miércoles, 4 de noviembre de 2009

Oberst Redl (Coronel Redl)

Poner en evidencia la preponderancia de la quimera política sobre la acción que conlleva el hermetismo del contraespionaje es asumir una modalidad especial envuelta vagamente en túnicas de profundos pliegues esculpidos en la paradoja que intentará camuflar el momento histórico más significativo: el estallido de una guerra. Y en este caso la I Contienda Mundial del siglo XX. Dicho contraespionaje es el que nos pondrá antes en contacto con las potencias de esas tinieblas que encubren los perfiles pretendidamente heroicos de los personajes que habrán de integrarse en ese desarrollo del espacio-tiempo histórico. Así la inmoralidad de la guerra no se desprende nunca de su reveladora caricatura, y antes de su estallido, jamás parece consternar al mundo, porque los figurines mentales de sus promotores, quienes no muestran casi nunca el menor desgarro de la membrana de la conciencia, revisten su conflagración con una enloquecida lógica por la que deambula una palpable y real forma de "buena conducta". Será por ello por lo que los sueños históricos de las guerras parecen así haber ocupado siempre un primer plano en el espíritu de los hombres. Los actos militares semejan siempre recorrer los siglos impregnados de la teoría del "mensaje". Cumplen constantemente un plan inmisericorde y crucial que jamás evoluciona: son como eternas ansiedades del pasado que siguen proyectándose indefectiblemente hacia el futuro. Las guerras pasadas, sus muertos, que una vez vivieron también el hervidero de horrores fecundos incorporados a la absurda disciplina del ejército, como si efectuaran una disparatada excursión por la vida perdida, que ya quedó tras ellos, siempre parecen regresar para reunirse con los vivos que no tardarán en perecer. La sensación del militar, por tanto, es la de estar siempre compartiendo algo. La desesperanza de ese pasado que pronto habrá de volver también. El miedo le domina, y pese a constantes indecisiones y titubeos, únicamente logrará reprimirlo por medio de ese monumental esfuerzo en que le ha sumido la aceptación de la disciplina, odiosa por lo general, que el militarismo conlleva entre sus inmarcesibles y sucesivas capas de tenebrosidades, y de las que, una vez aceptadas, es imposible desprenderse. El ejército jamás tenderá a reconocer inocencias. La férrea cadena que el mismo impone exige una fe ciega en su entrega a él. Descubrirse a uno mismo dentro del ejército es teñir de negro un horizonte. Y una vez puestas al descubierto las escenas más íntimas del soldado, la mirada furtiva de quien luego trate de desarmarlo y perturbarlo, (pese a que una vez quiso darlo todo por él), verá borrada su más mínima huella propiciatoria. Y aquél que una vez soñó con apoderarse de los tesoros de la hipócrita personalidad de los poderosos gerifaltes aceptando el secretariado de sus violentas intrigas, ya no hallará más punto donde ubicar su castigo, como advenedizo indeseable, que en el suicidio que ese mismo ejército le impone.

El Sturm und Drang húngaro de István Szabó

La evocación histórica puede muy bien rehuir afamados ciclos "históricos-espectaculares" y acceder, sin desmentir su autenticidad, a una estudiada simplicidad capaz de constituir o alcanzar hasta el más alto refinamiento del gusto. Muchos de los exorbitantes eventos políticos y bélicos, basándose en grandes escenografías y enormes presupuestos, que, muchas veces, favorecen sus puyazos pseudohistóricos, acaban convirtiéndose en puntales primordiales del Séptimo Arte, y magnos acontecimientos que habrían de conceder sus cartas de nobleza a una dialéctica históricamente necesaria se explican en función de enredos de alcoba y deslices sentimentales, cuando deberían disociarse de esos relatos imaginarios y diversificarse por entre la densa oscuridad evocativa, aterradora pero insoslayable, de cuantos hechos iluminan con rigurosidad la máquina experimental, patética, represiva de los siglos, entre los que parece patrullar todavía la vasta marea de la historia con sus esqueletos escondidos.

