jueves, 20 de diciembre de 2007

La casa de Bernarda Alba


Genialidad de Federico García Lorca. Casi tan famosa en todo el mundo como el mismísimo "Don Quijote". Es innecesario insistir en el hecho de que es una pieza clave en el universo teatral, y que ha sido representada en todos los escenarios y en todos los idiomas habidos y por haber. Así ha quedado como un seductor drama, cruel, un tanto inverosímil, pero enormemente hermoso.


























"Bernarda Alba" se erige en patrimonio de la humanidad. Mario Camus, uno de los mejores directores cinematográficos de este país, osa tocar esta joya permitiéndose el lujo de poner en boca de un grupo excelso de actrices las eximias estelas lingüísticas (plenas de un lirismo imperecedero) con las que a nuestro gran Federico le gustaba renovar la raíz idiomática de la inmarcesible cultura hispana y de su bellísima lengua. Y convierte este teatro filmado en una gran exaltación coral, turbia como la historia que cuenta, pero que no deja por ello de convertirse en un boato sugerente, a nuestro alcance ya para siempre merced a la magia del celuloide. La obra no es tan sólo una certera reflexión sobre la soledad humana, sino una especie de cruel comunión con un ambiente hostil, represor y puritano, donde realidad y pesadilla se mezclan. Pasiones femeninas arrastradas a una situación límite.




















Irene Gutiérrez Caba ¡implacable, áspera, gigantesca "Bernarda"!, sus ojos centellean, refuerzan y matizan la crueldad del personaje; Ana Belén ¡perfecta! ¡extraordinaria!, romperá barreras de odio hacia la inevitable grandiosidad que mueve su pasión sexual; Victoria Peña ¡intrigante!, ¡mezquina!, agota su última luz y apuntilla el deseo, Enriqueta Carballeira, ¡acierto enorme, actriz hoy olvidada!, vive las consecuencias dramáticas de su humilde fidelidad frente a las maquinaciones envidiosas de sus hermanastras, Florinda Chico ¡inolvidable!, no logra abrir la barrera del odio, y la tortuosa "Bernarda Alba" recoge su fruto. La emocionante locura de Rosario García Ortega ¡genial!, abre caminos a la ilusión y a la esperanza degradada. ¡Es teatro, pero es casi casi majestuosa!













Eximio Lorca en manos del estilista y no menos egregio Camus: ¡Pasión y devoción a través del celuloide! ¡¡Eminente e irrepetible!! ¡¡Auténtica doctrina idiomática de uno de los más excelsos artífices de nuestra lengua!!