domingo, 1 de marzo de 2009

Body Heat (Fuego en el cuerpo)


El Séptimo Arte jamás se llamó a engaño. Probablemente lo primero que aprendió es que, tras cualquier apasionado drama o más o menos sublimada comedia, lo que mejor correspondía al conformismo mental del espectador, o, lo que es lo mismo, a enriquecer ese eterno esquematismo de fácil aceptación universal que despedían las imágenes a través de la pantalla, era iluminar con sus asequibles relámpagos de luz el tejido de nuestras obsesiones o ese trompeteo sensacionalista de cuantos elementos condicionantes nutren y materializan todos los excesos propios de emociones que pueden presidir la existencia de cualquier ser humano. Siempre pervivirá en nuestro interior, como una vez dijo un gran cineasta, una especie de desgarramiento entre la bestia y el ángel. Es una línea vertical en la que oscilamos continuamente. Una especie de dimensión masoquista que nos arrastra al sacrificio expiatorio o nos sume en el fango. Abocar nuestros actos a un exhaustivo examen de conciencia nos obliga también, casi siempre, a tomar "conciencia de la sinrazón que tantas veces mueve nuestra conducta" Aunque el cine, como gran espectáculo de masas, ha jugado, desde su nacimiento (como ya sucediera con la literatura y el teatro) al juego que más nos gusta a todos, o sea al de desplazar nuestras pupilas hacia los más gigantescos experimentos malabaristas que imponen las intrigas melodramáticas del simple existir, incluso cuando ha tratado de aproximarlas a la vida cotidiana, no vamos a negar que su mayor pirotecnia formalista se ha polarizado siempre hacia tres registros de vital contenido temático, y perennemente incorporados a su mitología universal: el lujo, el sexo y la aventura, que, en efecto, codificados a conveniencia por el artificio atractivo y sublime que imponen las imágenes, a través de la ambigua amalgama más o menos inspirada de los guionistas, se han barajado durante sus cien años de trayectoria en ciclos y en fórmulas que fácilmente han alcanzado la eternidad.

Sex-appeal.

Abundantes son las acepciones, más o menos, afortunadas, que convirtieron en un valor estable y cotizado dicha expresión cinematográfica, a la que podríamos añadir, entre otras muchas: "provocativo erotismo carnal". Y que, aún, hoy en día, mantiene su lozanía y su carácter insólito y atrevido. Que el Sex-appeal encajó perfectamente en la complicada maquinaria industrial de Hollywood, no hay para qué decirlo. Una extensa generación de realizadores americanos aprendió y mostró al mundo que el erotismo, pese a tropezar una y otra vez con los prejuicios de la moral convencional y pacata de ese mismo mundo, acaba emergiendo siempre como una de las más poderosas fuerzas en nuestras obsesiones personales, y que por tal circunstancia espoleará y estimulará al mismo tiempo el enfrentamiento de dos de las actitudes más características que presiden la vida: el conformismo ante lo que ha de ser una aceptación explícita de nuestras realidades más flagrantes frente al inconformismo e incluso la rebelión de sus imperfecciones, a fin de tratar, absurda y utópicamente, de superarlas.


Erich Von Stroheim, que fue tildado de necrómano social, llevó, en la década de los 20, su arrolladora pasión naturalista al súmmun por los temas sexuales. André Bazin, nacido en Francia, e influyente crítico de cine, dijo una vez que "la obra de Stroheim era la negación de todos los valores cinematográficos de su época. Pero que destruir un lenguaje que ha existido es convertirlo en un progreso". "La reina Kelly" ("Queen Kelly"), 1928, uno de los más morbosos monumentos erigidos al erotismo en el cine, significó el final de la carrera de Stroheim, ya que fue despedido por la actriz y productora del film Gloria Swanson. Stroheim que no había dudado en declarar que Hollywood "al producir películas con la regularidad de una máquina de hacer salchichas, forzosamente, tenía que hacerlas siempre tan parecidas como salchichas", vio cómo su carrera se quebraba para siempre con el desastre de "Queen Kelly". Y siendo un implacable moralista, feroz en la descripción de la mezquindad y bajezas humanas (como ocurriera con su libidinoso personaje de la reina Regina en el citado film) que casi siempre contempla desde el ángulo de la perversión sexual y la aberración patológica, tras destruir la estética propia del cine mudo y anunciar, de un modo profético, las nuevas estructuras del cine sonoro que ya se hallaba a punto de nacer, cimentaría ese itinerario que perviviera en la estructuración minuciosamente examinada de la psicología de unos personajes influenciados por la sordidez del medio y de sus mutuas relaciones eróticas, declarando de modo inequívoco ese progreso del Sex-appeal, profetizado por la crítica de Bazin.