No obstante, seguir el rastro a la escuelas de los historiadores conlleva también una actitud estética, que, una vez centrada en muchas de las formas expresionistas contempladas por la cinematografía, no debe contradecir, ni mucho menos apoyarse en una ruptura artística, o menos impugnar el realismo naturalista que nos conduce hacia esa fórmula mágica que tantas veces cultiva el talento del analista, imbuido por un clima fantástico, osmótico, con las crónicas que trata de desvelar, concediéndole en más de una ocasión un aura de "genios torturados". El relato histórico, no hay por qué engañarse, posee también un cordón umbilical que, además de unirle a una atmósfera de cultura de la que siempre debería emanar la verdad sin cortapisas, esa verdad aterradora y desmoralizante que ha potenciado en las vastas cronologías humanas la irrebatible podredumbre que elevara y destruyera Imperios (enfermedad psicológica socialmente colectiva de la mayoría de los pueblos que han habitado nuestro mundo), halla también su exposición testimonial y hasta veneradora en los reflejos filosóficos del idealismo más abnegado, y en cierta subordinación, a veces sobrecargada y aparatosa, otras antológicas y celebradas, al refinamiento plástico que pueda comportar el romanticismo.


István Szabó: nacido en Budapest, Hungría, el 18 de febrero de 1938, su índice de popularidad sube como la espuma al obtener en 1981 el Premio al Mejor Guión en el Festival de Cannes y el Oscar al Mejor film Extranjero con "Mephisto", primera parte de una trilogía a la que seguirán "Redl Ezredes" u "Oberst Redl" ("Coronel Redl"), 1984, que se alzará también con el Premio del Jurado de Cannes en 1984 y optará de nuevo al Premio de la Academia de Hollywood al año siguiente, y "Hanussen", 1988.





Sumergido en el complejo fenómeno que durante la década de los 60 y 70 se encarnara en el llamado "cine de autor", había realizado, durante dicha etapa, tres films: "Apa" ("Padre"), 1966, "Szerelmesfilm", 1970, y "Tuzoltó utca 25", 1973, con los cuales, a través de un expresivo lenguaje, alimenta cierta devoción, la misma que le abrirá prontamente el resto de mercados europeos y norteamericanos, por enunciar y explorar, con todo el rigor que ofrenda la perspectiva generacional, la historia reciente de Hungría.

En sus años juveniles, 1948, (reveló un artículo del 26 de enero de 2006 del periódico semanal "Vida y Literatura" ("Elet és Irodalom"), Szabó, durante el régimen comunista húngaro o "Comunismo Gulash" liderado por la política de János Kádar, tras la revolución húngara de 1956, había participado como informante de la Policía Secreta, escribiendo reportajes sobre sus compañeros de la Universidad de Srtes del Teatro y Cine. El ya famoso director húngaro, ganador del Oscar de la Academia, reconoció públicamente dicha afiliación, a cuyo enrolamiento se había visto forzado para huir de la "lista negra" (e inmediata condena a muerte), en la que se hallaba incluido junto a su compañero de estudios, el revolucionario Pál Gábor, tras la sublevación de 1956, y salvar así su vida y la de su amigo.

Durante el 37º Festival Anual de Cine Húngaro de ese mismo año, 2006, en el que se efectuaba la premier de su última película "Rokonok" ("Parientes"), István Szabó fue ovacionado. En una subsiguiente rueda de prensa, a la que asistió en compañía de cuatro compañeros de sus años estudiantiles, que habían integrado varias de las listas informativas que Szabó entregara a la Policía Secreta, tras rememorar sus exhaustivas épocas como estudiantes y postsublevaciones contra el régimen de Kádar, su imagen quedaría rehabilitada, dadas las causas que impulsaran su colaboración con el comunismo. Sus compañeros reconocieron asimismo que de ellos no asomaba el menor resquicio de rencor hacia el gran director húngaro.

