domingo, 4 de diciembre de 2011

Lust for life -The End- (El loco de pelo rojo -Final-)

La última gran aventura en el terreno de la creación pictórica por parte de Vincent van Gogh, y que acabó de la peor manera imaginable, fue su afán por aunar una estética válida entre pintores cuyos temperamentos artísticos jamás pulsarían registros paralelos en cuanto a la realización de sus experimentos "impresionistas". No existe, pues, otra explicación para ofrecer una pequeña porción de realidad al choque de sentimientos artísticos que llegó a producirse entre Van Gogh y Paul Gauguin, y que dio lugar al rompimiento total de la amistad entre ambos. Gauguin insistió, tras su imposible convivencia con Van Gogh, que había descubierto en Vincent una inquietante propensión a depresiones tenebrosas que le abocaban a la locura. Por su parte, el pintor holandés jamás concedió explicación alguna sobre el espinoso asunto del drama vivido en Arles. El cine, hoy lenguaje tan universal como la literatura, otorga, por tanto, su especial significado a la siempre misteriosa esencia de hechos que, aun promoviendo la consabida y expectante conmoción en la época en que tuvieron lugar, dejaron para la posteridad su llamémosle "atormentada distorsión formal" como inconclusa y mal definida, sin acabar por descubrirnos del todo la secreta microfisonomía de quienes los vivieron (rostros que se perdieron en el "irreal" tiempo de las acciones humanas). El cine, como "síntesis de las tradicionales artes del espacio y del tiempo" buscó y halló, ya fuera a través de la literatura y otras al azar, sus formas de "realidad". Y dando riendas a sus fascinantes experimentos y al confesado subjetivismo estilístico que suele ofrendar la imagen en movimiento, buceó incansablemente, ora con cierta inquietud artística necesaria para toda orientación que lograra seducir al espectador más exigente, ora con un lenguaje que se supeditara al "cine mercancía" no menos necesario al público, por entre esa realidad interna y externa de cuantos personajes nacerían y proliferarían en este templo del nuevo arte, conocido como el "Séptimo". Infatigable actividad imaginativa ansiosa desde sus orígenes por lograr definir el particular aspecto de cuantos seres y cosas habitaran en su especial "atmósfera colectiva"; y que no dudaría por lo general en descartar las obsesivas prebendas (también presentes en la literatura y la pintura) de lo auténticamente real, para alcanzar su gran mayoría de edad. "Lust for life" ("El loco de pelo rojo") supone uno de los más afortunados ejemplos de dicho apogeo en su sentido más válido. "¡Le temps de l'image est venu!", como exclamó el profeta y visionario, y no menos pletórico, director cinematográfico francés Abel Gance.




