






El mundo de Frankie Addams: Carson McCullers
..."Sucedió en aquel verano verde y revuelto en que Frankie cumplió los doce años. Aquel verano hacia mucho tiempo que Frankie no era miembro de nada: no pertenecía a ningún club ni pertenecía a nada en el mundo. Frankie, por entonces, era una persona suelta que vagabundeaba por los portales, atemorizada. En junio, los árboles eran de un verde brillante y deslumbrador, pero más tarde las hojas se oscurecieron. y el pueblo pareció ennegrecer y encogerse bajo la luz cegadora del sol. Las aceras del pueblo, a primera hora de la mañana, y por la noche, eran grises, pero al mediodía el sol daba en ellas de tal modo que el cemento ardía y lanzaba destellos como si fuera cristal. Por fin, las aceras llegaron a estar demasiado calientes para los pies de Frankie, y ella, además, empezó a sentirse mala. Sus secretas congojas le valdrían quedarse en casa: y en casa sólo estaban Berenice Sadie Brown y John Henry West. Los tres pasaban el tiempo sentados alrededor de la mesa de la cocina, diciendo una y otra vez unas mismas cosas, de modo que al llegar agosto las palabras empezaban a rimar unas con otras y a adquirir extrañas resonancias. Todas las tardes el mundo parecía morir y cesaba todo movimiento. Al fin, el verano era como un enfermizo sueño verde, o como una absurda jungla silenciosa bajo una campana de cristal. Y entonces, el último viernes de agosto, todo cambió, y el cambio fue tan súbito que Frankie pasó toda la tarde en blanco, intentando comprender, pero sin alcanzarlo a pesar de todo.
-¡Es raro-decía-La manera como todo ha sucedido.
-¿Sucedido? ¿Sucedido?-preguntó Berenice.
John Henry las escuchaba, contemplándolas en silencio.
-Nunca estuve tan intrigada.
-Intrigada, ¿por qué?
-Por todo eso-dijo Frankie.
Y Berenice observó:
-Creo que el sol te ha frito los sesos.
-Yo también-susurró John.
La propia Frankie casi pensaba que podría ser verdad. Eran las cuatro de la tarde y la cocina era cuadrada, y estaba gris y tranquila. Frankie estaba sentada a la mesa con los ojos entornados y pensaba en una boda. Veía una iglesia silenciosa, mientras, fuera, unos extraños copos de nieve caían contra las vidrieras de colores. El novio era su hermano y donde hubiera debido tener la cara sólo veía un resplandor. Allí estaba la novia con su traje blanco de larga cola, y tampoco la novia tenía cara. En toda la boda había algo que producía a Frankie una sensación que no acertaba a definir.
-A ver, mírame-dijo Berenice-¿estás celosa?
-¿Celosa?
-¿Te da envidia que tu hermano se vaya a casar?
-No-dijo Frankie- Nunca vi otra pareja que se les pareciera. Cuando entraron en casa, hoy, fue algo tan extraño...
-Claro que estás celosa-dijo Berenice- Ve y mírate al espejo. Lo adivino en el color de tus ojos.