Szabó ofrenda a través de "Oberst Redl" uno de los testimonios morales más electrizantes de una época europea vivamente sensibilizada por la situación política en que se halló inmersa (una orientación política capaz también de rebasar todas las convencionales barreras geográficas). A través de este drama belicista colectivo, expuesto con un asfixiante bien que no menos atractivo barroquismo escenográfico, por el que pulularán las imágenes burguesas y militaristas que explicitarían la degeneración causante de la I Guerra Mundial, así como la inmediata decadencia, tras la derrota de Alemania, que acabó proporcionando al futuro nazismo parte de sus efectivos, Redl, personaje ambiguo, frío y ambicioso, se verá atrapado, ya desde su infancia (enervante atmósfera de pobreza y mediocridad), por la profusa intriga de los convencionalismos sociales, que (sin obviar el conflicto de fondo homosexual del protagonista) ofrendan su siniestro mensaje a través de las sinuosidades del ejército, y exponen el drama del hombre acosado por una siempre sofocante colectividad nacionalista, buceadora en los círculos profusos del drama militar, de su "honorable" criminalidad patológica, y, por ello mismo, de sus pretendidas virtudes modélicamente jerárquicas. Las mismas que, por supuesto, no servirán en absoluto de atenuante a la hora del desastre político que desembocaría en la I Contienda Mundial. Finalmente, Redl acorralado y capturado por la reja fronteriza, reivindicativa del contraespionaje gubernamental con el cual acabará cooperando ciegamente, y tras la que se arrojara de un modo suicida en busca de la panacea históricamente ligada a la primacía militar y a sus visiones políticas de grandeza, las mismas que gestaran tantos falsos perfiles heroicos, acabará como miembro amputado, detrás de los cerrojos corridos de la indiferencia y el desagradecimiento, por ese mismo estremecedor retablo de la depravación elegante y decadente de un Imperio inmisericorde. Un proceloso gobierno que le arrojará simbólicamente a la misma cloaca desde la cual se creyó rescatado, y le impondrá, (contundente plano final del film), tras tan desesperada búsqueda del difícil equilibrio que pudiera mitificar su labor y entrega al brumoso boomerang que lanza el militarismo, capaz de idealizar la ya inminente ignición bélica que amenaza a Europa, la única y aplastante inflexibilidad que coronar pueda, siempre dentro del plano de la "honorabilidad del suicidio" que el ejército otorga, la degradación a la que su no menos trágico destino le acaba precipitando.

Ascensión y caída de Alfred Redl

Una infancia que deja tras de sí sus sendas apacibles, humildes. Alfred Redl tan sólo recordará las sonrisas maternas, las miradas ingenuas de las hermanas, la renunciación a todos los afectos familiares en aquel atardecer que lo arrancará para siempre de sus orígenes. Las voces hambrientas de la niñez y los alborotos de los juegos, se alejan en el ocaso de su memoria, porque pertenecen ya al tiempo agónico de la miseria, frente al tufo de los trenes, sombras rugientes que jamás ofrecieron consuelo a la precariedad doméstica, y cuya evocación, finalmente, quedará tras el pequeño Alfred como una fría imagen en la niebla con su aire lamentable: la pequeña estación de ferrocarril de Lemberg, Hungría (hoy Eslovenia).

Frente a todo alumno aventajado, lugareño, y Alfred lo es, se vuelca la generosidad de Emperador. Tras los primeros años escolares, para gozo y vanagloria de la humilde familia de Lemberg, llega el agasajo de la Academia Militar Imperial. Al niño tímido se le exigirá siempre agradecimiento y fidelidad a la Casa de los Habsburgo. Primera amistad: el aristócrata húngaro Kristóf y su hermana, Katalin von Kubinyi. Un mundo asentado en mármoles y que ofrenda a los ojos del pequeño Alfred sus aguijones de inferioridad: "Redl, el Imperio es tan grande- Inquiere el gran anfitrión Von Kubinyi- que no consigo averiguar a qué pueblo de su Majestad perteneces"... (Redl) "Nací en Galitizia, señor"... ¿Polaco?... No, mi padre es ruteno. De origen alemán. Creo que el abuelo de mi madre era húngaro. Sí, eran húngaros. Eran nobles, pero perdieron su fortuna. El emperador les ayudó. Fueron funcionarios estatales... Bien, tienes sangre húngara... Sí, mi madre siempre me cantaba una canción húngara"...