PAUL GAUGUIN














































































































El 20 de octubre, Gauguin llegó a Arles. Vincent, aunque consumido por su trabajo, la mala alimentación y los innumerables excesos, se sintió reanimado por su presencia. Pero el dogmatismo de Gauguin, que Vincent siempre había aceptado como una milagrosa experiencia que podría unir a ambos pintores, acabó con su amistad, creando terribles discrepancias en las disposiciones estéticas que constituían sus estilos. Gauguin pintó un retrato de Vincent, que lo representaba en el instante de pintar unos tornasoles. Vincent se quedó observando el cuadro detenidamente, como si lo estudiase, y murmuró amargamente: "Sí, soy yo... pero soy yo... completamente loco" Aquella noche estuvieron en el café, discutiendo sobre arte con un vaso de absenta en la mano. Bruscamente, Vincent arrojó su vaso a la cabeza de Gauguin, quien, levantándose, asió por el brazo a Vincent que se comportaba como un autómata sin voluntad, y lo condujo a casa. Al día siguiente, 24 de diciembre, Vincent, que aseguró no recordar nada, se disculpó no obstante. Se produjo un nuevo enfrentamiento entre ellos, ya que Gauguin, que adujo perdonarlo de buen grado, no podía soportar el sentimentalismo angustiado de Vincent. "No soy dueño de mis nervios -le dijo-... me largo antes de que nos matemos. Escribiré a tu hermano para comunicarle que vuelvo a París". Gauguin, hechos ya los preparativos de marcha, salió a pasear. Al atravesar la plaza de Lamartine, oyó a sus espaldas unos pasos rápidos, de demencial apresuramiento. Era Vincent que llegaba tras él con una navaja de afeitar en la mano. Gauguin lo miró con una fijeza de despecho y lástima, y el desdichado Vincent, tras agachar su cabeza, avergonzado, regresó a toda prisa a casa. Gauguin pernoctó en un pequeño hotel. A la mañana siguiente, volvió a la casa de Vincent: "Había una gran muchedumbre. En el interior unos gendarmes y un personaje con sombrero hongo, que yo sabía era el comisario de policía. He aquí lo que sucedió. Van Gogh entró en su casa, e inmediatamente se cortó la oreja justo a ras de la cabeza... ¿Que le ha hecho, caballero a su amigo?, me preguntó el comisario de policía. ¿Yo? Nada... Oh, sí... porque ha muerto... Será mejor que lo sepa, es un hombre desequilibrado... Avisaré a su hermano... No deseo un momento semejante a nadie" Realmente, Gauguin falseó el hecho, otorgándole un tono trágico para acentuar el horror de cuanto relató. Vincent tan sólo se cortó el lóbulo, que, naturalmente, fue suficiente para provocar la gran hemorragia que según Gauguin habían empapado varias toallas caídas sobre las losetas de las dos habitaciones del piso bajo. Gauguin, antes de partir, subió al dormitorio, y comprobó que Vincent vivía. Théo fue a visitar a su hermano al hospital al que el pintor había sido trasladado. El 29 de diciembre se había restablecido, y a primeros de Enero de 1889, acompañado por su fiel amigo el cartero Roulin, con la cabeza rodeada de vendajes, volvió a la "casa amarilla" de la plaza de Lamartine. Aquella noche fue objeto de burla por parte de la población de Arles. Se sucedieron nuevas crisis, como si la locura se hubiera apoderado una vez más de Vincent. El doctor Rey, que lo había atendido en el hospital, recibió una carta de Théo, que había contraído matrimonio con Johanna Bonger (Johanna hizo partícipe a Vincent de sus esponsales con Théo en un escrito enviado a su cuñado el 9 de enero, al que Vincent había respondido felicitando a ambos), preocupado ahora por el silencio de su hermano. Aunque el doctor Rey aseguró que Vincent se hallaba mucho mejor en un telegrama enviado a Théo, Vincent había tomado la decisión de ingresar en el asilo de Saint-Rémy: "Para fin de mes desearía ir al manicomio de Saint-Remy, o a otro establecimiento del mismo género. Me siento incapaz de volver a instalar un nuevo taller y quedarme en él a solas, aquí en Arles. Lo que me consuela un poco es que comienzo a considerar la locura una enfermedad como otra cualquiera, y la acepto como tal; mientras que, durante las crisis, me parecía que mis imaginaciones eran la realidad. En fin, querido Théo, no quiero pensar ni hablar de ello. Permíteme evitar las explicaciones; pero solicito de ti, del pastor Salles y del doctor Rey, que, para fin de mes, o comienzos de mayo, sea admitido como pensionista interno en el manicomio."