CARSON McCULLERS
Mrs. McCullers and perhaps Mr. Faulkner are the only writers since the death of D.H. Lawrence with an original poetic sensibility. I prefer Mrs. McCullers to Mr. Faulkner because she writes more clearly; I prefer her to D. H. Lawrence because she has no message. {La Mrs. McCullers y quizás el señor Faulkner son los únicos escritores desde la muerte de D.H. Lawrence con una sensibilidad poética original. Prefiero a la señora McCullers al señor Faulkner porque escribe con mayor claridad; La prefiero a D. H. Lawrence porque no tiene mensaje} [Graham Greene]
El 19 de marzo de 1946 aparece el libro que, en los Estados Unidos, más identifica a Carson McCullers: "The Member of the Wedding" ("Frankie y la boda"), dedicado a Elizabeth Ames la directora de la Artists Community Yaddo en Saratoga Springs, New York y cuya primera parte había ido apareciendo, desde enero, en la revista Harper's Bazaar Algunos críticos la tienen incluso por su "obra maestra", relato claustrofóbico, sudista, en el que, durante varios meses de 1944-1945 (aunque la acción, salvo la escena del apílogo, está concentrada en unos cuantos días de finales de agosto de 1944), una adolescente expresa su malestar vital y aislamiento. "Todo sucedió durante aquel verano verde y delirante"-se afirma en la primera frase de la novela, luego convertida en obra teatral)... Frankie quiere dejar de sentir ese aspecto vacío que se extiende entre los demás y ella. Afirma violentamente su deseo alocado de "formar parte" de algo, de "ser miembro del matrimonio" de su hermano Jarvis y la mujer de éste, Janice. "Aquí, en los Estados Unidos- dice la albacea literaria de Carson McCullers, Floria Lasky-, querer ser "the member of the wedding" se ha convertido, o casi, en una expresión popular para designar a quienes desean apasionadamente "pertenecer" - a un grupo o a una comunidad-, ser aceptados" En francés (igual que en español) esta asociación inusual de palabras jamás ha hallado un equivalente satisfactorio, así que la novela es conocida por el nombre de la heroína, Frankie, a costa de empobrecer el sentido del título y de la connotación ambigua que éste conlleva.
Tennessee Williams y Carson McCulluers, esos dos escritores supuestamente "apegados a su narcisismo" (como opinaban muchos de sus críticos), tabajaban todos los días juntos, cada uno sentado a un extremo de la mesa. "Era la primera vez que me sentía a gusto trabajando en una misma habitación junto a otro escritor", afirmaría Williams. Poco después de llegar Carson, Williams le había sugerido realizar la versión teatral de "The Member of the Wedding". "Para ella era todo un desafío, ya que algunos críticos -sobre todo Edmund Wilson, del New Yorker- le habían reprochado a la novela su falta de recursos dramáticos, su escaso desarrollo de la acción." Carson no tenía ninguna experiencia como dramaturga; es más, podía contar con los dedos de una mano la... Tennessee Williams y Carson McCulluers, esos dos escritores supuestamente "apegados a su narcisismo" (como opinaban muchos de sus críticos), tabajaban todos los días juntos, cada uno sentado a un extremo de la mesa. "Era la primera vez que me sentía a gusto trabajando en una misma habitación junto a otro escritor", afirmaría Williams. Poco después de llegar Carson, Williams le había sugerido realizar la versión teatral de "The Member of the Wedding". "Para ella era todo un desafío, ya que algunos críticos -sobre todo Edmund Wilson, del New Yorker- le habían reprochado a la novela su falta de recursos dramáticos, su escaso desarrollo de la acción." Carson no tenía ninguna experiencia como dramaturga; es más, podía contar con los dedos de una mano las veces en que había pisado un teatro. Pero ahora podía sacar provecho de los consejos de un profesional y ponerse manos a la obra, mientras Williams intentaba terminar "Summer and Smoke" ("Verano y Humo") . Por supuesto, a lo largo de estos años, no habría quien sugiriese que dicha versión de la novela debía mucho al talento de Williams. En una entrevista concedida a Virginia Spencer Carr, cuando ésta preparaba su biografía, el propio Williams dijo al respecto: "Yo no fui el mentor de Carson, ni en ése ni en ningún sentido de la palabra. Cuando quería preguntarme algo o leerme en voz alta una escena para ver mi reacción, lo hacía. Pero rara vez se atrevía, ya que no aceptaba casi ninguno de los consejos que yo le daba acerca del modo de adaptar su novela al teatro. No creo haberle sugerido más que una o dos veces una réplica, e incluso en esos casos Carson tenía ya su propia idea, y solía responderme: "Tenn, ángel, te lo agradezco de veras pero te aseguro que ya sé todo lo que tengo que saber." Además, yo estaba muy ocupado con mi propia obra, y aunque los dos nos sentábamos juntos a la misma mesa trabajábamos de manera muy independiente. Es cierto que le sugerí a Carson que adaptase la novela, pero fue ella quien la empezó y acabó enteramente durante nuestra estancia juntos."