Incidentes en la Escuela Militar del Emperador. Burlas contra el Profesorado. Kristóf Von Kubinyi junto con varios compañeros se ve involucrado. Alfred Redl es requerido por el director y presionado por él para que delate a los culpables. Redl miente ante el temor de que Kristóf pueda ser expulsado: (Redl se convierte en delator por primera vez) "Creo que ha sido Von Genecsy, señor"... Muy bien, Rdel. Será un soldado leal. Es un campesino hábil... (Reflexiones del joven Redl una vez cometida la delación) "¡Judas! ¡Soy un Judas, no un soldado! Ellos son soldados. Yo tan sólo un campesino traidor"

Redl, tutelado por el coronel Von Ruden, asciende a capitán. Excesos de Kristóf Von Kubinyi, críticas a la Casa de Habsburgo: "Austria no sería una potencia hoy. La autoridad de Viena la sostiene el compromiso con Hungría. Pero tampoco hay que compadecer a los húngaros, porque ellos oprimen a los pueblos que los rodean. Todo tiene su precio. ¡a la salud del capitán Redl. Alégrate y bebe (Dudas entre los compañeros) Ese Redl nació en Lemberg, ¿no?... ¿Y qué?... ¿No ves la diferencia, Kristóf?... ¡No!... ¿Eres cosmopolita?... No, soy húngaro, oficial y amigo de Redl. ¡Ah, cómo dijo su Majestad: "ingenioso y querido pueblo húngaro" Si Galitzia y Cracovia se integraran en Polonia, Viena se quedaría sin respiración. Y nuestra monarquía, desaparecería. Sólo una guerra salvará el Imperio. Pero que caiga el viejo Emperador. (Redl ataca a Kristóf) ¿Estás loco? (Kristóf, defendiéndose de Redl, lo insulta) ¿Y qué quieres tú, guardabarreras?...

Redl, ascendido a coronel, director de los Servicios de Contraespionaje y hombre de confianza del futuro heredero al trono, el Archiduque Francisco Fernando, sobrino del Emperador : "La moral del ejército se tambalea. El ejército imperial parece un casino: billares, alcohol, mujeres, ¿no?... (Redl) Sí, alteza, lamentablemente... (Archiduque) El liberalismo lo mina todo. En esta situación es necesaria una limpieza, para restaurar el orden. El ejército debe ser duro como un lago helado... Alteza, los peces nadan bajo el hielo... Debemos dar ejemplo, Redl. Su actividad anterior lo fue. Debemos preparar una acción que sacuda al ejército y deje claro que el liberalismo debe terminar. El viejo Emperador, mi tío, debe saber que el ejército necesita un cambio... La sensación de miedo es lo único que endurece a un ejército. Piénselo, Redl. Investigue entre sus filas y ofrézcame una respuesta clara y precisa. Debería estar relacionada con los Balcanes y con la acción de las fuerzas rusas. O quizá francesas. Tiene autoridad completa".

Actuaciones de Redl como director de los Servicios de Contraespionaje, interrogatorios y suicidios: "El oficial Ullman firmó contratos para la fortaleza de Przemysl. El ingeniero fue Worowka. ¿A quién le pasaron la información? ¿Dónde? ¿Cómo? (Finalmente, investigación sobre Kristóf von Kubinyi, que ahora ocupa los asuntos húngaros, favorables al Archiduque, en el Estado Mayor): (Redl) "Alteza el ingeniero Worowka y Victor Ullman conspiraron para pasar los planos de Przemysl a San Petersburgo... (Archiduque) Galitzia otra vez. ¿Los ha arrestado?... No, Ullman se suicidó, y Worowka ha sido asesinado en Viena... Cuando aparece usted le sigue la muerte. ¿Qué quiere saber ahora de Kubinyi?... Si junto con Ullman tenía contactos entre los diplomáticos militares... Dígame, Redl, ¿es usted malvado?... Alteza Imperial, cumplo con mi deber. (Archiduque) ¿No tiene hijos?... (Redl, desconcertado) Mi mujer está enferma... Von Roden siempre la apoyaba. Pero yo no quiero que interrogue a miembros del Estado Mayor dignos de confianza como Kubinyi. ¡Yo decidiré quién es traidor! Los culpables han muerto. Esta vez ha fracasado. ¿Condenaría a Von Kubinyi? Von Roden ha pasado a la reserva. El tiempo de los valses ha terminado. Habrá guerra ¿Podemos evitarla? Quizá. Pero la Monarquía necesita un caso espectacular y rápido... (Redl) ¿La guerra?... (Archiduque) Un atentado seguido de represiones. Luego una guerra breve y bien localizada para salvar lo que se pueda..."

