miércoles, 1 de agosto de 2007

Leave her to heaven (Que el cielo la juzgue)


La obsesión perpetua del amor incestuoso por un padre. Por el esposo después, llevada a un punto final de delirio, celos, y crimen premeditado. Gene Tierney nos ofrece un impactante e inolvidable recital interpretativo de la perversidad sin la menor vergüenza ajena. Disfrutable hasta el fin. Su belleza es inextinguible.







El débil Cornel Wilde cae en sus garras. Jeanne Crain, más guapa que de costumbre, oye, ve y sufre en silencio tanta ignominia. El vitriólico Vincent Price, que padece idéntica pasión, se salva de ella, pero acusa, acusa...






La Tierney nos pone los pelos de punta, entre un revuelo de tul azulado, con su aborto premeditado frente a una escalera dantesca donde se exalta su maldad, casi alada. ¡Deseamos que muera! ¡Quizás por ello le arrebataron el Oscar! ¡Melodrama sin pelos en la lengua del mejor John M. Stahl, capaz de convertir una mala novela en una verdadera obra de arte cinematográfica! ¡El Technicolor es glorioso!




¡Sublimidad del más maligno "amour fou" y de los celos a través de la imperecedera belleza de una Gene Tierney irrepetible! ¡Olímpica!