martes, 27 de noviembre de 2007

Picnic


Joshua Logan, emulando a Gloria Swanson, parece enloquecer por William Holden, que ya no es el joven gigoló de "Sunset Boulevard". Rasura su torso, aún perfecto, y lo desnuda ante Kim Novak y Rosalind Russell. La desbordante rubia y la sensual maestra se le rinden. ¡Un sintecho como Holden es casi inconcebible! Pero, ¡qué quieren! Hasta la jovencísima e intelectual  está a punto de tirar la toalla!...



















He aquí el tiempo amado del oropel cinematográfico que encandila a los públicos, la fisonomía originaria del Hollywood que se impone a todo el mundo, descubriéndonos que la mente del pequeño burgués es el punto de encuentro psicológico de las masas. El sexo y el melodrama como valores mitológicos que, según los viejos cánones de la fábrica de sueños (al que habría que añadir la aventura), carecen de meridiano, y, por ello mismo, pueden barajarse en ciclos y en fórmulas perennes.

Joshua Logan, 1908-1988, dramaturgo y director cinematográfico y teatral, personaje controvertido que solía padecer frecuentes desórdenes psíquicos, ya había triunfado con la obra de William Inge en las tablas. Narrador sublime y sofisticado, su sensibilidad estética redescubre para el cine el "aire libre" y la realidad de la vida americana en sus pequeñas localidades. Gran director de actores, fue un bálsamo purificador de revelación artística para muchos de ellos, dotándoles de una capacidad de comunicación poética, desbordada de expresividad que, diluyéndose en turbios remolinos pasionales, ofrendaran una vitalidad artística extraordinariamente elaborada. Sintió cierta predilección por los espectáculos de carácter musical, casi siempre derivados también de obras teatrales. "Camelot" de 1967, musical que resaltaba con una magnificencia abrumadora y una lujosa escenografía la leyenda del Rey Arturo, se convirtió en una pieza antológica de este género. Falleció en New York a los 79 años.

Los estereotipos del mundo pueblerino en los USA son perfectos. Logan se convierte en imaginativo antropólogo de ciertas tragedias cotidianas, que estructura con escrupuloso respeto documentalista. Pero no por ello deja de exponer con gran franqueza (ya presentes en la obra teatral de William Inge) el turbio erotismo de sus personajes masculinos; el narcisismo maltratado en la eficacia demoledora, nimfómana, de la viperina solterona, sexualmente frustrada; los resortes de autodefensa intelectualoide de la jovencita despechada por el atractivo de su insulsa hermana; y la vulnerabilidad de toda una sociedad mediocre, arribista, a la que mueve cierta concepción social de castas. Todos ellos arrastrados aquí inexorablemente hacia la picota.





De ese tren del que se apea el atractivo vagabundo, desciende una estrella que va a condicionar todo el film. Y una estrella, se ha dicho ya en repetidas ocasiones, puede valer mucho más que un director, un guionista, o un productor. Los espectadores de "Picnic" quedaron petrificados, boquiabiertos, estupefactos y sorprendidos más allá de lo que puede expresarse. El señuelo erótico del varón se desata ya en la primera hora de proyección. Los dardos que lanza, se orientan, inevitablemente, hacia los puntos más vulnerables, los blancos más seguros: ¡las mujeres! Y como búsqueda del mejor lenguaje, Logan, aparte de ilustrarnos sobre la fugacidad de los cánones de la belleza, ya sea masculina, ya femenina, estructura su mejor narrativa que lo aleje del teatro: que la cámara sienta imperiosos deseos de moverse entre la abundancia de personajes, vertebrando en cada uno de ellos un relato relativamente complejo de sus propias pasiones, más o menos encubiertas. Logan encauzó sus realizaciones por el rumbo nuevo de la magia que pudiera comportar el atractivo masculino, en detrimento de la fascinación que hasta entonces se había erigido en patrimonio único del sexo femenino. Vivencialmente vertiginosa (las veinticuatro horas festivas del "Día del Trabajo"), el atractivo y conmocionador vagabundo desaparecerá de nuevo en un tren de mercancías tras haberse convertido en el involuntario testimonio de la descomposición transitoria de un estilo de vida cuidadosamente estampado en el puritano acervo social norteamericano.





William Holden





Su semidesnudo provocó uno de los más considerables escándalos cinematográficos del momento. Las intransigentes tomas de posición de los periódicos alzaron sus violentas diatribas contra el torso de Holden. Todo ello provocaría, a la recíproca, uno de los mayores fenómenos de histeria colectiva femenina que, entusiasmada por su atractivo, abarrotaba las salas del país. Actor memorable, su rostro siempre ofrendó cierta expresión procaz y egocentrista de frialdad hacia el mundo que le rodeaba. Su primera gran interpretación en "Sunset Boulevard", por la que fue nominado a un premio de la Academia, le llegó de manos de uno de sus más asiduos directores: el genial Billy Wilder. Bajo su batuta, conseguiría el Oscar en 1953, por "Stalag 17". Dicha interpretación entusiasmó a David Lean hasta tal punto que le ofreció un rol semejante en "El Puente sobre el rio Kwai". "Picnic", "Sabrina", "Born yesterday", "The moon is blue": Holden fue dirigido por los mejores directores del momento: Logan, Wilder, Cukor, Preminger. Dedicó sus últimos años a su reserva de animales africana. Murió a los 63 años, el 16 de noviembre de 1981.

 

 

 

 

 

Rosalind Russell 



Nos ofrenda (como secundaria de lujo) una de sus actuaciones más concienzudas y meticulosas. Fue uno de los más vigorosos temperamentos de la pantalla norteamericana. Destacó igualmente en la alta comedia norteamericana, cuyos mayores logros tuvieron lugar en la década de los 30 y 40. Varias veces nominada al Oscar, por "Los caprichos de Elena", 1942, "Sister Kenny", 1946, y "Mourning becomes Electra", 1947. Tras regresar al teatro, en 1953, consiguió un Tony de interpretación por "Wonderful Town". Nacida el 4 de junio de 1907, murió en Los Ángeles el 28 de noviembre de 1976, a los 69 años.




Kim Novak 

Nacida en Chicago el 13 de febrero de 1933. Definitivamente consagrada como la honesta muchacha pueblerina seducida por un vagabundo en la inmortal "Picnic", aparecerá, en un principio, como reducida a la modesta dimensión de un imposible erotismo. Pero su rostro estatuario esconde en sus ojos "cosas tan tiernas y umbrías que resultan inexpresables". Y su belleza es sobrecogedora. Richard Quine, desde su primera aparición, siendo una veinteañera, en "Pushover", se enamoró de ella y tras hechizarnos en "Bell book and candle" ("Me enamoré de una bruja"), la convirtió en uno de los mitos eróticos más imperecederos de Hollywood. Nos estremeció cantando "Each day is Valentine's day", en "Pal Joy" de George SidneyAlfred Hitchcock la elevó a súmmun en su inolvidable e inquietante "Vértigo". Sustituyó a la fallecida Marilyn Monroe en "Kiss me, stupid", de Billy Wilder. ¡Y como una flamante revelación inspiradora de los inmarcesibles modelos pictóricos que enseñorearon la pantalla con la aureola desbordante de la más exquisita hermosura, nos deja sin respiración, al igual que a Holden, cuando, tras el "picnic", palmotea en las escaleras del embarcadero!






 

La música de George Duning nos atrapa en este film glorioso e inolvidable! ¡Todo un sueño para nuestra juventud de posguerra! ¡Delicadamente única!