El heredero del Trono, Archiduque Francisco Fernando, proyecta un golpe militar. Redl es coaccionado, conocida su encubierta ambigüedad: (Von Roden) "No es agradable repetir esta pregunta. Pero Marshall Korad me ha preguntado si eres homosexual, y me parece que incluso el heredero al trono lo pregunta. ¿Qué dices? (Redl no contesta) Ya están maquinando contra ti. A mí no se atreven a tocarme, pero empiezan contigo, porque saben que te respaldo. Así es el miedo que te rodea. Toma nota. Creo que haces enemigos con facilidad. Evítalo. Por mí, también... (Katalin Kubinyi a Redl) "Vayámonos a América, acabarán los rumores. ¿Nos fugamos? (Redl, sin prestar atención) Quizá debamos atacar los Balcanes. El Emperador quiere la paz. La guerra pejudicaría a la monarquía. El heredero trama contra él y finge no verlo. cuando el Emperador muera la Monarquía se desintegrará (Ambos pasean por un viejo teatro romano) (Katalin) Mira lo que queda de un Imperio Centenario. (Trata de besarlo. Redl la rechaza) ¡Basta!... (Katalin) Este traje de civil que vistes es tu mayor mentira... ¡Sí!...

Caída de Alfred Redl. Cebo la trampa carnal del joven espía homosexual Alfredo Velocchio: "Lo más importante para mí, Redl, es que me quieras, que me protejas. Dices que habrá guerra, pero también sabes que la perderéis. (Redl, irónico) Debería hacerme con el poder. Hay muchos oficiales que piensan como yo. ¿Debemos apoyar al Emperador viejo y quizá moribundo? Habrá que impedir la guerra. ¿O quizás una bala sería la solución? (Redl empuña un revolver contra Velocchio) ¿Quién te envía?... ¿Cómo?... ¿Quién te ha enviado? (Le apunta al rostro) ¿Los italianos? ¿Los rusos? ¿Los franceses? ¿Los ingleses?... (Velocchio) No lo sé. Me dan 12.000 Coronas... ¿Por qué?... Por saber de ti secretos militares... (Redl, sonriendo y sabiéndose traicionado por el Archiduque) Les interesan los planes para atacar Rusia. ¡Ja ja! ¡Fin! (Sarcástico) El código de la guerra con Rusia es "R". ¡Sí "R"! En el frente norte hay 738 batallones. 377 escuadrones. 379 baterías con 2.22o obuses. 60 compañías de zapadores. 6 de cliclistas. 1234 ametralladoras. ¿Entendido? En las fortalezas de Lemberg, Cracovia y Przemysl, 22 batallones, 7 escuadrones de caballería. 1 batería con 6 obuses. 83 regimientos de artillería... Y ahora desaparece de mi vista... (Más tarde, Redl pregunta a Katalin) "¿Quién te pidió que me presentaras a Velocchio?... El me lo pidió... ¡Mientes!... No sé, nombró a Kristóf... ¿Por qué no me arrestan ya? ¿A qué esperan? Necesitan a un ruteno...

Detención y suicidio de Redl: (La Oficiliadad Militar) "Debemos hablar con usted. Tenemos que arrestarle. (Aparece Von Ruden y le abofetea) Comparecerá ante un consejo de guerra por dar secretos militares. Decidirán su suerte en una audiencia pública. Es una provocación. Para nosotros, desde su primera guarnición, ha sido un traidor. (Von Kristóf) El Heredero me ha elegido por nuestra vieja amistad y por la relación con mi hermana Katalin. Casi eres de la familia. Me ha pedido que te transmita este mensaje. Si colaboras y admites los cargos, serán indulgentes. Si no te condenarán por alta traición... (Redl observando a Kristóf) ¡Traición, ahora es la virtud nacional!... (Von Kristóf) Siento que tengamos que vernos así. Si te sirve de consuelo, muchos saben, y yo también, que no ha habido oficial más digno de confianza que tú... Lo sé todo. ¿Te extraña que me odien? Lo sé todo. Todo sobre ellos. Puedo destruirlos cuando quiera... (El Heredero al trono se interesa por Redl frente a sus oficiales) ¿Cómo van los preparativos?... No colaborará. Yo lo haría fusilar. Los periodistas pueden considerarlo un accidente. Lo atropellaron o cayó de una ventana. Y luego un entierro militar... No sé que es mejor para la Monarquía. Sólo eso importa... (Un revolver Browning será puesto a disposición de Redl)

Documentos secretos sobre Alfred Redl: "Ambicioso, preocupado por su bienestar. Le gusta parecer aristócrata. Admira el poder y destaca su gratitud hacia los Habsburgo. No mantiene relaciones con su madre y hermanas de Lemberg. Es pretencioso, insincero..."