A Williams le resultaba muy estimulante la presencia de Carson. Le gustaba su empeño en escribir, y en animarle también a él a hacerlo todas las mañanas, antes de ir en bicicleta a la playa. "Tennessee me había conseguido una máquina de escribir, y los dos nos instalamos en la mesa del comedor", contará Carson- "Trabajábamos desde las diez de la mañana hasta las dos de la tarde, y luego, los días de sol, nos íbamos a la playa, y los días de lluvia, leíamos poemas. Tennessee y yo hemos pasado muchos veranos juntos, y su amistad es una fuente perpetua de dicha y de inspiración para mí."... Cuando Williams veía con desesperación que estaba concluyendo su propio manuscrito, Carson le devolvió la confianza: "Al decirle que estaba convencido de que mi capacidad creativa se había agotado, ella me respondió con gran sabiduría y sinceridad que todo artista experimenta siempre ese miedo, ese pavor al concluir un trabajo en el que ha puesto tanto de sí mismo que el fin de ese trabajo parece significar su propio fin como creador, al ver que la razón de su vida ha desaparecido como la nieve del último invierno"
Todo escritor, salvo un autor dramático ya reconocido, debe emplear una inmensa energía para conseguir que le produzcan y le monten una obra. Carson McCullers, debilitada, casi inmóvil (había salido del hospital neurológico de New York en las Navidades de 1947, en el que había pasado todo ese mes de diciembre, tratando de mejorar de su terrible enfermedad, y del que salió prácticamente igual que como entró), sonriente, se ve necesitada de una fuerza excepcional. Y la tiene. Durante todo el verano y los primeros días del otoño de 1949, Carson sigue paso a paso los avatares de la producción de "The Member of the Wedding": principalmente, buscar un director y unos actores. Propuesta para el papel de Berenice Sadie Brown, la actriz de color y antigua cantante de jazz Ethel Waters lo rechaza en un primer momento, pues no quiere "actuar en una obra sin Dios". Pero, finalmente, acepta, a condición de que se añada a su papel una o dos réplicas religiosas.
Frankie Addams, personaje de doce años, será interpretada por una actriz de veintitrés con cara de adolescente, Julie Harris, a la cual le cortarán el pelo a lo chico para acentuar el aspecto juvenil. La víspera del estreno, el director de la obra teatral Harold Clurman le exigirá incluso que se lo vuelva a cortar ella misma más y mal, tal y como Frankie lo había hecho. Carson se queda estupefacta al verla.
Para el papel del pequeño John Henry contratan a un chavalillo que jamás había actuado -apenas sabe leer-, pero que resulta ser un impresionante intérprete: Brandon DeWilde, hijo del actor Fritz DeWilde (que a su vez interpreta el hermano casado de Frankie, Jarvis). El 28 de noviembre, todo está a punto, y Carson asiste a la primera lectura de la obra, con todo el elenco.

El 22 de diciembre, en Filadelfia, se realiza el preestreno, para pulir el montaje antes de mostrarlo en New York. Sobre todo para intentar acortarlo, pues dura cuatro horas, un tiempo considerado excesivo para el público de Broadway. Tennessee Williams, atendiendo la súplica de Carson, que le ha hecho venir desde Key West para apoyarla -"Te espero. Necesito que estés allí"-, se presenta acompañado de varios amigos.
En el entreacto, se encuentran a Carson y a Reeves (James, alcohólico y depresivo, se suicidaría ingiriendo una fuerte dosis de barbitúricos junto a una gran cantidad de alcohol, el 19 de noviembre de 1953 en el hotel Château-Frontenac de París) con una curda de muerte a la entrada del teatro. Demasiado angustiados como para asistir a la representación, se habían ido al bar de enfrente y habían estado bebiendo a la espera de que acabase la primera parte.