SAINT-RÉMY




































































Tras su ingreso en el hospital psiquiátrico de Saint-Paul-de-Mausole, en las cercanías de Saint-Rémy-de-Provence, el 8 de mayo de 1889, (quedó inscrito en la primera columna del registro nº 4 de los "huéspedes" voluntarios, pag. 142: "Señor Vincent van Gogh, de 36 años de edad, pintor, nacido en Holanda, el Groot-Zaandel, viviendo en la actualidad en Arles") Vincent vive temporalmente presa de alucinaciones, incluso se siente atacado por convulsiones que le hacen rodar por tierra, profiriendo insultos y amenazas. Tras estos terribles períodos en los que parece no recordar nada o querer liberarse de una brutal agresividad latente en su interior, habla también de manera incoherente y, según el doctor Escoffier-Lambiotte, que le había atendido con anterioridad, "Van Gogh manifestaba claramente estados de confusionismo propio del estado mental de los epilépticos". En Saint-Rémy intentó beber petróleo, ingirió el color de sus tubos de pintura, y pretendía dormir sobre el carbón. Cuando le invandían ciertos grados de postración, recobraba la calma y parecía volver a un estado normal, entonces le era permitido salir de su pequeña habitación, tapizada de papel verde gris, en compañía de un guardián. Su necesidad de pintar se hizo patente de nuevo y solicitó de su hermano Théo ocho grandes tubos de color esmeralda, cobalto, anaranjado y ultramar, seis tubos de blanco de zinc, cinco metros de tela y pinceles. En junio, el doctor Peyron, director del centro, cree conveniente que Vincent vuelva a pintar. En su primer cuadro en el centro psiquiátrico capta apasionadamente la campiña circundante, además de un trigal que observa a diario con detenimiento desde su ventana. El 9 de mayo de 1889 escribe a Théo: "Tienes mucha razón al decir que Salles ha estado perfecto en todo; tengo mucho que agradecerle. Quisiera decirte que creo haber hecho bien en venir aquí, primero porque al ver la "realidad" de la vida de los locos o chalados diversos en esta ménagerie pierdo el vago temor, el miedo de la cosa. Y poco a poco llegaré a considerar la locura como una enfermedad cualquiera. Además, el cambio de ambiente imagino que me sienta bien. Por lo que sé, el médico de aquí se inclina a considerar lo que he tenido como un ataque de naturaleza epiléptica..." Y en dicha carta incluye otra para su cuñada Jo: "No deja de ser gracioso que el resultado de este terrible ataque sea que apenas queden en mi mente deseos ni esperanzas definidas... ¿Te has fijado hermana en que lo viejos caballos de tiro tienen grandes y hermosos ojos tristes, como algunas veces los cristianos? Sea como fuere, no somos salvajes, ni campesinos, y tenemos quizás incluso el deber de amar la civilización (así llamada)... Hay gentes que aman la naturaleza, aun estando chiflados o enfermos, tal los pintores; luego están los que aman lo creado por la mano del hombre, y éstos llegan incluso a amar los cuadros. Aunque hay aquí enfermos muy graves, el miedo, el horror que yo sentía antes por la locura, ya se ha atenuado mucho..." 25 de mayo 1889: "Te aseguro que estoy muy bien aquí, Théo, y que por el momento no veo la más mínima razón para cambiarme a una pensión de París o alrededores. Tengo una pequeña habitación empapelada de gris verde... A través de los barrotes de mi ventana diviso un bancal de trigo en un cercado. Cada mañana veo levantarse el sol en toda su gloria. Además de la mía, como hay más de treinta habitaciones vacías, tengo otra habitación para trabajar. La comida es medianeja. Sabe inevitablemente a moho, como en un restaurante de cucarachas en París..." El 5 de julio recibió una carta de su cuñada que le comunicaba entusiásticamente que se hallaba embarazada, y que si el niño era varón se llamaría Vincent. Aquel mismo mes obtuvo permiso del doctor Peyron para ir a Arles a buscar muebles y telas que había dejado en la "casa amarilla", ahora apodada "la casa del loco". Pocos días después, mientras pintaba en la cantera de Glanum acompañado por un guardián, le sobrevino un nuevo ataque, su mirada se extravió, mientras su cuerpo caía hacia atrás con las manos crispadas. Permaneció tres semanas en su habitación atacado por crisis espantosas con amargos períodos de abatimiento y postración. En septiembre, los ataques comenzaron a espaciarse, y Vincent se sintió presa de una nueva fiebre de trabajo. El doctor Peyrón, que había viajado a París, tranquilizó a Théo acerca del estado actual de Vincent. Septiembre de 1889: "Mi buen hermano, no olvidemos que las pequeñas emociones son los grandes capitanes de nuestras vidas, y que las obedecemos sin saberlo... La verdad es que estoy muy satisfecho de que mientras aquí, a veces, haya cucarachas en la comida, en tu casa haya mujer y niño. Por otra parte, es alentador que Voltaire, por ejemplo, nos deje en libertad de no creer en todo aquello que nos imaginamos... Te escribo esta carta poco a poco, durante las pausas que hago cuando me canso de pintar. Estoy luchando con una tela que comencé unos días antes de una de mis indisposiciones, un "Segador". El estudio esta hecho todo en amarillo, con empaste grueso, pero el tema era bonito y sencillo. Porque en este segador (una figura indefinida que, en medio del calor, lucha como un demonio para acabar su tarea) veo la imagen de la muerte, en el sentido que el trigo que va segando podría ser la humanidad. Pero no hay nada triste en esta muerte. Sigue su camino a plena luz del día, mientras el sol lo inunda todo con su puro resplandor dorado..."