28 de junio de 1914: "El Archiduque Francisco Fernando, sobrino del Emperador Francisco José I de Austria y Heredero al trono Austro-Húngaro, es asesinado en Sarajevo (Bosnia, región de los Balcanes) por el activista serbo-bosnio, Gavrilo Princip, miembro de la organización nacionalista serbia "La mano negra". Este magnicidio, tras desencadenar una fatal serie de acontecimientos, desembocaría en el estallido de la I Guerra Mundial 1914-1918.



Klaus Maria Brandauer: nacido Klaus Georg Steng, el 22 de junio de 1944 en Bad Aussee, Austria. Interviene en la televisión austriaca, pero su lanzamiento definitivo al estrellato le llega de manos de István Szabó con "Mephisto", 1981, ganadora del Oscar al Mejor Film Extranjero. Szabó volvería a contar con él para completar una extraordinaria trilogía: "Oberst Redl", 1985, y "Hanussen", 1988. Una corta carrera internacional le sitúan en dos films de habla inglesa: "Out of Africa", 1985, por cuya interpretación consigue el Golden Globe, y "The Russia house", 1990.

Tras dirigir su primera película en 1989, "George Elser", aparece como secundario en varios films de escaso relieve. Vuelve a TV en ese mismo año, esta vez en el canal francés TF1, para interpretar el papel de George Danton, en una gran producción que celebra el bicentenario de la Revolución Francesa.

Actor de una fotogenia ruda, provocativa y carnal. Parece mantener en todo momento un difícil equilibrio, a través de esa complicada maquinaria artística, que pueda otorgar un sello especial a su arte interpretativo como delimitar al sujeto dramático, que se inserta en él, en una mera expresión receptiva del apasionamiento que aportar pueda la inquietud creadora del director de la obra. Quizás por ello mismo, las tres mejores interpretaciones de Brandauer se inserten en los penetrantes estudios psicológicos que le concediera István Szabó a través de su renombrada triología, ya citada, y que componen un magnífico análisis del turbio medio social en que se desarrollan; feroz universo que parece fascinar tanto al director como al actor, y de las cuales, en especial "Mephisto" y "Oberst Redl", expuestas con un violento naturalismo expresionista, sería imposible disociar la enorme y estremecedora fuerza con que Klaus Maria Brandauer compone sus incisivas y más memorables interpretaciones.










Jan Miklas
: Kristóf Von Kubinyi-Armin Mueller-Stahl: Archiduque Francisco Fernando
 

Basada en una obra teatral de John Osborne, "A patriot for me", 1965, que, a su vez, se inspira en "The colonel Alfred Redl biography", Szabó estructura su película sobre la evolución minuciosamente examinada de la psicología, no tan sólo del personaje que da título al film, sino de los personajes claves que conformaron el universo vivencial de Redl y de sus mutuas relaciones. La sordidez del medio, la gradual transformación de los caracteres, el personaje convertido no en un monstruo de perversión, sino en el producto y víctima de una militarista sociedad corrompida, entre incisivas anotaciones críticas sobre el Imperio Austro-Húngaro, componen un impresionante retablo sobre la degradación militar, la pasión por el poder, el ritual de los uniformes, y un exhaustiva y virulenta crítica sobre la necromanía social que preludian los estallidos de las guerras, favorecidas por militaristas aberraciones patológicas. La famosa "Marcha Radetzky" de Johann Strauss arranca a la imagen y a su "trenzado amenazante" de controvertidas transiciones o evoluciones coreográficas, derroteros gráficos que se insertarán especialmente en los valores perpetuos con que el ejército ha refrendado a lo largo de los siglos la subjetividad de sus perspectivas históricas. Brote sonoro convincente que abrirá su gran puerta a esta magnífica pirueta barrocamente naturalista, salpicada por una narración visual inolvidable.