Lawrence Kasdan

A remolque de la literatura, Kasdan escribe, dirige y alcanza inesperadamente su mayoría de edad estética. Es la suya una confesada voluntad neo-noir, que evoca a los grandes maestros del cine negro de la década de los cuarenta (cuya reanudación resulta a todas luces imposible en la un tanto presuntuosa, libresca y convencional década de los ochenta), y que favorece eventualmente un regreso hacia aquella suntuosa silla de un pasado que nos legaran Lang, Hawks, Huston, Wilder, Siodmak, Dassin,... la lista sería inacabable. Y así, Kasdan, en solitario, a través del nuevo sarampión intelectual que padece el Séptimo Arte, se lanza en picado hacia uno de los géneros predilectos del viejo Hollywood. Y como si recabase para las nuevas generaciones aquel potencial formalista, históricamente necesario, pero ya caduco, resucita oportunamente el viejo ritual macabro de la pasión y la mentira, el marco opresivo de la criminalidad, la exaltación del adulterio, el universo irresponsable y cruel del amor que vivirá de nuevo su "sueño eterno" y extraordinario a través del gran velo de misterio que logra imponer un nuevo equilibrio entre la consagración de la pasión y el erotismo, bien que, merced a los nuevos tiempos, entendido el sexo como liberación (sin dejar de convertirse por ello en esclavitud, como en los tiempos precedentes) de ese calor vital que a través de la pantalla dimana la "pareja ideal".


La vamp del ayer como nuevo mito rutilante, los héroes grises y desafortunados, el paroxismo erótico, la violencia desatada de la criminalidad, la virulenta crítica a la jungla de intereses que impone el dinero, la farsa trágica a que nos incitan las pasiones, el controvertido doble juego amoroso, la técnica exploratoria de los sentimientos ilícitos, el ave de presa seducido y engañado, y la sabia dosificación del suspense con apropiación de personalidad, fórmula de éxito seguro, que incluirá el más inesperado y amoralista de los finales, gestan en "Body Heat" aquel tradicional lenguaje cinematográfico tan añorado que, tras estimular de nuevo al espectador, aceptará y aplaudirá por segunda vez los viejos esquemas del cine negro, trascendiendo ahora a una nueva dimensión biológica más coherente con la excepcional atención obsesiva que las últimas décadas del siglo XX conceden a la liberalidad erótica.

Lawrence Kasdan: (nacido el 14 de enero de 1949 en Miami). Empieza su trayectoria como guionista. Para George Lucas y Steven Spielberg escribe las dos primeras secuelas de "Stars Wars" y "Raiders of the Lost Ark". En 1981, "Body Heat, su primer film como director, inesperado éxito de público y crítica, le convierte en uno de los más esperanzadores pilares de la nueva década cinematográfica hollywoodense. "Reencuentro", su segundo film, pasa prácticamente desapercibido ante los amplios sectores de público que aplaudieran "Body Heat". Con "Silverado", 1985, cosecha de nuevo cierto éxito, pero su afán por revitalizar el western fracasa estrepitosamente.

De nuevo con William Hurt y Kathleen Turner, en 1988, adapta la novela de Anne Taylor "The Accidental Tourist", por la que Geena Davis alcanzaría el Oscar como mejor intérprete secundaria. Kasdan pone una vez más de manifiesto su gran meticulosidad como realizador, y consigue su segundo triunfo. Este gran film evidencia las grandes posibilidades que definen en él cierta resistencia al encasillamiento a nivel de consumo. Pero sus siguientes películas "Te amaré hasta que te mate", 1990, "Grand Canyon", 1991, "Wyatt Earp", 1994, y "French Kiss", 1995, vaticinan y confirman los límites que acaban por disociar todo intento de creatividad frente a la vastedad con que, finalmente, ese mismo consumismo comercial norteamericano decide cerrar sus puertas a cualquier tipo de contribución que alimentar pueda las "neurosis" creativas de sus nuevos valores cinematográficos.

 

William Hurt: (20 de marzo de 1950, Washington) Tras el divorcio de sus padres, y el nuevo matrimonio de su madre, Hurt es enviado, a los diez años, a un internado inglés. Primero en Londres, y más tarde en Boston, cursa estudios de teología. Dirigiendo sus preferencias hacia la interpretación, sigue cursos de artes dramáticas en el Juilliard School de New York. Tras esporádicas apariciones teatrales y un debut cinematográfico en 1980 (hoy olvidado), vive uno de los más rutilantes lanzamientos hacia el estrellato, tras ser elegido como protagonista principal en "Body Heat". 


