viernes, 11 de mayo de 2007

Cronaca familiare (Crónica Familiar)

Vasco Pratolini, magnífico escritor italiano, no habría soñado nunca mayor fortuna que la de ver una de sus mejores obras llevadas a la pantalla por un cineasta como Valerio Zurlini, cuyos films quedaban de inmediato como tocados por el halo mágico de una sensibilidad como hubo pocas en aquella Europa de los 50 y de los 60. Su "Cronaca familiare" impecablemente diseccionada, sin apenas paisaje, ni esparcimientos temporales, centrada en espacios muy concretos, entre los que merodea únicamente esa dura batalla por la vida, intimista, sin el menor clasicismo, que no pone demasiadas barreras a los retratos psicológicos y a las consecuencias dramáticas que viven sus grandes protagonistas, lanza una rápida panorámica por los acontecimientos europeos de la primera mitad del siglo XX, y dota de dignidad esa reflexión, muy particular, sobre los sentimientos familiares. Los tópicos del amor quedan anulados, porque el film Zurlini goza de otras texturas; su propuesta es diferente a todo lo ofrecido hasta entonces.Hay en esta película
imágenes que jamás se borrarán de nuestra retina.



Sylvie, la gran actriz francesa, ofreció aquí su última aparición. Zurlini le dedica muchos de los mejores momentos. Su contenida amargura entre los rincones decadentes del asilo de ancianos haría llorar hasta las mismísimas piedras.


Marcello Mastroianni compone una de sus mejores interpretaciones: es el mismo personaje atormentado de "Lo straniero" de Luchino Visconti. Traspasada la línea de la juventud, recorre la senda de su decadencia, pero su rostro va más allá de la pasividad en que parece estancado. Su ternura es tan emotiva que siempre nos escamotea ese gran conflicto en que casi todos los seres humanos nos hallamos envueltos: el temor a darse. Pero Mastroianni, cuando se aparta de su rincón secreto y se entrega, no sólo bordea la grandeza, sino que nos demuestra magistralmente que fue el mejor actor europeo de todos los tiempos. En cuanto al eterno adolescente que fuera Jacques Perrin siempre ocupará un sitio de honor en nuestros recuerdos: el mismo que ya le ofreciera Valerio Zurlini en "La ragazza con la valigia"... Si queda algún resquicio para la sensibilidad en los corazones, ¡ésta es nuestra película!

¡Una rama perfumada del más bello cine italiano! Cenizas de toda una vida que nos saben a lágrimas. ¡Una obra maestra y limpia del gran Zurlini!