En "The Mortgaged Heart" vuelve a hablar de Frankie: "Frankie Addams, esa encantadora niña de doce años, expresa así su anhelo universal: "Lo terrible, en mi caso, es que no he sido más que un "Yo". Todo el mundo forma parte de un "Nosotros", salvo yo. Si uno no forma parte de un "Nosotros", se siente verdaderamente demasiado solo". Según Carson McCullers: "Refugiado tras sus vínculos familiares y sus severas obligaciones de clase, el europeo desconoce por completo esa soledad moral que los norteamericanos reciben al nacer. Los artistas europeos forman gustosamente grupos o escuelas estéticas. El artista norteamericano actúa siempre como franco-tirador, no sólo con respecto a la sociedad (cosa que es común a todos los creadores), sino con respecto a su propio arte... Nosotros, los norteamericanos, a través de los placeres bucólicos del campo o del laberinto de las ciudades, perseguimos esa misma búsqueda. Avanzamos, preguntamos, pero la respuesta surge en cada corazón, la respuesta a la pregunta: ¿quién soy yo, y cómo debo dominar la soledad para ocupar, al fin, mi sitio en el universo?"
"Rara vez a lo largo de toda una vida, se conoce a alguien como ella; a alguien tan profundamente honesto, a alguien que quiso, tan violentamente, vivir -afirmó la doctora Mary Mercer, que la estuvo tratando durante sus últimos meses- Algunos la han tachado de envidiosa, celosa y mezquina. Todo eso es falso y ridículo. La verdad es que no habían muchas cosas que le interesasen, porque no tenía tiempo. O, mejor dicho, "she had no time, but for the truth". Y no hacía nada sin una razón. Sin una buena razón" Sorprende escuchar en sus labios exactamente las mismas palabras que empleó una de las personas entrevistadas por Jenn Shapland, una de sus biógrafas, Teddy Murray, un marchante -y pianista de talento- neoyorkino, amigo de Carson durante el último tercio de la vida de ésta: "Carson jamás se la "jugaba a nadie". Siempre tenía una razón para hacer lo que hacía"... "Creo que ella y Reeves, a quien no conocí, se amaban profundamente- prosiguió Mary Mercer- Pero es que ¿cómo no amar a una mujer así? Creo que ella le fascinaba, que ella le fascinó perennemente. Reeves, desde luego, sufrió al descubrir que Carson tenía talento y él no. Ambos eran estupendos, seres excepcionales. Pero no lograban "funcionar" juntos; la mayor parte del tiempo, se destruían... Carson no tenía edad, tan sólo unas ganas locas de seguir con vida. De vivir y escribir. De vivir para escribir. Eso es lo que yo quisiera que se apreciase y se recordase de ella: su inmenso y fundamental deseo de vivir. Quisiera que se evocase su humor, su sentido del juego, de la farsa. No sólo su deseo de vivir, sino también su alegría de vivir. Incluso sumida en la angustia, Carson conservaba su gusto por los chistes, mantenía erguido el gran escudo de su risa"... Y en la voz siempre sosegada de Mary Mercer se advierte de pronto cierta vehemencia: "¿Cómo le diría? Carson era justo lo opuesto a una persona suicida. Lo opuesto a una mujer quejumbrosa, autocompasiva. Era... sí... una escritora magnífica e -iba a añadir - un ser magnífico. Una naturaleza. Una persona. Eso es lo que hay que comprender"

El 15 de agosto todo se paró de golpe. Carson McCullers sufrió un nuevo ataque cerebral. Un ataque que alcanza todo el costado derecho, es decir, el válido. Carson es llevada, inconsciente, al hospital de Nyack -ciudad en que residiera durante muchos años- John Huston se enteró de que Carson había sido ingresada en estado muy grave justo después de acabar el montaje de su película "Reflections in a Golden Eye" ("Reflejos en un ojo dorado"), basada en la genial novela de McCullers. Huston estaba arreglándolo todo para el viaje de Carson a New York (cualquier desplazamiento de ésta, incluso de unos pocos kilómetros, resultaba muy complicado) pues deseaba, tanto como la autora, que ella viese por fin su trabajo. Huston se informa diariamente de la evolución del estado de saludo de Carson, aunque en seguida comprende que ésta no recuperará la conciencia. El 31 de agosto recibe la noticia de que, aunque está en coma, Carson tiene ahora un rostro distendido, relajado, como si estuviese durmiendo. El 27 de septiembre de 1967, Huston acude, lleno de tristeza, a la proyección de "Reflections in a Golden Eye"que se estrenaría oficialmente días después, el 11 de octubre. La sala está brutalmente atestada de curas y miembros de la Liga Nacional para la Decencia. La película es magnífica. Una obra del gran Huston. Hecha sin el menor sentimentalismo. Tensa. Elíptica. Secretamente violenta. Marlon Brando, Elizabeth Taylor y Julie Harris están en su apogeo.