Su papel de Ned Racine no llega a rebasar jamás el característico overacting patológico en que lo sume la corrupción pasional que lo lanza al crimen. De apariencia elegante y fría, concede a su personaje una excepcional visión escéptica y pesimista del mundo y de la moral. Pulveriza el mito erótico de los héroes que le precedieron, espíritus torturados entre ambientes turbios y nocturnos, violentamente traumatizados, dotando la frustración y el vacío en que lo sume el gran error pasional en que se ve inmerso de una lucidez pesimista tan extraordinaria como innovadora.



En 1980 consigue el Oscar de la Academia como mejor actor principal (al que seguirían el premio de la Academia Británica de Cine y del Festival de Cannes) por su impresionante papel de escaparatista homosexual Luis Molina en "El beso de la Mujer Araña", dirigido por el brasileño Hector Babenco. Tras dos matrimonios y respectivos divorcios, conoce y se une sentimentalmente a la actriz sordomuda Marlee Matlin con la que rueda "Hijos de un Dios Menor". 
 

En 1983 interpreta a Arkady Renko en la magnífica intriga policial moscovita de "Gorky Park" dirigida por Michael Apted. Y en 2005 Hurt recibirá una nueva nominación al Oscar por "A history of violence" ("Una historia de violencia") de David Cronenberg.
 

Kathleen Turner: (19 de junio de 1954, Springfield, Missouri). Hija de un diplomático, radicado en Londres, estudia en la Academia Americana de dicha ciudad. En 1972, tras la muerte de su padre, regresa a Springfield. En su Universidad llega a realizar un grado de teatro, pero sin dedicarse jamás al arte dramático, acaba por licenciarse en Bellas Artes en la Universidad de Baltimore. En New York trabaja como camarera de un pub, consigue también un pequeño papel en una serie televisiva e interviene en la obra de teatro "Géminis" en Broadway.
Descubierta por Kasdan, acepta el papel protagonista de Matty Walker en "Body Heat". Su potente personalidad la convertirá de la noche a la mañana en el más avanzado portavoz de una amoralidad mítica, capaz de transgredir todas las fronteras del romanticismo, sintetizando y conjugando el inolvidable maleficio de la vamp norteamericana al uso. Su radiante belleza, su abrumador potencial erótico, como imposible sueño de fetichista pasión, convierten a Kathleen Turner en una de las presencias más turbadoras y despampanantes de la década de los 80. Sabiamente dosificada su morbidez ambigua e insinuante, "Body Heat" la impuso como una de las personalidades femeninas más sólidas del nuevo cine norteamericano. Temiendo no superar las limitaciones artísticas que acabaría por imponerle el Séptimo Arte como épatant mito erótico, rechaza varias ofertas y regresa a New York, donde, contra todo lo imaginable, se emplea de nuevo como camarera de un pub.


En 1984, tras su vuelta al cine, el polémico Ken Rusell la convierte en la desenfrenada prostituta nocturna China Blue de "Crimes of passion" ("La pasión de China Blue"). Seguirán "Romancing the stone" y "The jewel of the Nile", que fracasan en taquilla. 

En 1985 recibirá el espaldarazo definitivo con su extraordinaria interpretación en "Prizzi's Honor" dirigida por John Huston, que interpreta junto a Jack Nicholson

Francis Ford Coppola la reclama para "Peggy Sue got married", por la que será nominada al Oscar como mejor actriz principal. "Julia y Julio", rodada en Italia y dirigida por Peter del Monte, "The Accidental Tourist", "The war of the Roses" en 1989, cierran, en el llamado plano de "la estética cinematográfica", la ascendente espiral, hoy sumida en una decadencia de resultados catastróficos, en que discurriera la impronta colosal, imborrable, que Kathleen Turner nos legara durante casi dos décadas.
 

Rebasada su gran etapa de madurez, los insólitos esquemas clásicos, ya caducos, del potencial hollywoodense consiguen que, a través de cineastas medianamente "rentables" como Lawrence Kasdan, el reino americano impere de nuevo sobre el cine mundial. No obstante, de esa misma rentabilidad puede surgir tan curiosa paradoja como la que propone esta excepcional película: "Body Heat", sin remilgos, se integra en la siempre confusa evolución comercial de Hollywood, conquistando, finalmente, el más vasto sector de público, merced al trampolín de prestigio que habrá de juzgar y mantener como intocable durante casi tres décadas esta grandiosa joya "minoritaria". 

John Barry y su impresionante sound-track inundan esta joya del cine negro como una inolvidable llamarada musical