AUVERS-SUR-OISE
















































En octubre de 1889, Théo envía a Vincent 150 francos, al tiempo que le anuncia con gran euforia que muchos de sus cuadros han sido mostrados a Isaac Israëls, a Veth, pintor y escritor holandés, y, muy especialmente a Van Rysselberghe, que se hallaba en el famoso grupo de los "Veinte de Bruselas" que, tras haber examinado los cuadros de Vincent que permanecían todavía en la tienda parisina de Tanguy, se había mostrado muy interesado por su obra pictórica. Dicho grupo había confirmado su deseo de exponer en "El Salón de Independientes de Bruselas" gran parte de la obra de Vincent van Gogh. El pintor y crítico de arte Isaäcson había alabado con sus "cartas parisinas" la obra de Vincent en varios periódicos. Théo informó a Vincent que, finalmente, en la Exposición, Anna Boch, hermana del pintor Boch, adquirió uno de sus cuadros,"El viñedo rojo", por 400 francos. Vincent empezó a vivir nuevos momentos de angustia, atormentado por la posibilidad de recaer en alguna de sus crisis. Además, las buenas nuevas de que se hizo portador Théo con respecto a un posible reconocimiento de su trabajo le habían confundido y arrastrado al borde de un inmediato vértigo. Escribió a su hermana Wilhelmine: "Saber que mi trabajo puede acabar por conseguir cierto éxito me produce una sensación terrorífica: puedo acabar siendo castigado por ello. Así es como son las cosas casi siempre en la vida de un pintor: él ansiado éxito es la peor cosa que puede sucederle" El 1 de febrero de 1890 nacería su sobrino. Vincent se sintió embargado por el júbilo y empezó a pintar una de sus más famosas telas, que llevaría consigo en su siguiente viaje a París como regalo al pequeño recién nacido: "Ramas de un almendro en flor contra un cielo azul". No obstante, tras la exultación del nacimiento del hijo de Théo y Jo, inesperadamente Vincent tuvo una nueva y arrasadora crisis que abatieron su ánimo dejándole postrado en cama durante dos meses. Tras recuperarse, en el afligido pintor se desata una irresistible avidez por abandonar definitivamente el Midi, lo que él llamaría "la locura del sur", y suplica a Théo que lo aparte de allí. Y "aunque sea para peor", el cambio se instala en su mente de forma obsesiva. Théo le halla un refugio en Auvers-sur-Oise, pequeña población cercana a París, y situada entre Pontoise y Valmondois. Y el 21 de mayo Vincent se traslada a la misma, hospedándose en el Café Ravoux. Antes, se detiene unos días en París, para conocer a Jo y a su sobrino y ahijado. En Auvers, Vincent será tratado por el Doctor Gachet, entusiasta de la pintura y pintor aficionado él mismo. el 4 de junio de 1890 escribe a Théo: "Me pareció en verdad tan enfermo y descorazonado como tú o yo (refiriendose al Doctor Gachet); y es de mi edad, y perdió hace algunos años a su mujer. Pero sigue siendo médico y su profesión y su fe lo sostienen, sin embargo. Nos hemos hecho muy amigos. Ahora trabajo en su retrato, la cabeza cubierta con una gorra de plato blanco, y el rostro muy rubio, muy claro; las manos también de encarnación clara; una levita azul y un fondo azul cobalto. Está acodado en una mesa roja, sobre la cual hay un libro amarillo y una digital con flores púrpura. Está en la línea de mi autorretrato, que cogí al venirme para aquí. Gachet se ha convertido absolutamente en un fanático de ese retrato y quiere que haga para él uno idéntico. Se ha enamorado