Dos días más tarde, el 29 de septiembre de 1967, a las nueve y media de la mañana, tras cuarenta y siete días en coma, Carson McCullers, la inolvidable autora de "The Heart is a Lonely Hunter" ("El corazón es un cazador solitario"), 1940, "Reflections in a Golden Eye" ("Reflejos en un ojo dorado"), 1941 "The Member of the Wedding" ("Frankie y la boda"), 1946, "The Ballad of the Sad Café" ("La balada del café triste"),
Carson fue Frankie, vivió más de una crisis violenta, con la misma intensidad. En esta novela, el sufrimiento, la angustia, el malestar pueden ser descritos, analizados, resumidos, objetivados -sin razón pero no sin agrado- incluyéndolos en una categoría conocida, "la historia de una crisis de adolescencia extrema".
EE.UU. "RECONVERSIÓN"
[Fred
Zinnemann, nacido en Rzeszów (Imperio Austrohúngaro-hoy Polonia), el 29
de abril de 1907-Fallecido en Londres, UK., el 14 de marzo de 1997 de
infarto agudo de miocardio a la edad de 89 años]





La caza de brujas que emprendió el extremista senador Joseph Raymond McCarthy se hallará sugerido de manera implícita en uno de los mayores éxitos de Zinnemann, su western psicológico y modélico "High Noon" ("Solo ante el peligro") que verá la luz en pleno 1952, y en el cual un sheriff (una
de las más depuradas interpretaciones de Gary Cooper, que se alzaría
con el Premio de la Academia) es capaz de enfrentarse en completa
soledad a un duelo a muerte con cuatro bandidos que vuelven a su ciudad
para vengarse de él. El sheriff se halla desgarrado por el
cumplimiento de su deber y el insoslayable instinto de conservación al
que hombre alguno puede sustraerse. Cooper no es presentado, pese a
todo, como icono admirable del héroe solitario, pues sabe que del duelo
con sus enemigos probablemente no saldrá con vida. Lo que Zinnemann desea
en realidad es mostrarnos la cobardía colectiva que se apodera de una
comunidad como la que, hasta entonces y ahora en solitario, ha defendido
y seguirá defendiendo su abnegado representante de la ley, y al cual no
dudan en abandonar en los momentos más difíciles. "High Noon", tras
convertirse en uno de los mayores clásicos del western, fue en
realidad una punzante parábola contra la denigrante y furibunda "caza de
brujas", pues no dudaba en denunciar a un pueblo desagradecido e
hipócrita, al que no le importa perder su ética significación humana y
su capacidad de combate cuando debe enfrentarse al miedo. El sheriff,
una vez a salvo mediante la oportuna intervención de su esposa, una
jovencísima y efectiva Grace Kelly, mostrará finalmente su desprecio
ante todos ellos, lanzando sobre el polvo la estrella que le dignificara
como excepcional representante de una ley en la que ha creído siempre, y
ante la cual se ha mostrado, como rezaba el título español, "Solo ante
el peligro". Y ya persuadido de haber cumplido con su deber, pero de que
su labor no tiene más valor que el de una significativa pérdida de
tiempo ante la cobarde e ingrata colectividad ciudadana que lo
enalteciera con su nombramiento, lanzará sobre ellos una de las más
persuasivas miradas de desprecio que se recuerdan del gran hacer
interpretativo de Gary Cooper. La actriz mejicanan Katy Jurado, que formó parte del reparto fue nominada al Globo de Oro por su interpretación. Otros intérpretes fueron Lloyd Bridges, y Thomas Mitchell.




























