique













Wilfried Seyferth -O. E. Hasse


Heins Scholtz "SS Man" - Col. Von Ecker


Original vitalidad de corte realista entre imágenes inolvidables que, en efecto, como ya se indicó anteriormente, parecen poseer la autenticidad de un documental. Un criticismo "en sordina", intimista y sin excesivos estruendos bélicos, que reviste por lo general la forma de ironía al presentar a sus personajes y situaciones con la desencantada gradación crítica que impone el fin de un sueño imposible al tiempo que terrorífico: la victoria de un pueblo tendencioso nutrido por el universo absurdo de los desmanes que el poder alimenta cuando vive enquistado en una especie de letargo cultural que, no obstante, es capaz de encaminar a toda una nación, desde una especie de nueva Edad Media belicista, con paso firme e ilusorio de superioridad racial, hacia aquellas aciagas promesas de "los mañanas que cantan el triunfo". Relato sobriamente expuesto en un tiempo condicional, con toques de advertencia sobre las guerras pasadas y las futuras. Novedosa dramaturgia que, de igual forma, descansa en la incertidumbre de la realidad y del destino, en especial de sus desclasados protagonistas alemanes. ¡Tan necesaria como irrepetible!