también del último retrato de la arlesiana... Espero enviarte su retrato muy pronto. Vivo al día y el tiempo es muy hermoso. Espero que no sea desagradable encontrarse de nuevo con uno mismo después de una larga ausencia. Y también espero que esta sensación que tengo de ser mucho más dueño de mi brocha que antes de ir a Arles, perdure. (Vincent, en Auvers, pintó en sesenta y nueve días setenta cuadros, treinta y cinco dibujos y un aguafuerte). Gachet dice considerar muy improbable que "eso" vuelva, y que las cosas están yendo muy bien. Yo siempre le dije a Peyron que volver al Norte me libraría de ellas". 30 de junio de 1890: "Mi querido Théo y querida Jo: acabo de recibir la carta en la cual dices que el niño está enfermo; me gustaría mucho ir a veros, pero me retiene el pensamiento de que sería aún más impotente que tú en el presente estado de ansiedad; siento cuán terrible debe de ser y me gustaría poder ayudarte... ¿Qué puedo decir del futuro? Lo que sea sonará. Trato de hacer lo mejor que puedo, pero no te oculto que no me atrevo a seguir contando con la salud necesaria. Si mi enfermedad vuelve, ya puedes olvidarme. Sigo amando mucho el arte y la vida... Pero mejor no digamos nada... Me llegó una carta de Gauguin bastante melancólica, donde habla vagamente de estar decidido a instalarse en Madagascar; y digo vagamente porque uno se da cuenta de que, en realidad, no sabe qué pensar" El 14 de julio Théo escribió a Vincent: "Si todos podemos gozar de una buena salud que nos permita emprender lo que poco a poco es realmente la mayor de las necesidades, ten por seguro que todo irá bien..." Théo, temeroso de que los mecanismos psíquicos de Vincent aumentaran la confusión y ansiedad que percibía en los últimos escritos de su hermano, trató de aplacar a Vincent con palabras un tanto imprecisas pero afectuosas en todo momento. Viajaría con Jo y su hijo a Leyde, y de allí iría solo a Auvers para encontrarse con él. En su escrito le adjuntó un billete de 50 francos. Aquel 14 de julio de 1890 Vincent pintó la alcaldía de Auvers y su plazoleta empedrada. El domingo 27 de julio el calor arreciaba. Vincent abandonó el Café Ravoux después del almuerzo, con mirada delirante. Dada la alta temperatura del día, las calles de Auvers aparecían semi desiertas. Un campesino le vio pasar por el camino de Chapouva, en la carretera de Pontoise, rumbo a la campiña, y le oyó murmurar después, mientras pintaba el que se supone fue su último cuadro "Cuervos sobre un trigal": "¡Es imposible, es imposible!" ... Se disparó un tiro en el pecho. Théo acudió horrorizado a Auvers, aunque en ningún momento imaginó la gravedad de su hermano herido. Frente a su cama se mostró lloroso, aunque insistió en convencer a Vincent de que se salvaría. "No llores,... lo hice por el bien de todos", trató de consolarlo el moribundo, luego entrecortadamente murmuró: "Théo,... quiero ir a casa" Murió el día 29, a la una y media de la madrugada. "El loco de pelo rojo" expiró sin un grito. Tenía treinta y siete años. Fue enterrado el día 30, a las tres de la tarde. Además del doctor Gachet y Théo, asistieron al sepelio, llegados apresuradamente de París, Tanguy, Laval, André Bonger, hermano de Jo, Lucien Pissarro, hijo de Camille, Lauzet y Émile Bernard. La municipalidad de Auvers-sur-Oise se encargó de la inhumación del cuerpo de Vincent van Gogh. La iglesia se había negado a enterrar al suicida "loco".





























Carta incompleta dirigida a Paul Gauguin, hallada entre los papeles de Van Gogh






"Mi querido amigo Gauguin: gracias por haberme escrito de nuevo, y ten la seguridad de que, desde mi regreso, he pensado en ti todo los días. Sólamente he permanecido tres días en París, y el ruido, etcétera, parisiense me causaba tan mala impresión que juzgué prudente para mi cabeza largarme al campo; en otro caso, hubiera corrido en seguida a verte. Y me causaba enorme placer que el retrato de la arlesiana, como dices, hecho rigurosamente sobre tu dibujo, te haya gustado... Mi amigo el doctor Gachet le ha cogido decidida afición después de dos o tres dudas, y dice: "¡Qué difícil es ser sencillo!"... ¿Has visto también lo olivos? De momento, tengo un retrato del doctor Gachet con la desolada expresión de nuestra época. Algo como lo que tú dijiste de tu "Cristo en el jardín de los olivos"...




















(En s
u habitación del psiquiátrico de Saint-Rémy, Vincent van Gogh, como si recuperara los horizontes que sus crisis y postraciones cegaran en los primeros meses de estancia en el Centro, parece exprimir toda su sensibilidad dolorida en una nueva pintura: un campo de trigo observado a través de los barrotes de la ventana, de un amarillo deslumbrante que rasga el azul del día con su luz. En medio del trigal un "segador" se mueve entre las espigas. Es una imagen terca, adusta y solitaria que se afana en librar al trigo con el filo de su segur de la raíz que lo une a la tierra. Una monja del hospicio observa a Van Gogh, admirando su pintura al tiempo que observa el trigal más allá del ventanal):











Monja (refiriéndose a la pintura): "Muy hermosa"










.... Pero el labrador es imaginario. En este campo no hay nadie."










Vincent: "Es un hombre cualquiera luchando bajo el sol para terminar su trabajo"









..."Es la imagen de la muerte"












Monja: "No parece una muerte triste". Vincent: "No, no lo es, hermana"











"Ocurre en pleno día"












... "con el sol inundándolo todo con una luz de oro puro"



























Anthony Quinn (Oscar Best Actor in a Supporting Role)

Paul Gauguin










James Donald

Théo van Gogh









Pamela Brown

Christine Hoornick


















Everett Sloane - Niall MacGinnis

Doctor Gachet - Roulin (postman)












Jeannette Sterke - William Phipps

Kee Vos - Émile Bernard












Lionel Jeffries - Toni Gerry

Doctor Peyron - Johanna Bonger



La genialidad no se cierne sobre la vida de los hombres como una "promesa", sino como una "llamada". En el genio, con la visión del tiempo, suele privar muchas veces lo poético y lo romántico sobre lo realista. Pero siempre posee una presencia turbadora, un perfil trágico que, aunque naturalmente inmerso en la excepcionalidad social, se ve acompañado generalmente por la aplastante inflexibilidad del destino. Asistir a la tragedia de un hombre como Vincent van Gogh es, por tanto, como enfrentarse al más axiomático de los determinismos pesimistas. Pero una vez aceptado el detonante sistemático de la tragedia, que dilucida y seguirá dilucidando tantas ruinas humanas, no debemos rechazar la realidad del "genio incomprendido" en su dinámica dialéctica. El tiempo, en efecto, aporta un atento replanteamiento fetichista de su nacimiento y muerte, primero a través de la literatura, y hoy por medio de la funcionalidad expresiva de la cinematografía. Y nosotros, lectores y espectadores, nos erigimos en médicos ansiosos de auscultar uno de esos corazones "gigantescos" como el de Vincent van Gogh, cien años atrás atrapado en el más ingrato de los momentos artísticos. Y así, como no pudo ser en su momento, entregarnos a una nueva tarea urgente a la que debería asociarse toda la humanidad como a una gesta épica: la de "mimarlo y mitificarlo" valiéndose de todos los medios. "Lust for life", material impresionado que nos ofrenda el Séptimo Arte se erige, pues, en una consecuencia lógica de dicho imperativo. Desarrollo y esplendor del ojo analítico de la cámara cinematográfica. Imágenes fascinantes y conmovedoras que conceden su estímulo más enérgico y poético a una nueva página de la historia del genio.



El sound-track de Miklós Rózsa, personalidad musical inconfundible e inimitable, consolida la grandeza de "Lust for life", engranándose a la gran "geografía viajera de Van Gogh", a sus emociones candentes, dolorosas y de un rigor testimonial que nos erosiona el alma, con "pinceladas sonoras" de un estremecedor lirismo, tan melancólico como apasionado, y que acaban concibiéndose como una sinfonía descriptiva y vigorosa dividida en siete tiempos inolvidables que abarcan toda la estructura argumental del film: "Prelude"- "Summer" (Pastorale)- "Brotherly love"- "Sunflowers"- " Postman Roulin"- "Madness"- "Finale".